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ENTREVISTA TRABAJADORA CALZADO

“Puedes cobrar la mitad de lo que cobra un hombre, por realizar trabajos que son igual de duros”

Entrevistamos a Paqui, trabajadora de la industria del calzado en Altea (Alicante), desde los 17 años. Un retrato de la superexplotación laboral reinante en este sector de la mediana empresa española.

Jueves 28 de abril de 2016 | 17:43

Foto: EFE

¿Cómo ha sido tu trayectoria como mujer trabajadora?

Bueno, pues ha sido una trayectoria bastante dura porque vivo en una ciudad que solamente tiene una industria, el calzado. Cuando yo comencé a trabajar a los 17 años, ser dependienta era otro mundo, era muy complicado encontrar trabajo porque todo eran tiendecitas de barrio, pero comencé a trabajar en una cooperativa justo cuando empezaron a tener mayor importancia los grandes supermercados, había más oportunidad laboral, pero nunca te contrataban de manera fija, tenías que saltar de supermercado en supermercado.

¿Has trabajado en otro sector, a parte de ser dependienta?

Sí, porque en esta ciudad desde bien pequeño, en mi época, se aprendía a trabajar como aparadora de mano. También intenté reciclarme e hice un cursillo de auxiliar geriátrico y estuve haciendo sustituciones en atención a las personas mayores.

Sabemos que, tanto el calzado como el ser dependienta , son empleos que suelen ser bastante temporales, cuéntanos un poco la experiencia en los tres sectores.

Cuando trabajas en un supermercado sabes que al menos tienes un contrato, una nómina y un salario mínimo. Por contra en el calzado nunca tienes un salario mínimo, cada modelo que trabajas tiene un precio, son precios muy bajos, y si no te interesa, siempre hay alguien esperando dispuesto a trabajar muchas horas, por sueldos denigrantes. En el caso de auxiliar geriátrico si eres empleado de una empresa ganas un salario, bajo, pero también mensual. Pero si trabajas por libre es mucho más complicado buscarte la vida, es un empleo muy asociado a personas que vienen del extranjero y cobran sueldos muy inferiores a las horas de trabajo, necesitan ese dinero y aceptan condiciones muy precarias, que les permiten apenas subsistir.

Cuando has tenido problemas en estos sectores, ¿has sentido apoyo o respaldo por algún sindicato?

Me he sentido totalmente sola ante el peligro, si alguien intentaba ayudarte era para obtener algún tipo de beneficio propio. Los sindicatos siempre han querido, o bien tener notoriedad, o sacar tajada del asunto. Al menos en mi caso, no me he sentido nunca respaldada.

En el sector del calzado hay que añadir que además, la mayoría de veces trabajas sin contrato, con lo cual no constas como trabajador y no puedes revindicar ningún tipo de derechos. En Elda lo habitual es trabajar en casa sin contrato, y eso perjudica a las personas que quieren trabajar legalmente. Pero es que legalmente se nos presentan unas condiciones nefastas, yo he estado trabajando de 7 de la mañana a 4 de la tarde con un contrato de 20 horas semanales y cobrando 400-500 euros al mes.

Últimamente has trabajado en el sector del calzado, ¿cuáles son las condiciones laborales de la mujer en este sector?

Condiciones muy precarias. Hay mucha diferencia salarial entre mujeres y hombres. Está claro que con la crisis, actualmente el sueldo de los hombres también se ha visto afectado, pero la diferencia salarial ya era algo tangible desde mucho antes.

Puedes llegar a cobrar la mitad de lo que cobra un hombre, por realizar trabajos que son igual de duros físicamente. No es únicamente una diferencia salarial, sino que dentro de la industria, las mujeres y hombres tienen unas funciones muy bien definidas y marcadas, es decir, el trabajo en sí tiene género. Para poner un ejemplo, hay trabajos que son muy `de mujeres. Cuando se ve un anuncio de una oferta de empleo, siempre dicen: Se necesita aparadora, o dobladora, son ejemplos de cómo se da por hecho que este trabajo es solo realizado por mujeres.

¿Puedes contarnos alguna experiencia personal? ¿Alguna situación en la que te hayas sentido menospreciada o rebajada por el hecho de ser mujer?

En mi último empleo todas éramos mujeres, el único hombre que había era el jefe. Bromas machistas siempre: que si como somos todo mujeres deberíamos de preocuparnos más de limpiar, que si teníamos el aseo sucio…

El caso es que en esta empresa cuando no hay faena cortan contrato, yo he tenido dos enfrentamientos con el jefe (hombre) porque me ha llamado mentirosa en dos ocasiones, y me ha faltado al respeto delante del resto de empleadas, yo le contesté porque estaba haciendo bien mi trabajo, no me cuesta reconocer si he hecho algo mal, pero es que no era el caso. El hecho de contestarle me ha salido caro, porque al defenderme y llevarle la contraria, ha decidido no volverme a llamar. Y como no tengo a quien acudir para reivindicar esta injusticia, no se ha tomado la molestia de decirme siquiera que estoy despedida, o que no va a contar más conmigo, simplemente no me ha llamado cuando ha comenzado a entrar faena. No voy a volver a trabajar en esta empresa, no me han llamado por defenderme cuando el jefe me faltaba al respeto. Es un déspota, nos culpa diariamente de que no haya faena, nos grita, da golpes en la mesa para dar toques de atención. Nosotras seguimos las órdenes de la encargada, ya que es su trabajo explicarnos como hacer cada modelo de zapato. Intentaré reciclarme en otros proyectos, seguiré con mis estudios de francés, pero me niego a dejarme hundir psicológicamente una vez más.

