Política

1977 - RODOLFO WALSH - 2017

Patricia Walsh: “Como dice la carta de mi padre, la certeza de ser perseguidos no nos calla”

A 40 años del crimen de Rodolfo Walsh, su hija habla de aquellos hechos y sus reflejos en el presente. El recuerdo de Vicki y la lucha por la casa de San Vicente y el campo de deportes de la Armada.

Daniel Satur

@saturnetroc

Sábado 25 de marzo de 2017

Foto Sebastián Linero

Es periodista, como su padre, a quien acompañó en el oficio y en la militancia. Una de las últimas tareas que realizaría con el ilustre escritor consistía en distribuir masivamente la Carta Abierta que Rodolfo le enviaba a la Junta Militar a un año de infausto gobierno.

Con su padre y su hermana Vicki caídos por enfrentarse a los genocidas, Patricia emprendió una lucha inagotable contra quienes sembraron el terror y, sobre todo, contra los verdaderos mentores de aquel genocidio.

En 2003, siendo diputada, obligaría a muchos peronistas y radicales a votar la anulación de las leyes nefastas que ellos mismos habían promulgado veinte años antes. Tras la anulación de la Obediencia Debida y el Punto Final fue parte de las querellas que llevaron al banquillo a varios de los torturadores, desaparecedores y ladrones de la ESMA.

Junto a su abogada Myriam Bregman obtuvieron prisiones perpetuas para varios de esos genocidas. Hoy agregan a esa lucha la búsqueda de justicia por Vicki Walsh y por otros cabos sueltos que aún quedan sobre el destino del periodista y escritor.

En un aniversario simbólicamente más profundo que otros, Patricia Walsh habla con La Izquierda Diario de su padre y de su hermana, del ayer y del hoy, de lo conquistado y de lo que falta.

Rodolfo y la Carta

Cuarenta años de dos hechos trascendentes: el asesinato y desaparición de tu papá y la publicación de su Carta Abierta a la Junta Militar. ¿Qué imágenes y sensaciones te aparecen frente a este momento?

  •  Mi padre pensaba que los aniversarios pueden servir para hacer balance. Y si hablamos de su desaparición, y de la verdadera Carta Abierta, aquí han pasado ya cuarenta años. Los viví compartiendo una lucha que al principio se libraba en mucha soledad. Pero a medida que pasaban los años fue creciendo, aunque tuvo también muy fuertes retrocesos. Sin embargo, es la lucha que siempre defiendo como la más digna de nuestra historia reciente, no sólo por lo sucedido en dictadura, sino también por lo que nos sucede hoy.

    Puedo enumerar nuestras conquistas y avances, es una lista larga. Pero siempre insistiré con la denuncia de aquellas cuestiones que no tienen más justificación que la consecuente construcción de impunidad. Y nos recuerdan frases de mi padre como “los asesinos probados, pero sueltos”, o “el sistema no los castiga, los premia”, y su severa conclusión cuando escribe “el pueblo aprendió que estaba solo”.

    Sobre la Carta Abierta, creo que sigue siendo un texto actual, dolorosamente actual. El 9 % que denuncia como atroz violación a los derechos humanos en 1977, no puede hoy leerse sin sorpresa y sin dolor. Pero el final de la Carta, con la esperanza de ser escuchado, nos muestra que la certeza de ser perseguidos, vigente también cuarenta años después, no nos hace callar.

    Estación subte línea E - Foto Sebastián Linero

    ¿Cómo resumirías lo que sucedió hace cuarenta años?

  •  Aquel 25 de marzo era viernes. Mi padre y Lilia, su última compañera, vivían en San Vicente, provincia de Buenos Aires. A fines del 76 se habían mudado a una casita muy humilde, en una calle de tierra con mucho terreno alrededor.

    Él había terminado de escribir su Carta Abierta a la Junta Militar y entonces había que enviarla por correo y repartir las copias a familiares y compañeros que a su vez las distribuiríamos clandestinamente. Por otras parte, había recibido un pedido desesperante de ayuda para una compañera y ese día iba a una cita por ese tema. Lilia pasaría la noche en Palermo, él volvería esa noche a San Vicente en tren. Pero nunca regresó. La cita era una emboscada.

