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CRISIS CORONAVIRUS

Plan Marshall y Pactos de la Moncloa: un plan al rescate del capitalismo español

El gobierno “progresista” presenta una hoja de ruta para el apuntalamiento de la UE del capital y volver a descargar la crisis sobre la clase trabajadora y los sectores populares.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Lunes 6 de abril | 09:46

Este sábado Pedro Sánchez, además de anunciar la prolongación del Estado de Alarma, presentó una hoja de ruta más allá de la crítica coyuntura. Dos grandes propuestas del gobierno “progresista” para afrontar el aún más crítico escenario postpandemia. En clave internacional, un nuevo Plan Marshall para la “reconstrucción y la recuperación europea”; en clave doméstica, unos nuevos Pactos de la Moncloa.

Sánchez e Iglesias, se presentan como dos hombres de Estado inspirados en los hitos fundacionales de la Europa de posguerra y el Régimen del 78. Que su hoja de ruta salga adelante está por verse, no será nada fácil. Que estas salidas vayan a favor de la clase trabajadora y los sectores populares del continente, será imposible.

La nueva crisis de la UE vuelve a desnudar su carácter reaccionario

Bajo el título “Europa se la juega”, Sánchez desarrollaba este domingo en una tribuna en El País su propuesta ante la crisis de la UE. En ella pedía “poner en pie una economía de guerra y promover la resistencia, la reconstrucción y la recuperación europea” con “medidas que respalden el endeudamiento público que estamos asumiendo muchos Estados” y también “una vez superada la emergencia sanitaria, para reconstruir las economías del continente movilizando una gran cantidad de recursos a través de un plan que hemos llamado nuevo plan Marshall”.

El cierre de fronteras afecta no solo a las personas, sino a todo el material y equipamiento sanitario que cada Estado acapara en una carrera de “sálvese quien pueda”

No estamos ante la primera crisis de la UE. Pero esta puede ser mucho más profunda y definitoria que las tres anteriores. La primera fue la crisis de la deuda, que se saldó con el sacrificio del pueblo griego; después vino la crisis de los refugiados, contenida con más de 20.000 ahogados en el Mediterráneo y cientos de miles confinados en campos ; la más reciente, el Brexit, dejó claro que la UE, como Roma, tampoco era eterna.

En este 2020 la UE vuelve a demostrar su carácter reaccionario. Italia y el Estado español, convertidos en el epicentro de la crisis del coronavirus, han visto como la UE no ha dispuesto ni siquiera medidas de soporte sanitario. Solo Cuba ha enviado más médicos al colapsado sistema sanitario italiano que el resto de países europeos juntos. Alemania fue la primera en prohibir la exportación de respiradores. El cierre de fronteras afecta no solo a las personas, sino a todo el material y equipamiento sanitario que cada Estado acapara en una carrera de “sálvese quien pueda”.

Sánchez pide auxilio para salvar el capitalismo español, no a su pueblo

Sin embargo, la falta de cooperación sanitaria no ha sido la principal discusión del gobierno español con sus homólogos europeos. A Sánchez le preocupa mucho más el escenario de destrucción económica que esta crisis sanitaria está dejando en los países del sur del continente. Pero a la vista de las medidas para las que busca financiación, no le quita el sueño salvarnos a nosotros, sino a los grandes capitalistas nacionales. Lo mismo que le pasaba en 2008-2011 a su admirado Zapatero.

A falta de confirmarse cuanto tiempo durarán las medidas de confinamiento y sus efectos en la paralización de la economía, la mayoría de los analistas coinciden en poner dos dígitos a la caída del PIB este año y lo mismo para el incremento de unas deudas públicas que ya rozan o superan el 100% de este indicador.

