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La Izquierda Diario
1ro de agosto de 2021 Twitter Faceboock

Latinoamérica
Los movimientos de Maduro y la política de Biden hacia Venezuela
Milton D’León | Caracas @MiltonDLeon

Aunque la nueva administración de la Casa Blanca se ha tomado su tiempo para terminar de definir las relaciones con Venezuela manteniendo mientras tanto la política de Trump, por parte de Maduro no han dejado de haber ciertos gestos públicos, sacando, claro está, los habituales encuentros discrecionales que siempre se llevan a cabo. En este artículo analizamos los movimientos políticos en curso.

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Una reunión interinstitucional que originalmente estaba programada para este lunes fue postergada según cables informativos. La misma iba a contar con la presencia de la subsecretaria de Estado Wendy Sherman, y el objetivo era buscar delinear la política de Estados Unidos hacia Venezuela. Aunque aún no es claro, o no hay señales precisas por parte de la Casa Blanca hacia Miraflores.

La semana pasada un tenso intercambio por redes sociales entre la subsecretaria interina de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado estadounidense, Julie Chung, y el vicepresidente venezolano, Jorge Arreaza, preludiaban la continuación de la tensión política. Chung anunciaba una serie de cinco condiciones para que Estados Unidos levantara las sanciones, luego de un mensaje de Arreaza en el que reclamaba el fin de las mismas. Pero muchas otras cosas están corriendo por otros canales más allá de las diatribas por las redes sociales.

La política de Biden no deja de estar marcada, más allá de los factores internos, también por la propia situación de América Latina en su conjunto. Si a juzgar por las últimas elecciones en algunos países, sobre todo por las más recientes, como las de Ecuador, Perú y Bolivia, vemos cómo el péndulo de la política burguesa latinoamericana sigue oscilando entre la derecha neoliberal y algunas de las variantes posneoliberales (autodefinidas como “progresistas”) que en el terreno superestructural es expresión distorsionada de la profunda polarización social y política, agravada por los estragos de la pandemia, como analiza Claudia Cinatti en un reciente artículo.

La dinámica regional, se señala en dicho artículo, dificulta la política del imperialismo estadounidense hacia América Latina. Donald Trump había resucitado la “Doctrina Monroe” y contaba con aliados incondicionales como el gobierno de extrema derecha de Jair Bolsonaro en Brasil. Con la llegada de Biden y los demócratas a la Casa Blanca, esas alianzas están más cuestionadas (hoy el presidente de Estados Unidos no tiene interlocutores claros para dirigir el continente) aunque en gran medida la política imperialista se ha venido manteniendo sin grandes cambios.

En el caso específico de Venezuela, desde su llegada a la Casa Blanca Biden ha venido manteniendo la política agresiva de Trump, continúa reconociendo Juan Guaidó y a la par que mantiene las sanciones criminales que hacen más dramática la situación del pueblo venezolano, sometido a su vez al autoritarismo del gobierno de Maduro. Recordemos que a principios de marzo Biden extendió el decreto que considera a Venezuela una amenaza para la seguridad de EE. UU.

Pero la debilidad que tiene EE. UU. hacia la situación interna de Venezuela es que la propia oposición se encuentra en extrema debilidad, dividida y en crisis. Lejos están del apoyo que tuvieran desde comienzos de enero del 2019, y el propio Guaidó, quien de la mano de Trump se autoproclamara “presidente interino”, hoy sobrevive prácticamente por el apoyo internacional, sobre todo del apoyo de la Casa Blanca, lo que le permite chantajear con los activos y todo lo confiscado a la nación por Donald Trump en la grave crisis sanitaria por la pandemia.

Este marco parte de la agenda que se mueve en dos planos. Por una parte, se concentra en las negociaciones entre bambalinas entre diversos sectores internos de la oposición, que no responden a Guaidó, con el Gobierno, y por la otra entre lo que pueda surgir entre Estados Unidos y Venezuela, esperando una posible distención unos o el aumento de la presión otros.

Es más que claro que el gobierno de Maduro ha intensificado esfuerzos para cortejar al gobierno de Biden mientras que de Estados Unidos aún se sopesa la situación, tomando en cuenta no solo la política externa sino la situación interna, sobre todo por los sectores más reacios a levantar sanciones y que pujan por un mayor aislamiento.

Lo más llamativo ha sido últimamente los elogios de Maduro hacia Biden, en cuanto al tema climático y ambiental. Maduro aseguró el viernes 23 que "sin lugar a dudas, la llegada de Joe Biden a la Presidencia de EE. UU. ha reposicionado el tema del cambio climático en la agenda mundial. Es una oportunidad que debe ser aprovechada por las fuerzas revolucionarias del mundo, por los movimientos sociales y ecologistas del mundo" y consideró que hay que aprovecharlas "para impulsar las acciones que reequilibren la naturaleza", celebrando la convocatoria de la Cumbre del Clima organizada por Estados Unidos.

