SUPLEMENTO

¡Ya vienen las de las batas rojas!”: gestas de las obreras textiles contra el franquismo

Cynthia Lub

¡Ya vienen las de las batas rojas!”: gestas de las obreras textiles contra el franquismo

Cynthia Lub

Entrevistamos a Ángeles De la Fuente Benito, una de las protagonistas de las huelgas más emblemáticas durante el franquismo y la transición de las obreras textiles conocidas como las de las “batas rojas”, de la fábrica alemana de corte y confección de camisas Seidensticker, posteriormente Valmeline, en Tarragona (Catalunya).

Al azar agradezco que por un error, me haya llamado Ángeles para aclararme que el libro, “Una història de dones en lluita: La conflictivitat laboral en empreses tèxtils multinacionals (1971-1980)”, había sido escrito por ella misma en base a su tesina de graduado social - [1], cuando en el verano pasado escribí Las de las “Batas Rojas”: obreras textiles contra el Franquismo, y al volverse a publicar en una revista digital, no se retrataron las fuentes que yo misma había escrito cuidadosamente en la versión original. Es así que quedamos en “compensar” este importante error con una entrevista. En realidad, de mi parte fue una excusa para poder conocer de primera mano a una de las líderes de esta gran gesta, hablar largas horas de su experiencia, de la situación actual y del futuro de la clase trabajadora.

“Teníamos entre 16 y 22 años y éramos migradas de todas partes de España, había un interés en poner en común la vida”

Cynthia: Comenzamos a hablar desde el principio, de cuando empezó a trabajar siendo casi una niña y de cuáles fueron los motores para empezar a pelear en la fábrica…

Ángeles: Yo tenía 16 años cuando cuando entré a trabajar en esa empresa. Al principio esta fábrica era de una sola nave y daba una apariencia hermosa, de que trabajar allí iba a ser algo maravilloso. Cuando comenzamos llegamos a ser quinientas trabajadoras, mayoría mujeres y unos treinta hombres, que eran los encargados o mecánicos.

Para pasar el período de prueba teníamos tres meses. Realizábamos 20.000 camisas diarias, te daban una pieza y teníamos que terminarla en un tiempo de décimas de segundos. Si no lo lograbas, no te admitían en la empresa. Tuve que hacer muchísimo esfuerzo, pero al final quedé fija. Entonces, una de las primeras cosas por las que luchamos, era que, si veíamos a alguien que quería entrar a trabajar y no llegaba a lo que exigía la empresa, la ayudábamos a hacer las piezas para que pudieran quedarse. Eso realmente fue una de las cosas que creó unos lazos de unión, de apoyo mutuo, de sentimiento de que allí había buenas compañeras. Y en todo momento creamos lazos de amistad y fomentábamos excursiones a muchos sitios de zonas turísticas bonitas. Tú piensa que la mayoría teníamos entre 16 y 22 años y éramos migradas de todas partes de España, había un interés en poner en común la vida. Y eso nos ayudó muchísimo en las relaciones humanas tan necesarias a la hora de poder llevar una lucha.

“Muchas veces nos sancionaban por cantar”

También hacíamos charlas de todo tipo, como de sexualidad. Algunas estábamos organizadas alrededor de El Topo Obrero, que éramos trabajadores autogestionarios y socialistas, desde donde se valoraba mucho hacer formación y pensábamos que para luchar las personas debían estar lo mejor posible emocionalmente y que la sexualidad era un aspecto muy importante, que la viviera de manera más relajada y mejor. Se hablaba también de la educación de los hijos, de todos tipos de cosas. Esta experiencia me ayudó lo que era la vida y a tener una idea muy clara de lo que es ser de una clase social, de clase trabajadora. Todo esto fueron las bases para organizar las luchas.

Al ser una sola nave, una de las cosas que hacíamos era cantar. Siempre había alguien que elegía una canción y le ponía letra de la situación que estábamos viviendo. Y entonces cantábamos, aquello era de lo más bonito y daba sentimiento de unidad que les cabreaba muchísimo a la empresa, y muchas veces nos sancionaban por cantar.

Cynthia: Me decías que el motor para salir a luchar fueron las condiciones laborales extenuantes. Háblanos sobre ello.

