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REFORMA LABORAL

¿Para cuándo una huelga general para derogar la reforma laboral?

La derogación de la reforma laboral se está convirtiendo en uno de los grandes chascos del Gobierno. La falta de voluntad de terminar con la legislación antiobrera de todos los ultimos gobiernos vuelve a poner encima de la mesa la necesidad de convocar una huelga general. Ya son casi diez años desde que se convocó la última medida de este tipo. ¿Qué estamos esperando para imponer a los sindicatos que lo hagan de nuevo?

Viernes 12 de noviembre | 11:32

Ha bastado muy poco tiempo para que vaya quedando claro que no hay intención real de derogar la Reforma laboral que tanto ha anunciado el Gobierno y especialmente la ministra Yolanda Díaz. Como explicaba ella misma “es técnicamente imposible hacerlo”.

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De esta manera en los hechos se mantiene una de las legislaciones más lesivas con los derechos de los trabajadores y uno de los pilares sobre el que ha avanzado la precariedad en los últimos años. De momento lo único que se va a hacer la ministra de Trabajo son medidas cosméticas. Entre ellas las de simplificar los tipos de contrato, para supuestamente combatir la temporalidad.

Sin embargo lo que llama la atención es el silencio y la complicidad de los sindicatos y sus dirigentes. Hace un mes daban por hecho la derogación de la Reforma Laboral antes de que terminase el año. Ante los nuevos acontecimientos y la muestra clara de la falta de voluntad de hacerlo por parte del Gobierno, no han dado ningún paso al respecto.

Que las burocracias de CCOO y UGT operen abiertamente para paralizar cualquier respuesta por parte de las y los trabajadores y traicionen sus luchas no es ninguna novedad. Sin embargo lo que sí es novedoso es el salto en el nivel de adaptación de los últimos años y en concreto el compadreo con el actual Gobierno. Esto se escenificó en los últimos congresos de ambas organizaciones sindicales, donde la ministra de Trabajo participo como invitada de honor.

En los últimos meses, en los que los niveles de pobreza se han disparado, la patronal ha intentado imponer los abusos que se normalizaron durante la pandemia, y la inflación y el aumento del precio de la luz y los alquileres ahoga a una mayoría de la clase obrera, CCOO y UGT no han convocado ni una sola movilización para combatir esta situación.

Es sumamente llamativo este nivel de parálisis por parte de estas centrales sindicales, porque al mismo tiempo la derecha y extrema derecha han estado enormemente activas en las calles. También surgieron diversos conflictos que pudieron haber contribuido a una mejora de la capacidad de combate de la clase obrera. En concreto hablamos de conflictos como los de la sanidad, Tubacex, o Alcoa, algunos de ellos saldados con sendas victorias parciales sobre la patronal. Sin embargo la actuación de los aparatos sindicales fue la de aislar estas luchas y no utilizarlas para infundir moral y mayor auto confianza hacia el conjunto de lxs trabajadorxs.

En ese sentido pesa mucho el hecho de que llevemos casi diez años sin que se convoque una huelga general, el método de lucha más representativo del movimiento obrero. Nunca, desde que existe el Régimen del 78, ha pasado tanto tiempo sin que se utilizase esta herramienta de lucha fundamental de lxs trabajadores.

Esto sobre todo da cuenta del conservadurismo y de cómo los intereses de la burocracia sindical están cada vez más unidos al Estado burgués. No es casualidad que al mismo tiempo que sucedía esto, los gobiernos de distintos colores hayan aumentado la financiación directa a los sindicatos. El año pasado en plena caída libre de la economía CCOO y UGT recibían un 56% más de dinero que en 2019.
Esta adaptación de los dirigentes sindicales tiene la contracara de alejarles cada vez más no solo de sus bases en sus sindicatos, sino del conjunto de la clase trabajadora. Este rechazo, que todavía es muy pasivo, es la base por la que construir una dirección alternativa en el seno del movimiento obrero.

La izquierda sindical y el resto de organizaciones combativas de la clase obrera, así como los sectores de tranbajadores críticos con el rol de las burocracias que se encuentran dentro de estos propios sindicatos, tienen que aprovechar este momento, en el que el anhelo por acabar por una de las legislaciones que más han corroído sus condiciones de vida, para organizar movilizaciones que tiendan a unificar a todos los sectores en lucha para exigirle a las burocracias de CCOO y UGT que convoquen una huelga general. Pelear al mismo tiempo por un plan de lucha sostenido y por el desarrollo de asambleas en todos los centros de trabajo encaminado a la convocatoría de una huelga general por la derogación de la Reforma laboral.

Este llamamiento en las actuales circunstancias puede hacer doblar el brazo a la resistencia de los aparatos de las dos grandes centrales sindicales, ya que de no hacerlo podrían poner aun más distancia entre ellos mismos y la amplia mayoría de la clase trabajadora. Constituir un frente único, que pelee por la derogación de la Reforma Laboral, entre otras cosas, debería ser una de las grandes prioridades por parte de la izquierda sindical y las organizaciones combativas.

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