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La Izquierda Diario
25 de octubre de 2021 Twitter Faceboock

CONTRAPUNTO
¿Quiénes son los Incels? La ideología neomasculinista de la extrema derecha
Roberto Bordón | @RobertoBordon13

En esta nota explicamos quiénes son los incels y de qué se compone su discurso ideológico que ha calado en tantos sectores de la llamada alt right.

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En esta nota pretendemos exponer quienes son los incels y de qué se compone su discurso ideológico que ha calado en tantos sectores de la llamada alt right. Un discurso que funciona como cabeza de playa para la extensión de la influencia de la derecha en los jóvenes y que muchas veces no se aborda de forma concreta.

A pesar de la transversalidad de dicho fenómeno entre las filas de la derecha, normalmente tan solo se discute en el plano mediático cuando sus activistas más extremistas cometen actos de terrorismo como fue el caso de Jake Davison en Reino Unido este verano. El joven de 22 años asesinó a 5 personas en una matanza inducida por un odio misógino y una necesidad de venganza como respuesta a la adopción de un discurso reaccionario. Pero no solo se trata de terroristas, sino de comunidades enteras, normalmente dentro del mundo digital, donde sectores de jóvenes y no tan jóvenes discuten una visión del mundo en la que el machismo, la xenofobia, el clasismo y una nostalgia reaccionaria se combinan para sembrar las bases del discurso de la alt right.

Proponemos a continuación una introducción a este universo ideológico cuya importancia no reside tanto en su fuerza organizada sino en su capacidad de permear los discursos de diferentes actores políticos que habrían estado ganando espacio desde 2016 si atendemos a los análisis de Angela Nagle en Muerte a los normies.

¿De quién hablamos cuando utilizamos el término incel?

Incel son las siglas en inglés de célibe involuntario, es decir, de una persona que no logra mantener relaciones sexuales, lo que atribuye a una incapacidad para agradar a las personas (en especial a las mujeres) con las que quiere ligar. Esto los llevaría a desarrollar un fuerte resentimiento y una perspectiva del mundo en la que ellos (hombres) se presentan como sujetos oprimidos por su género por unas mujeres que les negarían lo que consideran un derecho natural del hombre.

Los incels utilizan el término “red pill”, píldora roja, en referencia a la película de Matrix, para referirse a la revelación que experimentan al darse cuenta de la supuesta opresión que padecen, algo que se considera insuperable. Es decir, el incel como sujeto político se considera a sí mismo inútil para poder autoliberarse, independientemente de haber roto con la supuesta falsa conciencia identificada con el feminismo, que estaría ocultándoles los motivos reales de su infelicidad. Con métodos de teoría de la conspiración, estos grupos neomasculinistas fabrican un mundo en el que el hombre heterosexual está oprimido y es incapaz de superar esta situación mientras la mujer siga existiendo y siga teniendo lo que definen como una posición de poder.

Los motivos de por qué consideran que no pueden salir de esa situación y deben recurrir a la violencia como venganza residen en su visión de la sociedad. Para estos grupos, la población estaría dividida según criterios biologicistas y esencialistas, en los que distintas categorías de hombres y mujeres ocupan una pirámide. Como muchas corrientes de la alt right, su pensamiento sigue un darwinismo social, en el que el individuo merece ser un perdedor. Aunque las categorías van variando a lo largo del tiempo, se puede resumir en que existen tres posiciones básicas y una cuarta que fue añadida recientemente.

En la cima de la pirámide estarían lo que llamaríamos machos alfa, conocidos como “Chads”, individuos que identifican como hombres atléticos tan atractivos que las mujeres se sentirían atraídas hacia ellos por instinto. Se trata de los triunfadores en este modelo de sociedad y supone en realidad una actualización de la vieja idea del “chico malo/deportista” que se queda con la chica mientras que el chico bueno (nice guy) identificado ahora con el incel se queda sin ligar en la friendzone (“sólo como amigos”).