También se ha considerado como uno de los puntos que se marcan en cuanto hechos políticos y públicos es que Maduro haya terminado aceptando la entrada al país del Programa Mundial de Alimentos en los términos decididos por este organismo de la ONU, que se considera que serviría para establecer un punto de apoyo en el país en un momento de la crisis alimentaria. Se trata de algo que Maduro se venía negando, pues solo aceptaba la entrada bajo sus propios términos. El hecho fue festejado desde la Casa Blanca hasta la oposición liderada por el propio Guaidó, y no por el beneficio que tendrían millares de niños, sino por lo que había terminado aceptando Maduro.

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Puede haber más gestos aún. Este martes es la fecha límite para que un comité de la Asamblea Nacional presente una lista de candidatos al Consejo Nacional Electoral. Como se reconfirma en un reportaje de la agencia Associated Press (AP), detrás de escena, los alineados con Henrique Capriles se han estado reuniendo con representantes de Maduro para presionar por la inclusión de dos rectores de la oposición en la junta de cinco miembros. Se considera que Noruega estaría en medio del proceso de negociación, que podría alcanzar incluso sectores ligados a Guaidó.

Se sabe que este sector de la oposición está dispuesto a entenderse con el Gobierno. Se conocen las fuertes diferencias entre el sector de Capriles Radonski (incluido Stalin González, entre otros) con Guaidó, que buscaron una aproximación a través de la Unión Europea antes de las últimas elecciones a la Asamblea Nacional. De darse lo que buscan en la nueva composición del Consejo Nacional Electoral, estarían dispuestos a participar en las elecciones para alcaldes y gobernadores a finales de este año. Incluso del sector muy pegado a Guaidó se desprenden sectores dispuestos a participar como es el caso de Américo De Grazia, para solo dar un ejemplo.

“Todos estos movimientos recientes apuntan a que Maduro está tratando de llamar la atención de Washington”, habría afirmado un observador sobre Venezuela en la Oficina de Washington para América Latina, Geoffrey Ramsey, según recoge en su reportaje la agencia AP. "La pregunta es si la Casa Blanca está dispuesta a comprometerse con una estrategia de negociaciones en toda regla, o si seguirá jugando a lo seguro y mantendrá la política en un segundo plano".

Como indica el analista Joshua Goodman de AP autor del reportaje señalado, el frenesí de la actividad de parte de Maduro “se produce cuando altos funcionarios estadounidenses están revisando la política hacia Venezuela. Una reunión interinstitucional, que originalmente estaba programada para el lunes e incluye a la subsecretaria de Estado Wendy Sherman, pero que se pospuso en el último minuto, se centrará en si Estados Unidos debe tomar medidas para apoyar un intento incierto de diálogo entre Maduro y sus oponentes, dijeron dos personas que insistieron en el anonimato para discutir asuntos diplomáticos clasificados.”

No se sabe si saldrá algo de esta reunión de alto nivel del Gobierno de Biden, por ahora postergada. Sin embargo, no se descarta que podría proporcionar una hoja de ruta para futuras acciones de Estados Unidos en caso de que se genere un impulso hacia las negociaciones.

Pero las tensiones no dejan de estar presente en el campo público. Como señalamos al inicio de este artículo, la mayoría de los medios publicaron hace cinco días un Twitter de la subsecretaria interina de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de EEUU, Julie Chung, en la que establecía condiciones para levantar las sanciones y confiscaciones realizadas por Estados Unidos. Era una respuesta a la exigencia del vicepresidente Arreaza luego de que se firmara el acuerdo de Maduro con el Programa de Alimentos de la ONU.

La oposición encabezada por Guaidó y hasta sectores que se reivindican democráticos, así como el derechismo continental, festejaron las declaraciones de Julie Chung. Ni la lucha contra la “corrupción”, los “derechos humanos” o por la “democracia” le interesan a Estados Unidos. Sus objetivos imperialistas cunden plagados de la política del garrote y la zanahoria para imponer sus intereses donde estos supuestos “valores” son simples monedas de cambio. Esto no es ninguna novedad. Pero está por verse aún la política de Biden, si avanza con algún tipo de tolerancia o una política menos agresiva comparada con la de Trump.

En medio de todo esto, un movimiento por parte del Vaticano parecería estar en acción en estas semanas. En estos días se espera la llegada a Venezuela del secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, en lo que muchos observadores ven como un nuevo intento para probar las aguas para otra tentativa de negociaciones como las que medió con el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero en el 2016. Si bien el propósito declarado del viaje de Parolin es asistir a la beatificación el 30 de abril de José Gregorio Hernández, se considera que el inusual viaje sugiere más que la mera beatificación que tiene en la agenda.

Mientras esta situación sigue abierta el drama nacional de la catástrofe económica y social sigue castigando al pueblo con las grandes calamidades, una situación que ha empeorado con la pandemia. Maduro continúa con su política de un rumbo aperturista, privatizador y de gran beneficio de los empresarios en todos los órdenes, no solo la completa liberación de impuestos sino de mantenerle toda una mano de obra con salarios en el piso y con los derechos contractuales eliminados. Calamidades y sufrimientos que las sanciones imperialistas vienen a recrudecer.

 
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