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LITERATURA // EFEMÉRIDE

Roberto Arlt: periodista, escritor y atorrante de arrabal

En 1942, un 26 de julio se paralizaba el corazón de Roberto Arlt, el escritor y periodista que fue participe y testigo de las convulsivas décadas de los años veinte y treinta. Aquí repasamos sus novelas, la fijación de izquierda y los clásicos Aguafuertes

Viernes 26 de julio | 17:39

Nacido en el barrio porteño de Flores, en abril de 1900, era hijo de inmigrantes europeos, el padre prusiano y madre italiana. Allí hizo el colegio primario donde ya daba sus primeros síntomas, no era un hueso fácil de roer.

En sus Aguafuertes porteñas comenta el encuentro con su maestro de primaria cuando este le confiesa “eras un salvaje; ese es el término. Yo muchas veces, mirándote, me decía: adónde diablos irá a parar este muchacho con el carácter que tiene. Para obrero, no sirve. Para empleado, tampoco va a servir. Incluso conversamos una vez con el director de la escuela, el señor Salomone, de vos. Tu mamá venía a pedirnos que no te echáramos de la escuela; pero era un problema tenerte. No estudiabas ni dejabas estudiar” (El viejo maestro, 20 de Julio de 1930).

Pero además del bardo en la escuela, había un padre golpeador que lo atormentaba no solo física, a los cintazos por alguna macana que se mandaba el pibe, sino también psicológicamente, tal vez peor. Este suceso está bien relatado en una de sus celebres novelas Los siete locos.

Se inició en las lecturas de la manera en la que pudo. Tal vez por influencia materna, quien le recitaba versos de Dante. Así, se acerco a las bibliotecas de barrio, alguna que otra biblioteca anarquista, para iniciarse en la literatura y volverse autodidacta.

Colaboró en la prensa de izquierda en los agitados años que teñían la época de color rojo comunista, a partir del triunfo de la Revolución Rusa en Octubre de 1917. En esa época se desarrolla Roberto Arlt colaborando en Extrema Izquierda y Última Hora.

Corría la década del veinte cuando vio la luz su primera novela El juguete rabioso (1926), es una especie de autobiografía. El sueño de inventor, y el fracaso se retroalimentan. El inventor que fracasa vuelve a aparecer con la rosa de cobre en Los siete locos. Y tiene un fundamento en la realidad, el quería inventar algo que este a la altura de un Edison.

En El juguete rabioso aparecen los temas que recorrerán las Aguafuertes y toda su obra. La traición, el robo, problemas con la policía, la oscuridad, las pensiones, el sexo, el anarquismo, las fuerzas represivas… De cada uno de ellos saldrían nuevos motivos para su reflexión periodística a veces con el toque de ironía propio del lenguaje lunfardo, otras en tono “serio”, cuando el mismo dice que tiene que justificar su sueldo.

Por ejemplo, una que es una gran denuncia a la decadencia de los hospitales de la época. Arlt recorre los hospitales de la Capital con un medico amigo, recién recibido y sin autorización se meten a donde están los leprosos y tuberculosos para hacerles preguntas acerca del derrumbe de la institución y, por ende, de la decadencia de los mismos. Comenta que en un caso, los enfermos no quieren hablar. A las dos horas cuando se retiran, un grupo de tuberculosos los espera en el automóvil dispuestos a denunciar todo tipo de faltantes para la higiene personal, los enfermos aclaran que antes no habían hablado porque pensaban que los investigadores eran parte de la policía.

Arlt constata que las responsabilidades hacen el recorrido equivocado. Se acusa primero a los enfermeros, luego a los médicos y finalmente al director del hospital y concluye: “frente a un desquicio de tal magnitud no puede haber responsabilidades individuales, sino colectivos, es decir, que la Intendencia y a través de muchos años de indiferencia, es la única y exclusiva culpable de la terrible depresión económica que ha transformado a los hospitales en derruidas barracas de cemento, donde los enfermos quedan casi abandonados a los azares de la suerte” (¡Por fin se acuerdan de los hospitales! 17 de Julio de 1933).

¡Cuanta vigencia! Antes, durante y después del kirchnerismo la salud, como el resto de los servicios esenciales son, como casi todo en este mundo, una mercancía que se compra y se vende, de la cual el Estado capitalista es el principal mercenario. Lo comprobamos con cada muerte (evitable), sea por gripe A, sea por falta de insumos, por epidemias, por maltrato al personal en definitiva por el “desquicio” del Estado.

