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Rosario Ibarra: Luchadora irreductible por los desaparecidos

“¡Hasta encontrarlos! ¡Vivos los llevaron, vivos los queremos!” fue el grito de guerra que inició una nueva faceta de la lucha social organizada. Su impulsora Rosario Ibarra se ha ido, sin saber de su hijo, pero dejando un ejemplo de desafío y persistencia que hoy retoman otras “Doñas” que también buscan a sus familiares.

Raúl Dosta

Martes 19 de abril
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Este 16 de abril se fue una de las mujeres más queridas por quienes cuestionan y luchan contra las arbitrariedades que ha llevado adelante el régimen político mexicano, de un régimen cuya faceta histórica ha sido la represión de aquellos de las clases dominadas en el campo y la ciudad que osan defender sus derechos a la existencia misma. Que no vaciló en ordenar al ejército a asesinar a mansalva a cientos de manifestantes en 1968, ni a hacer una sangrienta guerra sucia con los sobrevivientes del 68 y 71 ni en orquestar la desaparición forzada de los 43 de Ayotzinapa en la que, como hoy es sabido, se coordinaron todas las instituciones armadas y policíacas.

Emparentada desde su propia familia con las ideas del marxismo ─sin llegar a ser militante en su juventud, ella misma relataba como casualmente escuchaba los círculos de lectura en que participaban sus hijos, continuidad de aquellos relatos militantes que su padre le hacía de pequeña─; la atrocidad del régimen priísta la lanzaría en 1975 a una lucha persistente ante la indiferencia de los gobiernos de Echeverría y de López Portillo y continuaría hasta nuestros días con la negativa a recibir personalmente la medalla Belisario Domínguez y endosársela a López Obrador, exigiendo a éste esclarecer las desapariciones llevadas a cabo durante décadas:

¿Cómo fui acercándome a ese camino? ¡Por un atajo! Lacerada por las espinas, soportando el dolor, las convicciones firmes de un desaparecido… de mi hijo desaparecido. Buscándolo en las tinieblas de cárceles clandestinas, encontré la luz del marxismo, el sol deslumbrante que trocó mi lucha individual, solitaria y angustiosa, en una lucha social, compartida y solidaria.

Y es que en aquellos aciagos días encontraría el apoyo de un naciente Partido Revolucionario de las y los Trabajadores (PRT) con el cual entablaría una relación política que respaldaría su activismo en la lucha por la recuperación de las víctimas de la guerra sucia del priato. Ante ese duro marco represivo, Rosario convocó a otras madres que, como ella, sufrían por la desaparición de sus hijos y así en 1977 integraron el Comité Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, más conocido como Comité ¡Eureka!, que organizó protestas, realizó huelgas de hambre, se apersonó ante altas figuras políticas y presentó denuncias en México y en foros internacionales.

El 28/08/78 el Comité ¡Eureka!, arropado por diversas organizaciones de izquierda a través de un “Consejo Político” realiza la primera huelga de hambre en la Catedral Metropolitana, en la Ciudad de México. Aunque las “Doñas” fueron desalojadas por la fuerza, el presidente José López Portillo anunció la ley de amnistía el 1/09/78, contestando así el reclamo principal de las “Doñas” en huelga de hambre. Su lucha serviría para que se pusiera en libertad a 1,500 presos políticos, permitiendo el regreso de 57 exiliados al país y el desistimiento de 2,000 órdenes de aprehensión.

Sin embargo, el Estado no daba su brazo a torcer pues los primeros beneficiados con la amnistía fueron presos y perseguidos, pero no desaparecidos. Por eso, la lucha por la presentación de los desaparecidos continuó con fuerza y no darle tregua a un régimen que quería doblegar a “Las Doñas” antes que admitir su política de guerra sucia.

Pero lejos de desalentarse, las doñas continuaron su lucha y se convirtieron en un símbolo para las organizaciones sindicales y políticas de izquierda. Ante la pseudo apertura política del régimen, que con la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procedimientos Electorales (LOPPE) intentaba atenuar la aplastante dominancia del PRI en las urnas ─pues llegó a perder legitimidad el proceso electoral cuando el PRI ganó las elecciones presidenciales de 1976 con un solo candidato en competencia─ proporcionando “facilidades” a los partidos pequeños, entre ellos los de la izquierda socialista, para aparecer en las boletas electorales. [1]

Así se abría espacio más para la lucha política, el cual podría ser aprovechado para la pelea por la presentación de los desaparecidos por el régimen. Esto ponía de relieve que Rosario Ibarra, se convirtiera en una figura digna de ser abanderada para una candidatura de izquierda y fuera lanzada por el PRT en 1982 y revalidada en 1988 junto a otras organizaciones en la coalición Unidad Popular.

