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Ómicron, mentiras y restricciones

A más de un mes de la irrupción de la variante Ómicron tenemos una oleada descontrolada de contagios, a pesar de las vacunaciones. Por su parte, el gobierno central no ha hecho más que imponer medidas restrictivas y ninguna de prevención de la pandemia.

Guillermo Ferrari

Lunes 17 de enero
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A finales de noviembre se descubrió que había una nueva variante circulando por varias zonas de Suráfrica y los países vecinos. Una semana después se empezaron a descubrir casos en Europa y Asia. Los científicos especialistas ya alertaban de su peligrosidad, porque tenía muchas mutaciones respecto de las variantes anteriores, en especial en la proteína “S” que es su “llave” para la entrada en nuestro cuerpo. En cuestión de días pasó de ser una variante a la que simplemente se le debía hacer un seguimiento, a preocupar a casi todo el mundo.

La mayoría de los países europeos reaccionaron más o menos de forma inmediata. Pero en el Estado español y Catalunya se nos dijo que no llegaría puesto que teníamos alrededor de un 80% de la población vacunada. Que esto sería nuestro “escudo”. Un “escudo” que ya tenía varios agujeros, porque no podía evitar los contagios de la variante Delta. Solo podía debilitar los síntomas y evitar el porcentaje de internamientos e ingresos a las UCI de otras variantes. Los vacunas no están impidiendo los más de 30 mil casos diarios de Ómicron.

Los gobiernos del Estado español solo han aplicado una serie de medidas de restricciones de las actividades sociales y de los derechos fundamentales. Pero ninguna medida preventiva. Era más fácil que el pueblo se contagiara, que invertir dinero en la salud del pueblo. Todos los políticos y especialistas encendieron velas para que esta variante fuera más leve y así no se colapsaran los hospitales. Sin embargo, han colapsado los centros de atención primaria y el personal que trabaja se encuentra al límite de lo soportable. Quizás Ómicron sea una variante más leve, pero son tantos los contagios que la cantidad total de ingresados en los hospitales, y las UCI en especial, también coloca al resto de los centros sanitarios en situación de colapso.

Estamos en la sexta ola, pero es como si estuviéramos en la primera. A mediados de octubre el Consejero de Salud de la Generalitat, Argimon, descartaba una nueva oleada o hablaba de “pequeñas oleadas” y anunciaba un presupuesto sanitario de casi 14 mil millones de euros. Mientras el presidente Sánchez se permite hablar de un plan para cuando el Covid deje de ser una pandemia. Esta gente nos quieren vender la moto de que todo está controlado, pero ya estamos en la tercera semana esperando llegar al pico de esta oleada. La OMS alertaba, y esperemos que no tenga razón, que hasta finales de febrero la mitad de toda Europa se habrá contagiado de la nueva variante.

El problema grave es que la circulación del virus puede generar otra variante nueva que sea tan perjudicial como esta. En los países más pobres las vacunas llegan tarde y a un precio exorbitante. Europa, EE. UU. y el resto de países hacen prevalecer sus patentes y el virus continúa golpeando a los sectores populares más pobres. Son los problemas de la gestión imperialista de la Covid-19.

Miles de test para el fútbol y ninguno para los niños y niñas

La liga de fútbol profesional española hizo miles de testeos de PCR a todas sus "estrellas", para garantizar una vuelta “segura” después de las vacaciones de invierno y los encuentros familiares. Desde Benzemá hasta Piqué, se pudieron hacer todos los test necesarios. Cualquier deportista de la plantilla con una prueba positiva podía repetir la prueba hasta obtener tres negativos consecutivos para poder volver a la competición. Pero no podemos tener una miserable test de antígenos por cada alumno.

En muchas ocasiones hemos podido oír hablar de las nuevas generaciones como el futuro de la sociedad. En estos días podemos tener una clara idea del cinismo y las mentiras que nos cuentan. No se preparó nada la vuelta de los niños y las niñas a la escuela. Una medida tan fácil de pensar como hacer pruebas de antígenos generalizadas a todo el personal docente, educativo y alumnos hubiera permitido saber cómo estaba la situación. Pero, claro, el futuro de la sociedad, no paga los millones de la liga de fútbol.