Con respecto a sus novelas Los siete locos (1929) y Los lanzallamas (1931), vale decir que son una locura. Pero prefiero recomendar esta nota, que describe muy la trama y que fue llevada a la pantalla de la Tv Pública durante el 2015 de la mano de Ricardo Piglia. Muy buena producción, por cierto.

Sin embargo, su última novela me hace acordar (seguramente a usted también) a alguna que otra situación de hipocresía, doble moral (burguesa) u otras por el estilo con respecto al amor. El amor brujo (1932) es el reflejo del amor no libre. Sino escondido, ocultado, “de trampa” (mayormente protagonizado por hombres que engañan a sus esposas y no le dicen que se van a ver con otra mujer en, por ejemplo, un telo. Pero es un “escándalo” si la mujer es quien toma la posta y se va “de trampa” a un telo, con el amigo del barrio o el esposo de la vecina…). En resumidas cuentas de eso se trata y de los fantasmas de la hipocresía.

De las obras de teatro, logró estrenar Trescientos millones (1932), Saverio el cruel y El fabricante de fantasmas (1936) entre otras.

Más allá de la rivalidad entre el grupo de Boedo, los escritores más arrabaleros, parte de los suburbios obreros de la época contra los de Florida, capitaneado por el nacionalista Lugones y luego por Borges (a propósito me pregunto ¿Qué hubiera dicho Arlt al ver a Borges (y Sábato) salir del almuerzo con Videla, bajo la dictadura militar de 1976 y decir que la dictadura era “un gobierno de caballeros”?). Decíamos que más allá de esa rivalidad, Arlt era de izquierda, no definidamente partidario (tuvo algún que otro encontronazo con el Partido Comunista Argentino) pero hacía aparecer al socialismo en su obra. Por ejemplo cuando el Astrólogo y Remo Erdosain van a Dock Sud a buscar dinero falsificado, dice que tal vez allí se encontró con el anarquista Severino Di Giovanni, con quien tiene un intercambio sobre bombas versus gases tóxicos para hacer la revolución. Como no hacerlo aparecer, si Arlt presenció su asesinato.

Luego del golpe de Uriburu, (6 de septiembre de 1930) Arlt deja ver la censura con un toque de ironía, se burla de la “revolución” y es escéptico de porvenir que le espera al país. Sin saberlo, anticipaba la década infame.

ARLT “2.0”

El escritor, ya reconocido del diario El Mundo, donde escribía diariamente sus Aguafuertes (no sólo porteñas sino también Cariocas y Madrileñas) da un paso más y toma partido por la militancia.
En 1932 funda con Elías Castelnuovo la Unión de Escritores Proletarios, donde se agruparán varios escritores y personalidades la cultura, con el apoyo de los comunistas. Fundan una revista llamada Actualidad y en uno de sus ejemplares se dejan ver los fundamentos de la nueva agrupación alrededor de tres puntos: 1) la defensa de la Unión Soviética, 2) la lucha contra la guerra imperialista y 3) la lucha contra el fascismo y el social-fascismo.

“Dos llamados: ¡Escritores de la Argentina! Adheríos a la Unión de Escritores Proletarios por la causa de los trabajadores. Colaborad en Actualidad según el programa arriba enunciado. ¡Corresponsales obreros de la Argentina! Vosotros sois la base de los futuros escritores proletarios. Vosotros, que formáis parte directa en la lucha en el campo, en la fábrica, la usina, el taller, el transporte, en los movimientos clasistas, esgrimid la pluma para contribuir al desenvolvimiento en la Argentina de la literatura proletaria. A vosotros también os ofrecemos las páginas de Actualidad.
Comisión provisoria organizadora de la Unión de Escritores Proletarios.
Elías Castelnuovo y Roberto Arlt”

En este medio reproducimos el llamado a los corresponsales obreros, como mejor homenaje a quien nos hizo soltar una y otra carcajada leyendo sus crónicas en el bondi. Me paso una y otra vez, y me tenté en leer en voz alta a toda la prole amontonada en el furgón del tren Belgrano norte, bajo una espesa nube de faso, a la hora pico. Sin más, que el mundo sea el que siga leyendo al vago y atorrante, pero siempre amigable Roberto Arlt.






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