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Miguel Fadrique: “El sindicalismo combativo está en disposición de ser una alternativa”

Entrevistamos a Miguel Fadrique, actual secretario general de la CGT (Confederación General de Trabajadores) una de las caras visibles del sindicalismo combativo, para preguntarle sobre muchas de las cuestiones más importantes que afectan a la clase trabajadora

IzquierdaDiario.es

Viernes 18 de noviembre
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En el último congreso de CGT has sido elegido como nuevo secretario general. El momento no podía ser más interesante: estalla la guerra en Ucrania, se profundiza la crisis social y la inflación se desata degradando las condiciones de vida de la clase trabajadora. ¿Cuál crees que debería ser la respuesta del movimiento obrero para frenar esta tendencia?

Bueno yo creo que la respuesta la tenemos clara y la hemos empezado a dar. Lo hicimos el 15 de octubre en las calles de Madrid junto con los colectivos de pensionistas y las organizaciones ahí presentes. No hay otra respuesta posible. La situación en la que estamos está afectando directamente a la vida de millones de familias que no pueden llegar dignamente a final de mes. Entendemos que no puede haber otra respuesta que esa, y por esa vía tenemos que seguir tomando las calles. Son los colectivos de pensionistas, sindicatos de clase y en general toda la masa social, los que tenemos que reivindicar unas medidas para que el nivel de inflación baje, con las que podamos pagar la factura de luz y gas, llenar la nevera etc. Para que tanto quienes estén trabajando como, quienes estén desempleados o quienes estén jubilados, no vivan al límite.

Y esto no solo se está dando en el Estado español. Sino también en decenas de países. Esto es a nivel mundial. Son diversos factores que han llegado de golpe como tú has nombrado. La única respuesta que nos dejan es la de la lucha. Porque es el único lenguaje que entienden. Si lo del día 15 se queda solo en esa movilización, no se va a conseguir nada. Y lo que tenemos claro desde la CGT y entiendo del resto de colectivos es que esto tiene que ser el inicio de un otoño y un invierno de luchas hasta conseguir los objetivos.

El objetivo y el lema del otro día eran muy sencillos, subida de salarios y de pensiones acorde al IPC real. No estamos pidiendo nada extraño ni utopías. Estamos pidiendo que los salarios y las pensiones suban lo que sube la carestía de la vida y punto. La gente tiene que entender que el mensaje es muy simple y no es nada raro. El camino esta iniciado y y debemos de continuar con la lucha.

La situación viene deteriorándose cada vez más y ya llevamos una década larga de precarización de las condiciones laborales. Sin embargo, a nadie extraña que por parte de CCOO y UGT no haya ni un ápice de crítica al Gobierno. Hace décadas que la burocracia sindical se ha integrado al Régimen, y aún más en el último período con Unidas Podemos en el Gobierno y la ministra Yolanda Díaz. ¿Cómo se podría terminar con esa subordinación que la burocracia sindical impone al conjunto de la clase obrera?

El cómo acabar lo podemos decir fácilmente. Pero creo que en realidad tenemos que analizar de dónde veníamos y como empezó todo para tener una mejor comprensión de la situación. Veníamos de un movimiento como el 15 M que llenó las calles. Todos vimos como en Madrid y en casi todas las ciudades del Estado español este movimiento desarrolló muchas luchas sociales y movilizaciones durante mucho tiempo. Esto se mantuvo hasta yo diría las marchas de la dignidad en 2014, jornada en la que llenamos las calles de Madrid con millones de personas.

Pero también por otro lado vimos que eso estaba siendo aprovechado por partidos políticos para llegar a las instituciones. Ni más ni menos. Estos partidos políticos, y hablo en concreto de Podemos, dijeron “tenemos que estar en las instituciones y formar parte de ellas para cambiar las cosas”. Hubo mucha gente que creyó este mensaje y de esta manera consiguieron llegar a las instituciones del Régimen. Luego esta misma gente que les creyó comprobó claramente que se han comportado y se están comportando como el viejo bipartidismo. Así se han convertido en parte del problema porque una vez que han estado en el Gobierno han tomado las mismas medidas de siempre que no van ligadas a solucionar los problemas de la gente ni de la clase trabajadora. Eso desmovilizó mucho a las millones de personas que confiaron en ese proyecto político y se sienten traicionados.

