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CARCELES Y CORONAVIRUS

Mujeres presas en la cárcel de Azul: "Vivir en estas condiciones es una tortura sistemática las 24 horas todos los días"

Entrevistamos a Agustina, una de las detenidas en la cárcel de Azul, que pone en palabras lo que significa para las mujeres la vida en el encierro. Hacinamiento, condiciones sanitarias y de detención inhumanas, son parte de una realidad que sufren las más de 100.000 personas privadas de su libertad en las cárceles y penitenciarías del país, de las que el Estado es responsable.

Miércoles 23 de septiembre | 16:24

De acuerdo a datos oficiales, entre 2002 y 2017 la cantidad de mujeres en prisión aumentó un 197.6% frente al 57% de la población total. La gran mayoría de ellas está presa con prisión preventiva por delitos menores contra la propiedad y venta de drogas en pequeña escala, lo que muestra como la precariedad de la vida de las mujeres se fue profundizando.

Las mujeres han sufrido una discriminación histórica y estereotipada: padecen desventajas sistemáticas y son objeto de actos de violencia física, sexual y psicológica, entre otro tipo de abusos. Al respecto, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha analizado el impacto diferencial en las mujeres que se encuentran privadas de su libertad, expresando que se encuentran bajo el “completo poder” de los agentes del Estado y en una situación de indefensión (CIDH, 2017).

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  •  ¿Cómo es vivir, o mejor dicho sobrevivir, en una cárcel de mujeres?

    Las condiciones de detención que tenemos son de terror. En un pabellón de veinticuatro camas llegamos a ser hasta cuarenta personas, hay celdas que tienen cuatro camas donde llegamos a vivir siete compañeras, por lo que terminamos durmiendo en el piso.

    Agustina describe lo que sufren todos los días: "Hay muchas compañeras que están más de 20 horas encerradas en una celda, son pabellones completos, que no salen ni al patio, están casi todo el día "engomadas" como decimos nosotras, en celdas super chicas que tienen una o dos camas y hay cuatro o cinco personas, y ahí tienen que comer, dormir y hacer sus necesidades, no tienen ni agua siquiera. Por eso nosotras decimos que acá y en todas las cárceles del país se tortura, porque además de las torturas en sí que les cuesta la vida a tantos compañeros y compañeras, vivir en estas condiciones es una tortura sistemática las 24 horas todos los días. Lo que se hace en estas condiciones es tratar de sobrevivir, porque no es vida esto".

    El hacinamiento y superpoblación es insoportable, acá hay mucha gente con prisión preventiva, en algunos casos por más de una década. Esto empeoró mucho cuando se modificó la Ley de Ejecución Penal, porque muchos compañeres no pueden acceder a la progresividad de sus penas, a un cambio de régimen, a una salida transitoria, mucha gente no pude acceder a una libertad asistida o una condicional. Así es que se van de acá por un agotamiento de pena o porque la cumplieron.

    No poder acceder a ir progresando hacia recuperar la libertad, es muy terrible. Hay gente mayor de mas de 70 años que no tiene acceso tampoco a una prisión domiciliaria, hay muchos casos de esos, no nos tienen en cuenta, nos tratan como si no fuésemos seres humanos.

    -¿Cuál es la situación sanitaria en el penal?

    Es difícil hasta acceder a la higiene personal, lo que es más grave todavía con la pandemia. Hay tres duchas para veinticuatro personas y en vez de tener posibilidad de tener una ducha todo el día tenemos un horario para poder bañarnos. En vez de ganar derechos, acá se recortan los vamos perdiendo de a poco. En la cuestión de nuestra condición de mujeres sentimos que vamos involucionando, no nos dan bolilla cuando pedimos cosas elementales, no nos sentimos acompañadas

    Las condiciones sanitarias son muy precarias, no está preparado el Servicio Penitenciario Bonaerense y creo que de ningún lugar del país para lo que está pasando en este momento de pandemia, no existe ni un nebulizador, faltan medicamentos básicos, alcohol en gel, barbijos. Es muy precario todo y nos expone a todo tipo de enfermedades, no sólo el Covid-19. Acá hay otras enfermedades como tuberculosis, que ya estaba erradicada, hay compañeras que son parte de los grupos de riesgo por tener otras enfermedades y sin embargo no tenemos las más mínimas condiciones sanitarias. Además a las personas con enfermedades crónicas por ejemplo, se les dificulta mucho poder acceder a los tratamientos.

