Enfoque Rojo

UNA IMAGEN | MIL PALABRAS

¿Qué color tiene la Historia?

La foto en colores de una obrera en una fábrica de municiones hace más de cien años, parece más real que su original en blanco y negro. Nos acerca a ser testigos de ese momento: la Primera Guerra Mundial y las mujeres reemplazando a los varones enviados al frente.

Miércoles 22 de julio | 22:21

Imagen: Marina Amaral | Editorial Head of Zeus

No sabemos el nombre de la obrera británica que fabrica las municiones que los soldados van a disparar con sus cañones en el frente aliado durante la Primera Guerra Mundial. Seguramente esa mujer trabajadora nunca se imaginó que iba a terminar haciendo balas en esa planta metalúrgica que hasta hace poco se dedicaba a fabricar ollas, baldes y objetos de uso doméstico. Quizás tampoco se imaginó trabajando en una fábrica: nacida y criada en el campo no vislumbraba su futuro de manera muy diferente al presente de sus padres, arando la tierra ajena para lograr el sustento para su familia. Pero el desarrollo de la industria capitalista durante ese último siglo había significado un imán para la población campesina que soñaba con cambiar su dura y miserable vida por las promesas de progreso de la ciudad moderna, y terminaron dejando su hogar en el campo para hacinarse en las oscuras piezas de las ciudades cercanas a las fábricas.

En la foto coloreada vemos a la mujer operando el torno con destreza para sacar cientos, miles de piezas, las vainas que luego se rellenarán con la pólvora que hará volar por los aires a los soldados alemanes en las trincheras, obreros igual que su marido también en el frente, todos mandados, de un lado y del otro a pelear una guerra ajena: la disputa por la supremacía en el incipiente mercado mundial imperialista, de la que ningún soldado ni sus familias saldrían beneficiados, como está a la vista más de cien años después.

Era 1915 en Inglaterra y tal vez ella no era obrera en la fábrica pero se vio obligada a hacerlo para cubrir la mano de obra masculina que había sido masivamente enviada a las trincheras y así parar la olla de su familia, ahora sin hombre que la sostenga.

Algo similar le pasó a Ana, una adolescente eslovena que tuvo que trabajar el doble en los viñedos de las colinas de Gorizia cosechando las uvas por sus hermanos en el frente. Ana además cosía en su casa mientras esperaba el regreso de su novio, el hijo de los vecinos de al lado, alistado también en las tropas del Imperio Austro-húngaro, país que había comenzado las hostilidades reaccionando al asesinato del príncipe Franz Ferdinand, heredero al trono imperial.

Augusto era carpintero y como todos en una zona de viñedos, trabajaba también en la cosecha en época de vendimia. Igual que sus amigos y vecinos, tuvo que ir a la guerra a pelear por el dudoso honor de una colección de duques, archiduques y príncipes que jamás habían hecho nada por él, y a quienes jamás les había visto la cara. Una extraña suerte lo acompañó: como cocinero no estuvo en la primera línea de combate, aunque igual resultó herido y eso le permitió volver a casa antes de que terminara la guerra, para reencontrarse con Ana en su pueblo esloveno que estaba a punto de convertirse en italiano.

Años después, la dura posguerra en esa zona de frontera que había sido escenario de las más sangrientas batallas decidió a Ana, con poco más de veinte años, a embarcarse rumbo a América siguiendo a su entonces esposo quien desde hacía un año estaba probando suerte como carpintero en Buenos Aires. Huían de una realidad que hasta les había cambiado sus apellidos: las jotas finales eslovenas se habían reemplazado por ies, más italianas. Ana Bandeli estrenó apellido en el pasaporte que la trajo a la Argentina, al igual que Augusto. Ambos serían los padres de mi madre.

La foto en colores de la mujer tornera en la fábrica de municiones parece más real que su versión original monocromática, por más que sepamos que en 1915 todavía no había película fotográfica que reprodujera los colores. El ojo está acostumbrado al color. Corrijo: estamos acostumbrados al color en las imágenes. Bien entrado el siglo XXI resulta poco común ver una foto documental en blanco y negro, que parece reservado para proyectos más personales o artísticos. Es común que alguien nos comente acerca de alguna foto: Muy linda, pero ¿por qué es en blanco y negro?

La proliferación de imágenes en los medios digitales y su viralización en las redes no hace sino amplificar esa apariencia de normalidad a todo color. Entonces, ver una foto de más de cien años con los colores que habrían tenido esas personas, esos objetos y esos lugares nos acerca a ser testigos de un hecho del pasado lejano. La foto no parece tan vieja en colores.

La imagen de la que hablamos forma parte del libro El mundo en llamas, realizado por la artista brasileña Marina Amaral junto al historiador británico Dan Jones: una selección de 200 fotografías de entre 1914 y 1945, tomando a ambas guerras como partes de un mismo período. Las fotos coloreadas por Amaral luego de una minuciosa investigación, no dejan de ser una versión pintada de la realidad, tanto como las fotografías, en blanco y negro o en colores, siempre son versiones de la realidad. Fotografiar es dibujar con luz desde sus orígenes hasta ahora: diferenciar luces y sombras e imprimirlas en un soporte. El color es un agregado, una simulación lograda mediante filtros tanto en la película química como en el sensor digital.

La joven artista brasileña hace magistralmente y de manera artesanal, no sabemos con qué técnica o software, una reconstrucción pintada de fotografías de valor histórico. Junto a su socio el historiador británico realizan una suerte de historiografía en imágenes: en lugar de preguntarse cómo y por qué sucedieron los hechos, se preguntan cómo se veían y de qué color eran.

La foto de la mujer fabricando municiones es tan real que parece actual, no sólo por el impacto de los colores sino porque hoy como hace cien años son los trabajadores y las trabajadoras quienes están en la primera línea haciendo que el mundo funcione. Quizás la foto de hoy en lugar de una tornera sería de una enfermera.






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