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BURGOS
Anticapitalistas sigue expulsando militantes
Diego Lotito | @diegolotito

Militantes de la organización burgalesa de Anticapitalistas denuncian su expulsión de la organización, en lo que consideran una “purga política” sin las mínimas garantías democráticas. Anticapitalistas profundiza así, también en el terreno de los métodos internos, su estrategia de disolución política dentro de una formación neo-reformista como Podemos.

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Foto: Anticapitalistas Burgos

“Este ha sido el punto y final de un largo camino de atropellos democráticos en el que la dirección de Anticapitalistas empezó suspendiendo de militancia a aquell@s compañer@s que nos constituimos en fracción dentro de Anticapitalistas (…) para defender públicamente nuestras posturas y para conseguir la reintegración de nuestr@s compañer@s andaluces expulsadas el pasado mes de febrero”, sostiene en un comunicado el grupo mayoritario de la militancia burgalesa de Anticapitalistas, expulsado recientemente de la organización.

La medida se suma a la expulsión a fines de febrero pasado, denunciada como “antiestatutaria”, de la mitad de la militancia andaluza de Anticapitalistas (ex Izquierda Anticapitalista) por haberse opuesto al pacto de cúpulas dentro de Podemos para las elecciones en Andalucía entre la dirigente de Anticapitalistas y entonces eurodiputada, Teresa Rodríguez, y Pablo Iglesias.

La purga interna ejecutada por la dirección de Anticapitalistas en los últimos meses dio lugar también a la ruptura de “docenas de militantes de todo el estado español, opuest@s a l@s virajes de Anticapitalistas en relación con Podemos, su derechización política y su declive antidemocrático interno”, como fue el caso de un grupo de militantes de Madrid, denuncian en el comunicado.

Partiendo de una diferenciación entre la dirección de Anticapitalistas y “todas aquellas compañeras y compañeros que, desde sus grupos de base de esa organización, pelean duramente por construir alternativas a este sistema”, militantes burgalesas denuncian que su expulsión “obedece claramente a una purga política propia de otras tradiciones” en la que no se informó a la militancia ni se hicieron públicos los documentos de defensa ante las acusaciones de disidencia efectuadas por la dirección.

Para los militantes burgaleses expulsados, estas prácticas tienen el objetivo de “excluir” a quienes optaron por “mantener un discurso no entreguista respecto a Podemos” y a quienes han considerado que “las organizaciones que nos reclamamos como revolucionarias hemos de mantener en todo momento la independencia orgánica y política respecto a otros espacios políticos amplios en los que trabajamos.”

“La expulsión de la organización burgalesa es el final de una serie de acontecimientos políticos que arrancan hace cerca de 2 años y que se agudizan con la creación de Podemos”, sostienen en el comunicado antes citado, período en el que “la vida democrática dentro de Anticapitalistas se había reducido a la mínima expresión” y “toda la organización quedaba en manos de un “politburó” homogéneo políticamente”.

La creación de Podemos, denuncian los militantes, ya supuso diferencias internas y “contó con el voto en contra de l@s miembros de la dirección estatal pertenecientes a Burgos y a los territorios andaluces que fueron expulsados más tarde”, que aun así en éstos territorios decidieron impulsar “el nuevo partido” en el que durante meses trabajaron “con ahínco”.

Recordemos que Izquierda Anticapitalista (IA), que nació a fines de 2008 tras casi una década de haber actuado diluida dentro de Izquierda Unida como “Espacio Alternativo”, fue clave en la gestación de Podemos. Sus principales referentes como Teresa Rodríguez o el ahora eurodiputado Miguel Urbán, participaron de su fundación a partir de un acuerdo con Pablo Iglesias, Iñigo Errejón, Juan Carlos Monedero y otras personas del núcleo duro de Iglesias.

Su política dentro de Podemos, sin embargo, se sintetizó en una completa subordinación a los métodos burocráticos, el programa moderado y la estrategia reformista de Pablo Iglesias, cuyo corolario fue la propia disolución de Izquierda Anticapitalista como partido político para seguir integrada en Podemos, aceptando las exigencias impuestas por las resoluciones aprobadas tras la Asamblea Ciudadana de Podemos, que ponían un veto a la “doble militancia” e impedían a sus militantes ser candidatos u ocupar cargos en la dirección del nuevo partido.

Aunque la disolución del partido Izquierda Anticapitalista quiso presentarse como un mero “cambio jurídico” por la dirección, no hizo más que confirmar que entre ellos y el núcleo de Pablo Iglesias no existían mayores diferencias sobre la estrategia reformista de Podemos.