    En las primeras horas de la tarde del 25 de marzo de 1977 el Grupo de Tareas de la Esma lo esperaba en San Juan y Entre Ríos. Hoy en esa esquina, la estación de subte de la línea E lleva su nombre. Se resistió a ser secuestrado, lo hirieron gravemente, lo llevaron a la Esma donde llegó moribundo, tal vez muerto. Su cuerpo fue reconocido por un sobreviviente, que así lo declaró en el segundo juicio Esma.

    Dos semanas antes había nacido mi hijo Mariano, su tercer nieto, al que no llegó a conocer. Como le sucedió a la enorme mayoría de los familiares de desaparecidos, tardé muchos años en saber qué le había pasado. Pero siempre supe que era necesario buscarlo. Y lo hice.

    Vicki

    Meses antes había muerto tu hermana, algo que tu papá menciona al comienzo de su Carta Abierta. ¿Cómo fue aquel episodio de la calle Corro?

  •  El día anterior a su muerte Vicki cumplía 26 años, el 28 de septiembre del 76. Su hijita Victoria tenía un año y tres meses y el papá de la nena estaba preso desde abril del 75. Vicki solía dejarme a su hija cuando tenía reuniones como la que tendría en aquella oportunidad en Yerbal y Corro. Pero esa vez me dijo que la llevaba con ella, porque le iban a celebrar el cumpleaños.

    A la mañana siguiente, un tremendo operativo del Cuerpo I de Ejército rodeó la casa donde se iba celebrar una reunión política, y allí no estaba sólo Vicki sino también cuatro compañeros que, al igual que ella, integraban la organización Montoneros. Mi hermana, Alberto Molina Benuzzi, Ismael Salame, José Carlos Coronel y José Bertrán resistieron ese ataque y perdieron la vida.

    El operativo había comenzado muy temprano, rodeando esa casa con un despliegue tal que todo el barrio lo recuerda. Lejos del olvido, en los últimos años se aportaron testimonios de conscriptos que participaron de aquel operativo y se agregaron nuevos datos sobre lo ocurrido.

    En 2015 se inició la causa judicial referida a estos crímenes y a los que sucedieron inmediatamente, como el secuestro de la familia que alquilaba la casa donde se hacía la reunión, y el cautiverio, la desaparición y homicidio de familiares suyos en poder de los genocidas.

    Demasiada construcción de impunidad, que nos hace sentir la importancia de compartir nuestro recuerdo sumado al reclamo necesario. Memoria, Verdad y Justicia son palabras con un contenido, que para muchas compañeras y compañeros nos sigue mostrando cómo comprometernos con las causas más justas, y en eso estamos. Seré querellante en esta causa, mi abogada nuevamente será Myriam Bregman.

    San Vicente

    Entre los hechos que rodearon el asesinato de Rodolfo, está el saqueo a su casa de San Vicente al día siguiente

  •  Sí. Mi padre había comprado esos lotes con un dinero que le prestó mi madre, gran amiga suya hasta el final. Aquella compra la hizo, por razones de seguridad, con la cédula falsa a nombre de Freyre, con la que investigó los fusilamientos del basural, tal como contó en Operación Masacre.

    Al otro día el grupo de tareas de la ESMA fue a esa casa. Se llevaron todo, hasta las canillas de la pileta de la cocina que formaba parte del living de la muy modesta casa. Se llevaron un auto viejo cargado con todo lo que pudieron y, como no arrancaba, se lo llevaron a remolque cargado de todo lo que pudieron robar. Se llevaron hasta el último cuento inédito de mi padre, “Juan se iba por el río”.

    ¿Qué pasó después con la casa?

  •  Esa casa de San Vicente es el lugar donde se escribió la Carta Abierta a la Junta Militar. Hace ya unos cuantos años fue declarado Patrimonio Histórico por la Municipalidad. Y también se le cambió el nombre a la calle Triunvirato. Ahora se llama Rodolfo Walsh.

    Sin embargo la casa fue usurpada muchos años atrás por familiares de quien luego llegó a ser un exsubcomisario retirado, Ruben Oscar Salas. Allí viven los parientes del policía que a fines de los 70 era oficial ayudante de la Comisaría Segunda de Almirante Brown. Allí se quedaron, cuarenta años, primero su madre, luego su hermana y allí siguen hoy.

    ¿Vos estás reclamando la recuperación de esa casa?