Esto a nivel político y de movilización social. Luego en los últimos años la pandemia ha sacudido las movilizaciones sociales, que se pararon por completo. Nosotros, antes de la pandemia, como CGT vivíamos un buen momento tanto de afiliación como de movilizaciones. Porque estábamos creciendo y estábamos muy presente en las calles y en los centros de trabajo. Esto lo digo no solo porque ahora sea Secretario General de la CGT en la actualidad, si no porque creo que estábamos haciendo las cosas bien en muchos territorios y en muchos sectores y estábamos poniendo encima de la mesa los problemas reales de la clase trabajadora. Mucha gente confiaba en nosotros y en otras organizaciones combativas. Llego la pandemia y eso nos golpeó a todos. Ha costado mucho en revivir esto y en llegar a lo que paso el día 15 de octubre. Y vuelvo a nombrar esto porque considero que fue importante. Porque creo que tiene que ser el inicio de algo más grande. Para que el sindicalismo alternativo tome posiciones y sea una alternativa más fuerte.

Estamos en disposición de lograrlo. La CGT, que es el sindicato que yo represento, tiene mas de cien mil afiliados y está implantado en todas las provincias. Y nuestro crecimiento en los últimos años, sobre todo en ciertos territorios como Madrid, Catalunya o Andalucía, está siendo muy potente.

Entonces creemos que en estos momentos tenemos la oportunidad de relanzar este tipo de sindicalismo totalmente diferente a lo que viene haciendo UGT y CCOO, a los que les da totalmente igual la pandemia, el 15m o las marchas de la dignidad. Se llevan comportando de la misma manera 40 años, traicionando a la clase trabajadora pase lo que pase.

Incluso han aprovechado situaciones como la pandemia para firmar cosas muchísimo peores de lo que estábamos acostumbrados. Con la excusa de que “esta situación requiere un esfuerzo de todos”. Y así hemos terminado teniendo acuerdos regresivos en empresas, como han sido los ERTE, que han lapidado aún más la economía de las trabajadoras y trabajadores y sus familias en el peor momento, mientras sus empresas seguían generando beneficios millonarios.

Tenemos que hacer ver, y en eso estamos trabajando desde la CGT y entiendo que también el resto de organizaciones de clase y combativas, el que hay otro tipo de sindicalismo. Y que la clase trabajadora puede organizarse de otra manera y no solo en sindicatos del Régimen.

Estamos a las puertas de que se aprueben unos presupuestos que el Gobierno del PSOE y Unidas Podemos está tratando de vender que son los más sociales de la historia. Evidentemente solo hay que remitirse a los datos para darse cuenta que esto no es así y que la partida presupuestaria destinada al aumento del gasto militar alcanza niveles récord. ¿Cuál debería ser para ti la respuesta de la clase trabajadora ante unos presupuestos que refuerzan el militarismo y los objetivos imperialistas del Estado español?

La respuesta de la clase trabajadora debería ser la de dar un toque de atención desde luego. Nosotros desde la CGT lo tenemos clarísimo. Nuestro ADN lo tenemos marcado por el antimilitarismo. Estamos en contra de cualquier guerra en cualquier país del mundo. Pero lo dicho, estamos en contra de todas las guerras, no solo las más mediáticas.

