SUPLEMENTO

Trabajadoras en primera línea, feministas anticapitalistas contra la guerra

Cynthia Luz Burgueño

Trabajadoras en primera línea, feministas anticapitalistas contra la guerra

Cynthia Luz Burgueño

Intervención en un acto de Pan y Rosas realizado en Barcelona junto a colectivos de trabajadoras que han estado al frente de las principales huelgas y protestas

Este artículo refleja mi intervención en un acto de Pan y Rosas realizado en Barcelona junto a colectivos de trabajadoras que han estado al frente de las principales huelgas y protestas. Debatimos cómo luchar contra el feminismo institucional, sus leyes de extranjería, reformas laborales y un “No a la guerra, ni Putin ni OTAN”. Sobre el legado de las feministas internacionalistas revolucionarias que declararon “guerra a la guerra” imperialista y la organización de las mujeres trabajadoras.

Este 8 de marzo se da en un contexto mundial complejo. Hoy todas estamos impactadas por las imágenes más de 700.000 personas ucranianas refugiadas y desplazadas, la mayoría mujeres y niños. Las mujeres volveremos a las calles, entre las consecuencias de la pandemia, los estruendos de las bombas del gobierno ruso contra el pueblo ucraniano y los tambores de guerra resonando tras el rearme de los países imperialistas de la OTAN.

Las trabajadoras, jóvenes, migrantes y precarias, seguiremos en primera línea contra las múltiples violencias, la precariedad que seguiremos sufriendo con la no tan nueva reforma laboral, contra el racismo institucional de las tampoco derogadas leyes de extranjería. Y también contra una guerra que ya está provocando nuevos padecimientos para la mayoría de las mujeres y las clases oprimidas y explotadas.

En Barcelona, este 8 de marzo las compañeras de Pan y Rosas tuvimos el orgullo de compartir un acto con las trabajadoras organizadas, que vienen protagonizando huelgas y protestas. Como las de la gran fábrica automotriz SEAT, las mujeres migrantes del Sindicato del Hogar que luchan contra el racismo institucional, las de CGT Ensenyament y del Lleure que vienen protagonizando importantes huelgas y movilizaciones o las del Sindicato SAD contra las externalizaciones en las puertas de los ministerios y ayuntamientos que subcontratan tareas esenciales.

Si la pandemia mundial develó crudamente todos los agravios del sistema patriarcal y capitalista, las consecuencias de una guerra, tal como ya lo estamos viendo en Ucrania, muestra la barbarie a la que nos puede llevar este sistema, tan irracional como destructor. Porque es irracional la rapidez con la que los gobiernos imperialistas solventan millones de euros para armas, pero durante la pandemia tardaron dos años en financiar vacunas. O en el Estado español no había hospitales públicos suficientes, morían enfermos por falta de respiradores y la clase trabajadora no tenía ni EPIs.

Nosotras, las trabajadoras, tenemos muy claro quiénes son las y los responsables políticos de nuestra situación. Hoy la reforma laboral, aplaudida por la CEOE pero rechazada por los colectivos de trabajadoras en lucha, tiene la firma de la ministra “feminista” de trabajo, Yolanda Díaz. La misma que no tardó en dar “todo su apoyo” a la intervención militar de la OTAN en Ucrania. Su feminismo se nutre de las políticas neoliberales, del lado de la CEOE y el imperialismo guerrerista. “No es nuestra reforma laboral”, decían las trabajadoras del SAD. Tampoco es nuestro feminismo, ni el de las ministras del PSOE, ni las de Unidas Podemos que como toda la izquierda reformista y el progresismo europeo se alinean detrás de sus propios gobiernos imperialistas, bajo el hipócrita discurso de “defensa de Ucrania” de parte de la “Europa democrática”, aplicando sanciones económicas que afectarán especialmente a las masas oprimidas de Rusia. Por ello, no es nuestra guerra.

Hoy estamos compartiendo una mesa con mujeres que supieron transformar sus sentimientos de dolor y rabia, en organización y lucha combativa contra todas las opresiones. Con ellas venimos peleando en común, contra el feminismo institucional que dice que la precariedad no tiene nada que ver con la lucha feminista y que la huelgas no sirven para nada. Juntas, este 8M haremos un bloque feminista de clase y combativo para decir: NO a estas reformas laborales, NO a la ley de extranjería, NO la la LGTBI fobia, no a la violencia sexual y de género. No a la extrema derecha xenófoba y racista. Y también NO A LA GUERRA, no a esta barbarie que reproducirá por millones, los agravios que sufrimos día a día. Porque para nosotras, ser feministas anticapitalistas, antirracistas e internacionalistas es también ser antiimperialista.

