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OPINIÓN

Triunfo del NO en el referéndum griego: dos paradojas y una disyuntiva estratégica

El contundente triunfo del NO en el referéndum griego por más del 20% sobre el SI expresó el hartazgo de los trabajadores y la juventud con las políticas de austeridad. La paradoja es que la mecánica política de los acontecimientos amenaza con que aquel resultado se convierta en su contrario, ya sea mediante un ajuste negociado entre Syriza y la Troika, o mediante una devaluación que traiga más penurias al pueblo.

Lunes 6 de julio de 2015

El resultado del referéndum en Grecia ha superado todos los pronósticos previos a favor del NO que anticipaban una victoria ajustada. Con el 61,31%, el NO se impuso sobre 38,69% del SI. Una diferencia de más de 22 puntos, con la que el pueblo griego le hizo frente al terror(ismo) de la Troika. Una demostración de fuerza de los trabajadores y la juventud que pretende ser transformada en su contrario.

Primera paradoja: “Ni vencedores ni vencidos”

Con esta frase, Tsipras dejaba entrever su interpretación de los resultados, contradiciendo el rotundo pronunciamiento popular. ¿Puede no haber ni vencedores ni vencidos? Obviamente que no.

Para la Troika se trata de seguir chupándole la sangre a Grecia, cobrándole una deuda de aproximadamente 320.000 millones de euros (unos US$358.000 millones) que hasta el FMI tuvo que admitir que es virtualmente impagable. Deuda que se llegó a hablar de “reestructurar”, término que se presenta como concesión, cuando se trata de un eufemismo cuyo significado es que los trabajadores y jubilados griegos que no vieron un Euro de todos esos miles de millones sigan cargando sobre sus espaldas los costos de los negocios capitalistas.

Qué puede significar que “no hay vencedores ni vencidos” cuando Deutsche Telekom que se quedó en el 2008 con el 20% de la telefónica estatal griega, sacándoles de a 5% los años posteriores para terminar quedándose con el 40%. Cuando Fraport AG Frankfurt Airport junto con una empresa Griega en 2014 se quedaron con la concesión de 14 aeropuertos regionales por 40 años. Cuando los capitales imperialistas se quieren quedar con el agua de Atenas y Tesalónica, cuando la alemana Siemens se quiere apropiar de los trenes. Cuando van por la electricidad. Cuando se quedan hasta con los edificios públicos (que se apropian los bancos y luego los “alquilan” al Estado), y cuando como “frutilla del postre” pretenden avanzar en la privatización del complejo portuario de El Pireo.

Cómo puede no haber “vencedores ni vencidos” en el marco de semejante expoliación. Lo cierto es que Tsipras, ya había aceptado previamente el 95% de las imposiciones de la Troika en su propuesta del 30 de junio, a cambio de que se exceptúe a las islas griegas del aumento de impuestos y de que se mantengan las ayudas complementarias para pensionistas de más bajos recursos, por lo menos hasta 2019, entre otros cambios que son menores sin duda si se los compara con el conjunto.

Sin embargo, incluso esta propuesta la Troika la ha rechazado. Ahora, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Francois Hollande se reunirán en París el lunes, y la Comisión Europea -el brazo ejecutivo de la Unión Europea- se juntará en Estrasburgo el martes para definir qué hacer.

De esta forma tenemos la primera paradoja del resultado del referéndum: mientras que el pueblo griego se pronunció contundentemente contra la Troika, ésta tiene otra vez en sus manos el destino de los griegos, gracias a que para Tsipras no hay “ni vencedores ni vencidos”.

Segunda paradoja: un SI (moderado) para los que dijeron NO

Según señalan algunos de los primeros análisis de los datos de la votación, la misma fue especialmente contundente en los barrios obreros de la capital, superando ampliamente la media y registrando votaciones mayores al 70% como en Keratsini, donde el NO obtuvo alrededor del 73% contra el 26% del SI, o Nikea con el 72% frente al 27%.

Por otro lado, se confirmó la afluencia masiva de los jóvenes a votar por el NO; a los que las encuestas previas señalaban como un factor decisivo siendo que la intención de voto NO en la juventud rondaba el 80%.