Otra medida muy sencilla y que no hay que ser un “iluminado” por la sabiduría del mejor genio: dar mascarillas a todos los alumnos y personal educativo. El gobierno central y el resto de gobiernos autonómicos podrían haber destinado algunos millones del presupuesto militar para comprar (o fabricar) mil millones de mascarillas para distribuirlas en los centros educativos. Pero, claro, el futuro de la sociedad, no da los beneficios que esta “maravillosa industria” da a las grandes empresas del Ibex35.

Tampoco se comprarán aparatos para medir la calidad del aire en las aulas. ¿Para qué? Si total no se hará nada con el resultado. Nunca comprarán aparatos para mejorar la calidad del aire y/o la ventilación que haga algo más difícil los contagios de alumnas y alumnos. Mejor subir el listón de contagios para evitar los confinamientos y hacer test al resto a ver qué tal... ¡Ah! Pero el gobierno no compró suficientes y ya tenemos un nuevo colapso, esta vez en las farmacias. Pero si pagas (ahora 2,94€) quizás sí tengas uno. Son las consecuencias de una gestión capitalista del Covid-19. Y no podemos olvidar que si tu hijo es positivo y tú estás vacunado, no puedes pedir permiso pagado en tu trabajo (si lo tienes claro).

Se podrían desdoblar las aulas para evitar tener muchos alumnos dentro de una misma sala y así impedir que un alumno positivo pueda contagiar fácilmente a mucho más alumnos. Pero, claro, esto implica contratar más maestros y como decía el consejero Argimón “no somos un país rico”. Pero dinero sí que hay, si son para regalar a la sanidad privada, o son para los deportistas profesionales. Pero para el futuro de nuestra sociedad, no hay nada. Un país rico para los ricos, y pobre para el pueblo.

A estas alturas, hay algo más de 65.000 niños y niñas que han dado positivo de Ómicron en los últimos diez días y solo 12 clases confinadas. Más allá de que mantener la educación presencial tiene una gran importancia de cara al espacio de socialización de las alumnas y alumnos, la cuestión es que no se está haciendo nada para garantizar un espacio seguro donde se puedan encontrar y estudiar.

Los sindicatos tendrían que organizar la lucha

Las direcciones de CCOO y UGT solo se quejan. Algunas veces, muy pocas, podemos oír a algún representante sindical quejarse de la “situación”. Ya hace casi dos años de esta “situación” y solo se oyen quejas. Que falta esto o aquello, que hay que hacer aquello otro... Los representantes sindicales no convocan asambleas en los centros educativos, no hacen ningún recorrido por las escuelas para hacer una “foto” de la realidad que cada día tienen que aguantar las maestras y maestros. Pero tampoco lo hacen en el resto de los trabajos.

Solo salen en fotos con la patronal y los diferentes gobiernos con los pactos que firman. Pactaron la nueva Reforma laboral, la Ley Iceta o los diferentes EREs y ERTEs que están afectando a decenas de miles de trabajadores.

Hace falta que las direcciones de CCOO y UGT rompan inmediatamente todas las negociaciones, todos los pactos con la patronal y el gobierno central. Y que esto sea el primer acto para organizar la lucha en defensa de los puestos de trabajo conjuntamente con el resto de sindicatos y organizaciones políticas y sociales. Contra la precariedad y la temporalidad, contra el trabajo irregular y los salarios de miseria, contra la gestión capitalista que el Gobierno del PSOE-UP y los autonómicos de la derecha, de ERC-JxCat o el PNV hacen contra los trabajadores, mientras defienden a las empresas del Ibex 35 y sus intereses. Solo con la lucha en las calles podremos torcer el brazo a su poder y empezar a cambiar esta gestión capitalista del Covid-19. Somos la gran mayoría, tenemos la fuerza: hay que luchar juntos por un objetivo común.


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