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La Izquierda Diario
25 de septiembre de 2021 Twitter Faceboock

ELECCIONES EN MADRID
La impostura de Izquierda Revolucionaria: fraseología izquierdista para encubrir una política oportunista
Alejandro Bravo | Madrid

Este 4M hace falta una izquierda que rompa el tablero, independiente de los partidos del régimen, que enfrente a la extrema derecha desde la movilización y levante un programa para que la crisis la paguen los capitalistas.

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Las elecciones anticipadas en la Comunidad de Madrid han hecho de la región el nuevo escenario de la crisis de un Régimen incapaz de lograr una estabilidad duradera. El 4 de mayo Ayuso pretende revalidar su gobierno -lo que parecen confirmar todas las encuestas- que puede depender de los apoyos de un VOX que mejora su resultado beneficiado de la crisis de la derecha. Por su parte, la oposición en la asamblea de Madrid se la juega a formar una mayoría alternativa que ya trataron de ensayar en la fracasada moción de censura: una coalición del PSOE, Podemos, Más Madrid y hasta Ciudadanos, con Ángel Gabilondo a la cabeza.

Ninguna de esas opciones representa una salida progresiva para el pueblo trabajador madrileño. Un gobierno de Ayuso con VOX no podría producirnos más odio, pero un gobierno del PSOE, ya sea en solitario o en coalición, seguirá sirviendo a los grandes especuladores financieros e inmobiliarios, rescatando grandes empresas, aplicando políticas racistas, ejecutando desahucios, recortando en salud y servicios públicos… tal y como actúan desde los distintos gobiernos autonómicos y el Gobierno central.

Podemos e Izquierda Unida no solo se han mostrado completamente incapaces de frenar a la extrema derecha, sino que su continuo ascenso se explica también por la desvergonzada asimilación de los neorreformistas al Régimen monárquico, integrándose en un Gobierno social liberal con el PSOE para seguir sirviendo a los intereses de los grandes capitalistas.

Por ello este 4M no basta con “mover ficha”, hace falta una izquierda que rompa el tablero, independiente de los partidos del régimen, que enfrente a la extrema derecha desde la movilización y levante un programa para que la crisis la paguen los capitalistas. Por eso desde la CRT hemos propuesto a organizaciones como Anticapitalistas, Corriente Roja o Izquierda Revolucionaria formar un frente anticapitalista y de clase para empezar a reconstruir otra izquierda que supere la lógica infinita del mal menor.

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Lamentablemente desde Izquierda Revolucionaria poco tiempo han necesitado para anunciar su apoyo a Pablo Iglesias. Primero en sus redes y en las del Sindicato de Estudiantes, apenas pocas horas después de que se anunciara la candidatura del líder de Podemos, y posteriormente en una declaración publicada en su sitio web, en la que afirman que van a “participar decidida y activamente, apoyando la candidatura de Pablo Iglesias con un programa de clase, socialista y antifascista”.

La dirección de IR justifica esta política diciendo que “derrotar a Ayuso y Vox es una obligación para la izquierda que se reclama marxista y revolucionaria”. De eso no cabe ninguna duda, el problema es considerar que con un gobierno del PSOE, que es al que apuesta Pablo Iglesias, se puede derrotar a la derecha y a la extrema derecha.

Hace más de un año que no es necesario especular para saber lo que depara un gobierno del PSOE con Podemos. El autodenominado “gobierno más progresista de la historia” no solo no ha derogado la reforma laboral e incumplido la inmensa mayoría de sus enormemente limitados compromisos de gobierno, sino que en los primeros meses en el Gobierno elevó la valla de Melilla un 30% al estilo Donald Trump y han abierto nuevos CIEs. Se desahuciaron en plena pandemia a 30.000 familias. Han subido la factura de la luz y dejado sin suministro a 4.000 familias de la Cañada Real en plena ola de frío.

Han rescatado por miles de millones a grandes empresas, negociaron los ERTEs haciendo que la crisis presente recaiga sobre la mayoría trabajadora y no sobre las empresas que siguen teniendo beneficios millonarios. Le han facilitado un retiro de oro al corrupto de Juan Carlos y garantizado el reinado de su hijo, mientras siguen criminalizando a la juventud, reprimiendo y prohibiendo movilizaciones como la del 8 de marzo mientras permiten las de la extrema derecha… ¿Qué hace pensar que en un gobierno de Madrid las cosas serían diferentes?

