SUPLEMENTO

¿Trotsky o Poulantzas? Debate con Agustín Santella

Juan Dal Maso

DEBATES
Ilustración: @059jorge

¿Trotsky o Poulantzas? Debate con Agustín Santella

Juan Dal Maso

A propósito del artículo De situaciones revolucionarias y políticas de izquierda.

Agustín Santella ha publicado recientemente en Jacobin América Latina una respuesta a mi comentario acerca de su artículo sobre situación revolucionaria y crisis orgánica. Bienvenida la discusión nuevamente. En estas líneas intentaré continuarla, retomando los temas planteados por Agustín en su último artículo. Varios de estos temas los he abordado con un poco más de desarrollo en Hegemonía y lucha de clases, libro al cual remito como una pequeña contribución a quienes quieran profundizar sobre las cuestiones de hegemonía y doble poder en el pensamiento de Trotsky y sobre su posible forma en la actualidad.

Teoría de la práctica

Debo reconocer en primer lugar que me generó cierta satisfacción el comienzo del artículo, porque Agustín parte de distinguir algo que en su primera contribución aparecía indiferenciado: los conceptos de situación revolucionaria y revolución. Uno de los objetivos de mi comentario era introducir tal diferenciación, así que no puedo más que coincidir con tal precaución.

Sin embargo, tengo que decir que no puedo ver con la misma simpatía la afirmación hecha al pasar sobre que una parte de mis argumentos consiste en “citas de autoridad”. No estoy del todo seguro de si Agustín quiere decir exactamente que utilicé la falacia de apelación a la autoridad, pero queda sugerido. Esto sería cierto si en mi artículo se hubiera planteado “Esto es así porque lo dice Trotsky” o el menos obvio “Como dice Trotsky, tal y tal cosa” presentada como evidente sin más explicación o lo mismo para las citas que utilicé de Santucho. Pero yo no hice tal cosa. Me limité solamente a contrastar la interpretación de Agustín con lo que dicen los autores interpretados.

Volviendo a las discusiones principales que plantea, rescato una que me parece sumamente importante: su afirmación sobre que en el marxismo falta una teoría de la práctica, es decir una teoría construida en relación con los procesos históricos, que los explique y que permita generalizar conclusiones, no en general sino en relación estrecha con la práctica política del movimiento revolucionario.

Me parece un planteo un poco forzado, básicamente porque desconoce que en el marxismo esa "teoría de la práctica" existe la estrategia. Si bien en Marx y Engels ya se pueden encontrar elementos de un pensamiento estratégico, la centralidad de la estrategia fue un aporte realizado por el marxismo del siglo XX, especialmente el de la Tercera Internacional en sus cuatro primeros congresos. Tema en el que el movimiento comunista retrocedió notablemente desde mediados de los años ’20 hasta retomar como propia la política menchevique de alianza con la burguesía progresista, que rebautizó como “Frente Popular”. La estrategia ocupa este lugar intermedio que reclama Agustín entre la teoría general o de tercer nivel y la práctica política. Su nivel de teorización y generalización no se aleja mucho de los procesos concretos y sus lecciones, pero permite ir más allá de cada caso puntual y generalizar ciertas conclusiones que guían la práctica política. Por ejemplo, de las conclusiones que Trotsky sacó de la experiencia de la revolución china de 1925-27 y las que había desarrollado sobre la revolución rusa previamente, surgió la teoría de la revolución permanente, que pretende alcanzar un nivel de desarrollo propiamente teórico que busca indagar en las características de las revoluciones contemporáneas y no solamente en las de ciertos casos específicos. Similar procedimiento realiza Trotsky con sus reflexiones sobre la dualidad de poderes que reivindica Agustín. En el mismo sentido, se podría pensar en ciertos desarrollos teóricos de Gramsci que implican conclusiones sobre casos puntuales y generalizaciones que van más allá de los mismos, lo mismo con Rosa Luxemburg, Lenin u otros marxistas.

¿Explicar más o explicar menos?