También quería contar otra experiencia que tuve como dependienta en una empresa bastante grande de España, que es Consum. Es una empresa que no suele despedir a gente, pero te invitan a marcharte, o te ponen en situaciones en las que no te queda otro remedio que renunciar al trabajo. En mi caso en concreto, me vi perjudicada porque la empresa incumplió el contrato que mi hermano había firmado.

Él trabajaba como jefe de tienda, y luego metieron a un familiar del jefe en su puesto, y le quisieron cambiar el cargo, en un momento en el que legalmente ya no podían, él dijo que estaba de acuerdo pero que seguiría cobrando como jefe de tienda hasta que se finalizase el periodo del contrato que le habían realizado hacia unos meses. Como no les interesaba le llevaron a juicio, y mi hermano ganó el juicio porque legalmente no podían quitarle el puesto sin que hubiese cometido ninguna falta grave en su trabajo. A raíz de esto, a mí que estaba trabajando a media jornada, porque tenía dos hijos pequeños que todavía requerían de mucha atención por mi parte, me enviaron sin motivo alguno a trabajar a un pueblo que está a 50 kilómetros, sin pagar gastos de gasolina ni ningún tipo de facilidad, prácticamente no me salía rentable trabajar, todo esto sucedió “por ser la hermana de” y porque al ser mujer, la mejor manera de deshacerse de mi era presionándome sin dejarme la opción de compatibilizar mi trabajo con la maternidad.

¿Podrías comentarnos cómo ha evolucionado la industria del calzado desde el apogeo de los 60 a la actualidad?

Antiguamente los contratos eran fijos, los hombres trabajaban fijos, en realidad las mujeres acostumbraban a trabajar en casa, de manera ilegal, para poder compaginar sus labores del hogar con el trabajo, por lo que su jornada laboral se alargaba una media de 14 horas diarias. Este sector ha involucionado, actualmente no tenemos vacaciones, simplemente cuando se termina la faena te rescinden el contrato, es un sin vivir, porque no puedes invertir en una casa, en un coche, porque nunca sabes cuándo vas a dejar de trabajar. Es decir, nos hemos tenido que acostumbrar a vivir día a día, sin poder hacer planes de futuro porque no tenemos una estabilidad.

Bueno esta incertidumbre con la que convivís cada día, esta precariedad, ¿cómo afecta a tu salud física y psicológica?

Yo soy una persona muy nerviosa, y además tengo psoriasis, y en épocas de nerviosismo me salen brotes de dermatitis. Y el tener más de 40 años y tener psoriasis visible te dificulta mucho encontrar trabajo de cara al público.

Amablemente (algunos) te dicen una y otra vez que no das el perfil, y te hacen sentir que no eres válida para realizar este tipo de trabajos. Ahora tengo más movilidad porque puedo permitirme el lujo de salir de casa, de dedicar más tiempo a mí misma. Estoy estudiando francés, es mi último curso, siempre me ha gustado y me planteé prepararme para encontrar un trabajo diferente, que pudiese llenarme, ahora creo que nunca es tarde para encontrar tu hueco, por mucho que se empeñen en recordarte que eres una mujer, mayor, y que socialmente ya no sirves para ciertas cosas.

Me ha costado llegar a este punto, me ha afectado psicológicamente mucho, hasta el punto de estar con tratamiento por depresión, pero con ayuda de mi familia sigo luchando y mirando hacia delante.

¿Qué le dirías a todas aquellas mujeres que se sienten como tú? Aquellas que en ciertos trabajos si se quedan embarazadas ya no son válidas, y que cuando dejan de estar en edad de fertilidad tampoco son válidas, porque ya son demasiado mayores para realizar ciertos trabajos ¿Cuál sería tu conclusión final para esta entrevista?

Les diría que no se sientan menos nunca, porque como bien dice mi madre “Mejor que yo no hay nadie, iguales a mi todos”, que luchen por sus derechos, que se reciclen, si no encuentran trabajo de lo suyo, que busquen otras alternativas, que lo realmente importante es no quedarse de brazos cruzados y buscar su felicidad. Que busquen ayuda si la necesitan, tiene que haber alguien a quien acudir cuando se producen injusticias laborales. Que no se hundan, que sigan luchando, creo que al final encontrarán la recompensa aunque el camino sea duro. Ánimo compañeras.






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