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ANÁLISIS

Un recorrido por la crisis de la derecha

El PP agudiza su crisis. Ciudadanos pelea por sobrevivir. Vox siguen en línea ascendente. PSOE y Unidas Podemos alientan un mal menor cada vez más a la derecha ¿Cómo enfrentar desde la izquierda este panorama?

Jueves 11 de marzo | 13:03

Las mociones de censura y la convocatoria de elecciones en la Comunidad de Madrid han generado un terremoto político en la derecha. En los últimos años, al mismo tiempo que Unidas Podemos surgía para apuntalar el bando “progresista” en el Congreso, tapando algunas de las heridas que el PSOE tuviera en 2016, los escaños conservadores se convertía en una tragedia griega donde todos querían matar al padre.

El PP no había vivido una crisis como la actual en todos sus años de existencia, y la disputa de la derecha está obligando al principal partido de la oposición a hacer encaje de bolillos para contentar a un electorado conservador cada vez más dividido. ¿Qué ocurre en la derecha?

La crisis se profundiza en el PP

El panorama dista mucho de ser un naufragio, pero que los diques comienzan a romperse no cabe duda. Si atendemos a las últimas encuestas, la derecha está atravesada por múltiples crisis que veremos si el PP puede soportar.

En Cataluña el PP se hundió frente al ascenso de Vox, 3 escaños frente 11; en el País Vasco su coalición con Cs fracasó estrepitosamente con 6 diputados. Aunque han logrado hasta ahora conservar algunos bastiones, como Madrid, donde las encuestas les siguen situando como la primera fuerza (algunas encuestas le dan hasta 15 escaños más, a costa de Cs), a nivel estatal cae en intención de voto un 3%. Todo lo contrario que Vox, que en Madrid mantiene su fuerza y a nivel estatal sube un 2% su apoyo.

Esta ambivalencia, además de habitual, es ilustrativa porque muestra la completa tensión que soporta la cabeza central y los distintos brazos autonómicas. El PP arrastra una crisis interna anterior incluso a la misma Gürtel. Pero para Pablo Casado empieza con la dimisión de Rajoy. Desde el inicio se abrió una disputa por la dirección de un partido que Rajoy había llevado a la ruina y que ya empezaba a sufrir los primeros envistes del caso Bárcenas y otros asociados.

Casado ganó la partida, pero el enfrentamiento con los sorayistas le ha perseguido desde entonces. Sus intentos por centralizar el partido se han visto truncados por el rechazo de los barones de distintas comunidades. La caída del PP en Murcia ha recrudecido las críticas a Casado y entre muchos se habla de una inminente ruptura del partido.

A pesar de que Andalucía es uno de los bastiones que sobreviven, ya se está haciendo notar la ruptura entre Casado y Moreno Bonilla, cuyos afines disputan entre bastidores la dirección del PP andaluz. Pero no sólo es cosa de Andalucía: a nivel estatal, actualmente, un 40’3% desaprueba la dirección de Casado y es habitual entre los barones del partido ofrecer nombres alternativos a la dirección.

A esto hay que sumar, por supuesto, los casos de corrupción que no terminan nunca. En estos últimos días, Bárcenas ha ajustado cuentas con Rajoy y Esperanza Aguirre, a quienes apunta dentro de una trama de corrupción que se ha extendido por 30 años en el PP. La crisis financiera y política ha llevado a Casado a poner en venta la histórica sede de Génova, lo cual es un elemento sintomático.

La discordia en la derecha

La agitación interna del PP era inevitable que provocase agitación entre sus seguidores y militancia, y surgiese en el panorama distintos partidos que, como Podemos en la izquierda, expresaban por derecha la crisis orgánica que sufre el régimen.

Una primera apuesta fue Cs como abanderado del marco constitucional de centro-derecha en un momento en que el PP podía desplegarse abiertamente hacia los sectores más derechistas. Sin embargo la derecha cool de Cs y su fracaso en el primer intento serio de sorpaso al ya degenerado PP, no logró alcanzar las expectativas puestas en él por muchos sectores del establisment. La cada vez mayor polarización política y el auge de los discursos ultras anti-independentista condujo al surgimiento de Vox al tiempo que Cs se hundía.

Era cuestión de tiempo que el PP dejase de caminar por el filo de la navaja y la situación lo forzara a definirse dentro de este mapa político. La moción de censura en Murcia ha sido el golpe de efecto que ha conducido a dos conclusiones claras. La primera ha cristalizado con la crisis política en Madrid y Castilla y León: al PP cada vez le compite más de cerca Vox y se está viendo forzado a dejar de ignorar al partido de Abascal, al menos en las autonomías. Por mucho que declare Casado que su proyecto está de espaldas al de Vox, lo cierto que no es lo mismo que opinan los dirigentes autonómicos más afines, como Ayuso, cuya cercanía a la formación de extrema derecha se ha hecho notar en temas como el PIN parental propuesto por Vox para censurar a Irene Montero.

