CONTRAPUNTO

PSOE y Unidas Podemos: en defensa de la monarquía española y contra las masivas movilizaciones de la juventud

[Desde Madrid y Barcelona] Las movilizaciones por la libertad del rapero Pablo Hasél y la represión policial bajo las órdenes del gobierno del PSOE-Podemos, así como del gobierno de la Generalitat de Catalunya, ponen contra las cuerdas tanto el relato “progresista” del gobierno central, como el de la dirección del independentismo catalán. En este artículo señalamos la necesidad de poner en pie un gran movimiento juvenil democrático, que luche por la libertad de Hasél y todos los presos políticos, contra la represión y para poner fin a la monarquía franquista. Un movimiento así podría tener impacto en la clase trabajadora y estimular que entre en escena para dar una respuesta a la crisis. En esta perspectiva, es clave avanzar en construir una izquierda anticapitalista y de clase.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Domingo 21 de febrero

Estaba fuera de todo pronóstico. La semana posterior a las elecciones catalanas ha cambiado el eje político. Comentaristas de radio, televisión y opinólogos solo tuvieron el lunes para hablar de los posibles pactos y analizar el fracaso de la “operación" que había intentado hacer el PSOE en Cataluña, con su candidato, el exministro de sanidad, Illa, como intento para superar al independentismo catalán. El resultado, en cambio, fue [el fortalecimiento del independentismo y el avance de la extrema derecha de Vox, un actor nuevo en el Parlament, mostrando una importante polarización política.

El martes se produjo el encarcelamiento de Pablo Hásel tras la entrada de los Mossos d’Esquadra –una fuerza policial dirigida por el Govern en funciones de Esquerra Republicana de Catalunya y JxCat– en la Universidad de Lleida. Como respuesta, de forma bastante espontánea y mediante convocatorias en internet, comenzó una ola de manifestaciones juveniles, las más masivas y extendidas por todo el Estado desde el comienzo de la pandemia.

En esta primera semana, miles de jóvenes han llenado las calles de decenas de ciudades y previsiblemente lo seguirán haciendo en los próximos días. En Barcelona, los sindicatos estudiantiles de la órbita independentista han convocado este viernes huelga en las universidades. Las manifestaciones más multitudinarias se vivieron en Catalunya y Madrid, y no por casualidad ha sido en estas ciudades donde la represión policial se ha desatado con más virulencia.

La juventud expresa en las calles un profundo malestar social, agravado tras un año de crisis y pandemia

La razón inmediata de las protestas es la exigencia de libertad del rapero Hasél, el enésimo condenado en el Estado español por un delito de “enaltecimiento del terrorismo” e “injurias a la Corona”. Es decir, que lo que se criminaliza es la libertad de expresión y en particular el cuestionamiento a la reaccionaria institución monárquica. “Injurias a la Corona” es un tipo penal que parece sacado del medievo, lo que incrementa el odio hacia los Borbones y el Régimen del ‘78 entre una generación que siente que no tiene Rey. La Monarquía es una institución que es percibida como caduca, antidemocrática y corrupta, en especial entre los más jóvenes, como quedó patente hace dos años en el movimiento de los Referéndums sobre la monarquía que se realizaron en más de 30 universidades españolas y donde votaron más de 90.000 estudiantes, además de múltiples referéndums autoorganizados en barrios y pueblos de todo el Estado. La juventud de la CRT-Contracorriente desde la Universidad Autónoma de Madrid estuvo entre los primeros impulsores de este movimiento en las Universidades, a través de la plataforma Referéndum UAM, que rápidamente se replicó en universidades de todo el Estado español.

Pero, además, esta ola de protestas está actuando como caja de resonancia de las graves contradicciones y padecimientos sociales agravados en este año de pandemia. Ante la respuesta estatal coercitiva y punitiva frente a la pandemia, mientras todos los gobiernos se han negado a implementar medidas sanitarias urgentes para poner freno al desastre mientras han invertido miles de millones en salvar a las grandes empresas, se le ha sumado una crisis económica y social que tira por tierra las expectativas de futuro de una generación que, en sus franjas más jóvenes, solo ha vivido en tiempos de crisis.

El desempleo juvenil roza en 50 %, la universidad y los estudios superiores se han convertido casi en un lujo, las campañas de criminalización a los más jóvenes son constates y brutales. Una situación que se plasma, según señalan diversos estudios, en un aumento de los problemas de ansiedad y depresión. Pero esto puede y debe empezar a cambiar, la juventud parece estar diciendo basta y saliendo a la calle.