1988 fue un año clave en la política nacional no solo porque el gobierno priísta tuviera que recurrir al fraude electoral para preservarse en el poder, sino porque éste fue provocado por la aparición de la “marea cardenista” que aglutinó el descontento social que, a pesar de la derrota de la movilización del “voto por voto casilla por casilla”, se ha seguido manifestando. Este justo sentimiento democrático, sin embargo, ha apoyado a personajes opositores que no llevarían una lucha hasta el final contra el régimen autoritario, de Cárdenas a Marcos y luego a López Obrador.

Pero en ese 1988, aunque Heberto Castillo ─candidato del Partido Mexicano Socialista, último reducto del stalinismo histórico y a la vez un rejunte con muchos de sus exmilitantes y otras fuerzas afines─ cedió ante la presión mediática de la marea cardenista declinando su candidatura en favor del hijo de “El Tata” Cárdenas, Rosario Ibarra se mantuvo firme con las banderas de la independencia de clase junto al PRT, el POS y otros pequeños de la izquierda no stalinista.

“La razón de ser del marxismo”

El nexo con el PRT fue especial, muy entreverado. Como dice Edgar Sánchez dirigente de dicho partido al ser entrevistado para La Jornada: “Dejó de ser solamente defensora de derechos humanos para convertirse en una política revolucionaria, radical” relatando que entre los trotskistas universitarios y “La Doña” se estableció “una línea radical constante que nos llevaba a coincidir”, aunque es importante considerar que dicha coincidencia no se cristalizaría en un compromiso militante con el partido que le dio cobijo.

Y así, compartir la lucha por su hijo y los demás desaparecido y las campañas electorales llevaban a compaginar las experiencias de las luchas en el ámbito de los derechos humanos con las de decenas de militantes del movimiento trotskista. Por ello, en ocasión de conmemorar el 50 aniversario de la fundación de la IV, intervino en un foro celebrado en EE UU, con dos sendos discursos, uno dando un informe de su participación en las elecciones de ese año y el otro, un breve discurso acerca de los lazos indisolubles que forjan los revolucionarios a través de las luchas reivindicando a quienes luchaban en diferentes trincheras en aquellos días. De este último, extractamos lo siguiente:

“La lucha por la libertad de mi hijo, la lucha por la liberación de mi país, es la misma que la lucha por la emancipación de la clase obrera ─esto es, mi hijo y muchos otros fueron a prisión por pelear por una vida decente, por una casa, por un futuro, por la dignidad del pueblo de México (…) Esto es por lo que estoy aquí Porque ustedes están en lucha aquí (en EE UU) y con todos aquellos que luchan por todos lados. Estamos peleando con nuestros hermanos en Nicaragua; estamos peleando con nuestros hermanos en el Salvador; estamos peleando con aquellos que luchan en todas partes del mundo (…) traigo calurosos saludos de las Madres de Desaparecidos en México. ¡Viva la Cuarta Internacional! ¡Viva la Revolución Socialista! [2]

Hubo un tiempo, en los 80’s, en que el periódico El Universal quiso vestirse con las ropas “aperturistas” del régimen priísta y estableció como costumbre publicar una columna semanal por cada partido con registro. A partir de entonces, Rosario escribió sobrediversos temas; dicho hizo un breve recuento: “La razón de ser del marxismo”, “Viva Cucutac” (refiriéndose al Comité Unión de Colonos Urbanos de Tijuana, A.C.), “Por la unidad obrera y campesina” (en relación a la ya histórica lucha de las comunidades triquis, en Oaxaca). De éstas nos detendremos un poco en “la razón de ser del marxismo”:

¿Qué es ser marxista? En una reunión un tanto informal a la que asistí y en la que había muchos jóvenes, se hacía esta pregunta y a la que uno de ellos contestó: “Ser marxista implica lealtad y consecuencia con la causa proletaria, con la causa de la revolución socialista. ¡Ese es el Marx que algunos olvidan mencionar! El marxismo no solo para conocer la realidad, sino para cambiarla; el marxismo como guía para la acción revolucionaria; el marxismo que reivindica la lucha de clases y subordina a ella toda práctica política”. Y después de algunos diálogos más sobre las luchas revolucionarias en Centroamérica pasaba al meollo del asunto...

