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OPINIÓN

Necesitamos respuestas anticapitalistas frente a la ola de despidos y EREs

Son muchas las empresas que anuncian cierres y despidos masivos. Las direcciones sindicales burocratizadas mantienen las luchas aisladas y su complicidad con el gobierno y la patronal. Es necesario un plan de lucha para imponer el reparto de horas de trabajo y la nacionalización bajo control obrero de toda empresa que cierre o despida.

Jueves 3 de junio | 12:06

En más de un año de gobierno, la ministra de Trabajo “comunista” ha sido incapaz de derogar la reforma laboral. Mientras, se han sostenido las ganancias capitalistas con los ERTE. Como escribíamos recientmente en este artículo, esta medida ha supuesto dosificar y aplazar los despido, así como permitir hacer reservas a las empresas con dinero público para el abono de las indemnizaciones de los despidos de los próximos meses.

Todo esto consentido por la connivencia de CCOO y UGT, pieza clave para mantener la paz social. Además las direcciones de los grandes sindicatos están actuando de dique de contención de las luchas obreras. Un ejemplo claro lo estamos viendo en el caso de Airbus, pactando el cierre de la planta de Puerto Real a espaldas de los trabajadores y desconvocando las movilizaciones lideradas por CGT.

Ante lo que se prevé que será un año 2021 de despidos masivos y EREs el gobierno “más progresista de la historia” y las burocracias de UGT y CCOO tienen la tarea de gestionar este capitalismo caníbal en una época de gran crisis económica. Nuevamente descargar con relato “progre” sus costes sobre la clase trabajadora. El caldo de cultivo para que la derecha y la ultraderecha lleguen al gobierno en las próximas elecciones de 2023. Lo del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid, es solo el anticipo.

La historia está condenada a repetirse cuando no somos capaces de sacar lecciones de los errores del pasado. Las lecciones recogidas en el clásico libro ‘Reforma o revolución’ de Rosa Luxemburgo se deberían haber convertido en un aprendizaje para todo aquel que se reivindique consecuentemente anticapitalista. Entre ellas que la participación en la gestión del Estado capitalista no lleva a otro camino que acabar administrando, aún en nombre de la clase trabajadora o las “mayorías sociales”, los negocios e intereses de los grandes capitalistas.

Tras la anterior crisis y el movimiento 15M, el politólogo y exlíder de Podemos Pablo Iglesias, nuestro “Bernstein” particular, junto a un grupo de intelectuales de la Facultad de Ciencias Políticas de la UAM en Somosaguas, decidieron emprender un proyecto político que pretendía asaltar los cielos poniendo, otra vez, todas sus esperanzas en la política burguesa y el parlamentarismo.

Esta hipótesis fue defendida también por Anticapitalistas, palanca necesaria para la creación de Podemos. Ahora, su salida pacífica y acrítica de la formación morada, siguen buscando la manera de reeditar la creación de partidos reformistas amplios como Adelante Andalucía o sus hermanos en Francia con una coalición electoral junto a la Francia Insumisa de Melenchón.

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El proyecto político que deja en herencia el exlíder de Podemos ha quedado rehén del mismo PSOE que manda cargar a la policía contra la juventud por manifestarse por la libertad de Pablo Hasel y ordena proteger a VOX empleando la policía contra jóvenes y trabajadores en Vallecas.

Nadie que se considere marxista revolucionario puede pensar que en estos agentes adaptados perfectamente al régimen exista una salida al capitalismo de cuya gestión forman parte. Si en los próximos meses y años van a darse centenares de miles de despidos, tenemos que buscar la manera de organizarnos para responder a sus ataques y que no volvamos a ser la clase trabajadora la que carguemos a nuestra espalda con la crisis económica que vivimos.

