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TRIBUNA ABIERTA
Sobre troskos y eurocomunistas, o la funesta clase del profesor Monedero
Roberto Bordón

La salida de Anticapitalistas de Podemos ha generado en las redes sociales una oleada de ataques estalinistas contra “el trotskismo”, tomando por excusa esta escisión. En estas circunstancias, Juan Carlos Monedero, un fiel consejero de Pablo Iglesias ha decidido encabezar los ataques.

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La salida de Anticapitalistas de Podemos anunciada con un video de Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias, en la cual describían que se trataba de un divorcio “cariñoso” que no impediría futuras colaboraciones entre actores que perfilaban la perspectiva de reencontrarse en posibles frentes amplios de la izquierda -sobre todo a nivel andaluz dentro de Adelante Andalucía-, ha desencadenado muchas críticas en las redes contra esta organización. La mayoría “por derecha”, a excepción de quienes les hemos planteado críticas desde la izquierda revolucionaria.

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Así, como jauría disciplinada, distintas figuras públicas relacionadas con el entorno de Pablo Iglesias, ya sea de una manera orgánica, o por afinidad política, han salido al ataque no solo de Anticapitalistas como formación política, sino que han aprovechado para atacar al “trotskismo” como corriente político ideológica en su conjunto, dejando ver que más allá de caretas y de nuevas pinturas, el viejo estalinismo no ha desaparecido del Estado español, sino que sigue muy vivo, en una forma eurocomunista light en Unidas Podemos.

Podríamos citar distintos ejemplos, pero centrémonos en un artículo publicado por Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos y profesor en la Universidad Complutense de Madrid. El excéntrico profesor, que fue apodado “el Mick Jagger de la Ciencia Política” en las primeras apariciones mediáticas de la formación allá por 2014, lleva años actuando de perro de presa del sector de Iglesias tras su salida de la dirección de Podemos. Monedero nunca comulgó con la presencia de Anticapitalistas -en su momento Izquierda Anticapitalista- dentro de Podemos, a pesar de que los anticapis pusieron todo su “aparato” para que naciera la formación morada. Una muestra de ello fue cuando los acusó de querer dar un “golpe de Estado” en la organización poco después de las elecciones europeas de 2014.

Pero llega el 2020, ha habido varias escisiones, rupturas y dimisiones en Podemos, ya casi nadie queda de aquel grupo original. Pero Monedero siempre tiene alguna opinión para plantear. Y en este caso para establecer un paralelismo entre las intenciones de Pablo Iglesias, que siempre ha buscado ser “responsable” (la palabra más utilizada por los sectores del nuevo reformismo desde la investidura) y gobernar el Estado burgués mientras que el trotskismo estaría “por estar” en la política, sin buscar transformar necesariamente la sociedad -que para él solo se puede hacer desde el Estado capitalista- sino simplemente estar, como mucho vacilar a los demás y otras actitudes infantiles.

Lo importante es que Monedero se dedica a criticar al trotskismo de manera histórica por su renuncia a participar en gobiernos burgueses, lo cual a los “troskos” más bien nos honra. Pero aquí se hace necesaria una aclaración importante. En primer lugar, que Anticapitalistas forma parte de una corriente internacional -conocida como el Secretariado Unificado- que no se identifica por completo con el trotskismo. Y, además, no ve como un problema de principios formar parte de gobiernos burgueses, como en Brasil, donde su corriente hermana hasta el 2006 tuvo un ministro en el gobierno de Lula; o la participación de un sector orientado por ellos en Grecia de Syriza cuando esta se hizo con el gobierno, incluso contra su sección oficial -el grupo OKDE- que se opuso correctamente a la política reformista de Syriza y Alexis Tsipras. Aún más, actualmente hacen campaña activa por la llegada al gobierno de candidatos burgueses con tintes socialdemócratas en países imperialistas, como Bernie Sanders en Estados Unidos o Jeremy Corbyn en Reino Unido. Y eso es algo que, efectivamente, desde la tradición revolucionaria del trotskismo no compartimos.

Un detalle que el profesor de la Complutense olvida convenientemente, puesto que como vemos sus intenciones van más allá de un ataque a Anticapitalistas aprovechando su salida de Podemos. La operación de Monedero es construir un “relato” imaginario del trotskismo -muy típico del método de las calumnias y las amalgamas estalinistas- con el cual desacreditar esta tradición política revolucionaria, usando a Anticapitalistas como una excusa. Monedero sabe perfectamente qué gobiernos burgueses han sido apoyados por los “anticapis”, porque él mismo los ha apoyado; pero prefiere no hablar de ello porque realmente no está discutiendo en sí los actos de Anticapitalistas, sino está aprovechando para cargar contra una corriente ideológica que considera problemática para el proyecto de ser “médicos de cabecera del capital” que él defiende.

