Internacional

TESTIMONIOS DESDE LA FRONTERA

Refugiados sirios: “Los policías griegos nos robaron todo, nos apalearon y nos devolvieron a Turquía”

Decenas de miles de refugiados se encuentran atrapados en la frontera greco-turca, reprimidos por la policía griega y rechazados por la xenofobia de la Europa fortaleza.

Martes 3 de marzo

Edirne (Turquía), 29/02/2020.- Refugiados intentan pasar la frontera hacia la Unión Europea. EFE/EPA/TOLGA BOZOGLU

"No nos dejan regresar. Vienen con autobuses privados y nos llevan desde este paso a otro. Y desde allí a otro. Y luego nos traen de vuelta. Juegan con nosotros, nada más", asegura Nasser Abu Sami, un refugiado sirio que lleva dos días con su familia en Edirne.

"Controlan los coches que van de Edirne a Estambul y si alguien lleva a refugiados lo multan", asegura Mohamed. Para él, están usando a los refugiados en un “un juego político” entre Turquía y la UE.

Casi cien kilómetros más al sur, el pueblo de Yenikarpuzlu bulle de centenares de refugiados y migrantes, muchos de ellos afganos, otros sirios e iraquíes.

Una joven iraquí que acaba de llegar al pueblo junto a su familia señala que ha intentado pasar a Grecia por las marismas, pero que "es imposible porque los soldados griegos no nos dejan".

Un grupo de afganos poco más que adolescentes también acaban de regresar de la linde y han tenido una experiencia peor.

"Nos han robado todo, nos han apaleado, me han quitado el móvil, lo han pisoteado", asegura uno, mientras que otro señala sus pies apenas cubiertos por calcetines: "Me han quitado hasta los zapatos".

“Jamás pensé que me convertiría en refugiado. Mi familia tenía un restaurante en Mosul y la vida nos iba bien. Pero luego llegó el Estado Islámico, la guerra, no quedó piedra sobre piedra y tuvimos que huir. En Turquía, la vida es muy dura, trabajo 12 o 13 horas al día y estoy solo. Mi padre y mi madre siguen en Irak, el resto de mi familia está en Francia. No los he visto en cinco años”, recoge otro testimonio El País (2/03/2020).

“Pasamos, a las nueve o diez de la noche [del sábado]. [Los traficantes] Nos pidieron 100 liras [unos 15 euros] por persona y cruzamos en barcas hinchables”, explica Masud Haydari, un joven afgano. “Pero al llegar al otro lado, los policías griegos nos pararon. Nos robaron todo, el dinero, los teléfonos, los pantalones de repuesto... Todo. Y nos devolvieron a Turquía”. (El País, 2/03/2020)
Siguen llegando autobuses desde Estambul y en las redes sociales incluso se organizan convoyes desde ciudades tan lejanas como Kayseri, en Anatolia central.

"Llevo dos años en Estambul. Pero creo que en Europa se puede vivir mejor. He oído que han abierto la frontera y quiero probar suerte", dice un refugiado sirio que ha llegado con su esposa y una hija pequeña.

Sin embargo, sus esperanzas no duran mucho. A pocos cientos de metros, entre los diques de las marismas, regresan afganos, sirios y africanos caminando cabizbajos y arrastrando pesadas maletas o envolviéndose en mantas que les ha llevado algún vecino.

Este lunes ha sido asesinado un refugiado por las balas de la policía, mientras un niño murió ahogado. Europa, Europa. Europa fortaleza manchada en sangre.

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