Desconocemos cuál será el final de esta tóxica relación y quién absorberá a quién. Sin embargo, es evidente que en el próximo periodo Vox le marcará la agenda al PP y tendrá un terreno más fértil que Cs para sostenerse. Su discurso xenófobo, machista y autoritario está descubriéndolo como un partido que va más lejos de lo que puede el PP. Si bien no es una alt-right de libro, la propuesta de Vox se muestra más radicalmente reaccionaria y fresca que el PP.

Así lo demuestran sus resultados y repercusión social que, aún habiendo claras diferencias, se ha traducido en las concentraciones de nazis y fascistas en Madrid o los atentados contra los murales feministas. El PP sólo tiene dos posibilidades: radicalizarse y recuperar el terreno perdido en manos de Vox o absorberlo con un relativo acercamiento, tal y como pretenden hacer en Madrid. Ambas posibilidades están plagadas de incertidumbre y, en cualquier caso, se preconiza una cada vez mayor tendencia hacia la extrema derecha.

La segunda conclusión que podemos sacar de la moción de censura es la desaparición cada vez más paulatina de Ciudadanos. Al igual que el PP, el partido de Arrimadas enfrenta una fractura que ya abrió Rivera. Tras la decisión de Cs de apoyar al PSOE en Murcia, las críticas a Arrimadas no se han hecho esperar. Toni Cantó ya ha exigido una reunión urgente de la Ejecutiva, pues todo parece un movimiento llevado a cabo sólo por la líder de Cs. La mayor parte del electorado más derechosO de Cs se está repartiendo entre un retorno al PP o una ida a Voz. La solución de Arrimadas ha sido obvia: mirar al PSOE como nuevo aliado. Obviamente este viraje, aunque lógico, resultaría insostenible si tenemos en cuenta que gobierna con el PP (y el apoyo de Vox) en comunidades como Andalucía.

El peligro de seguir repitiendo un mal menor cada vez más a la derecha

Que Ayuso dimita no es una noticia a celebrar per se. Obviamente, esto no es más que una resituación política, y es esto lo que debemos considerar. Que haya elecciones o mociones de censura es, en sentido estricto, indiferente. Las mociones, en cualquier caso, conducirían a un gobierno del PSOE acorde al gobierno central pero con el apoyo del mismo Aguado, que en los últimos días, con las movilizaciones de Hasél, el 8M y las medidas pro-patronales que poco a poco implementan para superar esta crisis, han demostrado no ser una alternativa para la clase trabajadora ni ser un freno contra el ascenso de la extrema derecha.

En cuanto a las elecciones, lo único claro es que Cs será devorado por el PP y Vox, y los restos los rebañará el PSOE. Ayuso fortalecería su posición dentro de la Asamblea y todo quedaría a merced de los pactos. El gran peligro que se ve es que Ayuso conceda mayor peso a las políticas de Vox y el PP consume su relación de amor-odio con el partido de Abascal. Que esta cercanía le salga mejor o pero para sus intereses, dependerá de cómo logren desgastar a Vox, y más en uno de sus principales bastiones, como es Madrid.

El PSOE ha visto en esta ocasión la posibilidad de imponer sus gobiernos en las autonomías – por la misma vía que retiraron a Rajoy- y en el Congreso, alentar a la ruptura de la derecha enfrentando a PP y Vox. Las opciones de Sánchez, además de Gabilondo, es tratar de centralizar la campaña en candidatos afines a él y petir la estrategia de Cataluña, proponiendo a la ministra Margarita Robles.
A Podemos, por su parte, le ha cogido con el pie cambiado la moción y el adelanto electoral. Después de los pésimos resultados de las anteriores elecciones autonómicas, su única apuesta es una coalición con Más Madrid.

En cualquier caso, no hay ninguna solución para la clase trabajadora, que sigue siendo precarizada a manos del PSOE y o del PP; ninguna alternativa para enfrentar la cada vez mayor presencia la ultraderecha – y hasta grupos abiertamente fascistas- en las calles. El carácter represor y neoliberal que el Gobierno del PSOE y UP puede tener su mella en sus resultados de las próximas elecciones autonómicas. Su única baza será, de nuevo, llamar al voto del mal menor.

Contra este canto a la resignación, es imprescindible y urgente que toda la izquierda que no quiere comprar este discurso, empecemos a discutir como proponer una alternativa anticapitalista y de clase.






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