Recordemos la definición de Lenin que cuestiona Agustín, dado que en el anterior artículo no la cité por razones de espacio:

¿Cuáles son, en términos generales, los síntomas distintivos de una situación revolucionaria? Estamos seguros de no equivocarnos cuando señalamos los siguientes tres síntomas principales: 1) cuando es imposible para las clases gobernantes mantener su dominación sin ningún cambio; cuando hay una crisis, en una u otra forma, entre las “clases altas”, una crisis en la política de la clase dominante, que abre una hendidura por la que irrumpen el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que estalle la revolución no basta, por lo general, que “los de abajo no quieran” vivir como antes, sino que también es necesario que “los de arriba no puedan vivir” como hasta entonces; 2) cuando los sufrimientos y las necesidades de las clases oprimidas se han hecho más agudos que habitualmente; 3) cuando, como consecuencia de las causas mencionadas, hay una considerable intensificación de la actividad de las masas, las cuales en tiempos “pacíficos” se dejan expoliar sin quejas, pero que en tiempos agitados son arrojadas, tanto por todas las circunstancias de la crisis como por las mismas “clases altas”, a la acción histórica independiente [1]

En mi artículo anterior, comenté un texto de Trotsky sobre situación revolucionaria que retoma estos elementos de la definición de Lenin y agrega otros más específicos como la situación de las capas medias. Es una definición general y por ende no tiene por qué tomarse sin más ante el análisis de situaciones concretas. Plantea una serie de parámetros que sirven para pensar, pero cuyas características específicas pueden cambiar según los casos concretos. Si comparamos con las definiciones de Trotsky sobre dualidad de poderes, veremos simplemente que ambos hablan de cosas distintas. Uno plantea un concepto de situación revolucionaria en términos generales, el otro destaca la dualidad de poder como un rasgo característico de la “mecánica política” de toda revolución. Intentar reemplazar una con otra implica una confusión en los niveles de abstracción y conceptualización.

Pero sobre todo, me parece que Agustín termina planteando un razonamiento que no haría más que corroborar lo evidente: si hay dualidad de poderes y guerra civil, hay una situación revolucionaria.

Por supuesto que este razonamiento asegura no ver situaciones revolucionarias por todas partes cuando no las hay. Pero tiene como contrapartida que la restricción del concepto de situación revolucionaria, operada por Agustín, dejaría fuera de la categoría aquellos procesos revolucionarios en los que existieron instancias de auto-organización pero no una plena dualidad de poderes, de los que hay numerosos ejemplos.

Una vez más sobre situación y proceso

Vayamos entonces a los nuevos argumentos que introduce Agustín, especialmente la idea de que utilizamos (Ruth Werner, Facundo Aguirre, yo mismo y el PTS más en general) un concepto de “proceso revolucionario” no suficientemente sistematizado.

Tiene razón en cierta medida Agustín acerca de que en mi crítica utilicé la expresión “proceso revolucionario”, dándola por supuesta. Pero esto no quiere decir que el concepto no tenga un significado o una función específica. Se utiliza para pensar el desarrollo de una revolución y se remonta al concepto de "proceso" propio de la tradición marxista como una categoría que permite comprender la génesis, desarrollo y estructura de una formación económico-social, de una corriente política o de eventos históricos relevantes. Antonio Labriola hablaba del materialismo histórico como comprensión de la historia en términos de “dilucidación de su proceso” [2], consistente en el desarrollo que va de las condiciones de una formación social a su constitución como tal. Y me parece una buena síntesis de cómo el término se ha utilizado en la tradición marxista. En el caso de Trotsky, la expresión “proceso revolucionario” es utilizada en varias oportunidades en diversos trabajos, entre ellos en su Historia de la Revolución Rusa (que toma como referencia Agustín) y en el mismo sentido de Labriola. Para Trotsky, la revolución es un proceso político que consiste en el cambio de una clase en el poder por otra. Que sea un proceso indica que no es solamente una situación o una fase, implica un conjunto de acontecimientos que constituyen un entramado contradictorio y abierto a distintos desarrollos (o sea a distintas situaciones y fases), a distintos cambios en las relaciones de fuerza y en definitiva a distintos resultados posibles.