Lo sindical es político: “Si continuamos externalizadas, no es nuestra reforma laboral”

Las trabajadoras del SAD de Barcelona, en la jornada estatal de lucha decían, “Nuestras compañeras han acampado 26 días frente al Ministerio de Trabajo, ni una ministra se ha acercado. Si una reforma laboral legitima que las trabajadoras continuemos externalizadas, no es nuestra reforma laboral”.

Las experiencias de las trabajadoras han ido achicando el puente entre lo sindical y lo político. Muchas han expuesto decididamente en sus reivindicaciones quiénes son las y los responsables políticos de su situación de precariedad: gobiernos, central y autonómicos, Ayuntamientos -de partidos de derechas y los del “cambio”-, ministerios y ministros han tomado durante décadas la decisión política de que las perniciosas reformas laborales y los recortes en educación recaerían en la clase trabajadora y que las consecuencias serían aún peor para los sectores precarios, altamente feminizados.

Y así fueron develando el matrimonio entre instituciones y patronales. Como las trabajadoras del SAD en su lucha contra la externalización de servicios públicos esenciales, que denuncian que son los Ayuntamientos los que contratan y hacen grandes negociados con las empresas privadas. O las trabajadoras más precarias de la educación, -monitoras, extraescolares o talleristas- que son los gobiernos los que deberían considerarlas parte del personal educativo y contratarlas de forma directa, siendo que representan el 50 por ciento del personal de los centros públicos.

Por tanto, también las trabajadoras organizadas tomaron la decisión política de luchar contra un feminismo institucional que revive las leyes laborales del PP, difrazándolas de discursos “progre”.

La lucha contra la precariedad laboral ha sido bandera de las mujeres trabajadoras desde hace décadas, cruzada con la lucha contra el racismo institucional y sus leyes de extranjería. Siempre invisibilizadas, hasta que las luces violetas del movimiento feminista enfocaron sus huelgas y procesos de autoorganización sobre el escenario de la lucha de clases.

Decíamos que la pandemia dejó en evidencia todos los agravios que se intensificaron de manera fulminante: despidos masivos, aumento de la precariedad y la explotación, crisis de los cuidados. Pero ‘las esenciales’ volvieron a la “primera línea” e importantes franjas de trabajadoras, consideradas ‘esenciales’, comenzaron a autorreconocerse como sujetos motores de transformación de sus condiciones laborales y de vida. Se fue dando una especie de renovación de las organizaciones sindicales, con nuevos rostros de mujer en cada conflicto y procesos de organización. Hoy, este acto es reflejo de estos procesos y es un orgullo para Pan y Rosas estar con estas trabajadoras, porque nuestro feminismo es un feminismo de clase.

“Guerra a la guerra”: el legado de las socialistas revolucionarias e internacionalistas

Estamos viviendo acontecimientos propios de una etapa de crisis y de guerras. Lo que también puede traer grandes manifestaciones, huelgas y situaciones revolucionarias en respuestas a padecimientos desgarradores de las clases trabajadoras y populares.

Por eso queremos retomar la tradición de las grandes revolucionarias marxistas, cuando las socialistas internacionalistas, Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, en todo el contexto de la Primera Guerra Mundial, fueron las primeras en “declararle la guerra a la guerra”, en un contexto en el cual las mujeres entraban a trabajar a las fábricas para suplir a los hombres que se encontraban al frente. No obstante, aunque accedieron como nunca antes en el mundo laboral productivo, la situación de las mujeres durante fue muy dura: largas jornadas de trabajo que se prolongaban en los hogares agravaron la salud de las mujeres, aumentaron los índices de mortalidad, empeoramiento de las condiciones de vida por la inflación, la escasez y la miseria. Todo esto conllevó muchas protestas y manifestaciones por parte de mujeres obreras.

Durante la Conferencia de Berna, la III Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas de 1915 que convocó Clara Zetkin, se debatió sobre el levantamiento de las trabajadoras contra la guerra en los principales países y sacaron conclusiones de estas luchas para enfrentar la guerra mundial. Participaron 70 delegadas de 8 países. La resolución adoptada por esta conferencia condenó la guerra imperialista, bajo la consigna de “guerra a la guerra”. Posteriormente Clara Zetkin es expulsada del Partido Socialdemócrata Alemán y junto con otras 20.000 militantes formó un grupo que se opuso a la línea mayoritaria de la Socialdemocracia Alemana, que se había aliado con sus respectivas burguesías nacionales, votando los créditos de guerra y llevando a toda la clase trabajadora bajo su dirección a una guerra fratricida por intereses imperialistas. Las socialistas revolucionarias rompieron totalmente con la II Internacional, y posteriormente Clara Zetkin fue una de las delegadas de la III Internacional fundada por Lenin.