  •  Tal vez la marcha que se organiza todos los años, para la fecha del aniversario, y que camina de la estación de tren de San Vicente (a la cual ya no llega el tren) a la casa donde se escribió la Carta Abierta a la Junta Militar, nos ayude a reflexionar sobre cuál puede ser el mejor destino de ese lugar. Qué hacer con la memoria que guarda los recuerdos que no vamos a perder.

    Mi lucha es parecida a la de tantos familiares de desaparecidos. Que se conozca esta historia, que vayan presos los genocidas.

    Y también la recuperación del cuento “Juan se iba por el río”

  •  Sí. En este caso se suma la búsqueda de ese último cuento de mi padre, que nadie busca. Sólo algunos periodistas jóvenes andan detrás de sus huellas.

    Sabemos que el cuento salió de la Esma y que hay sobrevivientes que lo leyeron en la casa de la calle Zapiola y Jaramillo donde siguieron operando algunos genocidas de la Esma. Pero de allí se pierde el rastro. Dicen que se lo llevó un detenido desaparecido, que sabía quién era Rodolfo Walsh. A 40 años nosotros seguimos buscando lo que la justicia olvida. Y no renunciamos nunca a poder encontrarlo.

    Patricia, Rodolfo y Vicki

    Décadas de lucha

    Se cumplieron 41 años del golpe. ¿Cómo viviste esos largos años de la dictadura?

  •  Yo colaboraba en trabajos de prensa como una militante de base, sin pertenecer a la organización que mi padre y mi hermana integraron, pero colaborando en la redacción, impresión, difusión de lo que hoy conocemos como prensa clandestina.

    En plena dictadura tenía en mi departamento un mimeógrafo, que se ocultaba en un ropero de madera, algo realmente peligroso, casi equivalente a un arsenal. Esos textos que imprimíamos de modo clandestino te podían costar la vida.

    Cuando ya no tuvimos nada colectivo que imprimir, ni cables ni cadena informativa, ni volantes ni cuadernos de ninguna soberanía, porque ya no estaban más los compañeros que nos traían aquellos textos, habían desaparecido, los habían matado, se habían ido al exilio o nos abandonaron, el mimeógrafo, que era enorme, quedó allí guardado, peligroso y en silencio.

    Cuando había operativos rastrillo y revisaban los barrios como el mío, casa por casa, piso por piso, sabíamos del terror. Recién en el año 82, con ayuda familiar, porque era enorme y muy pesado, pude sacarlo y venderlo por dos pesos. En cierto modo entonces pude respirar aliviada. Era resistir y sobrevivir. Ya no tenía nada que imprimir, ni quien lo escribiera ni distribuyera de manera clandestina.

    Pero entonces escribíamos con lápiz de labios en el espejo de los baños de los bares: ¡Abajo la dictadura! Te podía costar la vida, pero lo hacíamos igual.

    Estoy orgullosa de lo que fue nuestra historia de resistencia a la dictadura, de los que nos quedamos, de los que partieron al exilio y denunciaron como pudieron, de la lucha que dimos desde entonces, ya fuera conseguir presentar el habeas corpus en plena dictadura, donde te lo redactaban pero a Tribunales lo llevabas sola.

    ¿Cómo siguió la lucha una finalizada la dictadura?

  •  Siguió. Me sumé a la Agrupación H.I.J.O.S Regional Capital Federal, donde estuve cuatro años, con queridas compañeras y compañeros con los que cuando me reencuentro lo más importante es el abrazo. Allí conocí a Alejandrina Barry y a personas que quiero mucho y respeto por su lucha.

    Por más relato, libro, película, efemérides trucha que quiera ceder los derechos de una lucha que fue lucha, y siempre colectiva, no puede borrar nuestra memoria. La memoria es de los pueblos, no de los gobiernos, esa es una bandera que me gusta acompañar.

    Y luego creo que la historia no es tan desconocida. Fui diputada nacional del 2001 al 2005. Y fue importante nuestra lucha parlamentaria contra la impunidad.

    De hecho sos quien presentó en el Congreso los proyectos de anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida

  •  El proyecto de ley que se volvió ley de nulidad lo escribió un compañero abogado de izquierda y lo puso en el temario de una sesión especial el 12 de agosto del 2003 una diputada de izquierda. Lo impusieron en aquella sesión especial los que siempre se movilizaron, los que lucharon siempre.

