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Nuevas señales políticas a cien días de Gobierno de Lula

Una encuesta de la empresa Datafolha divulgada a comienzos de la semana pasada fue buena para el gobierno de Lula y demostró que en general todavía se mantiene la "luna de miel", pero trae nuevos indicadores que hay que analizar más a fondo.

Thiago Flamé

Miércoles 12 de abril
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Los grandes medios de comunicación intentaron sacar provecho de la encuesta de la prestigiosa empresa Datafolha, señalando un desgaste del gobierno de Lula. Sin embargo, en general los números fueron favorables al nuevo gobierno. El cuadro político general, considerando lo que se expresa en la encuesta, se modificó poco desde las elecciones de octubre.

La pregunta sobre los derechos políticos de Bolsonaro - "Ud. cree que Bolsonaro debería perder los derechos políticos y quedar inelegible?" - es la que mejor expresa la estabilidad. Mientras el 51 % se mostraron favorables, el 45 % se posicionaron en contra. Casi el mismo resultado que el segundo turno electoral, salvo por algunos puntos percentuales menos para Bolsonaro.

La misma tendencia se expresa en las preguntas sobre la evaluación del gobierno. Lula en general mantiene el apoyo de la base que lo eligió, parte de la cual ya lo hacía con las narices tapadas. Bolsonaro también mantiene la suya, pero con un importante dislocamiento. Parte de los votantes de Bolsonaro parecen dispuestos a darle una oportunidad al gobierno.

Esa buena voluntad de la base social de la oposición, que un nuevo gobierno suele tener, es el elemento más importante de lo que los analistas denominan "luna de miel". Incluso con un margen menor que en otros momentos de mayor estabilidad, es un factor importante del momento actual, que fue fortalecido por el efecto de la acción aventurera que desgastó al bolsonarismo coyunturalmente y dejó a los militares y a la extrema derecha a la defensiva.

El gran acierto de la retórica del gobierno: el ataque a las tasas de interés

Lo más sintomático de la encuesta es el gran apoyo popular a la retórica de Lula contra las altas tasas de interés impuestos por el Banco Central, cuyo presidente había sido puesto por Bolsonaro. Lula ha sido muy criticado, incluso entre sectores petistas, por una supuesta mala comunicación de su gobierno. Pero nada menos que el 80 % de los encuestados apoya a Lula en este punto, incluso después del bombardeo mediático que intentó ponerle la etiqueta de "populista" a la presión del ejecutivo sobre el Banco Central, que debería ser independiente, y que esa no era la forma de buscar la reducción de los intereses.

Lula supo dialogar con un sentimiento ampliamente mayoritario, incluso entre los votantes de Bolsonaro. Esto responde, al menos en parte, a lo que ha sido la principal preocupación del gobierno: cómo garantizar el apoyo de las clases medias. Hasta ahora, el gobierno logró el apoyo de los estratos más bajos de los sectores populares y de la clase trabajadora precarizada, a través de la ampliación del subsidio "Bolsa Familia" y de la vuelta del programa de viviendas "Mi casa mi vida". Garantizó el apoyo del mercado financiero y de los empresarios al prometer no revocar la reforma laboral y previsional. Como ha dicho el propio Lula, "y para el sector intermedio, ¿qué tenemos para ofrecer?"

El anuncio de la nueva estructura fiscal fue recibido con grandes reservas en los medios de comunicación petistas, aunque sea menos notado por las grandes masas que la retórica contra las altas tasas de intereses. En un reciente programa, el periodista Luis Nassif -insospechado de radicalidad u oposición a políticas de alianzas amplias- llamó al proyecto de Lula y Haddad de "calabozo fiscal", una metáfora que usó para calificar este nuevo techo de gastos de inspiración ultra neoliberal. Eso refleja la forma en que ha sido recibido en los medios más organizados y politizados de la clase trabajadora petista. La única esperanza de alguna política de inversiones que puedan reivindicar esos sectores es la posibilidad de que Lula vuelva de China lleno de promesas de inversiones en infraestructura.

¿Comienzan a volver las luchas en sectores tradicionales?

A pesar de la etiqueta "clase media", el sector al que Lula todavía Lula no sabe qué puede ofrecer es gran parte de la clase trabajadora con mejores salarios y mayor tradición sindical, la base social más estructural del PT. En el sector con renta entre 2 y 10 salarios mínimos se encuentran docentes, trabajadoras y trabajadores especializados de varios sectores, de la salud, metalúrgicos, petroleros, bancarios, buena parte de la intelectualidad progresista.

La reciente huelga del subterráneo de San Pablo fue hasta ahora el punto alto de un proceso que, al parecer, puede ser más profundo. ¿No serían estos sectores, a lo que Lula no sabe qué ofrecer, los primeros a ponerse en movimiento por la reversión de parte de los profundos ataques de los últimos años? Hemos visto una vuelta aunque inicial de algunas movilizaciones y huelgas de docentes y trabajadores del transporte. Es difícil prever hasta dónde ese proceso puede ir, pero hay que estar atentos a su desarrollo, especialmente en un momento en que en los principales países de Europa vemos al movimiento obrero ponerse en el centro del escenario político como hace mucho no sucedía.