Por eso estamos en contra de la guerra en Ucrania, por supuesto. Pero no es la única guerra en el mundo. Aquí nadie habla del Sahara, de Palestina, de Yemen etc. Tenemos muchos conflictos bélicos abiertos a lo largo del mundo. Pero parece que todo está centrado ahí, y que Putin es muy malo, que efectivamente lo es. Pero es que los del otro lado tampoco son una joya. Y los grandes medios hacen bueno a una persona como Zelensky que está ilegalizando partidos, sindicatos e ideas dentro de Ucrania. Pero es que no solo eso, estamos financiándole y mandándole armamento. Estamos aumentado el presupuesto militar con la excusa de la guerra de Ucrania. Por nuestra parte decimos basta ya. Basta ya de blanquear a personas como Zelensky que ha lapidado los derechos laborales de los ucranianos. Ha ilegalizado al partido comunista, al partido socialista, existen sindicatos ligados al anarquismos que están siendo perseguidos.

Y todo esto está siendo utilizando para que el Estado español aumente su presupuesto militar y armamentístico como si fuese normal debido a la situación. Lo he dicho antes, va en nuestro ADN, somos antimilitaristas. Y por lo menos la postura de CGT es que no se tienen que gastar ni un solo euro de nuestros impuestos en equipamiento militar y en financiar guerras que están generando millones de muertos. Entendemos que esto no puede ser. Un Gobierno que supuestamente es el más progresista de la historia está firmando unos presupuestos que suponen el mayor aumento en gasto militar de la historia. A nosotros siempre nos van a encontrar enfrente de esto y entendemos que sociedad tiene que reaccionar y decir basta y que por ahí no pasa.

Continuando con la cuestión sobre los grandes sindicatos, en el último tiempo hemos visto conflictos importantes por subidas salariales contra la inflación. En algunos la CGT ha podido jugar un papel protagonista, como en TMB en Barcelona, pero en otros no. Es un hecho que UGT y CCOO siguen agrupando alrededor del 70 por ciento de los delegados sindicales. No por nada han jugado un rol de dirección en las luchas del metal en Cádiz o Cantabria, o ahora en la Sanidad. ¿No hay a veces una actitud sectaria hacia estas luchas por el hecho de ser dirigidas por la burocracia sindical? Y más precisamente, ¿no tiene planteado la CGT intervenir con decisión en estas luchas para disputarle la dirección a CCOO y UGT, uniendo por abajo lo que las burocracias dividen por arriba?

Mira, el ejemplo claro es la huelga del metal de Cádiz. Nosotros fuimos convocantes junto a CCOO y UGT. Fue una huelga contundente, con una respuesta en la calle de la gente mucho más allá de las trabajadoras y trabajadores del metal. Vimos imágenes de las tanquetas, de las cargas policiales. Fue en definitiva una huelga muy potente de varios días. Yo estuve por ahí, por lo que lo vi en persona.

Al final todo esto se transformó en que cuando tenías a toda la calle llena, a los metalúrgicos dispuestos a continuar la lucha, a los núcleos más importantes del metal de la provincia movilizados; ese mismo día CCOO y UGT por la noche firman un acuerdo de mínimos a espaldas de todos esos sectores. Con ese acuerdo las trabajadoras y trabajadores del metal de Cádiz pierden poder adquisitivo, porque se sube el salario por debajo del IPC durante los próximos años. A la gente no le gustó ese acuerdo. La respuesta de CGT fue mantener la huelga, sobre todo en ciertas empresas que estaban por debajo del convenio de Cádiz. Hay empresas en las que se mantuvo la huelga y se llegaron a acuerdos históricos gracias a la intervención de CGT.

Claro que a lo mejor tenemos que intervenir de forma diferente, pero en los conflictos también intervienen mucho la guerra mediática y los medios de comunicación. Interviene la televisión vendiéndote que los acuerdos de Cádiz son una maravilla y te salen los ministros apoyando etc. Incluso la ministra de industria dijo, cuando le comentaron que CGT estaba en contra de los acuerdos de Cádiz, “que nos explique la CGT porque no están de acuerdo”. Nosotros nos pusimos en contacto con la ministra para efectivamente poder expresarle nuestra posición. Todavía estamos esperando respuesta.

