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Por qué ser una organización LGBTI y colaborar con la policía es una postura vergonzosa y reaccionaria

El 19 de febrero asociaciones LGBTI de Zaragoza cercanas al gobierno de PSOE-UP celebraron un acto con la Policía Nacional, un lavado de cara de las fuerzas represivas, repudiable de cara a construir un movimiento que combata la LGBTIfobia y a este sistema que la alimenta.

Jorge Remacha

Lunes 21 de febrero
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Bajo la celebración del Día de la LGBTIfobia en el deporte, este 19 de febrero las asociaciones SOMOS, Towanda o Magenta entre otras, organizaron un acto con la Policía Nacional con un partido de baloncesto, una charla y la presentación del “interlocutor policial contra los delitos de odio”. Este acto no es la primera colaboración ni las primeras alabanzas a las fuerzas represivas de estas asociaciones en Zaragoza, sino que forman parte de una cadena de maniobras para integrarse como garantes de un movimiento LGBTI que no cuestione los marcos del estado capitalista y sus guardianes armados.

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En Zaragoza, ya en diciembre, mientras más de 200 personas se reunían en rechazo a las recientes agresiones LGBTIfóbicas, denunciando también la represión policial, algunas de estas organizaciones, como Towanda comenzaron a intervenir con una propuesta de la colaboración con la policía.

La defensa de las fuerzas represivas del estado por parte de este sector no llegó sola. Por una parte, venía acompañada de una maniobra de boicot a una convocatoria contra las agresiones amplia, urgente y sin logos, llamando a otra con su sello al día siguiente. Por otra parte, justo después se desveló la existencia de unas reuniones para garantizar la colaboración entre Towanda y la Policía Nacional.

Ahora nos encontramos a este frente de colectivos cercanos al gobierno de PSOE-UP como SOMOS, Magenta o Towanda, entre otros, haciendo actos con la Policía Nacional en esa deriva de lavado de cara de las fuerzas represivas del Estado.

Este es el siguiente capítulo de las maniobras y los acuerdos con la policía. Nada sorprendente después de boicotear una concentración contra las agresiones LGBTIfóbicas impulsada por colectivos que venían ya convocando las movilizaciones por Justicia para Samuel y otras agresiones –entre las que se encontraban Contracorriente y Pan y Rosas-, para impulsar lo mismo al día siguiente dejando bien claro su posición de cooperación con las fuerzas represivas.

Mientras estas asociaciones, como SOMOS, Towanda o Magenta se iban a hacer actos con la policía, estos mismos días en Zaragoza se han dado cientos de identificaciones con claro perfil racial. Se han dado varias decenas de procesos a través de la Ley de Extranjería en un despliegue “contra las bandas” que ha puesto a la policía a llevar adelante una nueva persecución contra la juventud migrante en los barrios obreros. Esta misma situación ha sucedido en otras ciudades bajo las órdenes de un gobierno que se dice progresista, al tiempo que la extrema derecha llama a intensificar la persecución.

Esto ocurre la misma semana que algunas organizaciones LGBTI oficialistas miran para otro lado y se van a jugar al baloncesto con la policía y a lavarles la cara. Podemos confiar en la importancia de tender puentes entre la lucha antipatriarcal y antirracista. En levantar una campaña contra la persecución a las personas migrantes de la policía que golpea y detiene también en los desahucios, en las fronteras o en las huelgas. En organizarnos con la clase trabajadora al frente contra la LGBTIfobia que este sistema alimenta. Pero no confiamos en que lavarle la cara a las fuerzas represivas sean la manera de combatir la LGBTIfobia, sino que denunciamos la posición reaccionaria de las asociaciones que así lo hacen.

La desconfianza en la policía para acabar con las agresiones LGBTIfóbicas, ¿no tendrá algo que ver que se trata de la misma la policía que el gobierno enviaba a cargar contra activistas LGBTI en julio cuando protestaban contra el asesinato de Samuel al grito de maricón? ¿O a alguien le parece extraño que no haya confianza en los Mossos d’Esquadra que asumieron en juicio su responsabilidad en la muerte del activista LGBTI Juan Andrés Benítez en Barcelona en 2013 y siguen patrullando en impunidad?

¿Es que no sobran los motivos para desconfiar de la justicia que pide años de cárcel para los 6 de Zaragoza por una protesta antifascistas o la judicatura patriarcal que revictimiza a quienes denuncian una agresión sexual? ¿No estaba la policía deteniendo a huelguistas en Cádiz o persiguiendo a migrantes bajo perfiles racistas? ¿No sigue “el gobierno más progresista de la historia” organizando toda esta represión y manteniendo la Ley Mordaza?

No hay nada más peligroso que creer que puede utilizarse el poder punitivo del estado burgués para enfrentar a la extrema derecha. Toda medida que fortalezca al estado y su poder represivo contra las libertades democráticas, aunque pueda causarles molestias temporales a los fachas, será más temprano que tarde utilizada contra la clase trabajadora, los movimientos sociales y sus organizaciones.

Por ejemplo, la respuesta anunciada a bombo y platillo del gobierno tras la oleada de agresiones LGBTIfóbicas en septiembre fue anunciar “la cooperación de manera directa con las unidades policiales en la investigación de los episodios de delitos de odio de mayor gravedad, complejidad o trascendencia mediática”. Quien se encarga de ello es el ministro de Interior Fernando Grande-Marlaska, con un amplio historial de encubrimiento de torturas como juez y último responsable del operativo que mandó reprimir a la policía en la manifestación que protestaba contra el asesinato homofóbico de Samuel, de las deportaciones en caliente o la administración de los CIEs.

¿Éstas son nuestras herramientas? ¿Esta es la forma de frenar a la LGBTIfobia que defienden estos colectivos que colaboran con la policía? Por ello es importante denunciar las posturas de los sectores del movimiento LGBTI que traten de instrumentalizar la lucha de la disidencia sexual hacia la confianza en los gobiernos e instituciones capitalistas, llegando a blanquear a la policía en este caso.

La vía para combatir a la LGBTIfobia y la extrema derecha no pasa por jugar al baloncesto con la policía. Pasa por desarrollar un movimiento independiente que combata todas sus expresiones, levantando la solidaridad y la autodefensa antifascista contra los ataques LGBTIfóbicos y la represión del estado, codo con codo con el antirracismo, el movimiento de mujeres, la clase obrera y la juventud. Organicémonos en los centros de estudio, de trabajo y en los barrios. Salgamos miles a la calle no sólo para exigir justicia y defendernos, sino también para pelear contra este sistema patriarcal, racial y capitalista.

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