    Para aislarnos en caso de tener síntomas, se prepararon algunas camas en el aula de escuela y en las habitaciones de encuentro que se usan cuando hay visitas. Allí llevan a las chicas aisladas pero acá no existen los hisopados, no sabemos quienes son las chicas que están aisladas, es muy desesperante. Nada está preparado para la magnitud de esta pandemia, no hay elementos necesarios, ni oxígeno, ni paracetamol, no existe eso.

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    ¿Tienen contacto con sus familiares?

    Por el momento visitas no estamos recibiendo, y es muy duro, muchas compañeras si tienen posibilidad de tener familia afuera, son quienes les mandan encomiendas, porque acá no hay las cosas básicas que necesitamos para higienizarnos, para limpiar, para comer, o medicamentos. Algunas de nosotras tenemos a nuestras familias a más de 300 km, y es muy duro, nos ayudamos entre nosotras, pero para la cantidad que somos las cosas nunca alcanzan.

    No vemos a nuestras familias desde que comenzó la pandemia, nos pusimos todas de acuerdo en tomar esta medida para preservar a nuestros seres queridos, porque acá no hay el cuidado q realmente tendría que haber, hay muchos compañeros que están infectados con el coronavirus, pero no se da a conocer nada de eso, es un secreto de estado parece lo que pasa en las cárceles. Lo que sabemos es entre nosotros por algún compañero de alguna unidad, porque si es por los medios públicos no se da a conocimiento.

    Lo poco que nos enteramos de lo que pasa afuera es si vemos alguna vez algo en la tele, pero no tenemos acceso ni a un noticiero, hay compañeras que están 22 horas encerradas en la celda, imaginate lo que es eso, les abren una vez por cuarenta minutos y en ese poco tiempo tienen que limpiar el lugar.


  •  ¿Tienen acceso a la educación?

    Algunas de nosotras estudiamos, en mi caso estudio Abogacía en la Universidad Nacional de La Plata, pero es un esfuerzo muy grande. Acá en esta unidad tenemos un Centro de Estudiantes y tratamos de acompañarnos entre nosotras, hay algunas computadoras pero ya tienen muchos años, por eso el tema de la conectividad y dispositivos es muy escueto, son sistemas del año 2010, acceder a internet es mucho mas difícil. Nos comunicamos por mail con los y las docentes que tratan de ayudarnos en todo lo que pueden, nos mandan videos para que podamos seguir las clases a quienes hacemos una carrera universitaria, y las chicas que están en primaria o secundaria se manejan con unos cuadernillos.

    He llegado a rendir en el buzón, que es una celda de castigo, un lugar muy horrible, húmedo, donde podes llegar a estar un largo tiempo hasta que te viene un traslado. Así estuve casi un año, desde fines de 2017 hasta noviembre de 2018, viajando por varios penales, en Magdalena, La Plata, Varela, y ahora estoy acá en Azul. En ese tiempo pude rendir cuatro materias, que es bastante para lo que es estar en esas condiciones, me abrían dos veces la puerta por cuarenta minutos en todo el día. Imaginate lo que es estar adentro de una celda, peleando para que me pasen los libros, mi documentación, lo único que me salvaba era leer todo el día para no enloquecer, meses y meses así encerradas pasamos con mis compañeras.


    La precariedad de la vida de las mujeres

    La mayoría de las mujeres privadas de su libertad son pobres, desocupadas o con empleos precarios, que han recibido escasa educación formal y muchas veces son jefas de hogar. Lejos de revertir estas realidades, las instituciones de encierro reproducen las desigualdades y estructuras dominantes que perpetúan las violencias sobre esas mujeres.






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