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¿Y qué hacemos contra la extrema derecha?

Giorgia Meloni ha ganado en Italia, Bolsonaro pasa a la segunda vuelta en Brasil, mientras VOX parece sobrevivir sin problemas a su trifulca con Macarena Olona, y vuelve al centro el debate sobre la extrema derecha. Qué está pasando, por qué y qué podemos hacer para frenarlo son las preguntas de un debate ineludible que nos debemos en la izquierda anticapitalista.

Lucía Nistal

Martes 4 de octubre
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Se reabre el debate sobre la extrema derecha y aparecen las respuestas usuales desde la izquierda institucional y sectores progresistas. Por ejemplo, Pablo Iglesias lleva tiempo denunciando desde su podcast el papel de los medios, especialmente lo que llama la progresía mediática, blanqueando a la extrema derecha y atacando -a veces de manera burda- a lo que Iglesias considera la alternativa, Unidas Podemos. Y no vamos a negar el papel de los medios, ni la manipulación de La Sexta -aún recuerdo que fue el programa de Ferreras el que cubrió de una manera más torticera el referéndum sobre la monarquía que hicimos en las universidades hace unos años-, pero nos debemos un análisis más fino.

También señala a menudo Iglesias a la “derecha democrática”. Según decía en el programa que dedicaron a las elecciones italianas, son ellos los que le dan la entrada al fascismo. Y claro que derecha y extrema derecha se llevan muy bien, aunque no olvidemos que aquí el PP trata de quedarse los votos de VOX, lo que les lleva a veces a tratar de separar su discurso, mientras, eso es cierto, pactan con la otra mano. ¿Pero acerca de la izquierda institucional no tiene nada que decir? ¿Ni del gobierno progresista?
Veamos, el gobierno progresista ha reprimido a migrantes en la frontera -con justificación mediante del Secretario General del PCE-, ha reprimido a trabajadores y manifestantes con tanquetas como en Cádiz, mientras desde Unidas Podemos nos decían que confiáramos en el gobierno –“venimos en son de paz” decían los marcianos de Mars Attacks! mientras disparaban-, han desviado millones de los fondos públicos para rescatar a las empresas, aprobado la ley mordaza digital y no derogado la ley Mordaza, se han alineado con Felipe VI –“la monarquía no le preocupa a la población”, decían desde Podemos mientras organizábamos referendos contra la corona en barrios y universidades de todo el Estado-, han reprimido al independentismo catalán y negado el derecho a decidir, ¿seguimos? Seguimos, han organizado la cumbre de la OTAN que supone el mayor giro político hacia la militarización y el rearme imperialista de las últimas décadas, y acaban de refrendar esta línea incluyendo, por la puerta de atrás, una subida del 20% del gasto militar en los presupuestos generales. Para rearmarse con el fin de seguir explotando y expoliando otras tierras siempre encuentran fondos. En cambio, para hacer frente a la inflación brutal que el guerrerismo de Putin, la OTAN y la UE está causando ya no tanto, ya vemos que las ridículas subidas salariales dejan un saldo de pérdida de poder adquisitivo generalizado. Y digo generalizado y no total porque los grandes empresarios, los de las eléctricas y la banca siguen haciendo negocio y recibiendo ayudas mientras aumentan sus beneficios, que lo de arrimar el hombro y pagar más impuestos es poco más que retórica si vemos los números.

Total, que llevan toda la legislatura haciendo políticas propias de la derecha, y encima tratando de hacerlas pasar por políticas progresistas, lo cual es aún más peligroso. ¿Y quién se mueve como pez en el agua en este marco de políticas imperialistas, en favor del IBEX, de respeto a la monarquía, represivas, guerreristas… en este marco de políticas de derechas? Pues sí, claro, la derecha. Son los únicos que tienen algo que ganar aquí, y lo hacen.

El crecimiento de la extrema derecha no es culpa del feminismo combativo, ni de las conquistas que consiguen e imponen el movimiento de mujeres o el LGTBI con la lucha en las calles, como dicen sectores rojipardos que utilizan la menor ocasión para atacar estas luchas, detrás de la idea reaccionaria de que las luchas de los oprimidos “dividen” a la clase obrera. Por el contrario, ¡ojalá hubiera más conquistas de las oprimidas que nos diera más fuerza para enfrentar a esta extrema derecha! ¡Ojalá los sindicatos se dejaran de paz social y decidieran a salir a la lucha y tomaran también como propias las reivindicaciones de las mujeres y las migrantes, que son un gran porcentaje de la clase trabajadora en la actualidad!

