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MADRID

Manuela Carmena propone que los jóvenes barran las calles, mientras abandona la remunicipalización

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, anunció este viernes que desde el Ayuntamiento de Madrid se estaba "intentando poner en marcha un servicio social de trabajo universitario" para que los jóvenes "ayuden a barrer" la ciudad.

Sábado 3 de octubre de 2015

Foto: EFE Archivo

"Queremos que haya personas que durante un determinado tiempo ayuden a barrer Madrid", ha declarado en la inauguración de la XIII jornada de medioambiente y desarrollo sostenible en el periodismo local, organizadas por Madrid Diario.

De esta forma el consistorio pretende “sensibilizar a la sociedad”, especialmente a los más jóvenes, de que "la ética de la limpieza es un elemento de sostenibilidad de nuestra sociedad y es indicativo del comportamiento ético necesario para con los demás" en palabras de la propia alcaldesa.

Carmena ha señalado que si se pone en marcha esta iniciativa, los universitarios podrían convertirse en "gestores de los grandes acontecimientos juveniles", como los botellones, donde ha dicho que "normalmente la basura que se acumula es incalculable".

Un castigo a la juventud por ejercer su derecho a divertirse

La insólita propuesta de Carmena, que a poco de conocerse a muchos les pareció una noticia de “El mundo Today”, habría sido desencadenada por su descubrimiento -gracias a unas fotografías facilitadas por el rector de la Universidad Complutense de Madrid (UCM)-, de un “fenómeno” para nada reciente: la basura que generan las fiestas y “botellones” celebrados en los campus universitarios. Horrorizada por las imágenes, la alcaldesa ha expresado su “sensación de vergüenza” y ha querido dejar clara su posición con una propuesta para poner a la juventud a barrer las calles.

En un nuevo y sorpresivo giro conservador, el Ayuntamiento pretende -como ya vienen haciendo las empresas privadas con las prácticas y becarios- que los jóvenes realicen con una remuneración menor, o incluso gratis, un trabajo que debería realizar un servicio de limpieza público y bien remunerado. Aunque en este caso, la increíble justificación que ha encontrado la alcaldesa es “educar” a la juventud obligándola a trabajar para que se redima por su pecado de… ser joven.

La alcaldesa recurrió a su propia historia personal como fuente de inspiración para su medida al recordar el trabajo desempeñado en una fábrica de mermeladas como parte del Servicio Universitario de Trabajo (SUT). Un ejemplo poco feliz, ya que el SUT fue una institución franquista impulsada desde sectores falangistas universitarios que el Régimen aprovechó para recuperar el discurso nacional-populista del primer falangismo, ante el creciente descontento debido a la desigualdad social y las malas condiciones experimentadas por la clase trabajadora durante la dictadura.

Al parecer, para Carmena esta experiencia contribuyó a forjar su personalidad “sabiendo lo que es el trabajo manual”. Un elemento con el que se encuentran ampliamente familiarizados numerosos estudiantes de clase trabajadora que padecen la elitización de la universidad con tasas impagables, y la expulsión de sus aulas de los “hijos de la clase obrera”, condenándolos al trabajo precario y a la falta de futuro.

Las reuniones en la vía pública, fiestas populares, “botellones”, raves, etc., han supuesto tradicionalmente un espacio de reunión y esparcimiento de la juventud madrileña. En ocasiones estas verdaderas fiestas callejeras adquieren tintes reivindicativos, como lo hicieron durante los "botellones" convocados en solidaridad con la huelga de barrenderos de 2013 o las diversas fiestas promovidas por las asociaciones juveniles y estudiantiles. Pero en cualquiera de los casos, son una manifestación de los jóvenes de su derecho a divertirse frente a un ocio cada vez más elitista y oneroso promovido por los gobiernos conservadores y los empresarios de la noche madrileña.

La actitud de Manuela Carmena al respecto presupone –aunque con matices tragicómicos-, una línea de continuidad con sus predecesores del PP, los cuales emprendieron en los últimos años una enfervorecida campaña de criminalización de la juventud, especialmente de los barrios populares, a través de la imposición de elevadas sanciones económicas con las que pretendían sufragar sus excesos y corruptelas y que no ha sido revertida por el nuevo consistorio.

Todavía no se sabe si la medida -en caso de llevarse a cabo- tendrá un carácter voluntario o por el contrario será una alternativa de pago a las citadas multas. Sin embargo puede anticiparse fácilmente la composición social de aquellos que integren el programa de Carmena: jóvenes trabajadores que o bien necesiten financiar sus estudios universitarios, o bien por su propia condición tengan una mayor dificultad a la hora de enfrentar dichas sanciones, en detrimento de los trabajadores de limpieza en plantilla o despedidos.

Fuerte oposición a la medida

Las palabras de Carmena han suscitado una fuerte oposición en las redes sociales ante lo desatinado de la propuesta. Varios tuiteros han querido expresar su disconformidad en la página del ayuntamiento.

