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Victoria del PP: ¿Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen?

El aumento de votos del PP en las elecciones, genero un aluvión de calificaciones al "pueblo", que solo esconden la impotencia de su propia estrategia.

Federico Grom

Barcelona | @fedegrom

Miércoles 29 de junio de 2016 | 20:31

Estos días frente al triunfo electoral del PP, en las redes y entre el activismo de los movimientos sociales se dispararon masivamente opiniones que apuntan a que "la culpa" de que ganen los populares es de "los españoles, ignorantes", "analfabetos que no aprenden más", "ahora que nadie se queje" y toda una lógica de que son los ciudadanos los que "se dejan explotar" o los que "permiten la corrupción" .

Toda una gran ofuscación porque el Partido Popular no sólo ha resultado primera fuerza como cabía esperar, sino que ha mejorado sus resultados con respecto a las anteriores elecciones, al mismo tiempo que Unidos Podemos no superó al Partido Socialista.

La lógica de que “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”, no es nueva. Y con diversas expresiones se pueden leer hoy en las redes sociales u oír en charlas de bar. La frase, atribuida con matices a múltiples autores que van de desde el italiano José de Maistre, Jacinto Benavente, Gandhi o el mismo Winston Churchill, no puede estar más alejada de la realidad. Refleja una concepción evolucionista y liberal de la historia y solo sirve para justificar la imposibilidad de ofrecer una alternativa desde ciertos sectores.

Sin embargo, la historia nos demuestra, que un solo y mismo pueblo puede tener durante un período relativamente breve, gobiernos muy diferentes e incluso de signo opuesto.

La primera cuestión que da por sentada e inequívoca esa afirmación, es que en una democracia burguesa" el pueblo escoge libremente el gobierno que quiere", y por lo tanto este es el que se merece. Como si no hubiera poderes que buscarán mediar en esa decisión.

Lo primero que hay que señalar es que todo sistema dominante busca propagar y garantizar que la ideología en la cual se sustenta dicho sistema sea la dominante. Esto se hace desde la tierna infancia mediante la educación y se refuerza a lo largo de la vida con los medios masivos de comunicación. Pero también se garantiza con leyes como la ley electoral en el Estado español.

Por último, si hubiera amenaza de que “el pueblo” pudiera votar algo que sea del disgusto de las clases dominantes, ahí está también la policía y el ejército, para quienes está antes “la patria” que la democracia. Ya sea bien ejerciendo su influencia de terror para evitarlo, o a la postre de las votaciones, instaurando dictaduras militares y periodos de “excepción”.

La libertad de elegir un gobierno en el sistema capitalista queda acotada a la libertad del pueblo a elegir sus verdugos en los próximos años.

Por último, pero no menos importante comprender que un pueblo está compuesto de clases sociales hostiles y a su vez, que estas mismas clases están formadas por capas diferentes, parcialmente opuestas unas a otras y con diferentes orientaciones políticas. Y además, todos los pueblos sufren la influencia de otros pueblos, compuestos a su vez de clases y con un status adquirido en la arena internacional.

Por lo tanto, los gobiernos no son el resultado de la "madurez" política de un "pueblo", sino el resultado de la lucha de clases.

Incluso puede darse el caso que un gobierno dure mucho más tiempo, que la relación de fuerzas del cual ha sido producto.

Los derechos no se ganan en las urnas sino en las calles: la desilusión de las encuestas a las urnas

Muchas de estas opiniones vienen de activistas o votantes de Podemos o de sectores de los movimientos sociales y de izquierda muy desilusionados por el triunfo de PP.

La burguesía puede darse por satisfecha al haber encaminado las protestas del 15M al circuito electoral. Para las buenas voluntades, la forma de poder realizar esas demandas, pero para los poderosos un recurso para normalizar las calles.

“Nos dijeron que nos presentásemos a las elecciones” reconocen los propios dirigentes de Podemos públicamente. Y es que a esto se dedican en exclusiva los nuevos reformistas, a diferencia de los viejos que, en sus orígenes, combinaban el parlamentarismo con la lucha en las calles, ni que sea como forma de ejercer “presión”, para hacer efectivas las más mínimas reformas.

Visto los últimos años pos 15M sería importante preguntarse ¿las calles han entrado al congreso, como sostenía Podemos con su victoria, o el orden del congreso se ha impuesto en las calles?

La realidad es que existe en términos políticos un corrimiento hacia la izquierda de masas, pero con una conciencia muy reformista, y que la estrategia que se encumbró en este movimiento, fracasó quedándose por detrás de las ilusiones que despertó.

La hipótesis de Pablo iglesias de “tomar e cielo por asalto” mediante la vía electoral y el abandono de todo rastro de radicalidad, se ha demostrado equivocada.

La ausencia de Podemos en las calles, responde a su estrategia de construirse como un partido mediático, respetuoso del régimen político y los poderes reales, y “abierto a escuchar” a grandes empresarios, banqueros y militares.

El 26J Unidos Podemos cosechó un millón cien mil votos menos de lo que representaba la suma de Podemos, las confluencias e Izquierda Unida el 20D. Habría que buscar donde están los votos que perdió Podemos, y por qué los perdió. Más que el recurso fácil de calificar los del PP. En lo esencial, esos votos no fueron a otras formaciones, sino que se plegaron a la abstención masiva.

El devenir hacia la derecha de la formación morada, que en los últimos años la acercó más a la casta del PSOE que decía combatir que al 15M del cual pretendía ser continuidad, es sin duda una de las razones del crecimiento de la abstención y de que se haya evitado la debacle del PSOE.






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