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Lula y Bolsonaro se cruzaron en un primer debate presidencial en Brasil

El debate de este domingo estuvo marcado por una muestra de demagogia de todos los candidatos presentes, que representaban nada más que el conjunto de los intereses capitalistas, desde el negocio financiero hasta el agronegocio. Los partidos de la izquierda independiente de Lula tuvieron vetada su participación.

Redacción Esquerda Diário

Lunes 29 de agosto
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Este domingo 28 se realizó el debate presidencial hacia las elecciones en Brasil del 7 de octubre. Lula y Bolsonaro participaron por primera vez de un debate cara a cara siendo los favoritos, realizado en la emisora del barrio de Morumbí de San Pablo, donde también estuvieron los candidatos Ciro Gomes, del Partido Democrático Laborista (PDT); la senadora Simone Tebet, del Movimiento de la Democracia Brasileña (MDB) del expresidente Michel Temer; la senadora Soraya Thronicke, de Unión Brasil, del exjuez Sergio Moro; y Felipe D’Avila, del libertario Partido Novo, exbolsonarista.

El debate de este domingo (28) estuvo marcado por una muestra de demagogia de todos los candidatos presentes, que representan al conjunto de los intereses empresarios, desde el negocio financiero hasta el agronegocio. Recordemos que cualquier política de izquierda independiente del PT, desde un principio, fue vetada por la falta de participación de candidatos de izquierda, como Vera Lúcia, candidata del PSTU por el Polo Socialista Revolucionario, Sofia Manzano por el PCB y Leonardo Pericles por la UP

Entre los horrores, uno de los más destacados fue la estela de mentiras y falsificaciones sobre la situación del país por parte de Bolsonaro.

Bolsonaro esbozó, en el debate, una serie de falacias, hablando de la recuperación de las empresas estatales, el crecimiento del país, la elección de ministros por razones técnicas e incluso negando los números de la brutal situación de hambre que atraviesa Brasil bajo su administración reaccionaria.

Bolsonaro también realizó un ataque misógino a la periodista Vera Magalhães, poco después, haciendo demagogia precisamente con la "defensa de la mujer en su mandato".

El debate estuvo tan marcado por el derechismo que la demagogia feminista liberal de Tebet y Thronicke, mujeres que defienden a los terratenientes más reaccionarios del país, pretendieron "combatir a Bolsonaro". Quedó claro que sólo un feminismo socialista y revolucionario, ausente del debate, podría enfrentarse a la extrema derecha, ya que el PT se rifaba los derechos de las mujeres en las cumbres evangélicas durante sus gobiernos.

Simone Tebet, buscó quedar como la protagonista frente al tema principal que recorrió el debate, el de los derechos de las mujeres y el machismo de Bolsonaro.

Los analistas políticos la ubican como la ganadora del debate, mientras que Bolsonaro, como en su entrevista con Globo, pasó por un momento de sanción, esta vez no en relación a sus amenazas de golpe, sino a su repugnante misoginia. Simone Tebet representa a uno de los partidos del llamado “centrão”, que apoyaron el impeachment que destituyó a Dilma Roussef y el encarcelamiento de Lula, los mismos partidos que aprobaron la reforma previsional y laboral que perjudica a la mujer trabajadora, que mantienen ilegal el aborto.

El primer debate tradicionalmente impacta las estrategias de campaña de los candidatos. El peso del tema de la mujer seguramente tendrá sus reflejos en las elecciones en general. El comentario de Lula sobre su eventual victoria como reparación por el golpe sufrido por Dilma Roussef tras deslizar los "criterios técnicos" para el ministerio, así como la entrevista de Ciro Gomes al final del debate presentando a su diputada Ana Paula Matos, luego de que Bolsonaro sacara a relucir un comentario misógino de Gomes, son ejemplos de estos reflejos ya durante el evento.

Lula, por su parte, se reservó elogiar sus mandatos anteriores, sin confrontar directamente al gobierno de Bolsonaro y sus atrocidades, como las reformas y la precariedad laboral en general, haciéndose eco del capital y del agronegocio, hablando de mejores condiciones para el pueblo pero sin tocar ningún de los ataques que la burguesía desató a espaldas de los trabajadores durante el gobierno de Bolsonaro y la pandemia. Con derecho a elogiar, al final, su diputado derechista Geraldo Alckmin, exaltando su experiencia como gobernador de Sao Paulo. Este gobierno que masacró a maestros, trabajadores, pobres, masacró a la juventud periférica y patrulló con privatizaciones en el estado.

Ciro Gomes trató de desmarcarse de la polarización de Lula y Bolsonaro, atacando a ambos pero uniéndose a los demás representantes de la política burguesa, intercambiando respuestas conjuntas con el liberal Felipe D’Avila, además de la demagogia, especialmente en educación, poniéndose a favor de medidas y ataques que precarizan la educación en el país. Felipe D’Avila, quien abordó el tema, también es del mismo partido que el gobernador Zema, quien atacó brutalmente a maestros en MG

Felipe D’Avilla fue uno de los representantes de lo peor de la política neoliberal, con obsesión por la privatización y precisamente reivindicando al gobierno de Zema, que desguazaba a los docentes mientras daba beneficios a la burguesía y ampliaba su patrimonio. Repitió todos los tópicos liberales de Paulo Guedes y las políticas económicas liberales que sumieron a la economía en el atraso y la dependencia.

