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Minera Cuzcatlán

Minería en México: devastación ambiental y ataque de defensores del territorio

La minera Cuzcatlán de capital canadiense, intenta lavarse la cara con apoyos sociales, mientras contamina la tierra y ataca a defensores del territorio.

Diego Juárez

@diego_enp2

Jueves 2 de septiembre | 20:28

La minera Cuzcatlán es la filial mexicana de Fortuna Silver Mines, de capital canadiense. Inició trabajos de preparación en 2006 y suscribió diversos convenios en el municipio de San José del Progreso, en el estado de Oaxaca, al sur oeste del país.

Esta empresa en sus 12 años de funcionamiento ha dejado a su paso contaminación en el ambiente, perdida de fauna, flora, causando enfermedades y muerte, erosión de la tierra, perdida de cosechas y la contaminación de los ríos.

Los pobladores de San José del Progreso han luchado contra la devastación ambiental causado por la minería, la apropiación de tierras de manera ilícita y han denunciado la complicidad de las autoridades municipales y la minera.

Por ejemplo, en 2008 se opusieron a que se otorgaran permisos a la minera Fortuna Silver Mines. Los habitantes se organizaron y bloquearon los accesos a la mina, acciones por las que fueron desalojados de manera violenta el 6 de mayo de 2009.

El 15 de marzo de 2012, Bernardo Vázquez Sánchez, líder de la Coordinadora de Pueblos Unidos del Valle de Ocotlán (CPUVO) fue asesinado por sicarios enviados por Alberto Mauro Sánchez, el entonces presidente municipal de San José del Progreso.

Desde 2011 grupos armados han amenazado, agredido y asesinado a simpatizantes y adherentes de la CPUVO.

Durante 2012 las agresiones se incrementaron de forma alarmante: tan sólo de enero a junio de 2012 se registraron cuatro ataques perpetrados por grupos armados presuntamente ligados a la autoridad municipal actual y a la empresa minera, resultando heridas por arma de fuego ocho personas y dos defensores fueron asesinados, a saber, Bernardo Vázquez Sánchez y Bernardo Méndez Vázquez, miembros de la CPUVO que habían participado del proceso de oposición a la presencia de la empresa minera Cuzcatlán-Fortuna Silver Mines desde siete años previos a su deceso.

Cuzcatlán y la contaminación

En 2018 después de una lluvia los pobladores se dieron cuenta que todo estaba cubierto de una sustancia de color gris, incluyendo el arroyo El coyote, el cual es usado para el riego de los cultivos, además de un pozo de agua potable. Varios pueblos de la zona fueron afectados por esta situación.

Lo anterior ocurrió debido a un derrame de desechos tóxicos, que según estudios originales encontraron sustancias que superan las normas mexicanas hasta en un 1845%.

A pesar de estos datos alarmantes la empresa dice que esos desechos no presentan ningún peligro para la salud.

Pero la población se ha visto afectada ya que se han sido obligados a comprar botellones de agua lo cuál es insostenible, ya que el 73 % de la población vive en pobreza y casi el 25 % en pobreza extrema.

Mientras que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) afirma que el agua del arroyo no puede ser usada para la agricultura ni para la pesca.

Por otro lado, el 22 de julio la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) negó la ampliación del proyecto minero, lo cual causó la molestia de la minera y decidió impugnar.

Lavado de cara con "ayudas" sociales

Hace unos días la minera de la mano del municipio entregó 2,600 bolsones de comida, con la finalidad de ayudar a los más de 8,500 habitantes según para mejorar las condiciones de la población durante la pandemia.

Durante la entrega llamó a los pobladores y defensores del territorio, a quienes acusa de detractores, a examinar sus acciones para beneficiar la sociedad y el medio ambiente y recalcó que ha ayudado al desarrollo sostenible de las comunidades aledañas, mientras los datos antes mencionados demuestran lo contrario.

Lo que queda claro con esto es que si queremos luchar en defensa del territorio y del medio ambiente es necesario organizarnos contra las empresas, los megaproyectos y el gobierno y los partidos patronales, esto de la mano de que la clase trabajadora tome en sus manos las demandas de los campesinos y los pueblos originarios para que forjen la unidad para construir un mundo distinto donde los intereses velen por la armonía de la naturaleza y la humanidad y no en las ganancias de unos cuantos.






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