Política Estado Español

A PROPÓSITO DEL 6D

Podemos, la Constitución y la impostura

El 6 de diciembre se celebró el Día de la Constitución española. La ocasión fue aprovechada por Pablo Iglesias para hacer un balance sumario de la Transición, reivindicando el pacto del ’78 como un “avance democrático” traicionado por las elites y llamando a construir un “nuevo pacto constitucional”. Un paso más de Podemos, de la moderación a la impostura.

Diego Lotito

@diegolotito

Martes 8 de diciembre de 2015 | 21:40

Los líderes de los principales partidos estatales y hasta seis presidentes autonómicos se reunieron el pasado domingo el Congreso de los Diputados en una recepción que, como dicta la tradición, ofrecen las Cortes cada 6 de diciembre para conmemorar el aniversario de la Constitución de 1978, que acaba de cumplir 37 años.

En plena campaña electoral –una novedad para este tipo de celebraciones-, se reunieron bajo la carpa blanca y sobre la alfombra roja, desde los representantes (y también candidatos) de los grandes partidos del Régimen –el gobernante PP de Rajoy y el PSOE de Sánchez-, hasta los recién llegados a la alta política institucional, como Albert Rivera de Ciudadanos y Pablo Iglesias.

Hubo discursos, comentarios y copas. Mariano Rajoy rechazó –otra vez- iniciar cualquier reforma del texto constitucional de 1978, aunque se le puedan hacer algunos “retoques”. Pedro Sánchez por su parte, insistió con que quiere “poner al día” la Constitución, un “gran legado” que han dejado “los mayores”, para "garantizar una España unida, en derechos, en libertades y en oportunidades”. Albert Rivera en cambio aprovechó la ocasión para cargar, con la Constitución en la mano, contra el independentismo y el “jaque a la democracia española en Cataluña”.

El candidato de Unidad Popular-IU a la presidencia del Gobierno, Alberto Garzón, estuvo en el acto institucional aunque no se quedó a tomarse la copa posterior, denunciando la “hipocresía” de quienes celebran el aniversario de la Constitución cuando “la violan un día sí y otro también”. La crítica es cierta. Aunque considerando que su partido, el PCE, fue uno de los parteros –y uno de los más importantes- que garantizaron la paz social para que naciera la Constitución y el Régimen del ’78, bien podría haberse tomado una copita.

Pero aquí no nos interesan todos los discursos y valoraciones de dicha jornada, ni mucho menos los corrillos que hay de sobra, sino hacer un breve análisis del discurso político de Podemos y Pablo Iglesias.

En el acto oficial, acompañado entre otros por el general (R) y ex JEMAD de Zapater, José Julio Rodríguez, Pablo Iglesias habló con “orgullo” del pacto de 1978, para reivindicar una profunda reforma de la Carta Magna, ajustada a la “nueva Transición” que se ha abierto en España.

En su declaración ante los medios después de la recepción en el Congreso, Iglesias afirmó que “estamos orgullosos del pacto al que llegaron nuestros abuelos y que permitió que nuestros padres pudieran aspirar, independientemente de donde hubieran nacido, a las mismas oportunidades”. Sin embargo, para Iglesias, 37 años después hace falta actualizar el pacto de entonces, porque “las élites económicas y políticas” lo han “traicionado”. Por eso, Iglesias afirmó que “será un honor decir: Gracias 1978, hola 2016”.

Días antes de la celebración, Podemos anunciaba que el 6 de diciembre tendría inicio de su “hoja de ruta para el cambio constitucional”, con cinco actos simultáneos en distintas ciudades, en los que hablaron Ada Colau, Mónica Oltra, Vicky Rosell, Xosé M. Beiras y el propio líder de Podemos, para defender las “cinco garantías” que Podemos propone introducir en la Constitución: reformar el sistema electoral, fortalecer la independencia judicial, reforzar la lucha contra la corrupción, blindar los derechos sociales y reformar el modelo territorial.

“La Constitución de 1978 supuso un avance democrático sin precedentes en nuestro país, pero, a día de hoy, los acontecimientos de los últimos años han mostrado la necesidad de avanzar”, afirmaban en un comunicado.

Siguiendo el guion, en un acto en el Círculo de Bellas Artes de Madrid después de la recepción oficial, Iglesias reafirmó que para él la Transición selló un pacto en virtud del cual “el hijo de un obrero, si se esforzaba, iría a la universidad y habría sanidad de calidad y gratuita”, y que “ese gran acuerdo sobre el que se construye este país lo convirtieron en papel mojado las élites políticas y económicas al poner de rodillas la soberanía de este país”. Una lectura política que resume toda una estrategia política.

La Constitución del ‘78… ¿un avance democrático?