“¿Y los trabajadores, muchos de los cuales no saben leer? Los obreros, a los que con esta crisis no les alcanza para comer, menos para comprar libros o periódicos… todos los que venden su fuerza de trabajo ¿no pueden ser marxistas? ¡Qué te pasa! ¡Ellos son la esencia del marxismo! Ellos son su inspiración y vida; ellos y sus luchas son la fuente generosa y eterna que nutre al marxismo… Ellos nos llevarán a la conquista del poder político, a la expropiación de los expropiadores… y finalizaba con una aclaración “pertinente” que avizoraba la tendencia a la adaptación de las izquierdas al periodo de baja subjetividad que permeaba en el mundo a fines de los ochentas...

Y del otro lado, los estudiosos de Marx, los eruditos, los académicos ¿ellos sí son marxista? También son marxistas, siempre y cuando no quieran hacer del marxismo un mero conocimiento científico que en sí lo es, pero al quitársele su carácter revolucionario, subversivo, diría también… se le quiere convertir en algo “respetable”, en algo que pueda ser aceptado por la sociedad burguesa.

Como la misma “Doña” decía, los lazos indisolubles que forjan los revolucionarios en las luchas que comparten, en el caso de Rosario Ibarra van mucho más allá del papel con que los viejos políticos del régimen quisieran enclaustrarla, como una madre responsable abnegada y que responde por su hijo hasta el último aliento de su existencia independientemente si cometió un delito o se lo fabricaron, como a los cientos de desaparecidos, desde la guerra sucia de los setentas hasta la “verdad histórica” que aún pesa sobre los 43 de Ayotzinapa. [3]

Como es sabido, Rosario Ibarra fue candidata por la coalición encabezada por Lopez Obrador en el 2006 y se convirtió en senadora por el PT. La discusión que podamos establecer con esas decisiones, no puede empañar el reconocimiento a una trayectoria de vida y de lucha democrática.

Rosario Ibarra está más allá de cualquier suerte de pseudo homenaje que se le quiera hacer desde las alturas gubernamentales. Luchó irreductiblemente por su hijo y murió sin obtener respuesta de cada uno de los gobernantes ante los que se plantó valientemente exigiendo justicia. Y esa vida de lucha nos dejó un gran ejemplo a los que hoy toman el sendero de la lucha contra las injusticias y miseria de la explotación de los capitalistas nacionales y extranjeros y los abusos criminales de sus funcionarios de ocasión.

“¡Hasta encontrarlos! ¡Vivos los llevaron, vivos los queremos!”; “¡Rosario vive, la lucha sigue!”

Con infromación obtenida de Bulletin In Defense of Marxism, Bandera Socialista, La Jornada, El Universal.


[1Además de que predominaban en gran medida las prácticas fascinerosas priístas como robos de urnas, asesinatos políticos y la proscripción de las organizaciones socialistas y comunistas, los “partidos satélites” (PARM, PPS) terminaban votando por los candidatos priistas, lo cual llevó al partido en el poder a plantearse una reforma política.

[2Extractos del discurso pronunciado en Nueva York en un acto por los 50 años de la fundación de la Cuarta Internacional, tomado de Rosario Ibarra, “Revolutionaries Forge Indissoluble Links Through Struggle”, Bulletin In Defense of Marxism No. 58, Nueva York, diciembre de 1988, pág. 10

[3Por ello resulta indignante la dedicatoria de AMLO en “la mañanera” hace a la recién fallecida calificándola de “heroína” al tiempo que pide que se reproduzca “en su honor” una canción de Rubén Blades (Amor y control) en la que se expresa el incondicional apoyo paterno al hijo a pesar de ser un descarriado, (la letra dice: “"aunque tú seas un ladrón y aunque no tienes razón yo tengo el deber de socorrerte”). Más claro ni el agua, la dedicatoria expresa el intento de edulcorar la lucha de Rosario, y a la par rebajar la lucha de una generación en los 70 que ─más allá de las diferencias políticas y estratégicas que podamos tener los trotskistas─ buscó enfrentar la dominación capitalista y al régimen autoritario que la sustentó, y termina avalando los argumentos de quienes los condenaron a la desaparición forzada como fue el caso de Jesús, hijo de Rosario Ibarra.



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