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La Izquierda Diario
25 de noviembre de 2020 Twitter Faceboock

TRIBUNA ABIERTA
Amazon Flex, la lógica insaciable de la explotación capitalista
Simón Velazco

Amazon Flex arrancó hace poco menos de dos años en España. Siguiendo la senda de referencias a nivel mundial como Uber, Glovo, Deliveroo, Cabify, etc., dio un nuevo salto en el sistema de entregas de la empresa y la llamada uberización del sector.

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Amazon desembarca desde la innovación ultraliberal en un modelo cuestionado a nivel de derecho laboral, con la determinación insaciable de quien tiene como objetivo acaparar el sector del comercio electrónico.

Este sistema de negocio se basa principalmente en conectar y hacer interactuar servicios con demandas o necesidades. En el caso de Amazon Flex, algo tan sencillo como que Amazon necesita vender sus productos, los repartidores ganar un dinero y los clientes o consumidores tener el producto lo más rápido y cómodo posible. La compañía conecta estas “variables” siendo propietaria de la plataforma digital (app).

Así, los repartos son realizados por autónomos donde la compañía les ofrece “flexibilidad” y ganar un dinero extra. Los requisitos para trabajar son ser mayor de edad, tener carnet de conducir, vehículo propio, carecer de antecedentes penales y estar dado de alta en autónomos. A partir de aquí podrás “ser tu propio jefe”, tener ingresos adicionales y un horario flexible. Así se anuncia Amazon a nivel corporativo ante sus repartidores. Ingresos adicionales siendo tu propio jefe hay algo que empieza a fallar.

Con la app descargada en el móvil para controlar la recogida y entrega de paquetes la empresa paga 28 euros por 2 horas, pudiendo realizar los repartos en bloques de 2 o 4 horas, sin incluir gasolina, mantenimiento de vehículo, gastos de estacionamiento, multas. Obviamente, se reserva el derecho a cobrar los gastos derivados de un mal manipulado, mientras no se hace cargo de pérdidas ni robos. También se pide que los repartidores cumplan con un mínimo de presencia e higiene y por supuesto un trato cordial. Un ejemplo muy claro de quién lo arriesga todo careciendo de principios básicos legales, siendo eximida la empresa de cualquier responsabilidad de sus paquetes.

Cuando la demanda valora que hay servicios disponibles el trabajo se activa conduciendo a los trabajadores al almacén correspondiente, de allí a los destinos asignados a las direcciones con su vehículo. Cuando la jornada acaba se regresa a la base logística y se desactiva en esa jornada. No se olvide que cada recorrido en cada día de trabajo es totalmente controlado, administrado y gestionado por la plataforma digital.

Con programas y modelos como estos el objetivo de Amazon, a corto plazo, es reducir radicalmente el coste de la distribución de sus entregas y a largo plazo hacerse con el sector. Para ello irrumpe como un elefante en una cacharrería, donde los márgenes totales de la compañía le permiten invertir sin riesgo alguno e innovar marcando sus condiciones. Antes Amazon trabajaba con empresas dentro del sector de reparto como Seur, Correos Ups, etc. Dichas compañías entendieron que las condiciones se excedían y desde entonces hubo un recorte de contratos con Amazon, subcontratando otras repartidoras más humildes con precios de 5,38 euros/hora.

Pero para la empresa de Seattle los autónomos, tienen todavía un coste más barato ya que por cada trabajador dado de alta puede haber uno o incluso familias trabajando en el servicio, custodiando los pedidos en el vehículo, ayudando en la carga y que nunca cobrarán.

Este nuevo modelo está generando un nuevo salto en que se materialice la precariedad, incorporando a personas con menos recursos a nivel social y con necesidades urgentes, teniendo que aceptar estos trabajos “semi esclavos”. La compañía se aprovecha de estos grupos para obtener grandísimos beneficios, siendo consciente que hay cuentas activas 7 días a la semana 24 horas al día. Una persona sola es imposible que pueda acaparar tantas horas de trabajo, por lo tanto, es cómplice de la implementación de un mecanismo brutal de auto explotación de familias enteras. Eso sí, los paquetes siempre a horario y los clientes felices.

Para Amazon todo son ventajas ya que dispone de un parque de repartidores a demanda, sólo paga y genera un gasto cuando existen servicios disponibles, no tiene que asumir salarios y los seguros sociales los abonan los propios autónomos. Tiene su propio equipo y servicio de reparto sin ningún gasto estructural y constitutivo de base.

Falsos autónomos sin duda y así hay que denominarlos. Los eufemismos pasan a ser coartadas para una mala práctica en justicia laboral: los trabajadores son “colaboradores”, los horarios se los denomina “disponibilidad total” y los salarios “pago por servicio”. Pero en los hechos los repartidores no trabajan cuando quieren sino cuando la empresa lo impone a través de su app; por tanto, existe una relación laboral de trabajo ya que se rigen por un horario establecido.

La batalla está complicada y la lucha al respecto de esta nueva forma de explotación laboral. La capacidad sindical está muy verde y no actualiza los métodos de defensa jurídica clásicos, hoy quizás ya no sean efectivos. Los repartidores no se reúnen en un centro de trabajo común por tanto la organización pasa a un estadio diferente. Amazon con esta plataforma digital o app ya no despide simplemente desconecta. Frente a esta realidad es necesario también innovar en la forma de organización de los trabajadores y trabajadoras, generando redes entre la juventud y las trabajadoras y trabajadores precarios. Uniendo por abajo lo que las empresas y los sindicatos burocratizados dividen por arriba.

 
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