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La Izquierda Diario
30 de noviembre de 2021 Twitter Faceboock

DEBATE
“Andalucía no se rinde”, el nuevo proyecto de Anticapitalistas: un revival andalucista de Podemos
Roberto Bordón | @RobertoBordon13

Tras la purga sufrida en el grupo parlamentario de Adelante Andalucía, Anticapitalistas y sus aliados andalucistas relanzan el proyecto de un bloque soberanista andaluz de izquierdas con la iniciativa “Andalucía no se rinde”.

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La semana pasada Anticapitalistas lanzó su nueva iniciativa de cara a refundar el espacio de Adelante Andalucía, destrozado tras el enfrentamiento interno con Podemos e Izquierda Unida. Tras verse expulsados del grupo parlamentario de Adelante mediante maniobras de Unidas Podemos, los afines a Teresa Rodríguez buscan preparar un bloque soberanista andaluz de izquierdas de cara al próximo ciclo electoral. Para ello han lanzado la convocatoria de un proceso asambleario organizado según las comarcas andaluzas. El objetivo es iniciar un debate sobre cómo debiera construirse este bloque soberanista andaluz que reclaman como la solución para Andalucía dentro de la actual crisis económica, social y territorial del Estado Español.

A esta convocatoria lanzada desde el espacio de Adelante Andalucía (Anticapitalistas, Izquierda Andalucista y Primavera Andaluza), se le ha sumado recientemente Defender Andalucía, una organización política andalucista impulsada por militantes del SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores) que busca también la construcción de dicho bloque soberanista y de izquierdas, así como hacer un balance crítico de las experiencias del andalucismo en la última década con su participación en Podemos e IU. Los dos espacios buscan la unidad de los andalucistas y el soberanismo andaluz de forma amplia.

Anticapitalistas, el momento Podemos y una curiosa “autocrítica”

A pesar de que tanto Anticapitalistas como Defender Andalucía hacen un balance crítico de la experiencia de Unidas Podemos en Andalucía, sus conclusiones no distan del programa que levantan quienes pretenden combatir. Más bien, es una adaptación andalucista del neorreformismo español en el último ciclo. Una de las claves de esta adaptación es que, siguiendo los diferentes actos públicos de estas formaciones y sus declaraciones, parecen dudar entre querer ser como Bildu y limitarse a negociar mayores inversiones de recursos en Andalucía, o plantear una perspectiva de “ruptura” como la CUP en Cataluña, pero sin hacer un balance de los errores de su estrategia. Los núcleos de ambos espacios (Anticapitalistas y militantes del SAT) que ahora confluyen en este proceso asambleario se declaran militantes anticapitalistas y revolucionarios, sin embargo, su estrategia no termina de romper con la perspectiva defendida por Unidas Podemos.

Como afirmábamos hace un tiempo, en términos globales Anticapitalistas no ha planteado en ningún momento un programa radicalmente distinto al de Izquierda Unida. Su ubicación política es actuar como voz crítica del Gobierno PSOE-UP, mientras se lamen las heridas después del último enfrentamiento con la cúpula de Unidas Podemos.

Su apuesta por el soberanismo andaluz como respuesta a la crisis territorial del Estado Español no evita que su estrategia sea una repetición de los motivos que llevaron a la fundación de Podemos en 2014. Recordemos que inicialmente Anticapitalistas (entonces “Izquierda Anticapitalista”) definía el proyecto como “un partido de masas antineoliberal y pluralista a la izquierda del social-liberalismo”.

En diferentes artículos que Anticapitalistas ha publicado intentando un balance “crítico” de su experiencia en Podemos [1], la autocrítica es justamente lo que destaca por su ausencia. En algunos casos dedican párrafos enteros a criticar que otras organizaciones de la izquierda revolucionaria se negasen a sumarse al proyecto como motivo para que este haya quedado en manos de la burocracia eurocomunista.

Si Adelante Andalucía se presenta como la alternativa andalucista a las décadas de políticas neoliberales del PSOE en Andalucía, Podemos debía ser lo mismo a nivel estatal para Anticapitalistas, aunque ambos experimentos surgen en coyunturas políticas más bien opuestas. Podemos nace de la llamada “ventana de oportunidad” abierta por la crisis capitalista y del régimen de partidos, y el agotamiento de la “ilusión de lo social” tras la emergencia del 15-M; Adelante Andalucía en cambio nace de la necesidad de acumular fuerzas tras un periodo de derrotas políticas y los intentos de la burguesía de cerrar por derecha la crisis de régimen tras reprimir duramente al movimiento democrático catalán y terminar de integrar a Unidas Podemos en el régimen burgués.

