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Luis Eduardo Aute: su muerte y la presencia de Carlos Fuentealba a través de la canción

El cantautor español estaba ausente de los escenarios desde el 8 de agosto de 2016. Su recuerdo a través del tema “Al alba”.

Sábado 4 de abril | 13:17

Hoy se entrecruzan las imágenes, los cuerpos, los de Luis Eduardo Aute, fallecido en esta jornada y el del maestro Carlos Fuentealba asesinado por la espalda un día como hoy en 2007. Aute le había dedicado su tema Al alba, canción que recuerda también a los últimos ejecutados por el franquismo.

Compuesta originalmente en 1975 para Rosa León, Aute la grabó en 1978 para su disco Albanta, una de las piezas que más brilla en su repertorio y que alcanzó notoriedad en su versión acústica grabada en vivo en 1983.

La historia de una canción que se inserta en el complejo contexto político y social de finales de los setenta; reflejo de las tensiones, la incertidumbre y la censura que atravesaban el corazón de España en las postrimerías de la dictadura franquista:

Si te dijera, amor mío,
Que temo a la madrugada,
No sé qué estrellas son estas
Que hieren como amenazas,
Ni sé qué sangra la luna
Al filo de su guadaña.
Presiento que tras la noche
Vendrá la noche más larga,
Quiero que no me abandones
Amor mío, al alba.
Los hijos que no tuvimos
Se esconden en las cloacas,
Comen las últimas flores,
Parece que adivinaran
Que el día que se avecina
Viene con hambre atrasada.
Presiento que tras…

Parece una simple canción de amor cuando se hace presente la muerte a través de “la guadaña”, aquello que se teme y la herida que sangra en una noche interminable. La naturaleza que reacciona, que se vuelve activa, que se ennegrece.

Acaso la noche se eternice ante tanto dolor, y ya no haya cómo esquivar a la guadaña que acecha todo el tiempo. Quizá el amor sea ese espacio de libertad donde encontrar cobijo, donde la noche deje de ser noche y por fin amanezca.

Ese rojo amanecer de los hijos, ahora ocultos en las cloacas, sumergidos, silenciados que buscan refugio en las últimas flores de la primavera. Pero todavía hay esperanza, porque “el día se avecina” y trae tras de sí la explosión de una rabia contenida, de ese “hambre atrasada” que convertirá la noche en día, el oprobio en resistencia para volver a renacer.






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