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Segundo día de protestas en Afganistán contra el régimen Talibán

Los Talibán anunciaron un toque de queda en la ciudad de Khost luego de las protestas que ya se extendieron hasta Kabul, la capital del país.

Santiago Montag

@SalvadorSoler10

Jueves 19 de agosto | 22:01

LOUIZA VRADI

Este lunes los Talibán entraron a Kabul, la capital afgana, mientras el ejército de ocupación estadounidense se retiraba del país en completo desorden.

Pero a diferencia del presidente afgano Ashraf Ghani que huyó al extranjero y del ejército entrenado y pertrechado por EE.UU. que se rindió sin luchar, hay sectores que resisten el retorno del Talibán al poder y la imposición del Emirato Islámico de Afganistán.

El miércoles, combatientes talibanes dispararon contra manifestantes que ondeaban banderas afganas en Jalalabad, en la provincia de Paktia, al este del país. La bandera negra, verde y roja fue reemplazada por una blanca con inscripciones islámicas que representan al Emirato. Según testigos y medios de comunicación el saldo fueron 3 muertos.

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Este jueves el país celebra su independencia del Reino Unido lograda en 1919. Según un testigo citado por la agencia Reuters, varias personas murieron en la ciudad oriental de Asadabad cuando combatientes Talibán dispararon contra las personas que ondeaban la bandera nacional en una marcha. No esta claro si las víctimas fueron por los disparos o por laestampida que provocaron, según el testigo, Mohammed Salim, citado por la agencia de noticias.

Un video que se difundió por redes sociales muestra a una multitud de hombres y mujeres en Kabul ondeando las enseñas nacionales tricolores al grito de “Nuestra bandera, nuestra identidad”. Las marchas llegaron hasta las cercanías del palacio presidencial y, según The New York Times, fueron reprimidas violentamente.

Todo esto constituye un desafío importante al régimen, que se produjo sólo un día después de que estallara la violencia en las protestas de otras dos ciudades, con miembros talibanes disparando a la multitud y golpeando a los manifestantes. Una clara muestra de que no son un gobierno bienvenido y que el apoyo popular no parece ser el que se atribuyen.

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Gobernar un país en esas condiciones será difícil para los Talibán. Incluso teniendo en cuenta que un sector del gobierno derrocado abrió un diálogo para participar de un posible gobierno de coalición, entre ellos dos figuras muy importantes de la política afgana como el ex presidente Hamid Karzai y Abdullah Abdullah. Ocuparon ministerios intentando dar una señal de que es posible alcanzar la estabilidad, pero las calles parecen decir otra cosa.

El primer vicepresidente, Amrullah Saleh, que está tratando de juntar una oposición a los talibanes, expresó su apoyo a las protestas. “Saludo a quienes portan la bandera nacional y así defienden la dignidad de la nación”, escribió en Twitter.

Ahmad Massoud, hijo del asesinado líder antitalibán Ahmad Shah Massoud y líder del Frente de Resistencia Nacional de Afganistán pidió apoyo occidental para luchar contra los talibanes. Paradójicamente, lo hizo desde las páginas del Washington Post, uno de los diarios más influyentes de EE. UU. Massoud se encuentra en el valle de Panjshir, al noreste de Kabul, uno de los pocos territorios que aún no cayó bajo dominio Talibán.

Cínicamente los ministros de Relaciones Exteriores del G-7 pidieron una respuesta internacional unificada para impedir que la crisis siga escalando, en comentarios de los que se hicieron eco países como Rusia. En su momento la “respuesta internacional” fue la invasión del imperialismo yanqui que desembocó en 20 años de ocupación y que terminó en la situación actual.

Por su lado China dijo que el mundo debería respaldar, y no presionar, a Afganistán. Es que la burocracia del PCCh quiere hacer negocios y preservar las condiciones para su expansión política en Asia y no le importa hacerlo a través de una alianza con el grupo fundamentalista. Por supuesto, debe disfrazar sus intenciones de preocupación por la paz en la región y las condiciones de vida del pueblo afgano.

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Para sumar a todo este caos, el régimen perdió el financiamiento del FMI y las donaciones internacionales de 60 países que alcanzan los 12 mil millones de dólares. ¿Cuánto tardará la población que ya se encuentra en crisis humanitaria, alimentaria y soportando una profunda sequía en comenzar una revuelta de hambre y sed?

El panorama es sombrío para el pueblo afgano pero el escenario sigue abierto. La salida difícilmente vendrá de una “respuesta internacional unificada” que puede ser identificada más como una causa. La única respuesta internacional que puede servir al pueblo afgano es la solidaridad de sus aliados regionales, como las mujeres iraníes que se movilizaron en protesta contra el Talibán o la juventud palestina que se levantó contra la brutalidad del estado sionista de Israel.

Esto abre una posibilidad de salida que no dependa de los intereses del imperialismo yanqui, ni de la intervención China y que permita evitar la catástrofe en Afganistán.






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