Cuando los medios de comunicación te venden como una maravilla los acuerdos que se llegan y te esconden lo que hay detrás lo tienes más difícil. Nosotros como CGT tuvimos muy claro que la huelga se tenía que mantener y aquellas empresas que lo mantuvieron consiguieron logros muy importantes. Y ese tiene que ser el camino. La gente tiente que ver que mientras otros sindicatos traicionan a las plantillas, nosotros vamos a continuar con los que quieren seguir luchando y con los que quieren seguir mejorando las condiciones laborales. Y siempre nos van a seguir tirando piedras. Porque somos lo que somos. Por eso hemos elegido pertenecer al tipo de sindicato que es CGT, para eso estamos aquí, marcando esas líneas rojas que no estamos dispuestos a atravesar.

Vinculado a esto último, a pesar del peso relativo de CCOO y UGT, también hay que decir que en la última etapa la izquierda sindical viene ganando posiciones, sobre todo la CGT. Sin embargo, sigue habiendo una gran atomización entre las distintas organizaciones que se reivindican del sindicalismo de base. ¿Cuál crees que es la razón por la que se sigue manteniendo esa división?

Las divisiones siempre van a existir, eso no creo que sea el problema. Lo que sí puede convertirse en un problema son las guerras que pueda haber entre nosotros a la hora de movilizarnos.

Según mi opinión el sindicalismo combativo o de clase ha de ir hacia un camino común. Debemos entender que tenemos nuestras diferencias, entender por ejemplo que en unas elecciones sindicales cada sindicato quiere sacar más votos porque entiende que es el que va a representar mejor los intereses de los trabajadores y trabajadoras, pero debemos ver más allá de eso.

Desde CGT miramos más allá de lo que son las elecciones sindicales en cada empresa, más allá de buscar votos cada cuatro años, el objetivo claro es defender a la clase trabajadora en su conjunto y teniendo claro que esto es un objetivo común, más aún en un contexto de inflación, con graves problemas que afectan en el día a día de millones de familias. Entendemos que desde el sindicalismo de clase debemos estar a la altura de las circunstancias dejando a un lado las diferencias y trabajando en lo que nos une.

Por ejemplo como hicimos el pasado 15 de octubre que nos movilizamos en Madrid conjuntamente sindicatos y colectivos en defensa de las pensiones y salarios. También uniéndonos para enfrentarnos a la represión que estamos viviendo en sindicatos como CGT, CNT u otros sindicatos.

Tenemos que tener claro además que cuando hay un ataque a un sindicato de clase no es algo esporádico o particular sino que es algo orquestado y dirigido hacia todo el sindicalismo combativo porque están viendo que hay un avance de estos sindicatos y es lo que temen. Por eso la respuesta debe ser conjunta. Esta unión es importante porque será la que permita enfrentar a patronales y gobiernos.

Una última pregunta. La precarización de la juventud trabajadora es uno de los grandes fenómenos producto de la ofensiva neoliberal de las últimas décadas. Es un sector al que ninguno de los grandes aparatos sindicales se ha jugado a organizar y defender sus derechos. Sin embargo, es claramente una base social amplísima desde la que pensar una posible reorganización del movimiento obrero. ¿De qué manera se propone la CGT intervenir en esos sectores y organizarlos para la lucha de clases?

Desde CGT tenemos muy claro que parte de nuestro trabajo tiene que ser acercarnos a la juventud, no sólo cuando se abre al mercado laboral, sino incluso antes, explicando los tipos de sindicatos que hay, o mejor dicho, los maneras que hay de hacer sindicalismo.

Lo que los jóvenes pueden conocer a través de la televisión es solo un tipo de sindicato como lo son CCOO y UGT, totalmente dominados por el régimen, pero existe otro tipo de sindicatos y esto es lo que tenemos que explicar y hacérselo llegar. Hacer llegar a la juventud la existencia de sindicatos como CGT, explicar lo que hacemos, porqué actuamos de la manera en que actuamos y porqué exigimos lo que exigimos es importante. Es un trabajo duro pero necesario, porque la juventud es la que tiene el futuro y poder en sus manos, y eso desde CGT lo tenemos claro.


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