La propuesta de un día internacional de las mujeres: después de la guerra, la revolución

Como mujeres que luchamos por la revolución, también retomamos la tradición de las grandes revolucionarias marxistas como Clara Zetkin, Inessa Armand o Alejandra Kollontai, pioneras en organizar a las mujeres trabajadoras.

Fueron ellas quienes, en de 1910 en la Segunda de las Conferencias Internacionales de Mujeres Socialistas, que reunía a centenares de delegadas de toda Europa, la revolucionaria rusa Clara Zetkin propuso un día en homenaje a las mujeres trabajadoras que habían dado su vida por exigir mejores condicionales laborales. No se afirmó a que tenga que ser el 8 de marzo, cada país debía elegir la fecha que querían. Los años siguientes, el Día Internacional de las Mujeres se celebró, en diversos países, pero en distintas fechas. Recién en 1914, las socialistas alemanas, rusas y suecas coincidieron en conmemorarlo el 8 de marzo. Esa fecha fue, finalmente, la que quedó fijada en la historia como el Día Internacional de las Mujeres, porque el 8 de marzo de 1917 (23 de febrero en el antiguo calendario ruso), las trabajadoras rusas conmemoraron su día, en medio de la Primera Guerra Mundial, con manifestaciones, huelgas y motines por el pan, por la paz y contra el régimen zarista: una chispa que dio inicio a la revolución rusa.

Retomando este legado, será con las mujeres trabajadoras que construiremos nuestro feminismo, junto a la juventud combativa. Y seguiremos apostando para que sean las trabajadoras las que, junto a sus compañeros, puedan recuperar los sindicatos revolucionándolos de abajo hacia arriba o crear nuevas organizaciones sindicales democráticas, que sirvan como verdaderas herramientas eficaces para derrotar los planes de los capitalistas. Y, de este modo, lograr romper la división de las filas de la clase trabajadora -fragmentada en múltiples categorías- atada de pies y manos por las direcciones sindicales burocráticas. A la vez, tejer alianzas con el conjunto de la clase trabajadora, para crear hegemonía obrera y popular de todos los sectores de trabajadores y trabajadoras esenciales y estratégicos de la producción como el agrícola, el de la logística, las fábricas alimenticias, los supermercados, los camioneros que llevan los alimentos a los mercados, de todo el sistema sanitario.

Primera línea contra la crisis pospandémica, feministas contra la guerra frente a la barbarie imperialista

Hoy, como Pan y Rosas, este 8M saldremos a gritar también No a la GUERRA. Porque como feministas anticapitalistas, creemos que toda posición de izquierda o antiimperialista debe repudiar esta ocupación del gobierno autocrático, de derecha y lgtbifóbico de Putin y reclamar el retiro inmediato de las fuerzas militares rusas de todo el territorio ucraniano. Nuestra posición es independiente del gobierno proimperialista de Zelensky y de las distintas fuerzas nacionalistas reaccionarias, subordinadas a las potencias de la OTAN, los países imperialistas de Europa y Estados Unidos. Contra los distintos nacionalismos reaccionarios y contra el imperialismo, en defensa de todos los pueblos oprimidos y sus derechos nacionales, es imprescindible el desarrollo de la unidad internacional de la clase trabajadora.
Las feministas debemos también ser parte de un gran movimiento en todo el mundo contra la guerra actual. Los tiempos se están acelerando. Nos tuvieron en primera línea contra la precariedad, contra la explotación, contra las reformas neoliberales y el racismo institucional de este gobierno progresista. Nos tuvieron y nos seguirán teniendo. También contra la guerra y este gobierno español imperialista


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Cynthia Luz Burgueño

Barcelona | @LubCynthia
Doctora en Historia en la Universidad de Barcelona (UB), especializada en clase trabajadora durante el franquismo y la Transición. Escribe sobre marxismo y lucha de clases, género y clase, precariedad y feminización del trabajo. Ha sido curadora de la exposición «Las Kellys. Lucha de mujeres en la Barcelona precaria», en La Virreina-Centre de la Imatge. Es coautora del libro «Patriarcado y Capitalismo. Feminismo, clase y diversidad» (AKAL), 2019. Comité Editorial de IzquierdaDiario.es. y escribe en ’Contrapunto’.
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