Política Estado Español

TERCERA RONDA DE ENCUENTROS CON FELIPE VI

Último trámite oficial para una nueva campaña electoral

Felipe VI recibirá a los portavoces de todos los partidos con representación en el Congreso tras el 20D. Ni las concesiones de Podemos ni el espíritu de supervivencia de Pedro Sánchez parecen evitar nuevas elecciones.

Ivan Vela

@Ivan_Borvba

Martes 26 de abril de 2016

Foto: EFE

Se inicia el último trámite formal que establece la franquista Constitución del Régimen del 78 para que en apenas una semana se dé el pistoletazo de salida a una nueva campaña electoral, sino se alcanza durante los próximos siete días un acuerdo de Gobierno entre las diferentes fuerza, algo que -sin ser descartable- parece francamente complicado a estas alturas.

Este último trámite consiste en que los representantes de las formaciones políticas con presencia en el Congreso de los Diputados tras el 20D visiten, por tercera vez, al rey Felipe VI en la Zarzuela. En esta tercera visita el monarca vuelve a sopesar que opciones existen de pactos y que candidatos existen para ofrecerles la tarea de conformar gobierno.

Si bien aún el actual Jefe de Estado no se ha reunido con las principales fuerzas políticas (PP, PSOE, Podemos y C’s), queda claro que esta vez no habrá petición por parte del monarca para que Pedro Sánchez ni Mariano Rajoy intenten conformar gobierno a la desesperada.

El Régimen busca patear hacía adelante una situación de inestabilidad política, en el marco de una profunda crisis social que no se traduce aún en una profunda movilización gracias al rol de las burocracias sindicales y a la estrategia de las formaciones reformistas, Por ello mismo, la “pata derecha” y la “pata izquierda” de este corrupto Régimen divisan las elecciones concentrados en equilibrios internos.

En el PP parece indiscutible el liderazgo de Mariano Rajoy, al menos en términos electorales. Con las voces críticas apagadas y cerrando los escándalos de corrupción a carpetazo (como el del ministro Soria), el PP y su candidato albergan la esperanza de concurrir a unas nuevas elecciones mirando a otro lado en cuanto a los casos de corrupción y a que estos nuevos comicios aporten mayor abstención y una mayor centralización del voto, que les permita maquillar la más que posible pérdida de diputados, pero seguir siendo la fuerza más votada.

Por su parte, Pedro Sánchez se presentará a las urnas el próximo 26J como candidato de un partido que, en su mayoría, le ha dado la espalda. La sombra de Susana Díaz sigue siendo demasiado larga para el candidato socialista. Privado de un pacto con Podemos por los pesos pesados del PSOE, el presidenciable socialista buscó en su pacto con C’s la excusa para mantenerse en primera línea, pero ni las concesiones de Podemos le han permitido acabar de materializar su tan deseado pacto a tres bandas. A día de hoy en las filas socialistas se espera más una derrota de Pedro Sánchez que permita la llegada “regeneradora” de la presidenta de la Junta de Andalucía, que una mejora de los resultados del 20D por parte de Sánchez.

La derecha “cool” de Albert Rivera ha conseguido mostrarse como necesaria siendo la cuarta fuerza política el pasado 20D. Su concepción de partido bisagra (lo mismo es un pacto con el PSOE en la Moncloa que un pacto con el PP en Madrid), le facilitó un acuerdo con el PSOE. Esta imagen de “hombre de estado”, tan del agrado del establishment, le hace presentarse a las elecciones con el mismo impulso que en los comicios de diciembre. Está por ver cómo afecta su “foto” con Pedro Sánchez en este viaje o la concentración del voto de derecha en el Partido Popular.

Por último, pero de buen seguro no menos importante, encontramos a Podemos y a su más que probable compañero de viaje en esta nueva aventura electoral, IU. La semana pasada ambas formaciones anunciaron su voluntad de unir fuerzas de cara a los comicios del 26J. Este pacto se define por la conveniencia y el debate de programa está nuevamente ausente. Podemos apuesta por sumar a su botín electoral, como mínimo, el millón de votos que consiguió UP-IU en las pasadas elecciones.

En el caso de la histórica formación, los de Alberto Garzón buscan entrar sin problemas en el Congreso bajo una fórmula que les permita mantener política para beneficiarse de las ventajas de ocupar un puesto en las cortes, entre ellas, las subvenciones.

Fue Alberto Garzón el primero que no tuvo reparos en dejar en segundo plano un aspecto tan crítico para el Régimen del 78 como la demanda democrática del derecho a decidir en Cataluña. Por su parte Pablo Iglesias en su enésima enmienda a los discursos de sus orígenes plasmó de cara a un acuerdo con el PSOE en un documento de 20 puntos, las mayores concesiones que ésta formación ha hecho hasta la fecha: mantener el copago, la jubilación a los 67 años, mantener de igual modo la reforma laboral de Zapatero, y un largo etcétera.

Por ello, más allá del circo mediático al cual está sujeto toda campaña electoral burguesa, lo cierto es que no se presenta ninguna alternativa política que busque resolver los grandes problemas que atraviesan hoy los trabajadores y los pueblos del Estado español, ni menos poner en marcha las fuerzas sociales necesarias para llevar adelante esos cambios.

Desde los partidos de la casta, preocupados en tapar los agujeros y evitar un naufragio que les impida seguir parasitando de este sistema corrupto, pasando por la derecha “cool” de C’s que tan solo busca poner una cara más juvenil a la austeridad, los recortes y la represión.

Y en este sentido las formaciones reformistas, Podemos e IU, ya han demostrado, en los hechos y no en los platós televisivos, que su único objetivo es la regeneración de este podrido Régimen.






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