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La Izquierda Diario
6 de diciembre de 2021 Twitter Faceboock

DESMONTANDO A AMAZON
Amazon reprime para explotar
Alonso Domínguez | Repartidor subcontrata de Amazon

Amazon mantiene altos niveles de explotación entre su trabajadores y trabajadoras para maximizar sus beneficios y además lo combina con una fuerte persecución sindical para evitar la organización de lxs trabajadorxs, algo de lo que toman buena nota sus subcontratas para aplicar las mismas medidas.

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Que Amazon explota a sus trabajadores no es ninguna novedad. Jornadas teóricas de nueve y diez horas que a menudo se acaban convirtiendo en jornadas de once horas, cargas excesivas de forma continuada superiores a lo que un trabajador puede soportar o un control exhaustivo a toque de silbato son algunos ejemplos.

Sin embargo, ¿cómo consigue Amazon ser tan efectivo en sus métodos de explotación? Muy sencillo: reprimiendo cualquier atisbo de organización y sindicalización obrera.

Las luchas de la clase trabajadora a lo largo de la historia han demostrado que para enfrentar los ataques de la patronal en su objetivo de conseguir cada vez más y más beneficios, la organización de lxs trabajadorxs es esencial. Una organización que nos permita plantear y defender nuestras demandas y derechos en las negociaciones de los convenios colectivos, el Estatuto de los Trabajadores, etc.

Sin ellas, jamás se hubieran conquistado las 8 horas de trabajo, ni las vacaciones pagadas, ni las bajas médicas, y un largo etc. Y sin organizaciones sindicales fuertes y combativas, estas conquistas se disuelven y liquidan.

Pues bien, Amazon vulnera consciente y reiteradamente este derecho con el único objetivo de acallar toda crítica o disidencia de la plantilla en la toma de decisiones que afectan a la empresa y el personal. Esto no es una opinión, es un hecho. Hecho que se consuma por distintas vías en función de la ley que haya en cada país y de la función que desarrolles dentro de la empresa, pero que responde a unos patrones comunes. Podemos distinguir dos mecanismos de represión sindical e incluso tres: represión directa, indirecta y espionaje.

Represión directa

Ésta la ejerce la empresa especialmente sobre los trabajadores de los centros de distribución. El caso más mediático ha sido el producido a principios de año en el centro de distribución de Alabama, EE.UU. Hartos de la hiperexplotación que ejerce Amazon, un grupo de trabajadores críticos impulsaron una campaña para hacer elecciones sindicales. Sin embargo, los resultados de dichas elecciones salieron favorables al NO a la representación sindical. ¿Cómo fue posible?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que la ley sindical en EE.UU. promueve que los trabajadores decidan por mayoría si quieren ser representados por un sindicato. Muy diferente de la mayoría de los países europeos, dónde si un grupo de trabajadores quiere organizarse y presentarse a unas elecciones bajo un sindicato o de forma independiente pueden ejercer este derecho.

En segundo lugar, Amazon impone contratos temporales a sus trabajadores incluso en aquellos países donde no se ajusta a derecho, como en el Estado español. Solo se pueden aplicar contratos temporales para trabajos temporales.

Es decir, para una obra o servicio determinados con un principio y un final. La naturaleza de Amazon no es en ningún caso temporal por lo que este tipo de contratos solo obedecen a la necesidad de Amazon de generar inestabilidad y miedo entre sus trabajadores, además de mayor beneficio.

Siguiendo con el ejemplo de los trabajadores de Alabama, esta praxis ha generado enormes dificultades para organizarse sindicalmente ya que muchos temen por su continuidad en la empresa debido a la necesidad de prorrogar sus contratos. Para más inri, la cúpula directiva de Amazon despidió a numerosos trabajadores críticos con los ritmos de trabajo de la empresa.

Esto provocó la dimisión de nada menos que Tim Bray, vicepresidente de Amazon, que acusó a Amazon de “mantener una estructura de poder injusta” y “usar a sus trabajadores de almacén como personal fácilmente reemplazable” como reza el popular axioma jurídico, a confesión de parte, relevo de pruebas.

