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HUELGA DEL METRO

Huelga del Metro, una piedra en el zapato de Ada Colau

"Todo parece indicar que el interés del ayuntamiento se acabó cuando no hubo intereses de grandes multinacionales que proteger, y las huelgas 'sólo' afectan a los ciudadanos", denunció el comité de empresa de Metro tras dos días de huelga.

Cynthia Lub

Barcelona | @LubCynthia

Miércoles 27 de abril de 2016 | 20:29

Las huelgas del Metro de Barcelona continúan ante la negación de los directivos de TMB (Transportes Metropolitanos de Barcelona) de sentarse a dialogar con los trabajadores; quienes reclaman contra las condiciones de precariedad laboral y congelación salarial.

Dos días de paros y la dirección de la dirección de TMB sigue sin dar respuestas. Este miércoles 27 de abril, segundo día de huelga, los trabajadores y las trabajadoras del Metro se dirigieron, tras una fuerte manifestación, a las puertas del Ayuntamiento de Barcelona a exigirle mediante un escrito a Ada Colau y la directora de TMB, Mercedes Vidal, "su intervención inmediata en este conflicto".

"Denunciaremos públicamente que una vez pasó el congreso de móviles, el ayuntamiento ha renunciado a participar de alguna manera en este conflicto laboral de una empresa en la que son máximos responsables", decía en el escrito.

Las consecutivas huelgas del Metro de Barcelona están adquiriendo un carácter cada vez más político, convirtiéndose en una piedra molesta para el gobierno municipal de Ada Colau. Su lucha contra la precariedad laboral y la congelación de salarios choca contra los principales responsables de la empresa, que son dirigentes políticos de Barcelona en Comú.

Durante el mes de febrero, los trabajadores de Metro increparon a Ada Colau durante la inauguración de la línea de metro (L9) de Barcelona, diciéndole que “No puedes contestarnos al puro estilo CIU” y reclamando su responsabilidad ante la negación de la Dirección del Metro a negociar el Convenio.

No era para menos, después de las vergonzantes declaraciones de la alcaldesa de Barcelona, pidiendo a los trabajadores de Metro que desconvoquen la huelga prevista para los días 22 y 24 de febrero por considerarla "incompatible" con la negociación, defendiendo la supuesta "buena voluntad" de parte de la Dirección de Metro.

Y ante lo cual el Comité de Empresa respondió con un comunicado titulado "Los trabajadores/as de metro no mentimos. La fe del converso", concretamente al director de la Alcaldía del Ayuntamiento de Barcelona y mano derecha de Ada Colau, Manuel Simarro Contreras.

Como vienen denunciando los trabajadores y las trabajadoras, los directivos vienen cobrando 60.000 euros anuales, como es el caso de Pau Noy, de ICV quien cobra esta cifra por un cargo en TMB creado expresamente para él. Es decir que sobreviven en el "gobierno del bien común" las viejas prácticas de nepotismo.

En el escrito entregado este miércoles al ayuntamiento, los trabajadores se dirigieron a Ada Colau y a Mercedes Vidal, "Como máximas responsables políticas de nuestra empresa", y le reclaman que "intervengan urgentemente en el actual conflicto laboral en Metro, obligando al Director Marc Grau, en primer lugar a sentarse a hablar con los representantes de los trabajadores" y a que "desista en su actitud de bloqueo absoluto de la negociación".

Finalmente Mercedes Vidal los recibió después de la manifestación sin darle ninguna respuesta. Oscar Sánchez, portavoz del comité de empresa, de la CGT, anunció que "Este ayuntamiento y en concreto esta señora, hoy no tiene intención de arreglar absolutamente nada. Hasta aquí hemos llegado, la semana que viene el día 5 habrá asamblea y ¡para adelante!, le pese a quien le pese".

Barcelona viene siendo escenario de protestas y huelgas como la de los trabajadores del Metro, Autobus o los técnicos de Movistar con el Correscales 2016. Todas luchas que no sólo se deben enfrentar a las condiciones de precariedad que imponen las empresas, sino también a los nuevos "gobiernos del cambio", en este caso el municipal al mando de Barcelona en Comú.

Estos gobiernos develan su verdadero rostro de "gestores de los grandes negocios capitalistas" como con TMB, Metro o Telefónica. La utopía de gestionar "empresas comprometidas socialmente" sin contratos precarios, queda al descubierto frente a la experiencia de sectores de la clase trabajadora que salen a luchar.






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