Política Estado Español

CRISIS MONARQUÍA

¿Y si se muere el emérito?

La mañana ha arrancado con la noticia del ingreso de Juan Carlos I por covid-19 y el posterior desmentido de la Zarzuela, que ha argumentado que no vendrá al Estado español por ser población de riesgo. Las dudas sobre su estado de salud plantean la pregunta de qué efectos tendría el inevitable “hecho biológico” en la crisis de la institución.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Jueves 17 de diciembre de 2020

No tendremos reencuentro a lo anuncio de “El Almendro”. Juan Carlos I no vuelve por Navidad. Algunos medios filtraban la noticia de una supuesta infección del emérito por covid-19. La Casa Real respondía que se trata solo de una medida preventiva por pertenecer a un grupo de riesgo, tiene 82 años.

Sea como sea, la pandemia y la más que posible tercera ola ha resuelto el dilema familiar de si el abuelo podía venir para Nochebuena. Juan Carlos I se quedará en su resort de lujo en Abu Dabi, o de ser ciertas las informaciones negadas por Zarzuela, lo cambiará por otra suit también de lujo en una clínica privada del mismo Emirato.

¿Podría ser que la pandemia termine actuando como un salvavidas para la Corona? Peores cosas se han visto en la historia de las monarquía. Cualquiera que conozca algo de ella sabe que muertes, asesinatos, infertilidades... han marcado el destino durante siglos de esta modernísima institución. No iba a ser menos en el XXI.

De entrada el riesgo de contagio -o el contagio escondido- ha resuelto el sainete navideño de una forma elegante. Felipe VI no quería de vuelta a su padre, temeroso de que su presencia abriera un nuevo episodio de la larga crisis de la institución. El abuelo, insistía en lo contrario. El muy... Borbón, le ha confesado a sus allegados más cercanos que su estancia en uno de los hoteles de lujo más caros del mundo, le está resultando aburrida. En un piso de 50 metros y sin ascensor habría que dejarlo.

Pero además, no cabe duda que su salud es una variable clave para el futuro de la institución. Se asemeja así a las postrimerías de su predecesor, Franco. Pasada la barrera de los 80 las espectativas en el inevitable “hecho biológico” fueron muchas de una parte de la oposición antifranquista. Pero muerto el perro, no se acabó la rabia. Con Juan Carlos I esto será aún más así. Ya tiene sucesor en el cargo y toda una operación de Estado para separarlo de su legado más cuestionado.

Si el patriaraca de la saga se ve afectado por la enfermedad que ha marcado a fuego 2020 en el calendario, o por cualquier otra de carácter terminal, este hecho será convertido en un gran activo para inundarnos de panegíricos sobre su figura, su rol en la Transición y los “trapos sucios” se conviertan en meras manchas en un magnífico expediente de “servicio a España”. Hasta los republicanos “sui generis” de Podemos e IU -que se conforman con algún tweet o declaración tricolor, mientras sostienen al gobierno que sigue blindando la institución- callarán por “respeto institucional”.

No digamos cuando el desenlace sea su fallecimiento. Si su contagio por covid-19 es cierto, el virus no distingue entre sangre azul y roja. Aún así sería cínico pensar que el octogenario borbónico tiene las mismas posibilidades de morirse que los decenas de miles de abuelos fallecidos en sus casas, residencias u hospitales en los últimos meses. Una cosa es que el virus no distinga de sangres, y otra que tenga las mismas posibilidades de éxito en una sanidad privada full equip que en una sanidad pública vaciada durante años y en colapso.

Aunque suene tétrico, el inevitable “hecho biológico”, llegue más pronto o más tarde, será su último servicio a la Corona. Nadie habla mal del muerto en el entierro. Pero sobre todo ¿qué mejor manera de sellar el relato de que las corruptelas y borbonadas son cosa del padre y no del impoluto y casi virginal Felipe VI? Lo de “a rey muerto, rey puesto” es una de las leyes de las monarquía.

Como su predecesor Franco, es muy posible que Juan Carlos I muera en la cama. Como entonces, serán muchos los que querrán darle una sobrevida de otros 40 años a la Corona como clave de bóveda del Régimen del 78, tal y como la definió ayer el ministro de Justicia. Como entonces, habrá mucho republicano que, emulando a Carrillo y al PCE, se sumarán al relato de que es una concesión necesaria para frenar las tendencias involucionistas -en los 70 era el “ruido de sables”- .

El covid-19, otra enfermedad o la edad, se podrá llevar pa’lante al emérito, pero no a la monarquía. Para acabar con ella el camino es pelear por el fin del régimen político de la que es pilar. Y para ello es imprescindible construir otra izquierda diferente a la que lo es ante todo la de Su Majestad. Una izquierda que quiera echar abajo la herencia del Franquismo y luchar por un programa social que haga pagar, esta vez sí, la crisis a los capitalistas.






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