Pero además en el propio pasaje que toma Agustín como referencia para restringir la definición de situación revolucionaria a la dualidad de poderes, Trotsky señala una “mecánica política de la revolución” más propia de un “proceso” que de una situación:

La mecánica política de la revolución consiste en el paso del poder de una a otra clase. La transformación violenta se efectúa generalmente en un lapso de tiempo muy corto. Pero no hay ninguna clase histórica que pase de la situación de subordinada a la de dominadora súbitamente, de la noche a la mañana, aunque esta noche sea la de la revolución. Es necesario que ya en la víspera ocupe una situación de extraordinaria independencia con respecto a la clase oficialmente dominante; más aún, es preciso que en ella se concentren las esperanzas de las clases y de las capas intermedias, descontentas con lo existente, pero incapaces de desempeñar un papel propio. La preparación histórica de la revolución conduce, en el período prerrevolucionario, a una situación en la cual la clase llamada a implantar el nuevo sistema social, si bien no es aún dueña del país, reúne de hecho en sus manos una parte considerable del poder del Estado, mientras que el aparato oficial de este último sigue aún en manos de sus antiguos detentadores. De aquí arranca la dualidad de poderes de toda revolución. [...] La guerra civil da a la dualidad de poderes la expresión más visible, la geográfica: cada poder se atrinchera y hace fuerte en su territorio y lucha por conquistar el de su adversario; a veces, la dualidad de poderes adopta la forma de invasión por turno de los dos poderes beligerantes, hasta que uno de ellos se consolida definitivamente. […] La característica fundamental semifantástica de la Revolución rusa, que condujo en un principio a la paradoja de la dualidad de poderes y al poder dual efectivo que le impidió luego resolverse en provecho de la burguesía, consiste en la madurez inmensamente mayor del proletariado ruso si se le compara con las masas urbanas de las antiguas revoluciones […] Si el Estado es la organización del régimen de clase y la revolución la sustitución de la clase dominante, el tránsito del poder de manos de una clase a otra, es natural que haga brotar una situación contradictoria de Estado, encarnada, sobre todo, en la dualidad de poderes. [3]

Trotsky habla de un desarrollo, de la necesidad de que antes de la revolución, la clase trabajadora haya conquistado hegemonía (aunque aquí no usa el término haciendo una alusión elíptica al mismo), la cual se expresa en la dualidad de poderes. Está pensando muchas más variables que la simple definición de una situación. Por eso no parece adecuado desligar este análisis del enfoque que hace hincapié en el carácter de proceso que tiene una revolución.

Considero que utilizar esta expresión, categoría o “concepto no sistematizado” de proceso revolucionario permite comprender mucho mejor la elaboración de Trotsky sobre la dualidad de poderes, pero también las experiencias a las que hace alusión Agustín. El término proceso permite precisamente unir el análisis de una situación específica con el desarrollo de múltiples situaciones y habilita una lectura más rica de la experiencia de la clase obrera (cuyas experiencia son heterogéneas) de la actuación de los demás sectores sociales, del rol del Estado, de los avances y retrocesos de la relación de fuerzas, etc. Que en los archivos de la Fundación Pluma no aparezca la categoría, no quiere decir que no exista en el marxismo. O si ese ese el parámetro, la verdad es que recién me entero.

Dualidad de poderes y gobierno de izquierda: ¿salto mortal poulantziano?