Pero a diferencia de lo que piensa nuestro mediático docente, no es por evitar contradicciones, esa idea de no querer mancharse de pintura siguiendo la metáfora del artículo, sino de estrategias diferentes con objetivos diferentes. Básicamente no es lo mismo querer construir una fuerza capaz de dirigir una revolución que destruya el Estado burgués y construya las bases de una nueva sociedad, que construir una fuerza cuyo objetivo sea gestionar dicho Estado burgués con una cara más amable.

En su polémica con el trotskismo, Monedero sería el menchevique que se enfadaría con Lenin por no ser ministro de Kerenski y se escandalizaría por la actitud bolchevique ante el golpe de Kornilov, enfrentándole sin dar apoyo político al gobierno burgués. Espero que el profesor no se moleste por esta pequeña comparativa histórica, teniendo en cuenta que él también hace un repaso histórico por las distintas peleas dentro de la izquierda buscando reforzar su argumento, comparando en forma ridícula el “enfrentamiento” (¡que ni siquiera ha sido tal!) de Anticapitalistas con Pablo Iglesias con este tipo de hechos históricos.

El artículo continúa su ataque al trotskismo caricaturizando su teoría política, riéndose de que perseguimos una revolución que nunca llega, sin tomarse el trabajo de mencionar qué factores objetivos y sobre todo subjetivos han llevado a que el capitalismo hoy en día siga en pie. Durante su clase de historia, al profesor se le ha olvidado convenientemente señalar el papel del estalinismo o de la socialdemocracia en bloquear cualquier posibilidad revolucionaria. Finalmente, siguiendo el argumento de este prototipo de intelectual conformista, la única alternativa sería participar en la cogestión del Estado burgués, ya que no es posible derribarlo, pero sí adaptarlo a nuestras necesidades, como si fuese una estructura neutral. Algo que los discípulos de Laclau, antiguos aliados de Iglesias y por supuesto, también insultados en su momento por Monedero, llevan años tratando de presentar como algo nuevo y no como una herencia proveniente del bernstenianismo, la política de los Frentes Populares y posteriormente del experimento eurocomunista. Parece que nadie les ha explicado que darle una nueva capa de pintura a un coche viejo no implica tener un coche nuevo.

En última instancia, lo que más irrita al profesor de la Complutense es rechazo al “malmenorismo” que el pregona; odia a los que señalamos los límites y efectos de su política, que nos acusa de ser “Pepitos Grillos” mientras ellos tratan de venderles el cielo en la tierra a quienes buscan una salida a las vidas de mierda que nos deja el capitalismo. No quieren que hablemos de que sus políticas no nos permiten romper con la situación estructural que nos condena, Monedero nos quiere fieles al nuevo gobierno y a las políticas de migajas que su antiguo alumno nos brindará como nuevo vicepresidente de un Estado imperialista.

Después de este ataque en general al trotskismo, que revela los viejos tics estalinistas de gran parte de la izquierda reformista española, criados a la sombra del Partido Comunista Español durante generaciones, Monedero nos cuenta una paradoja y las perspectivas políticas que intuimos son las que quiere proponerle a la dirección de Podemos. En primer lugar, habla de que tras la expulsión de todo sector que no acepta el liderazgo cesarista de Iglesias, es el momento ideal para construir un partido más “abierto y plural”. Desde luego es fácil decir que quieres ampliar tus bases una vez has afianzado que todo el aparato de tu organización política es tuyo. Una pluralidad muy estalinista, desde luego, a Monedero le gustan los clásicos.

Por último, nos aporta el concepto estrella de esta nueva etapa: el Frente Amplio. Entendemos que, copiando la experiencia latinoamericana, que ha marcado fuertemente al grupo universitario que participó en la fundación de Podemos, Monedero nos propone una reedición del frentepopulismo, con nueva pintura como ya se ha dicho, como la estrategia política del siglo XXI, como si no hubiera que hacer balance de la última década en Latinoamérica al respecto, como si no pudiéramos en Europa recordar la última vez que se aplicó el Frente Popular como estrategia, como si esto no fuese una vez más abrazar al Estado burgués en busca de migajas en vez de pensar cómo derribarlo de una vez.

Monedero siempre ha querido jugar ese papel mediático de apoyo a las tesis de la dirección de Podemos, algo que cumple regularmente en sus intervenciones televisivas y desde su propio programa. Perro de presa siempre listo para golpear a los enemigos de Pablo Iglesias, el profesor ha querido nuevamente engatusar a la gente con mentiras tratando de atacar al trotskismo aprovechando la última polémica interna de su partido. Un intento de cubrir el flanco izquierdo del gobierno de coalición para evitar críticas por izquierda que dificulten la cogestión del Estado burgués con el PSOE. Este “Rolling Stone” no es el diablo que inspiró a los bolcheviques a derribar al zar como decía la canción, parece más bien el tipo que está dispuesto a servir a reyes y reinas.

 
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