Los trabajadores que son los más golpeados por la crisis con el cierre de empresas, los recortes salariales, y despidos que configuran una desocupación del 27%, y en especial los jóvenes, para quienes la desocupación asciende al 60%, fueron la base social detrás del amplio triunfo del NO.

Cabe recordar que en las elecciones de 2012, Syriza había obtenido sus mejores votaciones en zonas obreras (segunda circunscripción del Pireo) mientras que en las elecciones de principios de 2015, el avance en estas zonas no había acompañado la progresión de su votación de conjunto, con un avance del 5% en las zonas obreras frente al casi 10% que había ascendido a nivel nacional. Es decir, no era en estos sectores de clase donde Syriza tenía su mejor dinámica electoral ascendente.

El NO, fue en gran medida el NO de los trabajadores y la juventud. Es decir, el de quienes, junto con los jubilados sobre los cuales pende la espada de Damocles de la reforma previsional, cargan sobre sus espaldas los costos de la crisis y el ajuste permanente. Un NO de los que sufren en sus huesos la “austeridad”.

Todo lo anterior plantea la segunda gran paradoja del resultado del referéndum. La maniobra de haberlo reducido a una votación sobre “si o no” al plan de rendimiento incondicional y aplastamiento del pueblo propuesto por la Troika, permite que una expresión masiva del repudio al ajuste pueda traducirse en un fortalecimiento de la dirección de Syriza cuyo objetivo es negociar un ajuste con la Troika (o en su defecto, ante una negativa, una no menos onerosa salida devaluatoria). Desde luego, no es el mismo “ajuste”, es uno más “moderado”, pero un ajuste al fin (95% igual al propuesto por la Troika) que recaerá sobre las espaldas de quienes lograron el triunfo del NO.

Una disyuntiva estratégica

Durante los primeros años de la década actual los trabajadores y la juventud estudiantil y de los barrios populares han desplegado un importante nivel de movilización, con 32 huelgas generales desde el 2010, movilizaciones, ocupaciones, huelgas parciales, choques con las fuerzas represivas, llegando a su pico en el 2012. Aquella combatividad de los trabajadores fue boicoteada no solo por la burocracia del PASOK sino también por la del Partido Comunista griego (KKE) –con peso importante en un sector de la clase trabajadora y los sindicatos- que se negó sistemáticamente al frente único obrero para enfrentar a los capitalistas. Si por un lado el profundo descontento popular logró acelerar la crisis del régimen político griego, sin embargo, aquellas luchas no lograron quebrar el brazo al Estado burgués e imprimirle una derrota al imperialismo y sus socios locales.

En aquel contexto el ascenso de Syriza generó y canalizó políticamente las expectativas en una solución parlamentaria en los marcos del régimen burgués a la encrucijada estratégica a la que había arribado el movimiento de masas. Antes señalábamos las paradojas del referéndum donde triunfa electoralmente el repudio a la Troika pero ésta vuelve a tener en sus manos el destino del pueblo griego, y donde los trabajadores y la juventud que votan masivamente por el NO pretenden ser transformados en el pato de la boda entre Tsipras y la Troika. Ambas paradojas, no son más que la expresión del callejón sin salida de la estrategia neo-reformista encarnada por Syriza.

Sin embargo, el resultado del referéndum ha tenido una consecuencia muy importante. Una que no esperaban, no solo los encuestadores, no solo la Troika, sino tampoco Tsipras: los trabajadores y la juventud han mostrado que hay una muy clara mayoría que se opone al ajuste y a que el imperialismo le siga chupando la sangre a Grecia. La conciencia de esta fuerza, de mayoría, es el mayor activo que los trabajadores tienen que cobrarse de la jornada del domingo 5 de julio.

Así, la disyuntiva estratégica que deja planteada el referéndum es: si el NO se transforma en un SI moderado en las manos de Tsipras y la decisión vuelve a manos de la Troika, o el NO en las urnas se transforma en un NO en la lucha de clases para pelear por el poder de los trabajadores y que sean el imperialismo y sus socios locales los que paguen la factura de la crisis.

Quienes en diferentes latitudes ensalzan el neo-reformismo de Syriza deberían dar cuenta de esta disyuntiva fundamental.






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