En esta imagen se puede ver un ejemplo de la pirámide a la que aluden los incels. Aunque en realidad siempre están discutiendo nuevas categorías.
Por debajo estarían los betas, hombres menos atractivos para los estereotipos sociales que deben quedarse con “las sobras” de los Chads y que aceptan que las mujeres estarán con ellos más por su dinero que por otra cosa. Este grupo es atacado por los incels acusándoles de cornudos (cucks) ya que estarían asumiendo que las mujeres se casarían con ellos por su dinero mientras les ponen los cuernos con los Chads, los únicos que les atraen sexualmente.

Finalmente, se encontrarían los susodichos célibes involuntarios, hombres que debido a sus características físicas innatas les sería imposible ligar independientemente de lo que hagan. En un ejercicio de frenología, aquella pseudociencia de la época colonial con la que el imperialismo europeo trataba de justificar su dominación sobre otros pueblos, el incel se autoanaliza y determina que el tamaño de su cráneo o su forma le impide agradar a las mujeres. Otros motivos pueden ser la altura del individuo o el tamaño de sus muñecas, y dependiendo de que post de 4chan o 8chan [1] leas se puede extender la cantidad de motivos. Lo que tienen en común es que se trata de una supuesta “mala suerte” genética, lo que les colocaría como sujetos oprimidos de la sociedad. Por supuesto, dentro de esta neofrenología, los incels blancos, aunque perdedores, valen más que los afroamericanos o asiáticos que están por debajo y los Chads afroamericanos, apodados Tyrones, son visualizados como corruptores de las mujeres del país. Porque como toda corriente de la alt right, no se renuncia ni al clasismo ni al racismo ni a una mezcla de estos con el machismo.
El proceso por el que el individuo se da cuenta de que pertenece a esta categoría y que por tanto debe perder “la esperanza” de perder la virginidad, se denomina “black pill”, tomar la píldora negra, y es el momento en que el incel debe aceptar que nunca será feliz y que no podrá escapar a la dominación femenina. Esta realización de la “opresión” es lo que los llevará a la búsqueda de la violencia hacia las mujeres, como un acto de venganza hacia la sociedad.

Oprimidos porque, aunque en la pirámide incel, es el macho alfa la verdadera casta dominante, en la ideología neomasculinista la mujer ocupa de forma extraña a la vez la posición de sujeto dominante y de objeto de consumo, dependiendo de en qué lugar de la sociedad se encuentre la persona.

Las mujeres también son divididas en categorías según su atractivo sexual, siendo la más importante las llamadas “Staceys” (imagínense el estereotipo de animadora de instituto estadounidense), ellas serían las mujeres atractivas que tienen sexo con múltiples hombres (normalmente Chads) y a las que se caracteriza como poco inteligentes, pero poderosas en tanto que saben usar el deseo sexual de los hombres en su propio beneficio. Esto se relaciona con que los incels consideran que el ser humano se mueve por una regla de 80:20. El 20% de los hombres (los chads y quizás algún beta) compiten por el 80% de las mujeres y el 80 % de hombres compite por el 20% de mujeres. Es decir, ellas al mismo tiempo deben competir entre sí para quedarse con los Chads y la minoría de ellas siempre tendrá a la mayoría de los hombres para elegir y manipular desde la perspectiva neomasculinista.

Insistimos en que se trata de una ideología ultra reaccionaria que divide a la sociedad en grupos por criterios biologicistas, por lo que pertenecer a cualquiera de estas categorías se trataría de algo objetivo, no se puede escapar a ello. De hecho, los incels tienen un término “volcel”, célibe voluntario, para describir a individuos que creen pertenecer a esta comunidad a pesar de que sus miembros les rechazan porque no cumplen con las características innatas que colocan al individuo en la categoría perdedora.

A partir de este punto, es de donde partió Davison, como otros tantos jóvenes radicalizados de extrema derecha, para asumir que con 22 años sería virgen de por vida y que el único camino que le queda es ejercer la violencia contra el resto de la población, como un último acto de venganza ante la “opresión” antes de suicidarse.
Esta acción lejos de ser aislada según muchos medios de comunicación, en realidad responde al modus-operandi de estos grupos que desde distintos foros masivos como 8chan o determinados lugares de Reddit han impulsado esta serie de ataques y cuyo razonamiento puede entenderse a partir de símbolos del propio movimiento como es Elliot Rodger.