“El ‘cambio jurídico’ esconde en realidad un cambio de política total, ya no se quiere construir una alternativa al capitalismo a través de las luchas sociales sino entrar en las instituciones del régimen capitalista para, en el mejor de los casos, reformarlo desde dentro”, escribía entonces el historiador Antonio Liz –ex militante de IA-, haciendo un recorrido de la deriva política de IA desde su fundación hasta su disolución como partido.

Para los militantes de Burgos expulsados, que según defienden en su comunicado se negaron a renunciar “al discurso propio y crítico, claramente en ruptura con el sistema capitalista y el régimen del 78” para ser “un espacio de referencia dentro de un Podemos plural”, Anticapitalistas “perdió la oportunidad” de llevar adelante una política independiente dentro de Podemos, “optando por diferenciarse únicamente en el terreno democrático y en ningún momento en el terreno político”, asumiendo el programa impuesto por la dirección de Pablo Iglesias.

“No nos vamos a casa”, dicen en su comunicado. Como “paso natural”, sostienen, la mayoría del colectivo acordó el pasado 6 de noviembre “solicitar su entrada en Izquierda Anticapitalista Revolucionaria (IZAR) –organización creada hace pocos meses por las y los expulsados de Anticapitalistas, principalmente de Andalucía- como grupo de base burgalés, y continuar nuestro trabajo político como hasta ahora”, desde donde se proponen redoblar sus esfuerzos por “aportar humildemente en todos los frentes posibles para construir resistencias contra el capitalismo y el patriarcado” y “avanzar hacia un horizonte de ruptura”.

“Hoy más que nunca es necesario avanzar en pelear por proyectos políticos revolucionarios y de comenzar a trabajar junto a otros colectivos y personas en la necesaria reconstrucción de la izquierda radical en el estado español (…) que vaya a la ‘raíz’ de los problemas; esto es, un sistema depredador que antepone los beneficios de unos pocos a los intereses y las vidas de la mayoría; el sistema capitalista”, defienden.

Estas nuevas expulsiones en Anticapitalistas, son el reflejo en el terreno de sus métodos internos una deriva de su derechización creciente en el terreno político, consecuencia de su estrategia de disolución política dentro de una formación neo-reformista como Podemos.

Al mismo tiempo que la dirección de Anticapitalistas expulsaba un sector de militantes críticos, su principal portavoz, Teresa Rodríguez, avalaba públicamente la incorporación a las listas de Podemos del general José Julio Rodríguez, ex JEMAD de Zapatero, tenaz defensor del Régimen del ‘78, del rol de las fuerzas armadas españolas y la alianza imperialista atlántica. Una posición insostenible que, tras la masacre perpetrada por militantes del Estado Islámico en París el pasado viernes, se profundiza defendiendo las “7 medidas para la paz y por la derrota del terrorismo de ISIS” presentadas por Pablo Iglesias.

Visto en retrospectiva, Podemos se apoyó en las amplias ilusiones reformistas para reforzar la pasivización en lo social durante los últimos dos años –un proceso en el cual las burocracias sindicales de todo pelaje jugaron un papel fundamental-, bloqueando en nombre del pragmatismo electoral las tendencias a una radicalización de las demandas que se veía incipientemente en la calle desde la emergencia del 15M.

Este es el precedente directo, junto a la escandalosa capitulación de Syriza a la Troika, del giro conservador que anuncian las encuestas del 20D y que se intentará imponer en la siguiente legislatura. Un escenario en el que, lamentablemente, la mayor parte de la izquierda que se reclama anticapitalista ha ido a la zaga de estos fenómenos políticos, y cuyo caso más extremo es el de Anticapitalistas.

Frente al giro reaccionario y conservador que se avecina en Europa, teñido por la ofensiva liberticida y guerrerista que viene desde Francia tras los atentados del 13N, como por la preparación de salidas gatopardistas y nuevos desvíos en el Estado español, las y los militantes de la izquierda que nos reivindicamos anticapitalistas, internacionalistas y revolucionarios, tenemos el desafío de empezar a explorar las vías para, junto con otros sectores de jóvenes y trabajadores, avanzar en construir un agrupamiento que se plantee pelear por recuperar una estrategia de lucha de clases.

Un agrupamiento político basado en la independencia de clase y la defensa de un programa obrero, anticapitalista e internacionalista, que se postule como una alternativa de la izquierda y los trabajadores tanto frente a la ofensiva reaccionaria de los capitalistas y sus partidos, como frente a los nuevos desvíos y desencantos que se preparan.

 
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