Son cada una de las medidas contra las mayorías sociales, las trabajadoras, las de abajo, las que han abierto un poco más la puerta a la extrema derecha. Y esto lo saben bien en Italia, en Brasil o en Chile. Cuando no hay una alternativa clara de la izquierda, que sea independiente de los grandes capitalistas, se paga.

Porque si los medios tienen éxito en difundir sus bulos y manipulaciones, también es porque los que supuestamente hacen “políticas progresistas” en realidad mantienen el estatus quo donde siguen ganando los poderosos. Porque no se ha hablado tanto de que Boric defendía el apruebo mientras asumía la agenda de la derecha, o de que la Convención Constituyente chilena estaba limitada por los poderes constituyentes herederos directos del pinochetismo y que las demandas centrales quedaban en papel mojado.

Tampoco se explica mucho que Lula iba a las elecciones con Geraldo Alckmin, exgobernador de San Pablo por el PSDB, muy conocido por reprimir las huelgas docentes y ocupaciones por vivienda, una figura fuerte del neoliberalismo brasileño como se explica en esta entrevista nuestra compañera del MRT en Brasil Diana Assunção. Todo un giro a la derecha en sus alianzas y propuestas, por ejemplo ya confirmó que no va a derogar la reforma previsional ni tocar lo esencial de la reforma laboral, que busca convencer al capital y la burguesía.

Ya estamos otra vez, aliados y políticas de derecha, que fortalecen a la derecha y a la extrema derecha. Y así, Bolsonaro pasa a la segunda vuelta y en Chile no vence el apruebo. Es difícil movilizar a las mayorías trabajadoras y populares cuando no se tienen proyectos que atiendan a sus necesidades, sino que siguen subordinando estas a las de los grandes capitalistas. Y si encima se disfrazan de alternativa de izquierda y se genera desilusión y desconfianza en esa izquierda moderada, peor aún. Y no tenemos tiempo para esto.

No tenemos tiempo para el malmenorismo, otra vez. Ya lo hemos visto, ya sabemos lo que es, y que no frena a la extrema derecha. Ese discurso de sobredimensionar el peligro de la extrema derecha, llamarla fascismo, hablar de posibles golpes de Estado, solo para justificar aliarse con sectores de derecha y políticas de derecha, solo sirve para desmoralizarnos y dejarnos sin alternativa. El (neo)reformismo nos repite una y otra vez que la relación de fuerzas es muy mala, que la sociedad es conservadora, que viene el fascismo y que por eso tenemos que aliarnos con la derecha, pero lo que están haciendo es contribuir en generar esa relación de fuerzas, de derrota anticipada y desmovilización.
Y así se queda el neorreformismo defendiendo el régimen, como vimos en la campaña de las anteriores elecciones generales durante la que Pablo Iglesias iba a todos los platós con la Constitución española monárquica en la mano, o la que está haciendo ahora Ione Belarra y Podemos que arranca la campaña haciendo eje en sus discursos en la defensa de esta “democracia” para ricos y el respeto a sus reglas del juego, la de Yolanda Díaz hablando de conciliación y diálogo con los empresarios y la burocracia sindical desde su Ministerio, por no hablar de la campaña bochornosa de Más Madrid celebrando con orgullo la cumbre de la OTAN en Madrid –“Americanos, os recibimos con alegría”- o su incorporación del discurso securitario policial.

En su democracia para ricos y en su régimen, los y las trabajadoras, las mujeres, la juventud, las migrantes, los colectivos oprimidos y explotados no tenemos nada que ganar. A la extrema derecha no se la derrota desde las instituciones y el respeto al orden establecido, que es el suyo. Necesitamos una organización independiente, una alternativa de izquierda anticapitalista y de clase que tenga claro que nuestro terreno es el de la lucha de clases, nuestras reivindicaciones las de nuestra clase y los sectores oprimidos, dispuesta a enfrentarse hasta el final a esta extrema derecha que nos quiere en silencio y miserables, a este régimen del que nacen y a este sistema al que defienden. Una izquierda revolucionaria, sí, que se atreva a romper este tablero distópico de reyes y reinas, y se atreva a imaginar y luchar por un futuro socialista que construyamos desde abajo.


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Lucía Nistal

Madrileña, nacida en 1989. Teórica literaria y comparatista, investigadora en la Universidad Autónoma de Madrid. Milita en Pan y Rosas y en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT). Portavoz de Referéndum UAM.

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