Un año con Podemos el gobierno que deja un reguero de expectativas frustradas

En estos días, varios dirigentes de Podemos hicieron público su rechazo al encarcelamiento de Pablo Hasél a través de sus cuentas de Twitter. Incluso han presentado un pedido de indulto al Ministerio de Justicia, aunque solo después de que arreciaran las críticas a esta organización y sus socios de Izquierda Unida y el PCE en las redes sociales. Pablo Iglesias expresa su “consternación” por lo que llama una “grave deficiencia democrática” (sic). Como respuesta, además de la indignación, han recibido algunas bromas. “Pablo Iglesias sigue prometiendo que cuando esté en el Gobierno derogará la ‘Ley Mordaza’” publicaba la cuenta irónica de El Mundo Today el día del encarcelamiento de Pablo Hasél. “Si Podemos estuviera en el Gobierno, esto seguro que no pasaba”, decían otros tuiteros. Porque es realmente escandaloso que este nivel de ataque a las libertades democráticas ocurra bajo un gobierno que se quiso presentar como el “más progresista de la historia”.

Recapitulemos: un rapero preso (Hasél) por poner un par de tuits, otro rapero en el exilio (Valtonyk) por la letra de sus canciones, una decena de presos políticos catalanes por poner urnas para votar sobre la independencia. Y a esto se suman miles de encauzados por las leyes “mordaza” y las leyes “antiterroristas” que fueron diseñadas con la lógica del “derecho penal del enemigo” para combatir a ETA y a la izquierda vasca y que ahora son utilizadas sin ton ni son contra catalanes, cantantes, artistas y activistas políticos de izquierda, solo por expresar opiniones que el régimen considera “peligrosas”.

Pero el “gobierno progresista” no solo que no ha hecho nada para acabar con estas leyes penales que vulneran las más elementales libertades democráticas, sino que ha sido la propia Fiscalía General del Estado, que responde al gobierno y cuya titular es la exministra de Justica de Pedro Sánchez, la que ha pedido seguir adelante con el encarcelamiento de Hasél.

Por si fuera poco, son ellos los responsables directos de buena parte de la represión a las manifestaciones juveniles de esta semana por parte de la Policía Nacional en ciudades como Madrid o Valencia, mientras que las fuerzas autonómicas actuaron en Barcelona y otras ciudades catalanas. Finalmente, este viernes, Pedro Sánchez ha reafirmado que “en una democracia plena resulta inadmisible el uso de la violencia”, reforzando la criminalización de los manifestantes, mientras que el Ministerio del interior ha salido a felicitar el accionar policial.

En una entrevista de TV a finales de enero, cuando se cumplía un año de gobierno de coalición con el PSOE, Pablo Iglesias aseguraba: “Me he dado cuenta de que estar en el Gobierno no es estar en el poder”, intentando justificar que su presencia en el mismo no había logrado cambiar gran cosa. También señalaba que con el PSOE van “a discutir de muchas cosas”, pero que el “gobierno de coalición no va a caer” porque “eso es lo que querría la derecha, una crisis de gobierno y que cayera el gobierno de coalición”. “No va a caer”, reafirmaba. De conjunto, la presencia de Podemos en el gobierno, se resume a acompañar “críticamente” (a veces) las políticas marcadas por el PSOE, manteniendo su “lealtad” al Gobierno de coalición, más allá de algunas apariciones públicas para diferenciarse de sus socios. La lógica de la “correlación de debilidades” y de que “no pueden hacer más” con 35 diputados y cinco ministerios es el nuevo relato del ministerialismo podemista para justificar su subordinación completa al Régimen monárquico.

Las movilizaciones juveniles cuestionan a la “izquierda” del régimen

La pandemia fue utilizada por los Gobiernos europeos para fortalecer una idea de unidad nacional en la lucha contra el virus, justificando el recorte de las libertades democráticas y las medidas de excepción. En el Estado español, las burocracias sindicales compraron todo el paquete y se negaron a desarrollar la más mínima movilización. ¿Se puede estar comenzando a romper ese consenso pandémico? Es una posibilidad. Las grandes mediaciones de la izquierda reformista y la burocracia sindical harán todo lo posible por evitarlo. Por eso los grandes sindicatos no han llamado a la más mínima acción a pesar de lo escandaloso del caso Hasél, por eso la izquierda reformista hace algún tuit y poco más, empezando por la que está en el gobierno. Incluso algunos, como el secretario general del PCE, manda mensajes de apoyo a las fuerzas policiales propios del ministro del Interior.

