Juventud

PABLO HASÉL

Polémica con el Frente Obrero y otros rojipardos que no quieren defender a Hasél

La entrada en prisión de Pablo Hasél por sus letras contra la monarquía y la policía es el nuevo capítulo en la escalada represiva que el régimen monárquico, a través de su casta judicial, ha desatado contra artistas, tuiteros, luchadores sociales o contra el movimiento independentista y otros movimientos sociales.

Miércoles 24 de febrero | 09:13

Por eso, cabría esperar que absolutamente toda la izquierda autodeclarada anticapitalista, saliera a luchar activamente por la amnistía total de Hasél y de todos los presos políticos, así como a denunciar de manera implacable la represión policial y la campaña de criminalización de las protestas de la derecha y la extrema derecha, los medios de comunicación mainstream y el gobierno (PCE incluido) contra los y las miles de jóvenes que tomaron las calles estos días.

A esta cuestión, que debería ser elemental para cualquiera con una mínima sensibilidad social y democrática y no digamos alguien que se pretende marxista, se opone la secta estalinista Frente Obrero. En un comunicado en respuesta a todos aquellos que les recriminaban el silencio criminal que estaban manteniendo respecto al encarcelamiento de Hasél, alegan que no siguen “imposiciones o modas que marca la agenda de la izquierda del sistema” acusando a los manifestantes de “anarquismo vandálico”, de “espontáneos” y de no tener “la organización debida”, es decir, de no estar bajo la tutela del Frente Obrero. Una posición que más tarde reforzaría su dirigente Roberto Vaquero en un vídeo.

Otros oscuros personajes del rojipardismo español como Santiago Armesilla o Jon Illescas se han sumado a la campaña de criminalización del rapero. En un artículo, Illescas defiende que “lo justo hubiera sido que Hasél hubiera sido condenado a realizar trabajos para la comunidad, pongamos (es solo una propuesta) 8 horas al día, durante un año”. Más allá ha ido Armesilla calificando al rapero de delincuente común: “El precedente malo es que se amnistíe (indulte), por presión en la calle de un puñado de lúmpenes anarquistas, a un delincuente común que recubre sus amenazas y agresiones con ideología política”. Respondía en un tuit a un debate con Illescas sobre el alcance que debería tener su condena.

Sería un ejercicio inútil recordarles a los líderes de FO, a Armesilla o a Illescas que forma parte del ADN de la tradición marxista luchar contra la violencia del Estado capitalista, y también apoyar movimientos tan progresivos como es que miles de jóvenes salgan a protestar contra el encarcelamiento de un rapero por el delito de injurias a la corona, pero también contra una monarquía caduca y contra el gobierno “progresista” que la defiende.

Inútil porque ninguno de estos rojipardos tiene nada que ver con la tradición comunista que hiciera la Revolución Rusa dirigida por el partido Bolchevique de Lenin y Trotsky. En realidad, representan el ala más degradada de la nefasta tradición estalinista abrazando con orgullo sus peores características: el autoritarismo, el chovinismo racista, el conservadurismo expresado en un profundo antifeminismo y lgtbifobia… Tradición a la que, por cierto, también pertenece Pablo Hasél, que en sus letras, conciertos y tuits reivindica constantemente el asesinato de Trotsky y los trotskistas.

Sin embargo, a pesar del rechazo que nos producen estas ideas de Hasél, los que formamos parte de la tradición trotskista sabemos que es nuestro deber defenderlo incondicionalmente frente al ataque del Estado capitalista español saliendo a las calles, impulsando huelgas estudiantiles, y rechazando abiertamente la represión policial del gobierno.

Porque le han encarcelado por cuestionar a la monarquía y al régimen, igual que a otros antes. Porque después de él podemos ir el resto y porque toda esta campaña de criminalización de los “violentos” y reforzamiento del aparato policial y judicial será utilizada contra la movilización de la clase trabajadora cuando se recrudezca la lucha de clases en un contexto de enorme crisis social, sanitaria y económica. Es un hecho certificado mil y una veces por la historia del movimiento obrero.

Frente Obrero es una organización que nada tiene que ver con la tradición comunista, profundamente reaccionaria y tan cobarde que no es capaz de tener contra la policía, el aparato judicial y la monarquía la mitad de la vehemencia que dedica contra el movimiento feminista, las personas trans, los activistas raciales, los trotskistas y, en general, contra todos aquellos que no forman parte de su secta estalinista.

Desde luego es necesario construir una alternativa anticapitalista y revolucionaria a la izquierda del régimen que representa Unidas Podemos, pero el FO y el rojipardismo alineado con las ideas más rancias de la derecha y que a la hora de la verdad es incapaz de luchar contra la represión policial no puede ser dicha alternativa.

Para que esta crisis en ciernes no la paguemos nosotros sino los capitalistas es necesario construir un gran partido revolucionario de la clase trabajadora y los oprimidos, las mujeres, los migrantes y racializadas, las personas trans y las sexualidades disidentes.






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