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Tras la abstención récord en las elecciones la juventud puede construir una respuesta desde abajo contra Macron

Traducción de Révolution Permanente. Con más del 40% de abstención en la primera y segunda vuelta, los jóvenes de 18 a 24 años fueron el sector que más rechazó las elecciones presidenciales. Como continuidad de las elecciones anteriores, los jóvenes desconfían cada vez más de las instituciones y del futuro que les depara la clase política. Una ira que puede ayudar a construir una respuesta desde abajo contra Macron, lejos de la ilusión ante las próximas elecciones legislativas.

Révolution Permanente

Domingo 1ro de mayo
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@revolutionpermanente

Este artículo es una traducción especial de nuestro suplemento a una nota publicada originalmente en Révolution Permanente (parte de la Red Internacional de la Izquierda Diario) por nuestros compañeros de la agrupación estudiantil francesa Poing Levé.

La abstención: primera candidata de los jóvenes por delante de Jean-Luc Mélenchon

Con 26% en la primera vuelta y 28% en la segunda, las elecciones presidenciales en Francia mostraron un aumento de la abstención en toda la población. Un récord desde las elecciones de 1969, que fue marcada por la crisis abierta por el Mayo Francés en 1968. Los jóvenes no se quedan afuera. Este domingo, el 41% de los jóvenes de 18 a 24 años se abstuvieron de votar entre Marine Le Pen y Emmanuel Macron. Una tasa similar a la de la primera vuelta, donde la misma categoría de edad se abstuvo con un 42% según una encuesta de Ipsos-Sopra Steria.

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Si bien en las últimas elecciones también se vió una desconfianza importante de los jóvenes frente a las instituciones, con una abstención que ascendió al 60% en las municipales de 2020 y 87% en las regionales de la primavera de 2021, ahora nos encontramos con un aumento de diez puntos porcentuales con respecto a las elecciones presidenciales de 2017, donde la abstención suele ser más baja, mostrando así un salto cualitativo en la profundización de la crisis institucional.

Al mismo tiempo, poco más de un tercio de los jóvenes votaron por Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa (LFI). Si bien la proporción de votantes de LFI que adhieren al programa del “Futuro en Común” varía según las encuestas realizadas, lo cierto es que la papeleta en las urnas a favor de Mélenchon expresó un rechazo a las políticas neoliberales del presidente saliente y una aspiración a una izquierda renovada y disruptiva. Entre los jóvenes votantes de Mélenchon, casi la mitad se abstuvo en la segunda vuelta al rechazar el dilema entre Le Pen y Macron, de una forma más radical que la que defendía el candidato de LFI al final de la primera vuelta con su lema "ni una voz para Marine Le Pen". Esta bronca también se expresó en el campo de la movilización, con las ocupaciones y el bloqueo de los estudiantes secundarios, luego de la manifestación entre las dos torres, donde sí estaban presentes los votantes de Mélenchon.

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Los jóvenes: punta de lanza de la bronca contra Macrón

Ya sea a través de la abstención o del voto a Mélenchon, los jóvenes han rechazado abrumadoramente la dinámica derechista del campo político, en gran parte construida y mantenida por Macron a lo largo de su primer mandato. En particular, la abstención fue utilizada como señal de protesta, no sólo contra la oferta política sino más profundamente contra el juego electoral.

Por eso las clases dominantes intentan desacreditar esta realidad. En junio de 2021, el caricaturista Plantu dibujó a una pareja de jóvenes abstencionistas para retratar a una juventud ignorante y despolitizada en la mañana de las elecciones regionales. Durante el periodo entre las dos elecciones, la polémica sobre los daños causados a la Sorbona y la represión administrativa y policial también tenían como objetivo estigmatizar a los jóvenes que se negaban a aceptar la disyuntiva entre Macron y Le Pen.

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Pero detrás de las polémicas sobre la abstención, este fenómeno preocupa seriamente al gobierno, consciente de la politización que expresa entre los menores de 25 años. En las columnas de Le Monde con motivo de una charla del 23 de junio, Laurent Lardeux explicaba lo siguiente: "Hay dos tendencias que se cruzan y que observamos sobre la relación de los jóvenes con la democracia: una desafección significativa con respecto a la política tradicional y las instituciones de la vida democrática por un lado, y una demanda cada vez más fuerte de las nuevas generaciones de participar más directamente en la vida de la ciudad por el otro” .

En otras palabras, no sólo es cada vez menos probable que las elecciones atraigan el apoyo de los jóvenes (lo que representa una fuente de desestabilización) sino que este sector está recurriendo a modos de acción alternativos al voto. "Lo que hemos visto crecer en los últimos años es la abstención intermitente [el hecho de no ir a votar sistemáticamente], que es una abstención de protesta, de carácter político. Es una forma de expresar un malestar", resume Julia Lemarchand, de Les Echos Start.