La polémica ha obligado incluso a la portavoz del Ayuntamiento, Rita Maestre, a matizar sus palabras. Ésta ha explicado en Al Rojo Vivo de La Sexta que la idea de Carmena “no es un plan que esté en desarrollo”, sino una propuesta sobre la que la alcaldesa “está reflexionando en voz alta”. Una contradicción en el discurso que Maestre ha pretendido justificar como parte de una “política comunicativa muy diferente”.

En cuanto a su “muy diferente” política de limpieza de Madrid, la portavoz ha argumentado que ésta se sostiene sobre “dos patas”: la primera basada en resolver los problemas con las empresas concesionarias y la segunda con una campaña de concienciación ciudadana.

Sin embargo, a más de 100 días de gobierno de Ahora Madrid, los límites de esta política parecieran encontrarse -literalmente en este caso- a la vuelta de la esquina.

La limpieza de Madrid en el punto de mira

La política de “castigo” a los estudiantes de Carmena no puede más que esconder las nefasta gestión de la limpieza madrileña, consecuencia directa de las políticas privatizadoras de los anteriores gobiernos del Partido Popular, que han resultado en despidos y pérdida de derechos laborales para los trabajadores de la limpieza, una gran caída en la calidad del servicio y un incremento de los costes en relación.

Es por ello que la recuperación de un servicio de limpieza público y de calidad ha sido desde hace años una gran exigencia de un amplio sector de los trabajadores y el pueblo madrileño.

Aún más, este punto fue uno de los puntos estrellas de la campaña electoral de Ahora Madrid tal y como muestra este spot electoral.

Sin embargo, en sus más de 100 días de gobierno, el nuevo consistorio ha mantenido a todos los efectos las condiciones del servicio legadas por la anterior alcaldesa Ana Botella. La política de Ahora Madrid basada en negociar con las empresas concesionarias OHL-ASCAN, Cespa (de Ferrovial), Valoriza (de Sacyr Vallehermoso) y FCC, no ha dado como resultado ningún acuerdo. De hecho, éstas se niegan a revertir en ningún caso las condiciones laborales firmadas en el ERTE de 2013 con los sindicatos CCOO y UGT tras la huelga de barrenderos de Madrid. Una imposición que la alcaldesa ha aceptado.

Al respecto, la alcaldesa se ha comprometido a contratar 500 nuevos barrenderos a coste cero para el ayuntamiento, aunque no ha especificado la manera de llevar a cabo dicho compromiso, ya que el acuerdo resultaría ilegal en caso de mantenerse las condiciones del ERTE. Una cifra en cualquier caso muy alejada de los 2.500 barrenderos que fueron despedidos por el nuevo contrato de limpieza viaria que firmó Botella y que harían falta para retornar a los niveles de limpieza de los últimos dos años.

Definitivo abandono de la remunicipalización

Si realmente se desea ofrecer un servicio de limpieza de calidad al pueblo madrileño e implicar a los jóvenes en su gestión, la única alternativa pasa por deshacerse de los intermediarios especuladores y su voluntad de ganancia privada a costa del erario público. Es decir, remunicipalizar los servicios de limpieza poniéndolos bajo control de los trabajadores y usuarios, y reincorporar a todos los trabajadores despedidos para garantizar el servicio. Justamente lo que Manuela Carmena se niega a hacer, a pesar de haberlo prometido en la campaña electoral.

Para el Ayuntamiento, esta demanda tan sentida por gran parte del pueblo madrileño ha dejado de ser “prioritaria” -si es que lo fue algún día-, y ahora declara que su objetivo es que las calles de Madrid estén limpias, no importa si es mediante la gestión pública o si el servicio continúa en manos de las empresas contratistas que precarizan el trabajo y despiden trabajadores empeorando el servicio.

Al respecto, la Plataforma de trabajador@s y vecin@s por la remunicipalización y gestión directa de los servicios públicos de Madrid, ha expresado su decepción con el rumbo tomado por el Ayuntamiento.

Madrid albergará este sábado una “Jornada por la remunicipalización de los servicios públicos”, a la que acudirán colectivos desde todo el Estado, que exigen la remunicipalización de las empresas privatizadas.

En el programa de dichas Jornadas, se explicitan los argumentos por los que la “gestión directa de los servicios de titularidad pública” resulta una alternativa al actual sistema privatizado.

Entre ellos, porque es “más barata para las arcas municipales (hasta el 50% de ahorro)”, porque el servicio “se presta con mayor calidad hacia los beneficiarios”, porque “mejoran sustancialmente las condiciones laborales” y, finalmente, porque “permite la participación de vecinos y trabajadores en su gestión”.

Un programa que de implementarse podría dar salida, no sólo a la crisis de la limpieza pública madrileña y del resto de las ciudades del Estado, sino también a la necesidad urgente de generación de nuevos puestos de trabajo, empezando por recuperar todos los perdidos en manos de las empresas contratistas y sus negociados con el Ayuntamiento durante años.

Este y no otro es el gran problema de fondo que hay detrás de la extravagante propuesta de Manuela Carmena.






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