Hablemos claro. El pacto del ’78 y la “democracia” que reivindican Iglesias y Podemos no resolvió ninguna demanda democrático estructural. El acuerdo entre las elites políticas y económicas del tardofranquismo, la Corona, el PSOE, el Partido Comunista de Carrillo y las burocracias sindicales de CCOO y UGT, lejos de traer una buena democracia que luego fue traicionada, mantuvo la negación del derecho de autodeterminación de las nacionalidades, restableció a la Corona, conservó la vinculación entre la Iglesia y el Estado, desarrolló una democracia tutelada y anclada a un sistema bipartidista de turnos, dejó intacto todo el aparato represivo de la dictadura… y aún más, abrió el camino para que la crisis económica posterior fuera descargada sobre los trabajadores en forma de desempleo de masas de los ‘80.

Como casi toda la oposición “por izquierda” en los ’70 al pacto, la estrategia de Podemos sigue siendo aspirar a realizar las demandas democráticas pendientes sin llevar adelante una ruptura con el capitalismo, y en alianza con sectores de la “burguesía democrática”. Solo que sus demandas ni siquiera son las de los ’70, sino que están devaluadas y degradadas para ajustarse a la “nueva época”.

En su relato bonachón de la Transición pactada, Iglesias y Podemos se niegan adrede a preguntarse qué fue lo que abortó el pacto del ’78. Es decir, se niegan a hablar del ascenso de luchas obreras y sociales de la mitad de los ’70, de la cooptación por parte del “nuevo régimen” de los principales líderes políticos y sindicales de la clase obrera, de los golpes represivos de Suárez contra los sectores de vanguardia, del rol restaurador que cumplió el pacto para evitar una transformación profunda de la sociedad que pusiera en cuestión sus propias bases políticas y económicas.

La lectura moderada, simplificadora, marketinera de Podemos, es la más adecuada, a un programa y una estrategia igualmente moderados. Una segunda Transición, aún más degradada que la primera. Y esto es así porque en última instancia lo que hacen es una reivindicación vergonzante del papel jugado por Carrillo y eurocomunismo español, del que provienen una buena parte de sus cuadros, como el propio Iglesias, Rafa Mayoral, etc. Los pactos de la Moncloa, un equivalente del “compromiso histórico” llevado adelante por el PC italiano para restaurar la democracia burguesa en las tierras que vieron nacer a Antonio Gramsci, son la referencia histórica de la “hoja de ruta” de Podemos y la ubicación de Iglesias como “hombre de Estado”

De la moderación a la impostura

A la luz de la historia reciente en el Estado español, resulta increíble que seamos tan pocos los sectores de la izquierda española que cuestionamos lo limitado e ingenuo de la idea de un nuevo pacto constitucional que plantea Podemos, como si se pudiera convencer a las “elites” y los poderes facticos del capitalismo español de construir una democracia generosa sin imponérselo mediante la lucha de clases.

La reforma del régimen se ha transformado hace tiempo en el talismán de la política podemista. Lo novedoso, quizás, es que a los fundamentos de esta política de regeneracionismo burgués se le suma una reivindicación sin más de la Transición y la reaccionaria Constitución del ’78, en un relato en el que las grandes conquistas de la “democracia” fueron traicionadas por “las elites y los mercados”.

Para un proyecto que desde sus inicios se propuso la “ilusión gradualista” de transformar las instituciones de la democracia capitalista desde adentro, negando toda posibilidad de desarrollo de “hipótesis insurreccionales” o “construcción de contrapoderes ‘por fuera’ de la estatalidad”, es comprensible que este haya sido el devenir natural de la política y el discurso de Pablo Iglesias y Podemos.

Pero esto no niega que ha habido un cambio. Muchos recordarán lo que decía Iglesias hace un año sobre el tema. En el que fuera su primer discurso tras haber sido ungido como secretario general de Podemos, Iglesias hablaba aún de iniciar “un proceso constituyente para abrir el candado del 78 y poder discutir de todo”.

Hoy ya dicen otra cosa. O hace un tiempito en realidad. Ya en abril Iñigo Errejón decía que Podemos se proponía llevar a cabo “transformaciones estructurales” para superar la “crisis del régimen del 78", pero que ello no equivalía a “una suerte de impugnación ni revisión de 30 años de pasado”.

Leer estos cambios sólo en clave discursiva sería un ejercicio superficial. La clave es ir al fondo de la cuestión, a la estrategia, al proyecto político. Podemos fue desde el inicio un proyecto reformista que por fuerza veía en la Transición un espejo de sus potencialidades políticas.

Hablar de la moderación de Podemos en los últimos meses ya resulta una poco trillado. En este punto, la formación morada ya se ha hecho merecedora de una calificación más precisa: la impostura.






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