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Teoría crip, signos culturales de lo queer y de la discapacidad

Con una traducción clara y fluida de Javier Sáez -que nos está acercando a algunas de las mejores obras de la reciente teoría o teorías queer- llega un libro ya imprescindible como “Teoría crip” del profesor de estudios queer y discapacidad Robert McCruer donde entrelaza, de forma nada arbitraria, las opresiones que, de forma interseccional, nos acercan a otros grupos señalados o invisibilizados por los regímenes de la “normalidad”.

Eduardo Nabal

Burgos | @eduardonabal

Martes 6 de julio

Amplio pero ameno el libro de Cruer nos acerca al poco conocido activismo de las llamadas “personas discapacitadas” contra las barreras reales y simbólicas en los centros de trabajo y estudio y como se han vivido las experiencias de la raza, la seropositividad, las sexualidades no heteronormativas y la exclusión social desde cuerpos marcados o mentes estigmatizadas como pertenecientes a “enfermos” o “tullidos”.

Con numerosos ejemplos de la cultura popular (con películas de Hollywood y otras independientes) y series de televisión McCrue desenmascara los intereses capitalistas que se esconden tras ese aparente rasgo normalizador de la disidencia sexual y tras la negación de las subjetividades de las personas con diversidad funcional. De la “piedad peligrosa” al “exotismo folclórico” hasta llegar al empoderamiento las representaciones icónicas nunca han sido inocentes.

Enfermedades como el VIH, la ausencia de recursos para la accesibilidad, el saber y la prepotencia médicas, la negación de una sexualidad plena para las personas ya llamadas “crip” nos pone frente a dispositivos de saber y poder que solo pueden ser cuestionados, cuestionándonos nuestra propia posición frente a la marca de la regulación, con exponentes como el “matrimonio igualitario”, la mirada piadosa o, como hemos visto recientemente por estos lares, cierta resistencia a la ruptura de los binarismos no sólo de género sino también corporales, entre lo normal y lo anormal.

Un libro que se lee con fruición, que retoma el trabajo teórico de gente como Sedgwick que desde su enfermedad no dejó de publicar los airados relatos de un alumno gay, discapacitado y seropositivo o la herencia feminista de la reivindicación de las subjetividades negadas por el heteropatriarcado y las fuerzas parapoliciales de “lo normal”.






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