Crisis económica, EREs y despidos por cierres de plantas y fábricas son las primeras consecuencias de la pandemia que se están viendo. Irremediablemente provocará resistencias obreras como la organización de los trabajadores que llevan semanas o meses en huelga en Tubacex o Airbus, o la plantilla de Nissan que se vuelve a movilizar. El Corte Ingles, H&M, BBVA, Bosch y Caixabank son las empresas que ya están anunciando despidos colectivos a lo largo y ancho del Estado español, todos con la connivencia del gobierno progresista que se niega a legislar contra los poderes económicos.

Los EREs y ERTEs son medidas creadas y aprobadas a medida de los capitalistas por los distintos gobiernos para regular y aceptar despidos colectivos, aludiendo muchas veces a pérdidas sobre las predicciones de ganancias y no sobre pérdidas reales. Basta en muchas ocasiones con maquillar los libros de contabilidad para que estas medidas sean aceptadas y aprobadas por el gobierno de turno.

Ante problemas capitalistas, respuestas anticapitalistas

En periodos de crisis económica el primer movimiento en las grandes empresas consiste en aligerar las plantillas a través de distintos métodos de despido para aligerar costes. El ejemplo actual lo vemos en los intentos de Tubacex de hacer un ERE de 129 trabajadores argumentando que la crisis pandémica ha disminuido la producción. Los trabajadores de esta empresa están dando ejemplo de lucha al resto del Estado de como únicamente la organización de la plantilla puede tener alguna posibilidad de cambiar sus condiciones laborales. La huelga supera ya los 100 días y son un ejemplo de lucha contra la patronal.

Esta chispa necesita de un soplo de aire fresco y de la solidaridad de trabajadores y organizaciones obreras junto a la juventud estudiantil para que se convierta en llama que traspase de los muros de las empresas, y desafíe al sistema económico y político.

Vemos como empiezan a existir otros focos de resistencia obrera en el resto del Estado, como es el caso de Airbus Cádiz que están luchando contra el cierre total de la empresa aludiendo a las pérdidas generada por la crisis económica. La realidad es que quieren abaratar costes aumentando la producción en otras fábricas como la de Getafe con la complicidad de UGT y CCOO que han pactado a espaldas de los trabajadores el cierre de la empresa.

En esta tesitura debemos rescatar pensar en las enseñanzas y la experiencia de ejemplos como Zanon en Argentina, cuando en el año 2000 un grupo de trabajadores de la propia fabrica decidieron tomarla en su cierre y empezaron a producir bajo control obrero sin patrones.

En el Estado español llevamos muchos años sin una huelga general a pesar de que la crisis económica de la década pasada recayó totalmente sobre la clase trabajadora y aún hoy vivimos las consecuencias en forma de reforma laboral, de ley mordaza, de privatización de servicios públicos y de precarización en los empleos. Las burocracias sindicales han actuado como un elemento pacificador desactivando cada chispa de organización sindical que surgía, incluso pactando con la patronal convenios lesivos aprovechando la reforma laboral de 2012 o traicionando a los propios trabajadores como en Airbus Puerto Real.

Debemos imponer desde las organizaciones de base de los sindicatos un frente único obrero con libertad de tendencias para articular la lucha de clases y empezar a organizar al conjunto de la clase trabajadora con un programa que garantice que la crisis la paguen los capitalistas. Imponer la apertura de cuentas contables a todas aquellas empresas que se hayan acogido a un ERTE para evitar que, tras muchas veces haber sido salvadas por el Estado con dinero público, ahora respondan con despidos masivos.

Ante el recrudecimiento que veremos de los despidos y el gran aumento del número de parados no podemos confiar en los partidos del régimen, por lo que debemos trabajar por organizar un plan de lucha en la perspectiva de imponer mediante la huelga general un programa que recoja el reparto de horas de trabajo sin disminución salarial. Para que trabajemos todos y para que pongamos nuestras vidas en el centro.

Para ello tenemos que superar las tendencias pacificadoras de las burocracias sindicales y solo podemos hacerlo desbordando las calles y la movilización obrera.






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