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Por un 1º de mayo internacionalista, contra la guerra y el rearme imperialista: ¡que la crisis la paguen los capitalistas!

Este 1º de Mayo viene marcado por la Guerra en Ucrania y sus consecuencias reaccionarias, que recaen sobre la clase trabajadora y los sectores populares de Ucrania, pero también sobre los del resto del mundo. La tendencia hacia mayores tensiones entre países imperialistas y potencias militares como China y Rusia, reactualizan la necesidad de rescatar el legado de los socialistas revolucionarios que enfrentaron la barbarie imperialista en 1914.

CRT Estado Español

Jueves 28 de abril
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En estos momentos el régimen oligárquico de Putin golpea con saña sobre el pueblo ucraniano en una invasión que solo tiene fines reaccionarios. Pero detrás de esta guerra, también se esconde la voracidad implacable de EEUU, la OTAN y las potencias imperialistas europeas, entre ellas el Estado español. El gobierno “más progresista de la historia”, al igual que sus homólogos europeos, ha aprovechado la actual coyuntura para anunciar un aumento sin precedentes en el presupuesto militar.

Su objetivo, lejos de la retórica humanitaria, es rearmar al Estado español para reforzar su posición imperialista. Como una clara muestra de esta hipocresía está el acuerdo de Pedro Sánchez con la reaccionaria monarquía marroquí para entregar la soberanía del pueblo saharaui a cambio de la lealtad de Marruecos al bloque otanista, cerrar la frontera sur de Europa a las migraciones y garantizar los negocios del imperialismo español en el país africano.

La Guerra de Ucrania es ante todo una tragedia para el pueblo ucraniano. Pero, al mismo tiempo, supone un nuevo golpe a las condiciones de vida la clase trabajadora en todo el mundo, después de dos años de pandemia. La actual crisis económica ha desatado una espiral inflacionista que encarece los precios a una velocidad solo comparada a la de los años 70. Una situación que los capitalistas aprovechan para hacer jugosos negocios. Es el caso de la industria energética y de la alimentación. Pero también, y especialmente, en la industria armamentística, hoy en la cresta de la oleada de rearme imperialista que recorre el mundo.

En los países periféricos y semicoloniales, las consecuencias de la guerra y la inestabilidad política y económica también están teniendo graves consecuencias. La ruptura de la normalidad de los mercados y cadenas de suministros están generando aumentos drásticos del precio de los alimentos, carestía y graves crisis alimentarias. A los 800 millones de personas que ya pasaban hambre en el mundo se calcula que ahora se sumaran otros 260 millones. Sin duda son cifras de la catástrofe social a la que nos están empujando los capitalistas después de encadenar tres severas crisis económicas en menos de 15 años.

Un gobierno para los ricos que le ha abierto el camino a la extrema derecha

Tras más de dos años de legislatura, se ha demostrado que detrás del adjetivo “progresista” que se adjudica la coalición del PSOE y Unidas Podemos, hay un gobierno defensor de los intereses del IBEX-35 y el régimen monárquico. En este tiempo hemos visto como las consecuencias de la pandemia primero, y ahora de la guerra, recaen sistemáticamente sobre la mayoría social, mientras se salva a los capitalistas y se encubre la corrupción de la Casa Real.

El incumplimiento de la promesa de derogación de la reforma laboral de 2012 ha sido un punto de inflexión que dejó al desnudo el doble discurso “progresista” del Gobierno. La nueva reforma, pactada por la ministra de Trabajo Yolanda Díaz con la CEOE y las burocracias de CCOO y UGT, dejó intactos los aspectos más lesivos de las reformas anteriores mientras incluyó nuevos regalos para los empresarios, como la introducción del mecanismo Red, por el cual es la clase trabajadora la que paga las pérdidas empresariales de sectores en crisis y se salva el beneficio de los capitalistas. Si la medida ha sido festejada por la patronal es porque mantiene el actual modelo laboral precario y empobrecedor.

Entre los sectores más precarios y la juventud trabajadora, ni este Gobierno ni ninguna de sus medidas han supuesto alguna mejora sustancial. El paro juvenil sigue rozando cifras estratosféricas. Los abusos patronales, incrementados durante la pandemia, han sido normalizados a pesar de que muchos de estos sectores han logrado recuperarse completamente. La juventud trabajadora precaria no puede pagar un alquiler y la incertidumbre por el futuro crece entre los jóvenes.

El escándalo del espionaje a los dirigentes y activistas independentistas catalanes muestra también que lo más antidemocrático del Régimen del 78 sigue actuando con total impunidad y bajo el amparo del Gobierno, que se dice “progresista” pero sigue operando a través de las cloacas del Estado y manteniendo la Ley Mordaza. Lo mismo puede decirse de la negativa a cuestionar la inviolabilidad de la Casa Real, evitando que se investiguen los negocios de la monarquía corrupta. Por el contrario, lo que hacen es orquestar nuevas operaciones de maquillaje de la monarquía, como la declaración pública del patrimonio de Felipe VI. Todo confirma que son un pilar más de este régimen monárquico, que solo sirve al IBEX y los poderosos.

