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GALICIA PODEMOS EN MAREA

Podemos Galicia llega a un acuerdo con En Marea dejando una crisis interna

Después de duras negociaciones Podemos cede finalmente y se integra en el partido instrumental de En Marea. Esto genera profundas crisis internas en el partido.

Jacobo A. García

@Jacobscarface

Lunes 15 de agosto de 2016 | 16:53

En Marea se sitúa como la marca de la izquierda predominante en Galicia, dominada por Anova.

Dificultades en las negociaciones

Venimos de conocer una serie de dificultades en la formación de la coalición reformista entre En Marea y Podemos para presentarse a las elecciones autonómicas del 25 de Septiembre en Galicia. Hasta el viernes a la madrugada no se supo si iba a haber acuerdo o finalmente las dos formaciones se presentarían por separado. Después de la consulta interna que daba el Sí a la confluencia con En Marea, existía una disputa entre distintos órganos de dirección. La secretaría general, encabezada por Carmen Santos y la dirección estatal, que planteaban un pacto a la catalana donde Podemos no perdiera sus siglas, y el Consejo Autonómico, donde hay diputados electos en el Congreso, que planteaba integrarse en el partido instrumental de En Marea.

La decisión final e implicaciones dentro del partido

Pablo Iglesias anunció en la medianoche del viernes la disponibilidad de su partido a hacer las renuncias necesarias para concurrir juntos y dio por hecho el acuerdo. “No hay nada por encima de la unidad cuando nos jugamos el cambio en Galicia. Podemos estará con En Marea sea cual sea la fórmula”, anticipó Iglesias a través de las redes. La integración en el partido instrumental de EN Marea para concurrir a las elecciones gallegas del 25 de septiembre reabierto la lucha por el poder dentro de Podemos Galicia.

Cuando ni siquiera se ha redactado un programa para las autonómicas, y aún está por elegir el candidato, las distintas formaciones y partidos luchan entre ellas, hacen bandos, que más que tener que ver con diferencias ideológicas o programáticas, son fruto de las afinidades personales y la lucha de egos. Carmen Santos hasta hace poco gozaba del apoyo de la cúpula estatal, al defender junto con esta una alianza “a la catalana” en Galicia, una coalición electoral clásica, donde se repartan los cargos desde arriba. Sin embargo el viraje de Iglesias para salvar el acuerdo con En Marea la sitúa en una mala posición, incluso podría perder su puesto, ya que hay voces que piden su dimisión.

Como sus críticos, encabezados por el exsenador José García Buitrón y los diputados de En Marea Ángela Rodríguez y Antón Gómez-Reino, para los que la reacción de Iglesias ha supuesto una “gran satisfacción”. El sector afín a Santos, la corriente Xuntos Podemos y una decena de secretarios generales, mantiene, no obstante, que Iglesias la ha desautorizado a ella y a la militancia.

Las primarias, otro campo de batalla

No hay tregua para las tensiones políticas en las nuevas formaciones reformistas gallegas. Los dos sectores enfrentados en el consello de Podemos en Galicia coincidían en asegurar que «nos quieren excluir de las primarias», ya que Anova trataba de imponer sus condiciones para la participación de la militancia de Podemos en la elección de los candidatos.

«Si no se amplían los plazos, nosotros nos caemos del acuerdo», se llegó a decir desde la dirección gallega de Podemos. Los inscritos de Podemos debían, en 24 horas, registrarse en la plataforma de En Marea, acatar su código ético y adherirse al manifiesto promovido por los alcaldes de A Coruña, Santiago y Ferrol para poder votar. Al final el ala no nacionalista de la coordinadora de En Marea apoyó a Podemos para que sus inscritos puedan votar desde la web de Podemos y sin plazos para inscribirse. Todo para que finalmente sea Luis Villares quien se impuso como candidato de “consenso” a Presidente de la Xunta. En Marea inscribe fuera de plazo en la Xunta Electoral a su representante, pero cuentan con que sea admitido.

Confusión, purgas y tacticismo. Pierden el programa y las demandas populares

Pablo Iglesias, y Podemos, partido que dirige con mano de hierro, forzó a los nacionalistas de Anova y a Esquerda Unida a integrarse formalmente en su partido para las generales del 20 de Diciembre y el 26 de Junio. No les concedió grupo propio ni atendió a ninguna de las demandas gallegas para su documento de negociación con el PSOE, como la salida de ENCE, la papelera, de la Ría de Pontevedra, o la revisión de la cuota pesquera. A cambio, los dirigentes de EN Marea, dominada en su mayor parte por Anova se la devuelven haciendo que Podemos se integre en su partido, y poco menos que acepte su candidato Luis Villares. Algo así como un reparto de los territorios entre cúpulas. Iglesias parece decir: “tú te quedas con Galicia, aunque después tenga que eliminar a alguno de los míos, y yo domino en el parlamento español.“

Por otra parte, es evidente que la dirección estatal de Podemos no iba a permitir que cayese el importante acuerdo que tienen con Anova y Esquerda Unida en Galicia. Su lógica electoralista impera sobre todas las demás. Y en un periodo donde Podemos y sus alianzas han sufrido una pérdida de votos a nivel estatal en las elecciones del 26 J, una división electoral en Galicia sería un fracaso también a nivel estatal para Podemos.

Ante esta tesitura política se perfilan dos posibilidades de cara a las elecciones. Un gobierno del PP o un tripartito de “izquierdas” entre PSOE, En Marea y el BNG. Por otra parte, si los resultados siguiesen la línea de las anteriores elecciones la principal ganadora sería la abstención, y el BNG saldrían mucho peor parado, sin representación electoral. Sin embargo, no se pueden comparar matemáticamente unas elecciones estatales con unas autonómicas y el resultado aún es una incógnita.

Aún así, hay algunas tendencias claras. El viejo reformismo del BNG se ve muy debilitado por el auge de formaciones como En Marea. Anova se sitúa como la fuerza más poderosa de la izquierda gallega, ya que es capaz de arrastrar a otros partidos a sus alianzas electorales, no sin ceder en relación al aspecto nacionalista. Sin embargo muestra una debilidad asombrosa en el terreno social y en la lucha de clases, al igual que sus aliados. Levantar un programa anticapitalista desde la lucha sindical y social se hace cada vez más necesario.






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