Los anuncios de inyección de decenas de miles de millones buscan nuevamente socializar las pérdidas de los grandes capitalistas que llevan más de un lustro en una recuperación importante de sus beneficios

Estamos pues ante un crash económico que puede superar al de 2008. Como entonces, la clave para los gobiernos capitalistas de distinto signo es articular planes de rescate a las grandes empresas y la banca. Los anuncios de inyección de decenas de miles de millones -en forma de ayudas, préstamos y avales- busca nuevamente socializar las pérdidas de los grandes capitalistas que llevan más de un lustro en una recuperación importante de sus beneficios.

Solo las grandes empresas del IBEX35 ganaron en 2019 47 mil millones. Aún así el gobierno progresista les permite acogerse a ERTEs -asumiendo sus salarios y cotizaciones- y no les impone impuesto alguno a sus ganancias. Tampoco a la banca que aún debe 42 mil millones del rescate de 2012. Para los gigantes de la Bolsa están reservados el 50% de los 100 mil millones en avales. Para la banca, su gestión. Recibirá los fondos a un 0% de interés y los prestará sin riesgo alguno al interés que considere, negocio redondo.

Merkel quiere aprovechar la ocasión para fortalecer la primacía del imperialismo alemán en el continente

El plan de Sánchez es ambicioso... pero muy caro. Por eso el gobierno español -junto al italiano y con una cierta complicidad del francés- ha vuelto a plantear la propuesta de los eurobonos, ahora renombrados como coronabonos. Una mutualización de las emisiones de deuda pública que los diferentes países realicen para afrontar los efectos de esta crisis. Los gobierno menos golpeados todavía, con el alemán y holandés a la cabeza, no quieren ni oir hablar de compartir las pérdidas de los capitalistas españoles, italianos y franceses. Cada Estado capitalista sigue siendo el directo representante de los intereses de sus respectivas burguesías nacionales.

Aquellos países que estén en mejores posiciones aprovecharán la crisis para fortalecerlas sobre el resto. Como hizo Alemania sobre sus socios y competidores del sur europeo en la crisis pasada

Ninguno discute que la receta debe ser más deuda pública y no tocar los beneficios de los grandes capitalistas y fortunas. Están de acuerdo en que lo que toca, como en 2008, es socializar las pérdidas por medio de los ajustes que se aplicarán para poder abonar los cada vez mayores intereses de la deuda en los siguientes años.

En lo que sí difieren es si este plan se debe hacer de forma mancomunada, o si aquellos que estén en mejores posiciones pueden aprovechar la crisis para fortalecerlas sobre el resto. Nada nuevo, es lo que ya hizo Alemania sobre sus socios y competidores del sur europeo. Por eso le dicen a Sánchez que si quiere millones se acoja al Fondo de Rescate, el MEDE. Después ya ellos le pedirán cuentas, ajustes, privatizaciones... en forma de memorándum, como hicieron con Grecia y, en mucha menor escala, también con el Estado español.

Un nuevo Plan Marshall para apuntalar la UE frente a la mayor competencia imperialista

Consciente de esto Sánchez invoca la idea del Plan Marshall. La comparativa no solo se basa en la inyección de millones que este plan supuso para la reconstrucción de la economía europea tras la II Guerra Mundial. Apela también al contenido que aquella iniciativa del imperialismo estadounidense tuvo en el plano de la geopolítica y la lucha de clases internacional.

El Plan Marshall no fue una misión filantrópica de la administración Truman. Fue el respaldo económico a los regímenes de posguerra que tenían que consolidarse a contrarreloj. Lo tenían que hacer para consolidar el bloque liderado por la nueva potencia hegemónica mundial, EEUU, en contra de la URSS. Fueron los primeros compases de la Guerra Fría.

Sánchez e Iglesias animan a que la UE avance como bloque imperialista para poder competir en este marco mundial

En 2020 no hay ni Guerra Fría, ni tampoco una potencia hegemónica indiscutida en el mundo capitalista. Más bien estamos en un momento de redefinición del orden geopolítico mundial, como expresan las tendencias al retorno al Estado nacional, las guerras comerciales previas a esta crisis o la misma crisis de la UE. Una redefinición en la que, entre otros ejes de competencia, viene escalando la rivalidad entre EEUU y el propio imperialismo alemán.