Otras personalidades que criticaron la represión sindical de Amazon fueron el presidente de los EE.UU., Joe Biden, a través de su cuenta de Twitter dónde defendió la “importancia vital de los sindicatos y de la negociación colectiva” o Ben Sanders, senador de los EE.UU., qué citó a una audiencia sobre desigualdad a Jeff Bezos y a la que este se negó a asistir. Ni siquiera estos personeros de la patronal pueden defender en la lírica estas prácticas, aunque sea solo demagogia.

Para culminar su ofensiva represiva, Amazon obligó a los trabajadores a asistir a cursos antisindicales. Les recibía con pancartas antisindicales y les enviaba correos de por qué debían votar NO a la representación sindical. Se calcula que Amazon invirtió millones de dólares para coaccionar y atemorizar de esta manera a sus empleados.

Represión indirecta

Es la que se ejerce sobre los repartidores mediante la subcontratación de empresas para realizar este trabajo. En casi todos los países del mundo en los que opera Amazon, el servicio de reparto está subcontratado y, como hemos explicado en anteriores artículos, la subcontratación de empresas para realizar servicio de reparto de paquetería es ilegal.

Es ilegal, en primer lugar, porque forma parte de la naturaleza de la empresa el repartir los paquetes. Y es ilegal, también, porque la condición para la subcontratación es que sea temporal. Es decir, un restaurante podrá subcontratar una empresa para que le haga revisiones de plagas, le pinte la fachada o le arregle los electrodomésticos.

Sin embargo, tal y como marca la ley, en ningún caso podrá subcontratar una empresa para realizar el servicio diario de camareros. Esto no lo digo yo, lo dice la ley, y así lo manifestó Inspecció de Treball a través de la multa millonaria en 2019 que le impuso a Amazon y a cuatro subcontratas en Barcelona por este motivo.

Aun así, continúa imponiendo su orden ya que con ello consigue dividir a los trabajadores y dificultar su organización, imponer sus condiciones a las subcontratas con la amenaza de que si no las aceptan les reducirán las rutas para dárselas a la subcontrata que sí acepte las condiciones y, por último, generar la contratación temporal de repartidores por las subcontratas debido a la fluctuación del número de rutas. En definitiva, para imponer el miedo y garantizarse la capacidad de explotación sobre sus repartidores.

Esta praxis, se extiende muchas veces a las subcontratas. En mi caso, me organicé con otros repartidores de la subcontrata para la que trabajo para hacer elecciones sindicales. Al día siguiente, toda la candidatura estaba despedida. Por suerte, estábamos protegidos por ley con lo que al cabo de unos días nos tuvieron que readmitir.

Sin embargo, ese fue el inicio de las hostilidades de la empresa que, con el ejemplo de nuestros despidos, continuó coaccionando al resto de la plantilla para que no manifestaran su apoyo a la candidatura llegando hasta el punto de hacerles firmar su apoyo a la candidatura de la empresa liderada por la dirección de ésta.

El espionaje

Para acabar de cerrar un sistema de explotación y represión sindical, Amazon controla exhaustivamente todos los movimientos de su personal y de agentes externos como políticos o sindicalistas. Buena fe de ello puede dar José Luís Arias, miembro del CC.OO., que se vio reflejado con todo detalle en un informe de una agencia de detectives contratada por Amazon en la huelga de los trabajadores del centro de distribución del Prat de Llobregat.

Otro caso que tuvo cierta resonancia mediática fue la preocupación de diversos grupos europarlamentarios que exigieron explicaciones a Amazon por la publicación de dos ofertas de trabajo en las que solicitaba “analistas de inteligencia” con la función de detectar y supervisar el trabajo sindical y la oposición política.

En conclusión, Amazon es la empresa más rica de la historia de la humanidad gracias a la explotación continuada y desmedida que ejerce sobre sus trabajadores. Impone unas condiciones de trabajo precarias, injustas y en muchos casos ilegales, como contratos temporales, subcontratación, un exceso de carga o el control exhaustivo sobre sus empleados.

Para acallar toda crítica o disidencia de la plantilla en la toma de decisiones reprime cualquier atisbo de organización sindical de sus trabajadores coaccionándolos y generando inestabilidad y miedo entre los empleados.

 
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