Ángeles: Para trabajar, se dividía la camisa en piezas, por el ejemplo el cuello que lo hacíamos una cadena, que a su vez podía tener viente tramos de trabajo, muy pequeños, que estaban enlazados uno con otro como una cadena, en la que empezaba una y luego seguía otra. Igual que las mangas u otras partes, y si una compañera se atrasaba las demás también. Si un día estabas indispuesta, el esfuerzo era enorme porque tampoco podías ir al lavabo. Y cuando tenías la media hora para comer el bocadillo, en vez de ello pues, te quedabas a adelantar lo atrasado para no atrasar a tus compañeras. Eso era un factor que nos estresaba mucho porque el trabajo que realizábamos era de tiempos cortos, de segundos. Era uno de los problemas fundamentales en las condiciones de trabajo: los tramos del tiempo de trabajo, que nos controlaban siempre y nos obligaban a trabajar más para ganar lo mismo. Eran jornadas extenuantes, nos provocaban problemas de ansiedad y musculares, en las cervicales. Además de pelear por condiciones ambientales en la nave, el calor en la fábrica era insoportable, mientras siempre subían los destajos

Cynthia: Cuéntanos cómo se organizaban, cuando aún no los sindicatos no estaban conformados o legalizados

Ángeles: Todo esto motivó a que unas cuantas mujeres, entre nosotras, nos autoconvocáramos y empezáramos a hacer reuniones en una capilla de uno de los párrocos del barrio, a conocer cómo se organizaban otros trabajadores porque nosotras no teníamos ninguna formación política. Fueron las condiciones de trabajo lo que nos motivó a organizarnos, aún no teníamos conciencia de lo que era una lucha contra el franquismo. Y pensábamos que nuestras decisiones tenían que estar en manos de las asambleas, que tenían que decidir qué hacer y cómo, no los partidos ni nada de arriba. Y yo estaba en una organización, en el Topo Obrero, pero sabíamos que había que respetar las decisiones de las asambleas, porque que se consideraba que los que más saben solucionar los problemas, son quienes los sufren, los trabajadores.

Comenzamos una primera protesta a ritmo lento, que es casi más difícil que una huelga, y la hicimos durante tres semanas y después hicimos paros en escala de horas, de semanas, días y meses. Todavía no había sindicatos legalizados, sólo existía el Sindicato Vertical en el que decidimos participar. Y como éramos la empresa mayoritaria, la más grande de la provincia de Tarragona, ganamos y entramos, e incluso yo fui secretaria del textil de la provincia. Y se hicieron enlaces sindicales donde éramos representantes. Pero como queríamos ir rompiendo con ellos, cuando había que negociar siempre llevábamos un par de trabajadoras que son las que conocían los verdaderos problemas de la fábrica, en una comisión. Y así peleamos para que las comisiones de trabajadoras sean las que representaran a la fábrica, no los enlaces sindicales.

Cuando había represión subíamos a las oficinas donde estaba la dirección y nos encerrábamos en el despacho y decíamos “de aquí no nos movemos hasta que esto se solucione”.

“Nosotras bajábamos con nuestros uniformes rojos a manifestarnos y cada vez que nos veían decían: “¡Ya vienen las de las batas rojas!”

Cynthia: ¿Cómo has vivido los hitos más importantes recorridos durante más de una década huelgas, encierros, paros y protestas de las de “las batas rojas”?

Ángeles: La fábrica se instaló en 1961 con dos turno, tarde y mañana. Primero, era una sola nave y facilitó todas las luchas porque cualquier problema podíamos transmitirlo de inmediato y nos facilitó a la hora de organizarnos. Pero una de nuestras primeras peleas era conseguir que hubiera un sólo turno y conseguimos uno de mañana, de siete a las quince horas.

Una de las primeras huelgas fue cuando despidieron a una chica que cayó en una depresión, porque su hermano murió en un accidente. En ese momento si llevabas un tiempo de baja te podían echar. Bueno, ella pasó esos días de baja y la quisieron echar. Nosotras dijimos que si esto no se solucionaba, nosotras parábamos. Y paramos, hicimos media hora diaria en solidaridad con ella, porque esto era un despido improcedente y no lo íbamos a permitir. Cosas así hubieron muchísimas.