En el “balance” que hace Anticapitalistas, participar en Podemos era imperativo para los grupos revolucionarios a fin de no quedar “alejados” de las masas, construyendo un partido-movimiento desde la base (poniendo en práctica la variante más de derecha posible de la tesis mandelista de los “partidos amplios”, por llamarlo de algún modo), porque estos grupos no podían quedar al margen de la gran movilización e interés político que se estaba dando en la población. La experiencia, como es obvio, fue un fracaso rotundo. Sin embargo, Anticapitalistas plantea que repetir la construcción de algo similar es necesario para retener el capital político conquistado y preparar el siguiente asalto.

En resumen, difuminar el contenido revolucionario del programa y disolver la independencia de clase se justifica cuando las luchas políticas están en ascenso y las masas se mueven de forma espontánea, para no quedar aislados y “aprovechar la oportunidad”… pero también en períodos de reflujo, cuando las derrotas políticas llevan a la apatía y el apoliticismo, para “mantener algo de lo conquistado”. Es decir, hay que liquidar la organización independiente y el programa revolucionario en todo momento.

Esta lógica estratégica es tan imperativa que se podía estar en alianza con IU hasta hace pocos meses en Andalucía para construir una “opción antineoliberal” a la vez que esta organización participaba en el Consejo de Ministros del Gobierno imperialista español, y se habría mantenido el pacto de no haberse producido unas maniobras burocráticas de purga del grupo parlamentario.

En diferentes artículos la dirección de Anticapitalistas plantea la necesidad de preparar ideológica y estratégicamente a su organización para futuros proyectos, de cara no sólo a no perder más sectores en las luchas políticas (reconociendo que un ala derecha se les escindió por falta de cohesión política y un ala izquierda también, aunque le dan menos importancia), mientras se lanza de lleno a otro proyecto con un planteamiento similar en Andalucía. ¿Se puede cohesionar políticamente y construir cuadros revolucionarios poniendo todas las energías en construir otro experimento amplio dónde previsiblemente se negociará el contenido programático a fin de la unidad de los andalucistas? No, no se puede.

“Andalucía no se rinde”, Podemos remix

El proyecto de “Andalucía no se rinde” puede responder favorablemente a las intenciones de Anticapitalistas de aprovechar las posiciones institucionales autonómicas conquistadas, de cara a construir un proyecto que en el medio plazo les permita acumular fuerzas. Pero no tiene nada que ver con una perspectiva de reconstrucción politica revolucionaria después de la debacle de Podemos.

El proyecto no marca límites entre revolucionarios y reformistas, sino que aspira a una unidad abstracta, sin delimitaciones estratégicas. Una nueva organización soberanista andaluza, que lejos de ser una alternativa a la experiencia de Unidas Podemos, busca establecer un nuevo tipo de relación -similar a la de En Comú Podem en Cataluña-, que pueda expresar incluso en pactos electorales.

La única estrategia que parecen defender públicamente Rodríguez y sus aliados es una imitación de formaciones neorreformistas como Bildu o BNG, que se han situado como alternativas progresistas para defender mayormente los intereses de sus respectivas burguesías nacionales y no una perspectiva de independencia de clase. Adelante Andalucía de hecho coloca abiertamente como referentes políticos a estas formaciones, que salvando las distancias juegan un rol similar al de Izquierda Unida en Andalucía, apoyando al PSOE de los recortes y siendo finalmente otro pilar en el Régimen del 78, más allá del discurso.

En su análisis del voto favorable de EH Bildu a los Presupuestos Generales del PSOE y UP encontramos que, si bien Anticapitalistas rechaza los motivos que llevan a la formación vasca a votar a favor, citando entre motivos el freno a la subida del SMI, el apoyo a la monarquía o el presupuesto militar, no termina de ver a Bildu integrada en la mayoría de Gobierno simplemente por su peso militante en los movimientos sociales.