Las nuevas protestas juveniles ponen en evidencia la impostura del gobierno “progresista” en una de sus promesas más elementales, en relación con las libertades democráticas.

Pero el malestar contra esta “izquierda”, que representa el PSOE y también hoy Podemos, IU y el PCE, es también por no haber cumplido otras promesas elementales, como derogar la reforma laboral que avala una porción importante de la precariedad, seguir permitiendo los desahucios que expulsan a miles de familias pobres de sus casas, entregando miles de millones de subsidios a las empresas del IBEX35 o amparando la corrupción de la Casa Real.

ERC y JxCat al frente de la represión en Catalunya ¿los investirá la CUP?

En Catalunya este malestar se hace extensivo al Govern de la Generalitat y los partidos del “procés” catalán. ERC y JxCat, que de cara a la galería se llenan la boca en defensa de la libertad de expresión, siguen estando al frente de los Mossos que detuvieron a Hásel o que han reprimido las protestas de Barcelona, Girona o Vic, entre otras. Sus antidisturbios siguen haciendo uso de armas como las pistolas de foam, que le quitaron el ojo a una joven manifestante este martes. Y son los gestores de la pandemia y la crisis social, con las mismas políticas criminales que el gobierno central.

Las movilizaciones en Catalunya señalan con el dedo a los partidos del establishment catalán. Los mismos a los que la candidatura de la CUP –que se reivindica de la izquierda independentista y anticapitalista– seguían tendiendo la mano para negociar un nuevo gobierno independentista el lunes mismo. ¿Seguirá la CUP dejando la puerta abierta a un apoyo en la investidura, un acuerdo de legislatura o hasta entrada en el Govern junto a estos partidos capitalistas? De ser así puede abrir un distanciamiento entre esta corriente de izquierda populista y toda una nueva generación indignada, que ya no confía en los partidos que vienen gobernando en Catalunya.

La irrupción en las calles de esta nueva generación, en su mayoría entre los 16 y 22 años, puede estar preanunciando una nueva crisis de representación. Son una generación diferente a la que hizo el 15M (muchos no habían cumplido los 10 años entonces). Y mientras la indignación del “no nos representan” de aquella primavera del 2011, que dio inicio a una crisis del Régimen del 78 para la que no han encontrado una restauración estable y duradera, fue capitalizada en gran parte por el surgimiento de Podemos y por el proceso independentista dirigido desde arriba por los partidos nacionalistas catalanes, ahora puede resurgir la indignación, incluyendo esta vez a las formaciones de la izquierda reformista que emergieron para desviarlo, e incluso, si la CUP no rectifica su rumbo, a la propia izquierda independentista.

La extrema derecha avanza sobre los hombros del Régimen y sus partidos

Que, ante semejante crisis social y económica, los grandes proyectos de la izquierda del ciclo anterior sean ya parte del Régimen, como es el caso de Unidas Podemos, deja un terreno abierto para que puedan intentar capitalizar el malestar y desencanto de amplios sectores afectados por la crisis, algunas opciones abiertamente reaccionarias como la extrema derecha de VOX con discursos antiinmigrantes, españolistas y “antiestablishment”.

Vox ya tiene 44 diputados en el Congreso de los Diputados, y este domingo irrumpió por primera vez en las elecciones catalanas. Su buen resultado, con un 7,7 % de los votos y 11 diputados, tuvo su ribete más preocupante en los votos obtenidos en las principales localidades y barrios obreros –donde duplicó o triplicó los de la CUP– y el hecho de que un 20 % de ellos se cosecharan en jóvenes entre 18 y 35 años.

Vox ya no habla solo de españolismo. Está afilando su mensaje demagógico anti-establishment, con una denuncia a la casta política y la exigencia de un programa de “rescate” populista para las clases medias arruinadas, que contrapone a la inmigración de forma abierta. Una salida totalmente reaccionaria, pero que ante la ausencia de una contrapropuesta igual de radical que hable de expropiar a los capitalistas para hacerles pagar la crisis y tumbar este régimen podrido, puede ganar adeptos entre sectores populares cada vez más desesperados.

Pongamos en pie un gran movimiento contra la represión, avancemos en construir una izquierda anticapitalista y de clase

Frente a las políticas del “mal menor” que proponen Podemos, Izquierda Unida y el PCE, para mantener a toda costa el gobierno con el PSOE, mientras sigue tragando sapo tras sapo, hay que señalar claramente que no es posible enfrentar a la derecha de la mano del PSOE, pilar del régimen monárquico y españolista, que no duda en reprimir a la juventud. La única forma de derrotar a la extrema derecha de VOX, o a los pequeños pero activos grupos neonazis como los que se manifestaron hace unos días en Madrid, es desarrollando un amplio frente único obrero y popular en las calles. Empezando por impulsar un amplio movimiento democrático que, mediante asambleas y movilizaciones, se plante para exigir la libertad de Hasél y todos los presos políticos, el fin de la represión policial, y se proponga también terminar con la monarquía.