La crisis social y un gobierno que se dice “progresista”, pero incumple sistemáticamente sus promesas, es el caldo de cultivo para el crecimiento de la extrema derecha. La irrupción de VOX ha conseguido que muchos de los planteamientos más reaccionarios se normalicen en los grandes medios de comunicación. Con una retórica contra los inmigrantes, las mujeres y la diversidad sexual, Abascal es la expresión de la deriva autoritaria y reaccionaria del Régimen del 78, un fenómeno que también se expresa a nivel internacional como hemos visto en Francia con la ultraderechista Le Pen, ante la cual la derecha reaccionaria de Macron no es ninguna alternativa.

Enfrentar a la extrema derecha es una tarea clave para la clase trabajadora y los sectores oprimidos de la sociedad. Pero esto no puede hacerse sin reconocer y denunciar que ha sido justamente la agenda neoliberal progresista del Gobierno, ahora combinada con una política militarista y de rearme imperialista, la que le ha abierto el camino a la extrema derecha.

Unidas Podemos y la izquierda neorreformista, que se han adaptado plenamente a los marcos del Estado imperialista español y su monarquía corrupta, solo han servido para fomentar la desilusión y la desesperanza entre las clases populares. Solo la movilización y la lucha de clases pueden realmente frenar el avance de VOX y la extrema derecha. La clase trabajadora tiene que ponerse al frente de construir un polo de lucha que arranque a la patronal y a los gobiernos mejoras sustanciales en las condiciones de los trabajadores, y por esa vía acumular la fuerza social capaz de enfrentar tanto las opciones más reaccionarias como los ataques de gobiernos supuestamente progresistas.

Sindicatos para la lucha y unidad de la clase trabajadora

La burocracia sindical viene siendo el principal dique de contención para desmovilizar a la clase trabajadora y paralizar su capacidad de respuesta frente los ataques que sufre. En la última etapa, la adaptación de las direcciones de los sindicatos “mayoritarios” ha pegado un salto cualitativo. Los líderes de CCOO y UGT se han mimetizado con el Gobierno y especialmente con la ministra de Trabajo, actuando como una verdadera correa de trasmisión de los intereses de los capitalistas en el seno de la clase trabajadora. Por ello, recuperar los grandes sindicatos de las manos de la burocracia sindical y lograr la unidad con las organizaciones del sindicalismo combativo, es una de las principales tareas que tiene nuestra clase.

Hay fuerzas para ello. La pasividad de los dirigentes sindicales no ha impedido que surgieran importantes luchas obreras en el último período. La huelga del metal en Cádiz, las movilizaciones del sector educativo, la huelga de Tubacex, de las trabajadoras del museo Guggenheim o la de los jóvenes precarios en Telepizza, son solo algunos ejemplos de cómo la clase obrera ha seguido enfrentando e incluso a veces derrotando los ataques de la patronal y el gobierno.

Los procesos de reorganización del movimiento obrero, como el que se da en EEUU, entre los que destacan los jóvenes de Starbucks o los empleados de Amazon, preanuncian como una nueva generación de trabajadoras y trabajadores despierta a la vida política y sindical. Esta clase obrera joven, feminizada y diversa y multirracial esta llamada a ser la punta de lanza de en los futuros combates contra el capitalismo a nivel mundial.

Desde la CRT, junto a nuestros jóvenes compañeros y compañeras de Contracorriente y Pan y Rosas, creemos que todos estos ejemplos de lucha y reorganización de la clase trabajadora tienen que ser la base para, junto al sindicalismo combativo y los sectores honestos de los sindicatos mayoritarios, lograr la unidad de nuestra clase. Una nueva camada de activistas obreros está surgiendo lentamente. Una de sus tareas clave es justamente unir por abajo lo que la burocracia divide por arriba, imponiendo el frente único para la lucha a los jefes de los sindicatos, para conquistar un programa de reivindicaciones de emergencia que incluya medidas como el aumento del salario mínimo y aumentos al nivel del IPC, que la inflación no se coma el salario; reducción de la jornada laboral sin reducción salarial: trabajar menos, para trabajar todos; una escala móvil de indexación automática de los salarios según el nivel general de los precios y el coste real de la vida; expropiación de las eléctricas y nacionalización de la banca; abajo las reformas laborales, basta de precariedad, entre otras.

Guerra a la guerra: ¡el enemigo está en casa!

Cuando los Estados se embarcan en una nueva ofensiva militarista es fundamental que la clase trabajadora denuncie el papel del imperialismo, empezando por el de sus propios países. El movimiento obrero tiene que ser la vanguardia en exigir la retirada de las tropas rusas de ucrania, pero también en oponerse a la intervención directa e indirecta de los países de la UE, las sanciones, el envío de armas y del rearme imperialista.

La guerra iniciada en Ucrania marca que la fraternidad entre los pueblos tiene que ser el arma política para frenar la dinámica de guerras y crisis a la que nos empujan los capitalistas. En el Estado español, la clase trabajadora tiene que hacer suya las consignas de los marxistas internacionalistas de principios del siglo XX. Guerra a la guerra: ¡el enemigo está en casa!


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