La segunda huelga importante fue en 1974 cuando nos empezamos a plantear que había que tener un convenio de empresa, porque había un convenio provincial de unas condiciones deplorables. Ni la empresa, ni el sindicato vertical querían. Nosotras bajábamos con nuestros uniformes rojos a manifestarnos y cada vez que nos veían decían: “¡Ya vienen las de las batas rojas!”. Pero conseguimos un convenio con mejores condiciones y una plataforma de reivindicaciones, discutidas en asambleas y por secciones. Pero la empresa no nos quería dar nada y convocamos paros que comenzaron el 10 de julio, todos los días durante una hora. Salimos a las calles y a recorrer todas las empresas de Tarragona. Hicimos una caja de resistencia, recogimos dinero de las empresas y pudimos mantener la huelga de 40 días seguidos, logramos un apoyo muy masivo. Todo esto obligó a la empresa a ceder a nuestras reivindicaciones de la plataforma que habíamos propuesto. Celebramos por todo lo alto.

Desde el año 1974 a 1976 habíamos adquirido una fuerza social muy grande, hasta llegamos a pedir balances de la situación económica de la empresa, entradas y salidas de todo, porque ellos decían que no tenía muchas ganancias, pero no podía ser porque era una multinacional alemana. Nosotras hacíamos las piezas pero ellos se las llevaban a Alemania y no se sabía los beneficios y nosotras queríamos que todo esto saliera a relucir. En todas las luchas siempre hacíamos así: primero, hablábamos con la empresa y si no nos hacía caso, seguíamos por la vía de cánticos, después por paros intermitentes y después huelgas. Esa ya era nuestra dinámica.

“La empresa ya vio que no podía con nosotras y que había un arraigo de clase tan grande, una fuerza trabajadora contra la que no iban a poder”

Ángeles: En 1973 la empresa pasa a llamarse Valmeline y cambia la dirección con el objetivo de imponer una línea mucho más dura y más represiva. Las oficinas de la dirección estaban en una nave alta con un balcón que daba a la nave nuestra de trabajo, entonces el director se pasaba controlando todo lo que hacíamos. Se inició un proceso de represión continuada muy fuerte. Además pasamos de hacer camisas a hacer anoraks, e intentaron poner un boleto para controlar el trabajo que realizábamos. Cuatro compañeras decidieron no utilizar ese boleto y las sancionaron y acto seguido empezamos a hacer paros. Y cuanto más nos sancionaban, más paros hacíamos. Despidieron a 162 trabajadoras. Hicimos 56 días de huelga seguidos y con nuestras batas rojas nos manifestábamos igual que en 1974. También nos cambiaron el uniforme y ya no teníamos uniformes rojos, teníamos uniformes verdes. Pero nosotras teníamos guardados uniformes rojos y a veces bajábamos a las manifestaciones con el rojo y no con el verde. Hasta que sólo tuvimos las verdes.

En ese momento ya existían los sindicatos legalizados y había comité de empresa. Pero la empresa nos exigió la dimisión de todo el comité y que teníamos que convocar elecciones sindicales nuevamente, sin nosotras, con el objetivo de poner ellos su candidatura. Entonces, nos sancionaron a treinta trabajadoras con dos meses de empleo y sueldo. El primer mes la empresa nos lo pagaba a condición de que estuviéramos en casa, no querían que estuviéramos allí. El otro mes tenía que ir a cargo nuestro, entonces nuestras compañeras hicieron una colecta y todas cobramos lo mínimo el salario. Nosotras aceptamos las condiciones, se hicieron las elecciones y ¡salió el mismo comité, el mismo número y las mismas personas!

Claro, la empresa ya vio que no podía con nosotras y que había un arraigo de clase tan grande, una fuerza trabajadora contra la que no iban a poder. Y a mitad de 1976 nos intentó hacer un ERE queriéndonos echar. Enseguida demostramos con informes que no había ninguna pérdida y el sindicato no les concedió el permiso, ni la delegación de trabajo les concedió el expediente de crisis. Pero la empresa estaba poniendo las bases para justificar un cierre y comenzó un periodo muy muy duro, la pasamos muy mal, que duró hasta 1978. Luego con muchas luchas y también represión en todos los niveles hasta 1980.