Es decir, mientras Bildu tenga cierta fuerza en los movimientos sociales y sindicatos de la sociedad vasca, su dirección sería inmune a la integración en el régimen, ya que su base combate en las calles lo que su dirección por arriba pacta en Madrid. Una visión completamente a contramano de la historia, empezando por la propia historia española desde la Guerra Civil hasta la Transición, o de la izquierda en Europa. Justamente, las organizaciones políticas reformistas que más peso de masas tuvieron, y justamente por ello, se integraron en mayor medida al régimen político burgués.

Esta visión oportunista y acrítica de la deriva reformista de la izquierda abertzale no es ingenua. En el fondo es parte de la estrategia: tras el fracaso del neorreformismo español, ensayar un nuevo experimento de la misma naturaleza, sólo que en clave soberanista. Una postura que quizás se anticipó en el artículo “Y después de Covid19, ¿qué hacemos? Notas para una discusión en la izquierda”, donde Brais Fernández, dirigente de Anticapitalistas, indicaba que la apuesta pasaba por la construcción de otro bloque antineoliberal que agrupara a todos quienes se opusieran a unos “nuevos Pactos de la Moncloa” en una política amplia.

“Defender Andalucía”

El caso de “Defender Andalucía” parece seguir los mismos derroteros. La organización fundada por militantes del SAT, cuyo propósito es reconstruir el espacio huérfano del andalucismo tras la desaparición del Partido Andalucista y la implosión de la CUT, se ha sumado a la iniciativa de “Andalucía no se rinde” como un compromiso con la “unidad de los andalucistas”. En su comunicado destacan dicho compromiso con la idea de que el bloque andaluz de izquierdas esté presente tanto a nivel electoral como en de las luchas populares. Además, caracterizan que dicho movimiento debe ser de clase, ecologista, feminista, antirracista y por supuesto, soberanista andaluz.

“Defender Andalucía” trataría de constituirse como expresión política de lo que uno de sus militantes, el historiador Javier García, ha llamado la tercera ola del andalucismo, el andalucismo sociológico. En el artículo “El andalucismo que viene: retos y horizontes de la tercera ola del andalucismo político”, García expone su tesis afirmando que en la última década se ha producido una renovación artística, cultural, política e intelectual en Andalucía que ha generado nuevos referentes como Pastora Filigrana, Gata Cattana o Manu Sánchez que han dado una nueva identidad de qué es ser andaluz. Esto habría permitido a Andalucía ser vanguardia de la producción cultural a nivel estatal y habría provocado un nuevo interés por la cultura popular andaluza y la construcción de la identidad andaluza alejada de los clichés españolista que denigran la imagen de los andaluces. Según esta tesis, lo andaluz se convierte en “un nuevo significante que aglutina las nuevas formas culturales, sociológicas, teóricas y activistas por las cuales lo andaluz vuelve a ser la manera que tenemos de interpretar el mundo y transformarlo, en un contexto de rupturas y discontinuidades de las izquierdas andaluzas”. No obstante, a pesar de este potencial, la realidad es que no se ha construido una organización política acorde para el despliegue de esta identidad en un soberanismo andaluz que satisfaga las demandas del pueblo andaluz.

Tanto Adelante Andalucía como Defender Andalucía se proponen cubrir ese espacio en el panorama político andaluz que había quedado vacío a principios del siglo XX y que inicialmente había tratado de ocupar Podemos antes de iniciar sus luchas internas. Con programas políticos similares, que incluyen la lucha por la construcción de un bloque soberanista andaluz y de izquierdas; con un enfoque en la defensa de los servicios públicos; mayor financiación autonómica para Andalucía y el desarrollo completo de su Estatuto de Autonomía; la construcción de una identidad política andaluza y una defensa y empoderamiento de su cultura.

En el acto de presentación de Defender Andalucía ya se planteaban dudas de qué diferenciaba a ambos espacios para que fuese necesaria la construcción de este segundo. Aunque como vemos el rumbo es similar, en tanto que como afirman en su comunicado, Defender Andalucía no sólo se suma a la iniciativa de “Andalucía no se rinde” sino que ha promovido marcos unitarios de debate como es la Mesa Andalucista. Quizás la diferencia más remarcable es que, como afirmaban los propios ponentes del acto de presentación de Defender Andalucía, su grupo está más relacionado con los movimientos sociales por la propia trayectoria militante de sus miembros. Esto contrasta con la experiencia institucional de líderes de Adelante Andalucía, que pertenecieron al Partido Andalucista que pactó dos legislaturas con el PSOE en Andalucía, apoyando por tanto las políticas de este partido que ahora tratan de combatir.

