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Más parcialidad, pluriempleo y precariedad extrema en la juventud: las "maravillas" de la nueva reforma laboral

Lejos de las autoproclamaciones de la ministra de trabajo sobre la nueva reforma laboral como "conquista histórica para la clase trabajadora", los últimos datos emitidos por la EPA muestran un aumento significativo de la parcialidad, del pluriempleo, así como de los contratos por un solo día. Una coyuntura que afecta especialmente a la juventud obrera, sumida en la precariedad extrema.

Natalia Lago

Miércoles 24 de agosto
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Las jornadas parciales, lejos de reducirse, se han incrementado. Así lo muestran los últimos datos publicados de la EPA (Encuesta de Población Activa). Este año hay 612.000 más contratos de menos de 40 horas semanales con respecto al mismo mes en 2019. Y mientras entre las 30 y 40 horas hay 246.000 contratos más -donde se encuentran los contratos a jornada parcial y el maquillaje de los fijos discontinuos-, la mayor parte del crecimiento se concentra en las jornadas de entre 20 y 29 horas semanales.

Paralela y proporcionalmente al aumento de la parcialidad, ha aumentado el pluriempleo. A finales de junio se contabilizan más de medio millón de personas con dos trabajos o más (547.800). Además, el pluriempleo ha crecido en los contratos a tiempo parcial: del 2,45% de los ocupados en junio de 2019 al 2,67% del segundo semestre de este año. Así mismo, la mayoría de estos contratos están concentrados en el sector servicios (4 de cada 5), y las mujeres tienen que recurrir a pluriemplearse con mayor frecuencia que los hombres, habiendo una brecha de 40.000 trabajadoras.

La relación entre el aumento de jornadas con menos de 40 horas semanales y el aumento de los trabajadores que tienen dos o más trabajos es cristalina. Tener un empleo de jornada parcial no es voluntario, y obliga a complementar el salario con otro empleo para poder llegar a fin de mes: los salarios de cuatro de cada cinco trabajadores que tienen contratos de menos de 40 horas componen el 90% de quienes reciben salarios más bajos. A estas condiciones precarias se suma el incremento del robo patronal de las horas extra no pagadas: esta primavera, rebasaron los 3,2 millones, algo que no se daba desde 2016.

Sigamos analizando las estadísticas. El número de trabajadores que laboran con un contrato de un solo día se encuentra en máximos si atendemos a los últimos cuatro años (desde 2017), y en máximos históricos para la juventud. A pesar de las supuestas limitaciones de la reforma laboral sobre la temporalidad, entre enero y junio ha habido 64.700 trabajadores con contratos de un día. Mientras, la reforma laboral establece multas irrisorias de 26 euros para las empresas que dan de baja a un trabajador que lleva menos de treinta días en la empresa.

Aunque según las estadísticas -de las cuales pretende hacerse eco la ministra del PCE, Yolanda Díaz-, de los 1,4 millones de contratos firmados en el mes de abril, aunque casi la mitad aparezcan como indefinidos, 175.154 de estos son a tiempo parcial y 238.760 son contratos fijos discontinuos. He aquí la trampa del contrato fijo discontinuo afianzada por la nueva reforma: se trabaja unos meses al año y luego hay que recurrir al paro, pero queda registrado en la categoría "contrato indefinido" disminuyendo así el índice de precariedad. Así, el gobierno se apoya en un dato engañoso e intenta maquillar la realidad de la imperante temporalidad en las contrataciones en lo que llevamos de año.

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Los datos muestran una realidad material de la clase trabajadora muy alejada de que la que cuenta la propaganda neorreformista y su maquillaje estadístico, lanzada desde el ministerio de trabajo y de la cual se hacen eco las burocracias de CCOO y UGT, sobre las maravillas de una reforma laboral alabada por la CEOE y la FAES.

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Por otro lado, la temporalidad en la juventud obrera es imperante. Dos de cada tres jóvenes tienen un contrato temporal, y uno de cada tres de estos contratos dura menos de una semana. En 2021 tan sólo el 13% de los y las jóvenes trabajadoras tuvo un contrato indefinido. Además, esta juventud trabajadora compone el 31,1% de trabajadores con contratos de un solo día: 19.600 jóvenes entre los 20 y 24 años durante este primer semestre del año. No obstante, la temporalidad no es el único factor de precariedad que sufre la juventud. También está extendida la parcialidad, el paro y los bajos salarios, al mismo tiempo que el coste de alquiler sube cinco veces más que los salarios. Mientras tanto, hace una semana la tertuliana Elisa Beni se atrevía a decir que los jóvenes de hoy en día, a diferencia de su generación, no compran casa porque prefieren "vivir la vida", "salir de copas" y "comprar caprichos".

Ante estos sermones explotadores, que culpan a la juventud obrera de experimentar las consecuencias estructurales de décadas de restauración burguesa y de políticas neoliberales aplicadas por gobiernos de todos los colores, con la consecuente pérdida progresiva de derechos para la clase obrera, como si de “falta de voluntad de trabajar” se tratase, reivindicamos el inicio de una oleada de organización y sindicalización entre los sectores más precarizados de una juventud obrera que es migrante, diversa y feminizada. Tomamos los ejemplos de los y las trabajadoras de Amazon y Starbucks en EE. UU., o de Gopuff en el Estado español, que se organizan y luchan para que sus vidas estén por encima de los beneficios de un puñado de capitalistas.

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Estos datos sobre el aumento del pluriempleo debido al aumento de parcialidad, el incremento de robo de las horas extra, el aumento significativo de los contratos por un solo día y la precariedad extrema que azota a la juventud obrera, no sólo evidencian la colaboración de la reforma laboral del gobierno "progresista" con la patronal, sino que también plantean seriamente dos cuestiones: ¿cuántas horas laboran verdaderamente los y las trabajadoras con este tipo de contratos que les imponen la necesidad de pluriemplearse para poder llegar a fin de mes?, ¿y cuál es el incremento de la tajada de plusvalía que sacan los capitalistas de ello?

Todo esto, en un contexto de crisis continua para la clase obrera ante la que urge, además de la derogación de todas las reformas laborales, tomar medidas para que la inflación y la crisis paguen los capitalistas: un aumento de emergencia de salarios y pensiones y cláusulas de revisión salarial automáticas de acuerdo al IPC, el reparto de las horas de trabajo sin reducción salarial y con un salario mínimo de 1500 euros, control de precios mediante comités de trabajadores y consumidores y registros contables públicos, nacionalización de los bancos, las eléctricas y las empresas de servicios públicos, sin indemnización y bajo control obrero, y por último es imprescindible que detengamos la maquinaria de guerra con la movilización: “abajo las armas, arriba los salarios”.

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