Durante ese año pasaron la dirección de la empresa a Madrid, para dificultarnos mucho más las manifestaciones o cualquier gestión. Hasta que nos enteramos por la prensa del expediente de regulación de empleo total y que la empresa se iba. Fuimos con tres autobuses hasta Madrid, más 28 días de encierro viviendo dentro de la fábrica, ¡íbamos con los colchones! Nos encerramos en delegación, nos encerramos en ayuntamientos, hicimos un contrainforme que demostramos que no había que cerrar la fábrica y delegación de trabajo le denegó el cierre. Y aún así la empresa dijo que se iba y el Estado los dejó actuar sin más. Hicimos una asamblea importante en la que lloramos todas, porque la fábrica se cerraba.

“En esa época se pensaba que el salario principal era el del trabajo del marido y que las mujeres trabajaban para ayudarlo. ¡Nosotras aprendimos que no!”

Cynthia: ¿Cómo vivíais las huelgas, como mujeres y trabajadoras durante el franquismo?

Ángeles: Bajábamos a la rambla con nuestras batas rojas, nos las querían quitar y en alguna ocasión nos las quitó la policía, así que decidimos ir en ropa interior debajo de las batas. Cuando ellos querían quitarnos el uniforme, algunas nos abríamos el botón y nos decían: “No no, déjelo, déjelo”. Era muy divertido. Quizás, uno de los resultados más palpables fue la ruptura de la legalidad vigente para conseguir los derechos de reunión, huelgas y manifestación.

Algunas de nuestras principales reivindicaciones conseguidas como mujeres, fueron la excedencia por maternidad para las trabajadoras de entre tres meses a seis años con obligación de readmisión, puestos con menor ritmo para las mujeres embarazadas y mayores de cuarenta años o la reducción de la jornada laboral por hijo. Para las mayores de cuarenta años logramos que tengan horarios y puestos especiales, porque para ellas el ritmo de trabajo era muy duro.

En esa época se pensaba que el salario principal era el del trabajo del marido y que las mujeres trabajaban para ayudarlo. ¡Nosotras aprendimos que no! Que somos tan importantes como ellos y que tenemos derecho a un trabajo y un salario digno. Y esto era una de nuestras reivindicaciones.

Las charlas de sexualidad también nos ayudó muchísimo a las mujeres. El Topo Obrero había editado un libro sobre sexualidad, para que la viéramos como parte de la vida y nos formamos para ser luchadoras y crecer en todos los sentidos como personas en la fábrica.

Con la participación social de las mujeres en esta lucha, el hombre aprendió a ocuparse más activamente de la familia rompiendo con el machismo de esa época. Aprendieron lo que realmente era el feminismo, nosotras no hemos tenido un feminismo de palabras, hemos tenido un feminismo de hechos, por lo que hacíamos porque éramos las mujeres las que íbamos a las manifestaciones y los niños iban con los maridos. Quiero decir, que las que estábamos delante éramos nosotras y los que estaban detrás con los niños eran ellos, cuando siempre fue al revés.

“Estábamos en un periodo de clandestinidad, con mucha represión, las mujeres no contábamos para nada. Pero, ¡se hicieron paros de otras empresas en apoyo nuestro, paros!”

Cynthia: También podemos decir que fuisteis pioneras en la lucha obrera contra el franquismo…

Ángeles: Nuestras huelgas fueron contra el franquismo. Hicimos asambleas coordinadas con otras empresas, asambleas interempresariales. Y recuerdo que el PSUC decía que nosotras éramos unas reformistas porque no hacíamos huelgas cuando ellos decían, porque en esa época ellos marcaban las huelgas, eran los que decían “ahora sí, ahora no”, pero como nosotras no entrábamos en esa dinámica porque éramos asamblearias, todo los decidíamos en las asambleas. Pues entonces ¡para ellos éramos unas reformistas! Y me acuerdo yo de discusiones muy fuertes, nos apoyaban las huelgas nuestras porque no les quedaba más remedio. Pero para nosotras mandaba la asamblea, siempre.