Por eso el llamamiento de Sánchez a los países de la UE está planteado desde el “más Europa” en un marco de cada vez mayor competencia entre potencias. Cuando dice que “Estados Unidos ha aplicado la mayor movilización de recursos públicos de su historia. ¿Está dispuesta Europa a quedarse atrás?”, está lanzando también un mensaje a Alemania: si nos dejas caer serás más débil en tu carrera con tu principal competidor.

Aunque la propuesta se vista de un europeísmo o cosmopolitismo progresista, el contenido es profundamente reaccionario. Sánchez e Iglesias animan a que la UE avance como bloque imperialista para poder competir en este marco mundial. Tanto con los EEUU y la administración Trump, que ya han sido un apoyo activo del Brexit y el gobierno Johnson, como con competidores emergentes como China, que ya trató en la crisis anterior ganar influencia en la periferia del viejo continente, véase las adquisiciones de posiciones estratégicas como el puerto de Pireo en pleno desmantelamiento y subasta de Grecia.

Nuevos Pactos de la Moncloa, nuevos sacrificios históricos para las masas

En el plano de la lucha de clases la propuesta de un nuevo Plan Marshall también es una petición de ayuda al resto de gobiernos europeos. Ganar margen y tiempo para evitar o contener las respuestas que puedan venir desde la clase obrera y los sectores populares ante los grandes sacrificios que se quieren imponer.

La administración Truman pensó el riego de millones a la Europa de posguerra, también como freno a la amenaza de que pudieran triunfar procesos revolucionarios en los países centrales, algo por otro lado íntimamente vinculado a sus objetivos geopolíticos contra la URSS. Para ello necesitó de la política de colaboración de los PCs francés e italiano, así como de la socialdemocracia y la burocracia sindical, mediante sus políticas de “compromiso histórico” con sus respectivas burguesías nacionales.

Igual que entonces se pidió a las y los trabajadores que hicieran esfuerzos excepcionales para consolidar la democracia, hoy nos quieren volver a pedir nuevos sacrificios para salir “todos unidos” de esta gran crisis.

Hoy Sánchez está diciendo que si no se salva al capitalismo italiano y español, el riesgo de que las crisis de régimen se agraven súbitamente y puedan darse fenómenos desestabilizadores no solo por derecha, sino también por izquierda, estará inscripto en la situación.

En el plano doméstico apela en la misma dirección, tomando el antecedente hispano de “compromiso histórico”. Esta gran política de rescate de los Estados capitalistas europeos llegó aquí con 30 años de retraso. El PCE de Santiago Carrillo asumió, junto al PSOE y más tarde las centrales sindicales que ellos dirigían, un acuerdo con el gobierno Suárez y el resto de partidos del naciente régimen democrático. Un plan de ajuste que descargó brutalmente los costos de la crisis de los 70 sobre la clase trabajadora, evitando que la resistencia obrera pudiera llegar a desestabilizar el régimen heredero de la dictadura.

Cuando Sánchez e Iglesias hablan de reeditar los Pactos de la Moncloa de 1977, están pidiendo un nuevo “compromiso histórico”. Igual que entonces se pidió a las y los trabajadores que hicieran esfuerzos excepcionales para consolidar la democracia -nada menos que llevar el desempleo por encima del 20% y una pérdida de poder adquisitivo de casi un 25%-, hoy nos quieren volver a pedir nuevos sacrificios para salir “todos unidos” de esta gran crisis. El palo puede ser aún más duro, la zanahoria es aún más mínima.

Como entonces, a las grandes empresas y fortunas no se les pide que aporten nada – ni siquiera un impuesto especial – y a la clase trabajadora todo. Solo para empezar: aumento del desempleo, mayor flexibilidad laboral como la que anuncia el “permiso retribuido recuperable”, la Seguridad Social en números rojos y futuros ajustes para pagar las nuevas emisiones de deuda.