Elliot Rodger: “mártir” del movimiento y símbolo de su pensamiento

Elliot Rodger, apodado por estos grupos como “el supremo caballero” o el “santo Rodger” fue uno de los primeros terroristas incel y en 2014 protagonizó una matanza en California. Su importancia radica en que fue uno de los primeros en publicar un manifiesto online, disponible aún en Google, donde explicaba los motivos que llevaban a su atentado y a que había planificado su suicidio después.

El texto de Rodger es una autobiografía donde el autor defiende los motivos que él opina que le llevaron al odio y la violencia hacia las mujeres y donde se expresa una serie de ideas reaccionarias, no sólo en cuestión de género sino en general. El joven describe su vida como un proceso en paralelo entre que su familia pierde rango social (sus ancestros eran aristócratas ingleses, pero él vive como pequeño burgués al final de su vida) al mismo tiempo que él se ve cada vez más apartado del mundo debido a su imposibilidad para interactuar con mujeres. Evolucionando como él mismo afirma a posiciones fascistas, el autor comienza en un cierto punto de su biografía a obsesionarse con la necesidad de perder la virginidad antes de avanzar en la veintena de edad. Rodger describe múltiples cambios de centros de estudio y vivienda en la búsqueda de una experiencia universitaria que le permita obtener su objetivo, aunque en todo momento fracasa. Según su propio relato, Rodger odiaba a las mujeres por no querer nada con él y odiaba a otros hombres por tener relaciones amorosas con ellas, odiaba a la sociedad porque bajo su juicio no debería permitir la soltería de un hombre como Rodger, descendiente de nobles ingleses y burgués estadounidense.

El manifiesto termina con dos puntos importantes a la hora de entender la ideología incel. Por un lado, Rodger, como el resto de sus compañeros neomasculinistas en general, culpará a las mujeres de la futura violencia que piensa ejercer sobre ellas. Por otro lado, renuncia como imposible a cualquier tipo de “utopía incel”, ya que estos grupos a diferencia de otras corrientes reaccionarias no tienen ninguna visión de futuro y tan solo se expresan de forma negativa a nivel político. Es decir, negando la sociedad que odian, sin demandas propositivas en sí. Rodger como harán en general múltiples corrientes de lo que ahora se conoce como alt right trata de reivindicar un modelo de familia patriarcal tradicional y una vuelta a un dominio del hombre en la casa a través de su poder económico. Una vuelta a lo que se percibe como un orden perdido con el surgimiento y desarrollo del neoliberalismo.
Rodger es uno de los primeros ejemplos virales en Internet de un incel que tomó la píldora negra y decidió atacar a las chicas universitarias californianas como una manera de expresar su odio hacia las que consideraba sus opresoras.

El no futuro de la perspectiva incel

El manifiesto de Rodger colocó el tono que han seguido otros que se identifican con esta ideología en sus manifiestos y objetivos proclamados. Lejos de una versión que siga la definición académica de terrorismo, donde los individuos en mayor o menor grado de organización y cohesión política presentan una serie de demandas al Estado o buscan imponer una alternativa al monopolio de la fuerza por parte de la organización estatal, el activismo incel no realiza nada de eso. Se trata de una pura violencia espontanea ligada a la perspectiva de que no existe un cambio posible a sus condiciones de vida y a que no hay tiempo para cambiar el inevitable resultado –lo que, en casos extremos, termina justificando actos de terrorismo individual como el que mencionamos–.

De esta forma, rara vez estos colectivos han realizado política de forma positiva, sino que tan solo la ejercen mediante actos violentos de negación de una sociedad a la que odian por impedirles validar su masculinidad y a la que achacan las incertidumbres del capitalismo actual. Quizás el apoyo a candidatos como Donald Trump en 2016 y 2020 pueden interpretarse como los únicos momentos en los que el movimiento incel, volcado dentro de la coalición inestable de la alt right siguiendo el análisis de Pablo Stefanoni en ¿La rebeldía se volvió de derecha?, ha participado en la esfera pública con propuestas concretas personalizadas en un candidato que respondía a sus deseos. En dicha coalición comparten un análisis del neoliberalismo, en especial su vertiente progre como el principal enemigo de su causa. Un oponente perfecto desde el punto de vista de su “guerra cultural” en tanto que les permite colocar cualquier opción de izquierdas incluyendo las corrientes que buscan superar el capitalismo, como élites multiculturales que les han robado sus derechos (privilegios de clase, raza o género) y del que comparten el análisis hecho por los principales grupos de la alt right. Fuera de eso y a diferencia de otros compañeros de viaje descritos en la citada obra, parece que los incels no han sabido elaborar un programa político concreto.

