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Rompamos con un sistema educativo al servicio del capital

Desde que somos niñes se nos obliga a seguir las pautas de un modelo educativo hecho a imagen y semejanza del sistema capitalista, un modelo que solo fomenta la exclusión y la opresión, que no nos incluye a la hora de tomar decisiones y que nos enseña a competir entre nosotres en vez de cooperar y ayudarnos.

Bie Rodríguez

Martes 27 de diciembre de 2022
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Estamos cansades de que no se tenga en cuenta lo que realmente necesitamos les alumnes y profesores. ¿Cuáles son los problemas de este modelo educativo de mierda y que es lo que necesitamos para que mejore?

Esta educación está planteada para formar a individuos sumisos, callados, sin pensamiento crítico ni capacidad de razonamiento. Un modelo educativo que condena al fracaso a quienes somos diferentes y premia a los que más cumplen con las demandas del capitalismo. Pero, ¿qué pasa si nosotres no queremos eso? ¿Y si, de una vez por todas, queremos tomar las riendas de nuestro futuro?

Les alumnes llevamos todo nuestro recorrido estudiantil escuchando las mismas normas. Desde las más simples como no poder ir al baño, no vestirnos como nosotres queramos, hasta las más represivas, no tener ni voz ni voto en lo que se da, no poder cuestionar la autoridad de los profesores, no tener derecho a organizarnos sin que se nos vigile continuamente, etc. Normas que nos cohíben, que no nos permiten cuestionarnos cosas, formarnos, ser otra cosa más allá de lo que este sistema podrido quiere que seamos.

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También les alumnes llevamos años quejándonos de que no sirve para nada lo que estudiamos ni cómo lo hacemos. Lo único que hacemos es memorizar y aprender los contenidos de una forma mecánica que no nos ayuda en nuestro futuro ni en nuestro desarrollo como personas. No se pone sobre la mesa temas de los que también necesitamos información, como la educación sexual, el aprender a ser adultas, el dar los contenidos de una forma motivadora y creativa, entusiasmar a les alumnes con los estudios, etc.

No se tienen en cuenta nuestras circunstancias psicológicas, familiares ni económicas y solo se nos ve como peones de un tablero cuyo fin está en la producción. Quieren que acabemos siendo máquinas de trabajo para los grandes capitalistas y nos condenan a un futuro de explotación, ansiedad y precariedad, sin tiempo libre y sin aprendizaje. Y, además, se nos pide que adoptemos una actitud pasiva. A lo largo de años de estudio interiorizamos una pasividad colectiva que se acaba convirtiendo en pasividad política, en la concepción de que “no hay otro camino más que este”.

¿Es esto realmente un problema del profesorado, o de un sistema que dictamina como tiene que ser la educación? Aunque se intenta que veamos a les profesores como nuestro enemigo, la realidad es que también son víctimas de este sistema de explotación y opresión. A elles también se les obliga a dar un temario a una velocidad inhumana, a ajustarse a temarios desactualizados, a imponer modelos de evaluación, a seguir los patrones de los de arriba, a tener una carga de trabajo inhumana, sueldos precarios, ratios inabarcables de alumnos, etc. Teniendo que cumplir con temarios imposibles, no pueden llevar a cabo actividades lúdicas, de aprendizaje alternativo ni debates sobre cuestiones de actualidad.

Les profesores, al tener estas condiciones en las que tienen que dar clase hasta a 40 alumnes con un montón de normas restrictivas, interiorizan este proceso mecanizado del trabajo y del estudio y no tienen recursos para realizar su trabajo de una forma mucho más creativa, personalizada e inclusiva, ni tiempo físico para poder preocuparse de sus alumnes como a muches seguro que les gustaría.

En estas condiciones en las que ni alumnes ni profesores pueden plantear qué y cómo estudiar, no es casualidad que en las aulas no haya formación sobre feminismo, sobre la comunidad LGTBI, sobre las personas neurodivergentes, sobre las personas racializadas, etc. Al capitalismo nunca le ha interesado que se hable e investigue sobre estos temas, ya que de cada opresión el capitalismo saca hasta la última gota de plusvalía. Ejemplos de esto los tenemos en la brecha salarial entre hombres y mujeres (que en España se sitúa en el 24%), en la tasa de paro de las personas trans (que llega al 85%), en la discriminación y explotación que las personas racializadas sufren en sus trabajos, en las inmensas dificultades que las personas neurodivergentes se encuentran a la hora de encontrar empleo e incluso de aprender en las aulas, etc.

Esta falta de formación en las aulas hace que estas personas no solo no se sientan incluidas y acaben en situaciones de riesgo en lugares que deberían ser seguros para elles, primero en los institutos y universidades, y más adelante en sus trabajos; sino que interiorizan una vida de marginalidad, opresión y explotación. Además, sigue favoreciendo a la pasividad generalizada de la que hablábamos, a la vez que despierta el odio hacia el sistema educativo, que suele combinarse con las frustraciones y problemas de cada alumne y que lleva a un “fracaso escolar” con el que se culpabiliza a les estudiantes, nunca al sistema educativo, y mucho menos en el capitalismo.

¿Es verdaderamente bueno que les alumnes y el profesorado no tengan ningún peso sobre lo que se estudia y cómo se estudia, cuando somos los que participamos en el propio modelo educativo de forma directa? Es imposible defender un modelo educativo en el que alumnes y profesores no tengamos ni voz ni voto en nuestro aprendizaje y nuestro futuro. Nunca se tiene en cuenta lo que pensamos ni lo que queremos estudiar. No es normal que la mayoría de estudiantes tengan ansiedad, depresión, agotamiento constante, falta de motivación y de aspiraciones, miedos sobre su futuro, y una gran cantidad de problemas, los cuales suelen ser incentivados por el sistema educativo y causados directamente por el sistema capitalista.

Tampoco es normal que les profesores no puedan innovar y enseñar de maneras que se alejen de lo convencional, y no es normal que tengan un temario completamente arcaico del que no se pueden salir e inspecciones que se aseguren de que se enseña efectivamente ese temario, con el objetivo de mantener una media de aprobados que dé prestigio al instituto, una concepción clasista completamente normalizada en nuestra sociedad. Da igual que aprendas, que estés a gusto, que te motive lo que estudias, solo importa los resultados que aportes.

Desde Contracorriente y Pan y Rosas luchamos desde la juventud junto a los compañeros trabajadores de la CRT para conseguir un nuevo modelo educativo que tenga en cuenta las necesidades de todes en las aulas, una enseñanza diversa con educación sexual, sin exámenes y que fomente el pensamiento crítico, y no el ser piezas en el modo de producción capitalista. Para conseguir esto tenemos que derrotar al capitalismo, no podemos seguir viviendo en un sistema que se basa en la explotación y la opresión de la clase trabajadora y todas las minorías sociales.
Necesitamos un cambio, y lo necesitamos ya.

Queremos una educación que nos motive, que nos dé ganas de estudiar y de disfrutar del aprendizaje, no de verlo como una carga. Queremos una educación pública y laica, sin personas en situaciones privilegiadas que puedan dominarnos. Queremos que las aulas sean seguras y lugares de discusión sobre los problemas de nuestro tiempo. Queremos decidir sobre nuestro futuro y tomar las riendas, empezando por cuestionar esta educación al servicio del capital.


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