Géneros y Sexualidades

VIOLENCIA MACHISTA

Mensaje navideño del arzobispo de Toledo: la violencia machista se supera con diálogo

De nuevo un miembro de la Iglesia se vuelve polémico por sus declaraciones machistas. Esta vez Braulio Rodríguez, arzobispo de Toledo, en la misa del 27 de diciembre, aprovechó para dar su opinión sobre la violencia machista.

Verónica Landa

Barcelona | @lierolaliero

Jueves 7 de enero de 2016

‘Padre Nuestro’, la publicación mensual del arzobispado de Toledo, recoge parte de la polémica homilía del prelado.

Aprovechando que el día de la misa era el de la Sagrada Familia de Nazaret, Rodríguez reivindicó el papel social fundamental que para la Iglesia católica tiene la familia tradicional (monoparental y heteronormativa)

Después de citar al Papa Francisco cuando aseguró que la ‘ideología de género’ en parte era una «expresión de una frustración y de una resignación, orientada a cancelar la diferencia sexual por ya no saber confrontarse con la misma», manifestó que «para resolver sus problemas de relación, el hombre y la mujer deben en cambio hablar más entre ellos, escucharse más, quererse más». Alejado de la realidad, al arzobispo se le escapa que las mujeres que sufren violencia machista no pueden dialogar con sus maltratadores, que las pegan, las humillan o las vejan pero que en ningún caso quieren sentarse con ellas a ‘dialogar’ y resolver sus problemas; problemas que radican en la consideración patriarcal de las mujeres como seres inferiores, a los que se puede dominar y manipular, que están para servir, pero que en ningún caso tienen voz y derechos.

El arzobispo se lució al afirmar que le preocupaban mucho las familias que, continuamente, se rompían. Pero lo contrastó con que a los responsables «políticos y sociales no les preocupa tanto el dato, cuando con tanto ahínco han luchado para que se implante el llamado divorcio exprés […] Pero sí están preocupados por los asesinatos violentos, masivamente cometidos por varones contra mujeres […] A mí también me preocupan esos asesinatos, pero no me parece que se los deba denominar simplemente ‘violencia de género’. Me apena, porque veo que casi lo único que hace nuestra sociedad y, en ella, nuestras autoridades, es manifestarse y declarar que hay que endurecer las leyes y la prevención contra estos asesinos. Me parece bien, pero cuando ha aparecido cómo tratar este problema en los programas electorales de los partidos, me quedo asombrado. ¡Tan poco conocemos al ser humano, hombre y mujer!».

El culmen de la ridiculez de su homilía llegó cuando afirmó que «la mayor parte de las mujeres que mueren lo son por sus maridos que no las aceptan, las rechazan por no aceptar tal vez sus imposiciones». Para él «El problema serio radica en que en esas parejas no ha habido verdadero matrimonio. Dejémonos ya de las zarandajas que la «ideología de género» enturbia». Además, aseguró que «frecuentemente la reacción machista tiene su origen en que ella ha pedido la separación» Basándose en la lógica acción-reacción, la mujer tendría así parte de culpa en provocar esa ‘reacción machista’, que no es ninguna reacción sino que es la violencia machista estructural en esta sociedad.

Los 109 feminicidios de 2015 muestran lo insuficientes que son las actuales leyes contra la violencia machista. Sabemos cuál es el camino para conseguir medidas que realmente protejan a las mujeres y eduquen contra la violencia machista: autoorganización para superar este sistema social opresivo y explotador. La autoorganización de mujeres y organizaciones feministas, que se unan al resto de sectores sociales oprimidos y reprimidos: el estudiantado, el colectivo LGTBI, las personas migrantes, al conjunto de la clase obrera…que tenemos un enemigo en común, que es el estado capitalista, que encuentra en instituciones reaccionarias como la Iglesia, el vocero idóneo para seguir contaminando con patriarcado, machismo y opresión nuestras vidas. En nuestro caso, como mujeres, nuestra lucha contra el sistema capitalista es porque es un aliado necesario del patriarcado, para seguir oprimiéndonos. Por lo que la liberación del conjunto de las mujeres no será real hasta que no destruyamos al capitalismo, que también implicará la ruptura de las dobles cadenas que oprimen a las mujeres trabajadoras.






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