Como parte del Gobierno, Unidas Podemos ha sido el colaborador necesario de estas políticas defensoras de los intereses del IBEX35. No podía ser de otra manera pues, como dijera Rosa Luxemburgo a propósito del ministerialismo, “con la entrada de un socialista en el gobierno, la dominación de clase continúa existiendo, el gobierno burgués no se transforma en un gobierno socialista, pero en cambio un socialista se transforma en un ministro burgués”.

Durante toda la legislatura Unidas Podemos ha tratado de mantener un doble discurso de oposición mientras dejaba pasar todos y cada uno de los ataques del gobierno del que forma parte. De igual forma, la presentación de Pablo Iglesias como candidato, cuyo objetivo no es otro que evitar la desaparición de Podemos en la asamblea de Madrid -como vaticinaban todas las encuestas-, se acompaña de un relato épico que pretende dar un barniz izquierdista a su objetivo de reeditar un gobierno con el PSOE en la comunidad.

Una maniobra que intenta que olvidemos el papel que Podemos y Pablo Iglesias han jugado en la estabilización del Régimen. Una amnesia que la izquierda anticapitalista no deberíamos dejar pasar, sin embargo, a la denuncia de este doble discurso Izquierda Revolucionaria lo considera “un ejercicio ultraizquierdista completamente estéril”.

La retórica izquierdista con la que Pablo Iglesias pretende adornar una maniobra desesperada para evitar la extinción de su aparato es suficiente para que Izquierda Revolucionaria se preste a colaborar en el lavado de imagen y a hacerle la campaña electoral al principal dirigente de una nueva casta de izquierdas, vacía de militancia, que logró mejorar sus propias condiciones de vida, pero en absoluto las de la clase trabajadora. Y lo peor ¡pretenden comparar esta sumisión al neorreformismo con la lucha de Trotsky y los trotskistas contra el ascenso del nacismo en Alemania!

Esta referencia no es casual, sino que se hace eco de la épica antifascista de Iglesias para justificar todo tipo de frentes democráticos con el PSOE y hasta con Ciudadanos y alas del PP para hacerle “cordón sanitario” a VOX. En Madrid eso significa una gran coalición con Gabilondo al frente en la que Izquierda Revolucionaria jugará el papel de ala de extrema izquierda.

Precisamente Trotsky discutiría duramente con la teoría estalinista que consideraba cualquier gobierno autoritario como “fascista” para justificar todo tipo de alianzas con la burguesía, a la que consideró como “uno de los más trágicos ejemplos de las perjudiciales consecuencias prácticas que implica sustituir, por categorías abstractas formuladas en base a una parcial e insuficiente experiencia histórica (o una estrecha e insuficiente concepción de conjunto), el análisis dialéctico de la realidad en cada una de sus fases concretas”. [1]

Pero ni siquiera contra el fascismo Trotsky defendió jamás la formación de frentes políticos con partidos de la burguesía calificando de “traición” la integración del POUM al Frente Popular que agrupaba partidos obreros y burgueses bajo la hegemonía de los últimos.

Al respecto de esa cuestión, polemizando con la organización española de los "comunistas de izquierda" tras la fundación del POUM, Trotsky señalaría: “han condenado severamente a los bolcheviques-leninistas franceses por su entrada en el partido socialista: ¡nunca y en ningún caso! Entrar de forma temporal en una organización política de masas para luchar implacablemente en sus filas contra sus jefes reformistas bajo la bandera de la revolución proletaria, es oportunismo, pero concertar una alianza política con los jefes del partido reformista sobre la base de un programa que se sabe deshonesto y que sirve para engañar a las masas y a encubrir a la burguesía, ¡eso es valentía! ¿Es posible envilecer y prostituir más al marxismo?” [2]

Podemos imaginar qué opinaría Trotsky de la izquierda “gabilondiana” que pretende llevar al gobierno al PSOE de la cal viva, uno de los partidos pilares del Régimen monárquico.

Tampoco es que Izquierda Revolucionaria necesite agitar el fantasma del fascismo para llamar a votar a Podemos. De hecho, es parte de su capital político el apoyo electoral permanente a todo tipo de variantes burguesas “de izquierdas”. En el pasado han llamado a apoyar al PSOE y han formado parte del mismo y de Izquierda Unida, llegando al colmo de [pedirle al gobierno de Zapatero que impulsara un programa “anticapitalista y de clase”, y un año y medio después seguir pidiéndole una “política socialista”.