Agustín afirma guiarse por las investigaciones de Tilly y otros autores. Debo confesar que tengo lecturas más modestas: Zavaleta Mercado, Coutinho, Bensaïd, que trataron de un modo u otro las elaboraciones de Trotsky sobre dualidad de poderes, el primero cuestionando la generalización de Trotsky, el segundo proponiendo una “dualidad de poderes” que podríamos llamar “eurocomunista” y el tercero defendiendo la dualidad de poderes clásica contra el PCF pero formulando a su vez una propuesta de “democracia socialista” que mezclaba soviets con parlamentarismo. El debate con estas posiciones, tanto como las que investigaciones que rescata Agustín, sirve para pensar el problema de la dualidad de poderes dentro de una teoría de la revolución y también de la estrategia. La forma específica en que se dio la dualidad en Rusia difícilmente sea igual en la lucha de clases frente a Estados “occidentales” u “occidentalizados”, con mayor continuidad del ejercicio del poder por parte del Estado burgués. En realidad es algo que dijo muchas veces el propio Trotsky, pero más veces aún ha sido olvidado por propios y extraños. Y aquí es donde vuelve a parecer pertinente la categoría de crisis orgánica que Agustín rescataba en su primer artículo. Entre la crisis de autoridad del Estado, el nivel de auto-organización de la clase trabajadora y sus aliados y la posibilidad de eventos revolucionarios se constituye un entramado complejo en el que sus componentes no tienen siempre los mismos tiempos de desarrollo. Básicamente, las formas de poder obrero y popular en contextos “occidentales” u “occidentalizados” han tenido y tendrán -al menos en sus comienzos- un carácter más “popular” que “estatal” por la mayor fortaleza relativa del Estado burgués en comparación con Rusia del ’17. Es un problema para pensar desde la teoría y también desde la estrategia.

Pero en este terreno, el artículo de Agustín termina haciendo agua. Luego de toda la explicación sobre que la situación revolucionaria solo puede existir cuando hay dualidad de poderes, señala que el problema de los “populismos de izquierda” fue no tener en cuenta “que los cambios radicales requieren la formación de poder de las clases subalternas”, cuando esos gobiernos fueron básicamente enemigos tanto de los cambios radicales como del poder de las clases subalternas. Luego sugiere la hipótesis de un poder dual que “puede desencadenarse con una parte del Estado en manos de un gobierno de izquierda”, pero parecería -por las referencias que plantea- más cerca de “Syriza + poder popular” que de la hipótesis de “Gobierno obrero” del Cuarto Congreso de la Internacional Comunista. Esto se refuerza por la definición del poder dual como “expresión de que las clases subalternas controlan una parte del Estado”, mientras la definición inicial, que Agustín toma de Trotsky y citamos más arriba, apuntaba a dos poderes en lucha por dos tipos distintos de Estado. Quedamos a un paso del “Estado como condensación de la relación de fuerzas”, más vulgarmente conocido en Argentina como “Estado en disputa”.

¿Y por casa cómo andamos?

El objetivo de Agustín con estas contribuciones era el de intentar clarificar el concepto de situación revolucionaria y a la vez restablecer la importancia de la dualidad de poderes para una teoría de la revolución. Mi impresión es que imputando a las corrientes marxistas una falta de “teoría de la práctica”, termina desconociendo en qué medida esa “teoría de la práctica” existe en la estrategia y en las reflexiones del marxismo sobre los principales procesos revolucionarios del siglo XX. Esto permite a su vez, por no tomar en cuenta estas reflexiones, que la tentativa de construir un concepto restringido de situación revolucionaria, paradójicamente termine siendo compatible con teorías de una “democracia mixta” poulantziana; o sea, bastante lejos del objetivo proclamado en el punto de partida.


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NOTAS AL PIE

[1Lenin, Vladimir I. La Bancarrota de la II Internacional en Obras Selectas (1898/1916), Tomo I, Bs. As., Ed. IPS, 2013, p. 427.

[2Labriola, Antonio, La concepción materialista de la historia, México D.F., Ed. El Caballito, 1973, p. 130.

[3Trotsky, León, Historia de la Revolución rusa, Tomo I, Bs. As., Ediciones IPS-CEIP, 2017 (Obras Escogidas 11, coeditadas con la Museo Casa León Trotsky), pp. 185-191.
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Juan Dal Maso

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(Bs. As., 1977) Integrante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 1997, es autor de los libros El marxismo de Gramsci (2016), traducido al portugués y al italiano, Hegemonía y lucha de clases (2018), traducido al inglés, y Althusser y Sacristán (2020), escrito junto con Ariel Petruccelli.
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