    En aquella jornada inolvidable lo hicimos con nuestra querida Adriana Calvo, con el encuentro Memoria, Verdad y Justicia, en la Plaza de los Dos Congresos, y con aquella modesta banca legislativa que impulsó, escribió, presentó el proyecto y sumó todo lo necesario para anular aquellas infames leyes.

    Incluso se vieron obligados a votarlo los mismos partidos que habían avalado esas leyes

  •  Esa sesión especial, pedida por quienes hacía ya más de dos años reclamábamos aquella nulidad, fue el resultado de una enorme lucha colectiva y de aquella banca que supo sumar a otra, y a otras, y a otras más, hasta que quedó claro que si los diputados nacionales del PJ no se sentaban y daban quorum, y anulaban, no podrían tal vez zafar de lo que se volvía tan visible: su enorme complicidad con tantos años de construcción de impunidad.

    Elegimos nosotros el 12 de agosto como fecha de esa sesión. Quienes conocen nuestra historia nacional saben que es un día donde podemos vencer. Por eso aquella fecha. Y aquel día me acordé de mi viejo, de mi hermana, de los compañeros y compañeras, de los que luchan, de los que no se rinden.

    Andrea Bello, Myriam Bregman y Patricia Walsh

    Hay otro aspecto que rodea al asesinato de tu papá. Como querellante en la causa ESMA donde se trató el caso vos pediste “preservar la prueba” sobre el campo de deportes “Cabo Primero Ernesto del Monte”, propiedad de la Armada, ya que allí podría haber sido llevado su cuerpo y el de otros detenidos asesinados. ¿Cuáles son los indicios que tenés de eso y cómo está actualmente ese pedido?

  •  Ese es uno de los temas que en este aniversario no se puede dejar de denunciar. ¿Qué pasa con el campo de deportes de la ESMA? Sigue siendo un campo de deportes, sigue perteneciendo a la Marina.

    Con nuestra abogada Myriam Bregman, con Laura Villaflor, con familiares de otras víctimas de Causa ESMA, pedimos a los jueces que se adoptaran medidas para preservar y periciar el lugar. Que se prestara atención a las denuncias que datan de la Conadep, a los testimonios en los juicios que logramos que se iniciaran (vamos por el tercer juicio Esma) y a todas las denuncias periodísticas que se hicieron a lo largo de estos años sobre cómo se incineraban los cuerpos en el campo de deportes de la Esma. Lo llamaban “el asadito”. Tenían una suerte de parrilla ambulante, con rueditas, que habían hecho fabricar con ese fin. Llevaban el combustible, también cubiertas en desuso y en ese campo, cuando no era miércoles, los llamados días de “traslado”, o sea los vuelos de la muerte, quemaban los cuerpos. Un genocida civil, que estaba al frente del Sector Automotores, y que está siendo hoy juzgado, se ocupaba del tema.

    Pero para ese lugar es como que no sucedió nunca nada. El campo de deportes se terceriza, se alquilan las canchas, se practican deportes. No se hacen pericias. Y no fue señalizado, aunque la enorme superficie del campo no fue explorada como para concluir que allí no hay nada. No se busca, no se encuentra. Más grave que no encontrar, porque son terrenos muy extensos, con sectores ganados al río, rellenados e inundables, es no buscar nada. Y resulta agraviante no señalizar el lugar.

    Al principio hablabas de la lucha por justicia sobre el pasado pero también “por lo que nos sucede hoy”. ¿En qué pensás al decir eso?

  •  Creo que ahora escribimos páginas nuevas, con la gran lucha de las mujeres. Derechos humanos y género son las dos militancias que, en mi caso, se fusionaron como el centro de mis preocupaciones.

    Destaco el ejemplo que somos a la hora de lograr las condenas de los más terribles genocidas, que obtuvimos sólo gracias a nuestra enorme lucha colectiva. Pero también comparto la denuncia de lo que significa conceder a criminales de lesa humanidad las que pueden durar cuatro años, como ocurre hoy con el tercer juicio Esma, en el que soy prisiones domiciliarias, la construcción de lo que llamamos impunidad biológica, con juicios querellante con Justicia Ya!

    Esquina de San Juan y Entre Ríos - Foto Sebastián Linero

    Mirá el dossier completo #40AñosSinWalsh de La Izquierda Diario






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