Diferentes propuestas al rescate del capitalismo español

El capitalismo español, ante una crisis muy superior a la de 2008, está condenado a descender escalones en la arena internacional. Sánchez e Iglesias, como Suárez y Carrillo en 1977, salen en su rescate. Lo hacen por un lado predicando cosmopolitismo imperialista hacia sus socios europeos. Por el otro, pretendiendo imponer a la clase trabajadora un ajuste draconiano con el consenso de todos los partidos, los gobiernos autonómicos y, por su puesto, la servil burocracia sindical de CCOO y UGT.

Las organizaciones obreras y de la izquierda tenemos que denunciar la socialización de pérdidas que significarían unos nuevos Pactos de la Moncloa

De la misma manera que su Plan Marshall tiene muchas dificultades para salir adelante en medio de una UE en crisis, los nuevos Pactos de la Moncloa encuentran otras tantas, en medio de un régimen político en crisis desde al menos 2011.

Las reticencias de la derecha a negociar unos posibles acuerdos de este estilo son buena muestra de la debilidad del gobierno para hacer posible su propuesta de salida de la crisis con rostro "progre" y contenido empresarial. Como también pasaba en 1977, habrá también sectores del régimen y el establishment que opten por una salida más abiertamente escoradas a la defensa irrestricta del programa de la CEOE sin la mínima concesión.

En el terreno internacional, también pueden ganar peso otras propuestas si el cosmopolitismo imperialista de Sánchez cae en saco roto. El retorno al Estado nacional también está sobre la mesas. De hecho el gobierno "progresista" mantienen un pie dentro de este "plan B", como lo demuestra sus llamamientos a fortalecer la industria “nacional”.

Si estas tendencias a relocalizar parte de la producción deslocalizada durante la globalización neoliberal se abre paso, no significará una mejora automática de las condiciones laborales y salariales, como puede fantasear sectores de izquierda reformista.

Los nuevos Pactos de la Moncloa, o la forma que tome el ajuste, perseguirán también allanar el camino para que un proceso así se haga en base a una rebaja sustantiva de salarios y condiciones. La condición necesaria para que las ganancias de los capitalistas de la "industria nacional" no se resientan demasiado.

Ni apuntalar la UE, ni compromiso histórico. Por una alternativa anticapitalista, internacionalista y de clase

"Pelear por que la clase trabajadora pase a controlar la producción a escala nacional para poder coordinar y facilitar las medidas de cooperación y solidaridad internacional que la UE nunca hará"

Oponer a todas estas salidas un programa y una perspectiva de la clase trabajadora es una tarea urgente. Hay que barrer a la burocracia sindical que hace hoy los coros a esta hoja de ruta contra la clase trabajadora. Las organizaciones obreras y de la izquierda tenemos que denunciar la socialización de pérdidas que significarían unos nuevos Pactos de la Moncloa y enfrentarlos luchando por medidas que le hagan pagar la crisis a los grandes capitalistas, como la prohibición de los despidos, una renta de cuarentena para quienes no tengan ingresos, la suspensión de alquileres, impuestos a las grandes empresas, fortunas y la banca o el no pago de la deuda.

Frente a los cada vez mayores enfrentamientos entre Estados capitalistas, necesitamos construir una izquierda que denuncie tanto a las propuestas económicas nacionalistas como el cosmopolitismo imperialista, y pelee por que la clase trabajadora pase a controlar la producción a escala nacional para poder coordinar y facilitar las medidas de cooperación y solidaridad internacional que la UE nunca hará.

Frente a la Europa del capital y los gobiernos capitalistas, es hora de pelear por una Europa socialista de los trabajadores y los pueblos, donde no nos gobiernen los representantes políticos de las grandes empresas sino que podamos hacerlo la clase trabajadora y el pueblo a partir de nuestra propia autoorganización.






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