Defender Andalucía al igual que Adelante Andalucía es crítica con Izquierda Unida por su cogobierno con el PSOE en Andalucía, y también hace un balance crítico de la experiencia del andalucismo en Podemos con su participación en las candidaturas. Apoyados en su base militante y municipalista, la formación parece más interesada en construir tejido andalucista en la sociedad civil que en la carrera por las candidaturas electorales (aunque sumarse a la convocatoria lanzada desde Adelante Andalucía indica que tampoco pierden de vista ese escenario); con un interés en la construcción en los movimientos sociales y sindicales, así como en la construcción de la “identidad andaluza” que consideran perdida tras décadas de gobierno del PSOE-A que habría impuesto una colonización del pueblo andaluz haciéndolo olvidar quien es.

No obstante, la realidad es que discursivamente (ya que Defender Andalucía aún no ha publicado un programa político con el que podamos comparar las organizaciones) no existen mayores diferencias estratégicas entre estos proyectos y el neorreformismo podemista. Aunque dicen no querer gestionar la miseria capitalista, ambas formaciones (Adelante Andalucía-Anticapitalistas y Defender Andalucía) admiten como ejemplos prácticos las negociaciones de Bildu o BNG con el PSOE-UP para la investidura, siempre esquivando cualquier crítica bajo la idea de que no se puede juzgar como otros pueblos llevan adelante sus procesos políticos. Una idea que recuerda a la vieja máxima eurocomunista de que las vías al socialismo son nacionales e independientes y diferentes entre sí, algo que sirvió de excusa a cada PC en “Occidente” apoyar cuanto proceso de recomposición de los regímenes democráticos burgueses en la segunda posguerra, sin un mínimo de balance de lo que hacían unos u otros. Una actitud ajena a la tradición marxista revolucionaria, la cual ambas organizaciones, Anticapitalistas y Defender Andalucía, afirman defender en sus proyectos políticos.

Desarrollar un debate abierto y crítico entre los diferentes grupos que aspiran a emancipar a sus pueblos de la opresión capitalista es vital, porque permite señalar los errores que en muchos casos conducen a profundas frustraciones e incluso importantes derrotas políticas. Allí está el caso de la CUP y el balance que han realizado sobre el 1 de Octubre y la actuación que los distintos partidos independentistas en 2017. Como planteamos desde la CRT, la “unidad estratégica” del independentismo lejos de suponer un acierto, estuvo en la clave del fracaso de la izquierda independista para asumir los retos del movimiento democrático catalán. En definitiva, la unidad de todas las fuerzas independentistas tan solo llevo a que los sectores que se proclamaban revolucionarios terminasen cediendo el terreno a las direcciones burguesas y pequeño burguesas sin plantear siquiera un polo de clase que agrupase a los sectores más combativos y pudiese intentar disputar la dirección del movimiento a las formaciones que ahora tratan de volver al autonomismo.

Si bien, el historiador Javier García, militante de Defender Andalucía, señala que, a diferencia de Cataluña, en Andalucía no existen partidos burgueses independentistas, por lo que el escenario es distinto (y lo es), esto no significa que puedan plantearse problemáticas similares con la unidad de los andalucistas que su formación proclama. Por tanto, negarse a tomar las lecciones de los procesos de otros procesos y especialmente del catalán, porque cada uno tiene su camino y sus formas como afirmaba Néstor Salvador, militante de Defender Andalucía y miembro del comité nacional del SAT en el podcast Rojo Omeyá, es abocar a la izquierda andaluza a recorrer un jardín de problemas innecesarios cuyo final solo puede resultar en una nueva frustración.

La única perspectiva realista para la emancipación de la clase trabajadora y los pueblos del Estado español sólo puede venir de una política de independencia de clase. Cómo desarrollar una politica de unidad anticapitalista y de clase en todo el Estado que supere la debacle del neorreformismo es el gran debate pendiente.

 
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