La rápida y extensa respuesta al encarcelamiento de Hásel por parte de la juventud demuestra que hay fuerzas sociales en las que apoyarse para intentar dar pasos en ese sentido. Pero, ni la izquierda neorreformista, ni cualquier otra izquierda que quiera jugar el rol de socio menor de estos partidos y gobiernos, es una alternativa ni para frenar a la extrema derecha, ni para parar la represión, ni menos aún para resolver los grandes problemas sociales.

Por eso, al mismo tiempo, habrá que avanzar en construir una izquierda de otro tipo: una izquierda anticapitalista y de clase, junto a los y las trabajadoras, las mujeres, las personas migrantes y la juventud. Hay miles de jóvenes y trabajadores que nada le deben a este régimen, sus partidos y el capitalismo español hoy en crisis, a los que desde la izquierda que nos reivindicamos anticapitalistas, revolucionarios y de la clase trabajadora, podemos dirigirnos.

Necesitamos, partiendo de las movilizaciones que estamos viendo estos días, poner en pie un movimiento independiente de todos estos agentes. Organizar asambleas en los centros de estudio, barrios y en aquellos centros de trabajo donde sea posible. Desde la CRT y la agrupación juvenil Contracorriente estamos peleando por esa perspectiva. En las universidades, apoyando la convocatoria de huelga estudiantil en Catalunya y promoviendo la convocatoria de asambleas en Madrid y otras ciudades, así como desde las páginas de nuestros diarios izquierdadiario.es y esquerradiari.cat

A su vez, la izquierda sindical debería jugar un papel clave en todo esto, y ser parte de la denuncia y exigencia a la burocracia de los grandes sindicatos, para poner en pie un movimiento contra estos ataques a la libertad de expresión y los derechos democráticos, que abra camino a poder imponer el fin de las reformas laborales y de pensiones y medidas que hagan pagar la crisis a los capitalistas. Que se rompa bien roto el consenso pandémico con el que nos quieren condenar a la pasividad y la resignación a aceptar pagar esta crisis.

Más allá de las profundas diferencias estratégicas que tenemos con Pablo Hasél, que reivindica la nefasta tradición estalinista y promueve todo tipo de calumnias contra los trotskistas, consideramos que es una cuestión de principios elementales defenderlo frente al Estado capitalista y sus fuerzas represivas. Si esta causa pasa sin respuesta, significará un ataque mayor a las libertades democráticas de todos los sectores obreros y populares. Y mientras los trotskistas somos parte de las manifestaciones junto a miles de jóvenes en varias ciudades del Estado español por su libertad, aquellos que se encuentran más afines a su tradición, como el Partido Comunista Español, son quienes desde el gobierno criminalizan a los jóvenes que se movilizan.

Desde la CRT luchamos para que la clase trabajadora, junto a la juventud y los sectores populares, entre en escena con un programa contra el desempleo, contra los despidos o el cierre de fábricas, la falta de vivienda, para derogar las leyes de extranjería y para terminar con la miseria creciente, ligado a la lucha por las demandas democráticas pendientes que ya hemos señalado, como la amnistía para todos los luchadores y presos políticos, el fin de la monarquía y el derecho de autodeterminación. Solamente así podremos soldar la unidad de las filas obreras y con los sectores empobrecidos de la población que los diferentes gobiernos capitalistas, “progres” o de la derecha, y la burocracia sindical mantienen divididas, y que son el abono para que las salidas reaccionarias de la derecha populista y su “guerra entre pobres” siga creciendo.

Sin embargo, para pelear hasta el final por esta perspectiva, hace falta construir una izquierda que no tenga complejos en señalar abiertamente una lucha intransigente contra el régimen, y que no dude en plantear que hace falta expropiar a los expropiadores, a la banca, y a las grandes empresas energéticas, mientras defiende la autoorganización y la movilización por estas demandas.

Medidas que ofrezcan realmente una solución a los grandes problemas sociales, y una hoja de ruta que no sea la resignarse a ser el socio menor del progresismo neoliberal en el gobierno o de partidos como los procesistas catalanes, sino luche por una movilización de la clase trabajadora independiente de los capitalistas.






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