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BARCELONA // HUELGA
Terminar con la precariedad: la demanda de los trabajadores de Movistar después del 24M

Después del 24M y a cincuenta días de la huelga de Movistar, los trabajadores se plantean un desafío: "#ResistenciaMovistar queremos poner en la agenda política la lucha contra la precariedad. #NoSomosEsclavos", porque esta es la "huelga de toda la clase obrera".

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La sede comercial de Telefónica de Barcelona, ese edificio testigo de históricas luchas de la clase trabajadora, como fueron las jornadas de mayo del 37 cuando la Barcelona obrera se proponían ’tomar el cielo por asalto’, hoy está ocupado por los obreros y las obreras técnicas de las contratas de Telefónica-Movistar.

"Nos quitaron tanto tanto, que nos quitaron el miedo", se lee en las pancartas. La crisis capitalista no da tregua y se acortan los tiempos de paz. Porque se impone violentamente, con millones de desempleados, miles de desahucios, el racismo y el feminicidio. Y con una clase trabajadora cada vez más explotada y humillada en las peores condiciones de precariedad laboral.

Es por ello que la "revolución de las escaleras", como fue la huelga histórica de Panrico o la lucha de Coca Cola, se torna peligrosa para la patronal imperialista. Porque plantea romper con el modelo laboral del capitalismo español impuesto en los 90, en el que se daba por "natural" la existencia de sectores precarios, subcontratados o "falsos autónomos".

Y porque se empieza a reconstruir con "pequeños grandes pasos", esa "hegemonía de la clase obrera" capaz de actuar para que, tras su ejemplo de lucha, se fortalezcan y unifiquen todos los sectores que sufren las consecuencias de la crisis. A la vez que dejan lecciones para futuras luchas, para no "empezar de cero".

Ayer fue "Panrico somos todos", que supo transmitir su experiencia a la lucha de Coca Cola y hoy a los huelguistas de Movistar. "Esta es la huelga de toda la clase obrera, es la huelga del pueblo", enuncia la Resistencia Movistar.

Porque esta lucha es sentida por la clase trabajadora precaria que nunca conoció un contrato fijo o un salario digno, esclavos de las ETT. Por la clase trabajadora inmigrante. Por los miles y miles de trabajadores que se sienten débiles para luchar porque están divididos por la burocracia sindical y las políticas de atomización de la patronal. Por las mujeres trabajadoras, invisibilizadas por el sistema capitalista y patriarcal. También por la juventud precaria y por los estudiantes, miles de ellos expulsados de las universidades por no poder pagar las elevadas matrículas.

Esta capacidad de representar las demandas de la clase trabajadora y los sectores populares plantea un desafío en el terreno político. Los huelguistas, hacen un llamamiento: "#ResistenciaMovistar queremos poner en la agenda política la lucha contra la precariedad. #NoSomosEsclavos". El cual se hizo eco en un manifiesto de "Compromiso de las escaleras para la abolición de la esclavitud y la precariedad laboral firmado por las candidaturas como CUP, ERC, EuiA Barcelona en Comú, Guanyem Badalona, Cornellá en comú y Procés Constituent.

En el mismo, "los y las candidatas abajo firmantes nos comprometemos a suspender, revertir y no renovar ninguna contratación pública de servicios con Movistar ni cualquier otra empresa que no garantice que todos los trabajadores (directos o subcontratados) que intervienen en la prestación de servicio o suministro".

La huelga y la ocupación de la tienda de Telefónica transcurre en pleno ’terremoto electoral’, tras el resultado de las municipales del domingo y el triunfo de nuevas coaliciones como Barcelona en Comú, de Ada Colau, activista de la PAH.

Este triunfo, más los buenos resultados de la izquierda independentista, CUP (Candidatura de Unidad Popular), es expresión de una profunda crisis del régimen político del Estado español y el gran descontento de la clase trabajadora y los sectores populares que desde 2011 acusan a la "casta política" de los históricos recortes y de su enriquecimiento con los mega entramados de corrupción entre grandes empresarios, constructoras y bancos.

Si esta "lucha contra la precariedad" entrara en la agenda política actual, la huelga de Movistar se fortalecería y con ella toda la clase trabajadora.

La lucha contra la precariedad hoy no significa solamente lograr una "Jornada máxima de 40 horas semanales y dos días de descanso" además de que "se les retribuya con un salario digno y se garantice el mismo salario por un mismo tipo de trabajo", tal como plantea el manifiesto de compromiso. Implica, sobre todo, enarbolar la demanda de la incorporación de todos los trabajadores a plantilla fija en el caso del sector privado o por la anulación de todas las subcontratas y externalizaciones en el sector público, todos en nómina del Estado.

Este es el desafío que plantean los huelguistas de Movistar hoy, que las posiciones conquistadas por las "candidaturas ciudadanas" como Barcelona en Comú en el terreno político, se propongan decididamente impulsar medidas para fortalecer y desarrollar las luchas de la clase trabajadora y todos los sectores.

El peligro de formar pactos de estas candidaturas, a la hora de gobernar, con los partidos de "la casta", como el que ya viene anunciando Ada Colau de Barcelona en Comú con el PSC, iría en contra de llevar adelante estas demandas.

Porque sería pactar con el partido responsable, junto al PP, de la estructura capitalista del Estado español implementada desde los ’80 que llevó a la precariedad laboral que esclaviza a la clase trabajadora. Ésta tiene su origen en las reformas laborales de los gobiernos del PSOE y el PP, en las privatizaciones o las contrataciones y subcontrataciones con empresas externas a la administración estatal, en los cierres y despidos. Y que hoy las trabajadoras y trabajadores de Movistar están sufriendo.

Por eso, como decíamos en otro artículo, la huelga de Movistar le hace honor a los trabajadores de Sintel, hace ya 14 años, que lucharon contra el primer ERE masivo, ejecutado por el mismo "aniquilador" de Panrico, Carlos Gila.

La candidata en Barcelona por la CUP, María José Lecha, después del resultado electoral anunciaba que “entrar al ayuntamiento es una herramienta más de nuestra lucha, aunque tuviéramos una mayoría de votos en el ayuntamiento eso no sería ninguna garantía de la transformación que nosotros queremos” y apelaba a la movilización "y salir a la calle cada día, como ahora tenemos el ejemplo de los compañeros y compañeras de Movistar".

Con el mismo espíritu, Joe Molina, trabajador despedido de Panrico, en la asamblea de los técnicos de Movistar decía: "La huelga. La lucha en la calle. Como fue la de Panrico a la que pertenecí, como la de Coca Cola, como la vuestra de Movistar que ya estáis empezando a ser un referente igual que lo fuimos nosotros en su día, muestran que es la lucha en la calle las que nos llevará a conseguir nuestros objetivos".

El mensaje de los huelguistas de Movistar es claro y contundente. Que la agenda de las demandas obreras y de la lucha de clases se incorporen en el centro la agenda política. Una perspectiva que es necesario imponer en todo el Estado, en Coca Cola, Correos, Sanidad, Educación y el conjunto de los sectores en lucha.

 
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