Al mismo tiempo, se está produciendo un proceso de politización en la juventud.
Según el Instituto Nacional de la Juventud y la Educación Popular, uno de cada dos jóvenes participó de una asociación, un partido o un sindicato en 2021. Esta proporción ha ido en aumento durante los últimos cinco años, y coincide no sólo con la pandemia, en la que la solidaridad alimentaria estalló junto con la precariedad y la angustia extremas, sino también con los años del quinquenio de Macron en los que se han multiplicado los ataques a los estudiantes y a las clases trabajadoras.

Este fenómeno va acompañado de una radicalización de las ideas y de los modos de acción, ligada a la violencia de los atentados y a "un sentimiento de urgencia", según Julia Lemarchand. Esto es suficiente para preocupar a Emmanuel Macron, quien dijo a los jóvenes que dirijan la revolución a través de las urnas en el canal de Youtube de Hugo Decrypte: "Si no les gusta el sistema en el que vivimos, cámbienlo. Pero si deciden no votar, deciden no cambiarlo.”

Apenas reelegido, él y su entorno son conscientes de que lo peor está por llegar: "Ser elegido por defecto es un peligro. Hay que conseguir un mandato, ser elegido por un proyecto, por deseo", explicó a sus allegados el pasado mes de marzo, según Le Canard Enchaîné. "Los jóvenes son un lente de aumento de lo que observamos en otros lugares sobre las prácticas de la ciudadanía", resume Laurent Lardeux.

En este sentido, la ira expresada en las ocupaciones estudiantiles y los bloqueos de colegios en torno al falso dilema entre Le Pen y Macron constituye un punto avanzado en el debilitamiento más general del frente republicano. Y con el 58% de los votos emitidos -el 38% de los inscritos en las listas electorales- el desafío de las clases dominantes es canalizar la bronca de la juventud que se hace eco del de toda la población.

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En los próximos 5 años hay que romper con todas las ilusiones institucionales

Ante esta tendencia de politización y radicalización, que seguramente continuará en los 5 próximos años de mandato de Macrón, se enfrentan dos perspectivas que reactivan el debate entre reforma y revolución. Por un lado, el de una tercera vuelta electoral con las elecciones legislativas del 12 y 19 de junio. Por otra parte, la de un tercer turno social en las calles, para realmente cambiar todo el sistema y dar respuesta a las aspiraciones que se expresan.

En efecto, sobre todo del lado de La France Insoumise, la estrategia de la tercera vuelta electoral está claramente en marcha y podría ayudar a canalizar la bronca de los jóvenes a través del canal institucional, aunque la movilización ya empezó a expresarse en las calles. Mientras que el 34,8% de los menores de 25 años votaron a Mélenchon en la primera vuelta, el objetivo del candidato es movilizar a este electorado para imponer una convivencia con Macron. Pero las críticas de este sector en el balotaje se limitaron a la figura de Macron, "el presidente más mal elegido" al que plantean que hay que combatir desde el Gobierno, sin apuntar a la naturaleza de las instituciones que lo convirtieron a él y a Marine Le Pen en los finalistas de las elecciones presidenciales.

En otras palabras, esta política de tercera vuelta electoral pretende reconciliar a los jóvenes con las urnas bajo la promesa de un contrapoder en la Asamblea Nacional. Más allá de una confianza total en las instituciones de la Quinta República -se dió un retroceso importante y rápido dado que la popularidad del grupo de Mélenchon se construyó en parte sobre la reivindicación de una Sexta República que sólo propone un enésimo callejón sin salida y de manera electoral para los jóvenes que se vienen movilizando al menos en los últimos cinco años.

Consciente de contar con un electorado muy joven y movilizado en los últimos años, la nueva fuerza hegemónica de la izquierda quiere hacerse eco de sus aspiraciones radicales: "Otro primer ministro es posible", así lo transmitieron los militantes de LFI en referencia a la consigna anticapitalista sobre la construcción de otro mundo. "No te resignes. Entra en acción, francamente, de forma masiva. La tercera vuelta comienza esta noche", coreó Jean-Luc Mélenchon la noche del balotaje, pidiendo el voto para LFI en las elecciones legislativas del 12 y el 19 de junio.

En realidad, sería un error apostar por la elección de un primer ministro para contrarrestar el ajuste que pretende llevar adelante Macron. No hay que hacerse ilusiones de que el hombre que votó el 40% de la ley separatista, que propone a su manera la vuelta del servicio militar, o que votó 45.000 millones de euros de "ayuda" a las patronales, puede ser capaz de enfrentar a Macron y a su proyecto de guerra social y reaccionaria. La continuación de las luchas que tuvieron lugar en los últimos 5 años es en las calles y no en las urnas, porque allí es donde los jóvenes pueden darse los medios para revertir la tendencia al extremismo de derecha que se observa en todo el ámbito político e institucional, y sentar las bases de una lucha desde abajo para derrocar a Macron y su régimen.

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