También contamos con Simone Tebet y Soraya Thronicke que hablaron, entre otras cosas, sobre la situación de las mujeres, la crisis y el SUS, con un cinismo sin igual. Recordando que Simone (MDB) es precisamente del partido que fue motor del golpe de 2016 con Temer y que fue fundamental para atentar contra la salud y, sobre todo, la vida de las mujeres. Soraya (União Brasil), apalancada precisamente en la cola de la política reaccionaria de extrema derecha de Bolsonaro, que ataca a las mujeres, los trabajadores y la salud.

Un debate que deja pocos cambios en el escenario electoral

La periodista Mônica Bergamo se basó en una encuesta de DataFolha, realizada entre indecisos durante la campaña, para argumentar que de cara a este primer debate, Lula no perdió votos, pero tampoco ganó. Los análisis apuntan que Lula jugó a quedarse quieto y mantuvo la estrategia de buscar al "votante medio", mientras que Bolsonaro se vio perjudicado en uno de los flancos más débiles de su campaña electoral: el voto femenino. Sin embargo, si el balance de fuerzas posterior a este primer cruce es conservador, algunos movimientos pueden ser interesantes de notar.

En primer lugar, se mantuvo la exaltación del agronegocio por parte de todos los presentes. Felipe D’Avila, directamente parecía asistente del ministro de Economía de Bolsonaro, Paulo Guedes, era el más fanático defensor de la política del actual gobierno en el campo del agronegocio, pero Lula volvió a reproducir el mito del "agronegocio sostenible", sin cuestionar a uno de los sectores que más ganaron en estos años.

En segundo lugar, aunque la orientación de Lula fue evitar la confrontación, su desempeño fue inferior a la entrevista que días antes realizó en un importante noticiero. Aun así, conservó su base electoral, adelantada en guiños más evidentes a las demás candidaturas que pretende buscarlas para garantizar su gobernabilidad. El tibio choque entre el candidato del PT y Ciro Gomes indicó esa postura.

En tercer lugar, aunque Lula no ganó votos, Simone Tebet jugó un papel importante en infligir daño a Bolsonaro que trataba de mejorar en el voto de las mujeres. Si se mantiene la polarización, Lula ni gana ni pierde, y aunque no vaya a revertir la situación electoral, Tebet sale fortalecido. Según los analistas, el resultado del debate parece haber disgustado a Bolsonaro. El tema de la mujer ya era central en su campaña, para tratar de recuperarse dentro de un sector donde tenía un menor porcentaje de votos, y con episodios que se vivieron en el debate terminó teniendo un revés para desligarse de su imagen como una figura que ataca a las mujeres. Según algunas agencias de prensa, es posible que ni siquiera participe en los próximos encuentros.

Un tibio "debate histórico" en manos del nuevo pacto del régimen

Mientras las expectativas de sectores progresistas de que el primer choque directo entre Lula y Bolsonaro en la historia sería el centro del debate, no lo fue, pero ¿por qué?

Antes del debate se vieron los movimientos del capital financiero e industrial, así como de grandes figuras de la política y del Poder Judicial en torno a la Carta “en defensa del estado democrático de derecho”. El régimen político busca demostrar que puede mantener disciplinado a Bolsonaro, mientras lo conserva como parte del mismo régimen e incorpora la tutela militar que tomó fuerza durante el mandato del actual presidente. Una parte considerable de la burguesía nacional y del imperialismo ve en el "frenteamplismo" expresado en la fórmula Lula-Alckmin su opción en las elecciones.

Sin embargo, el debate nos sirve como ejemplo de que las fracciones burguesas que naufragaron electoralmente en el intento de crear una "tercera vía", aún conservan su fuerza política. Los actores del golpe institucional de 2016 y defensores de las reformas contra los derechos sociales aplicadas en los últimos años, disciplinan no solo a Bolsonaro sino a la polarización política entre él y Lula, en nombre de mantener toda la obra económica del golpe institucional.

Los ausentes del debate fueron los verdaderos problemas de las amplias masas: el hambre, la desocupación, la precariedad laboral, la violencia policial, en fin, nada de eso que realmente le importa a los trabajadores fue cuestionado en el debate de ayer.

Finalmente, la expectativa de protagonismo entre Bolsonaro y Lula no se cumplió, producto de la estrategia electoral que viene siguiendo al pie de la letra el PT: juntar a los "divergentes" para derrotar a los "antagonistas". La frase inspirada en Paulo Freire le sirve al PT como justificación para tener de candidato a vicepresidente a Geraldo Alckmin (que incluso volvió a tener protagonismo en boca de Lula) justificando que junto a él que se mantenga la reforma laboral, así como todas las privatizaciones que ocurrieron y aceptar el programa ultra neoliberal impuesto desde 2016.

Quedan las impresiones de un debate controlado por la derecha, por los medios burgueses, donde la izquierda tuvo una participación vetada y quienes ganaron fueron los sectores explotadores de la agricultura y el capital financiero.


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