Así, lo que denominan “intervenir en la lucha de clases real para construir el partido revolucionario allí donde la clase obrera se expresa”, no es otra cosa que justificar permanentemente una política de seguidismo y embellecimiento al reformismo. El apoyo que le brindan, lejos de acelerar la experiencia con estas falsas salidas dificulta que se saquen lecciones de la bancarrota que supone para la clase trabajadora y la juventud. Si hoy joven trabajador precario está, a más de un año de formarse el gobierno "progresista", planteándose que este proyecto no tiene nada que ofrecer, llega Izquierda Revolucionaria y con una fraseología supuestamente marxista le dice "no, démosles otra oportunidad”.

Pero la realidad es elocuente y por más que desde Izquierda Revolucionaria adviertan a Podemos de que si sigue “legitimando la estrategia de la socialdemocracia en el Gobierno, si no lidera una oposición decidida (…) será arrollada por los acontecimientos”, llega Iglesias y su última gran batalla en el Gobierno, la de los alquileres, se transforma en una nueva paguita para los especuladores sin que se produzca mayor escándalo que unos tuits y algunas declaraciones.

Entonces, ni Ayuso es Hitler ni VOX es el fascismo –de ser así el fascismo ya estaría gobernando en Madrid y aún más en Andalucía–, ni el PSOE es una alternativa favorable a los intereses de las clases populares. Y, sobre todo, Pablo Iglesias sigue siendo el mismo que consideraba la movilización social una “tontería” de extrema izquierda, que apela a los “empresarios patrióticos”, que agradecía el papel de los ministros franquistas en la Transición.

En Izquierda Revolucionaria dicen estar “curados del virus del sectarismo” -inmunidad que no parece manifestarse en el sectarismo autoproclamatorio que expresan desde el Sindicato de Estudiantes o toda vez que han ignorado cualquier propuesta de actividades comunes, como por ejemplo la propuesta de la CRT de realizar un acto homenaje por el ochenta aniversario del asesinato de León Trotsky-, pero la vacuna que tienen pendiente es la que les permita sanar su oportunismo. Este vaivén permanente entre el sectarismo y el oportunismo más abyecto es una característica típica de las corrientes centristas, es decir aquellas que oscilan entre posiciones reformistas y revolucionarias.

El centrismo, dirá Trotsky, “a menudo disimula sus oscilaciones hablando del peligro del ‘sectarismo’, que para él no consiste en la pasividad propagandista abstracta al estilo bordiguista sino en el interés activo por la pureza de los principios, la claridad de las posiciones, la coherencia política y la perfección organizativa”. [3]. Y enfatizará en el mismo texto: “el centrista siempre depende espiritualmente de los grupos de derecha y se inclina a someterse a los más moderados, a callar sus errores oportunistas y ocultar sus acciones ante los trabajadores”. Eso que desde Izquierda Revolucionaria consideran que “en el momento en que es posible evitar el triunfo de Ayuso y de Vox, es un ejercicio ultraizquierdista completamente estéril”.

Con todos estos argumentos sobre la mesa invitamos fraternalmente a los compañeros y compañeras que forman Izquierda Revolucionaria y sus colaterales, el Sindicato de Estudiantes y Libres y Combativas, a replantearse una lógica que permanentemente los lleva a ser el furgón de cola todo tipo de proyectos reformistas. Ya basta de utilizar a Trotsky para justificar todo tipo de políticas oportunistas.

Ante la grave crisis social y sanitaria en curso, más que nunca es necesario que se haga notar la voz de una izquierda que está por la unidad de la clase trabajadora, las mujeres, la juventud precaria y las personas migrantes contra los capitalistas y no junto a los agentes políticos del IBEX35. Hay que romper de una vez con la subordinación a Podemos e IU que ha llevado a buena parte de la izquierda que se reivindica anticapitalista y revolucionaria a su actual situación de desorientación y debilidad.

Por ello volvemos a insistir a las compañeras y compañeros que integran Izquierda Revolucionaria, a Anticapitalistas, a Corriente Roja y en especial a todos aquellos activistas y militantes que compartan esta perspectiva: construyamos un frente anticapitalista y de clase. Esa es la verdadera tarea por la que no hay tiempo que perder.

 
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