Yo siempre estuve de delegada, pero cada dos años tenía que dimitir la mitad del comité de representación de la empresa a la que iban las comisiones por sección, porque decíamos cuando llevábamos tanto tiempo hablando con la dirección nos volvía locas y que tenía que entrar savia nueva al comité de empresa, aunque la dirección no quería pero nosotras les respondíamos, “no no, somos las trabajadoras las que lo decidimos quien dimite y quién sube”. Esto no lo hacían los comités de empresa donde estaba el PSUC, que en nuestra fábrica no estaban. A parte teníamos las comisiones de trabajadoras por sección, donde se discutían los problemas concretos de la fábrica, porque esas cosas concretas de la faena las que mejor las sabían eran las trabajadoras y defenderse.

Estábamos en un periodo de clandestinidad, con mucha represión, las mujeres no contábamos para nada. Y todo lo que empezamos a hacer, por el mismo hecho de que éramos mujeres, creo que hubo, porque los hombres son tan machistas, un sentimiento de “A estas pobres mujeres, uy, que les están haciendo, tenemos que apoyar a estas mujeres”, o sea, un sentimiento de paternalismo hacia nosotras. Pero lo bueno es que hubo una respuesta muy masiva, ¡se hicieron paros de otras empresas en apoyo nuestro, paros!

A nosotras los grises nos reprimieron y nos quisieron detener varias veces, en el juzgado nos pusieron una querella, a las que estábamos luchando más, nos quitaron el carnet para que vayamos a la comisaría y detenernos. Pero claro, si íbamos nos presentábamos todas en la puerta de la comisaría y decíamos: “devuélvannos los carnets que de aquí no nos movemos”, como que si éramos doscientas trabajadoras íbamos las doscientas o más. Porque la asamblea decidía lo que había que hacer, pero después no bajaban cuatro o cinco, íbamos todas, con nuestras batas rojas.

Todo lo conseguido fue, evidentemente, poniéndonos en riesgo. Fuimos enormemente valientes el adoptar medidas de lucha que daba motivos para sanciones y despidos laborales que se produjeron en varias ocasiones incluso podrían ser consideradas un delito de sedición, revuelta o sublevación.

“Los trabajadores tenemos que defender nuestros intereses porque los capitalistas no te van a dar nada si no luchas, si no lo reclamas”

Cynthia: ¿Cuál es tu visión de la situación actual y de la clase trabajadora?

Ángeles: Hay que decir que gracias al movimiento obrero que luchó y se arriesgó un montón, el franquismo cayó, porque fue la clase trabajadora la que puso las bases para un cambio. Pero el sistema siempre fue el mismo, el sistema capitalista contra el que hay que seguir luchando.

Todavía hoy no hemos resuelto el problema de vivir en una economía capitalista internacionalizada, un sistema que no quiere que se hable de las clases sociales, y logró que se diga que los trabajadores ya no existen. No, aquí hay unas clases sociales y los trabajadores tenemos que defender nuestros intereses porque los capitalistas no te van a dar nada si no luchas, si no lo reclamas. Nadie le va a dar nada a la clase trabajadora y si pueden te lo quitan o te lo rebajan. Cuarenta años después de nuestras luchas, la situación de los trabajadores y las trabajadoras, es todavía mucho más compleja y preocupante.

A pesar de las luchas feministas, siguen existiendo diferencias notables sociales y económicas entre el hombre y la mujer. A mí me gustaría que el mundo cambiara totalmente, sin pobreza, sin personas inmigrantes que viven en condiciones inhumanas, sin que se siga deteriorando la naturaleza y el planeta, eso el capitalismo no lo va a dar, porque están sus propios intereses.


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NOTAS AL PIE

[1Ángeles De la Fuente Benito, El caso Valmeline (Historia desde dentro), Tarragona: tesina de Diplomatura al Col·legi de Graduats Socials (1985)
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Cynthia Lub

Barcelona | @LubCynthia
Doctora en Historia en la Universidad de Barcelona (UB), especializada en clase trabajadora durante el franquismo y la Transición. Escribe sobre marxismo y lucha de clases, género y clase, precariedad y feminización del trabajo. Ha sido curadora de la exposición «Las Kellys. Lucha de mujeres en la Barcelona precaria», en La Virreina-Centre de la Imatge. Es coautora del libro «Patriarcado y Capitalismo. Feminismo, clase y diversidad» (AKAL), 2019. Comité Editorial de IzquierdaDiario.es. y escribe en ’Contrapunto’.
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