Esta dinámica podría ya estar siendo captada por la encuesta de Datafolha. Si tenemos en cuenta el sector que gana entre 2 y 10 salarios mínimos, si es el sector de renta donde Bolsonaro tiene sus mejores índices, es también donde se concentra casi la totalidad de la clase trabajadora organizada y con tradición de lucha y organización. Cuando lo miramos de cerca, vemos que entre los que se declaran simpatizantes del PT, cerca del 20 % opinan que el gobierno presentó hasta ahora menos de lo que esperaban. Un sector menor, cerca del 3 %, opina que el gobierno no hizo nada realmente bueno hasta ahora. ¿No podrían ser justamente esos los sectores que están empezando a movilizarse y que podrían expresar que ya empieza a destacarse un sector que critica el gobierno por izquierda?

Sin dudas no podemos igualar los dos procesos, la vuelta de luchas reivindicativas por parte de sectores tradicionales de la clase trabajadora y del sector superior de los sectores precarizados con la experiencia con el gobierno Lula. Son fenómenos de distinta naturaleza. Entre los luchadores de los últimos meses sin duda hay quienes critican al gobierno por izquierda, lo que tal vez sea más evidente en procesos como la lucha de trabajadores del subterráneo de Belo Horizonte contra la privatización autorizada por el gobierno federal, o en la decepción de muchos educadores y educadoras con el anuncio de que Lula no revocará la reforma de la enseñanza secundaria. Pero también hay sectores que apoyan sin críticas al gobierno e incluso sectores bolsonaristas.

Que existen sectores que se dislocan hacia la izquierda del gobierno Lula se expresa en las preocupaciones de algunos comentaristas de los medios de comunicación petistas, con las señales políticas de una encuesta que podría haber sido tomada como ampliamente favorable. Paulo Moreira Leite afirma, dialogando con la propia base petista, que el gobierno todavía no logró mostrar un proyecto creíble para el futuro. Desde otro punto de vista, Tereza Cruvinel se mostró preocupada con el hecho de que solo el 6 % señaló a la educación como un área de destaque del gobierno, recordando que ese sector es uno de los núcleos duros del apoyo al gobierno petista.

La educación en el centro de la situación política

No conviene aumentar, pero tampoco disminuir la importancia sintomática de la victoria de la huelga de trabajadoras y trabajadores del subterráneo y de la gran disposición de lucha de ese sector estratégico, que votó ampliamente al PT, pero que eligió para su sindicato el año pasado a una lista crítica al gobierno. Después del fracaso que puso al bolsonarismo a la defensiva en enero, ese sector tradicional del movimiento obrero se sintió fuerte para entrar en escena. En este momento se está desarrollando una batalla política de primer orden, que va a determinar en las próximas semanas si la situación va a evolucionar hacia izquierda o retrocederá a la derecha.

Como dijo le el periodista Leonardo Attuch a Lula en una entrevista del medio digital Brasil 247, la reforma educativa llamada Nueva Enseñanza Media es el punto más crítico del gobierno Lula entre la audiencia de ese medio, el mayor portal petista de noticias. No es en vano que, incluso en medio de la crisis provocada por la oleada de ataques en las escuelas que ya dejaron muertos y heridos, el gobierno se vio obligado a declarar la suspensión de la reforma.

Si hubiesen pasado esas tragedias que tensionan la situación política hacia la derecha, el desarrollo de la movilización contra la reforma educativa se podría ser mucho más rápido, causándole serios problemas al gobierno.

La situación está abierta y según la respuesta que haya en las escuelas y lugares de estudio puede evolucionar a izquierda o derecha. Un día decisivo en ese proceso será el 26 de abril, cuando se realizará un paro nacional contra la Nueva Enseñanza Media y otras demandas, convocado por los sindicatos de la educación.

Frente a la posibilidad de que ese día sea una gran jornada de luchas como no se ve hace tiempo, es lícito preguntarse si el conflicto alrededor de la reforma educativa no puede compararse a la lucha contra la reforma previsional en 2003, que provocó las primeras grietas a izquierda en el primer gobierno de Lula y dio origen a la fundación del PSOL, el mayor partido de izquierda de Brasil -hoy en el gobierno- y a la Central Sindical y Popular Conlutas.

La situación es bien distinta, sobre todo si tenemos en cuenta que la reforma de 2003 fue una medida aprobada por el propio Gobierno, mientras que esta reforma de la enseñanza secundaria forma parte de la "herencia maldita". Sin embargo, lo que queremos subrayar con esta analogía es que este proceso puede dar lugar a las primeras escisiones a izquierda en una base fundamental del gobierno. A diferencia de la lucha de trabajadores estatales en 2003, que quedaron bastante aislados como un sector social privilegiado, la lucha contra la reforma educativa es mucho más amplia y difícil de aislar.

Aún es pronto para saber si esta posibilidad puede convertirse en una tendencia real. Juegan en contra no sólo la diferencia que marcamos y que será utilizada por Lula para reducir el impacto negativo de la decisión de no revocarla, sino también la permanencia de una extrema derecha bolsonarista que, aunque debilitada, sigue activa y es utilizada por el petismo para contener cualquier tipo de movilización independiente.

El PT y sus personeros en sus sitios web y especialmente a través de la burocracia sindical, intentan convencer a los trabajadores de que cualquier crítica - por no decir movilización - contra su gobierno sería "hacerle el juego a la derecha", dificultando el desarrollo del proceso. También juega en contra de esta posibilidad la adhesión del PSOL al gobierno y la pasividad sindical de los sectores mayoritarios en Conlutas, especialmente el PSTU. Sin embargo, la docencia tiene una gran tradición de lucha y puede aprovechar las contradicciones de este inicio de gobierno para ponerse en escena, después de años de retrocesos, si logra atravesar el momento actual, marcado por los ataques a las escuelas, recuperando la voluntad de lucha que venía mostrando desde principios de año.


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Thiago Flamé

Esquerda Diário, São Paulo.

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