Esto no quiere decir que no hagan política ni que no extiendan una serie de mensajes reaccionarios y machistas por redes sociales, por ejemplo, o que en su día a día estos individuos no participen en acciones de corte fascistizante o fascista. Sino que muchas veces el éxito de este discurso radica más en su lenta instalación en el imaginario de comunidades de jóvenes (en especial comunidades online como 4chan, 8chan, Reddit, redes sociales…) como una respuesta al clima de incertidumbre generado por la crisis del neoliberalismo.

El incel se encuentra atrapado entre una nostalgia reaccionaria por la imagen falsa de un pasado, la de un modelo de familia tradicional encajado en las lógicas del fordismo, en algunos casos llamando a un etnoestado blanco en Norteamérica, y que es básicamente un pastiche de sitcom de los años 50 en Estados Unidos; y por otro lado la certeza de que dicho momento no va a volver a tiempo ni existe una salida a la crisis actual, por lo que se ve ligado a ejercer una violencia sin mayor fundamento hacia lo que consideran sus oponentes políticos.

Una violencia que legitimaban como respuesta a su idea de que el feminismo junto a otros movimientos sociales como el antirracismo les han quitado el privilegio (para ellos el derecho) de vivir un orden social en concreto, que si bien, siquiera era realmente como imaginan en algunas de sus publicaciones, se repite en sus discursos como una imagen que asumen verdadera.

Síntomas de una época

La apelación a esta simulación de un pasado que nunca fue, más allá de lo que narra la ficción, o que como mínimo está cargado de toda una serie de contradicciones y desigualdades sociales, de clase y género, que el discurso de la derecha trata de invisibilizar, es un rasgo que estos grupos comparten con otros fenómenos políticos de la actualidad. Esta reconstrucción de un pasado romantizado que se asume de forma acrítica sin tener en cuenta que tiene más de ficción que de veracidad, tiene mucho que ver con las diferentes formas en las que los grupos políticos confrontan con la época actual. Frente a una totalidad capitalista que ha generado el clima de inseguridad, incertidumbre e incluso incapacidad de pensar el futuro, la vuelta nostálgica a una realidad que nunca fue (como quienes reivindican el Estado del Bienestar en lugares donde nunca se dio) o que directamente se idealiza formas de opresión concreta (el régimen fordista, la familia patriarcal tradicional…) supone un mecanismo político para canalizar de forma conservadora todo el malestar que el capitalismo genera dentro de los límites del sistema.

En el caso del movimiento incel, solo es un ejemplo más de cómo sectores de la ultraderecha están consiguiendo influenciar a una parte de la juventud para renovar sus filas con un discurso cargado de machismo, clasismo y xenofobia. Con formas y lógicas nacidas en comunidades online, se trata de un discurso centrado en la “guerra cultural” promovida por la alt right y que supone preparar el terreno para justificar políticas reaccionarias en cuestiones económicas y de libertades políticas. La existencia de estos grupos responde también a la aparición de fenómenos de extrema derecha de que se ha dado tras la crisis capitalista del 2008 y tras el fracaso de distintos proyectos “progresistas” o neoreformistas que lejos de solucionar los problemas acuciantes de la mayoría de la población y de la clase obrera, están teniendo como legado el surgimiento de por doquier de distintas formas de reacción.

Por tanto, frente a la irrupción de estos movimiento y corrientes reaccionarias, no se trata de sumarse como apoyo a una opción de neoliberalismo progresista, con la esperanza de por esa vía poner freno a estos fenómenos reaccionarios; sino precisamente de construir un proyecto alternativo, antipatriarcal y también anticapitalista y revolucionario, que señale la posibilidad de una posición independiente de las lógicas del sistema.

 
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