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INFORME DE UNA FUNDACIÓN DEL SANTANDER
¿Qué es la “década perdida” de la universidad española?
Roberto Jara

El informe de la Fundación Conocimiento y Desarrollo habla de una “década perdida” de la universidad española. Analizamos discurso y situación de esta entidad vinculada al IBEX35.

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Foto: EFE

7.500 docentes universitarios menos, un 18% de recorte de financiación y 127.000 estudiantes expulsados por no poder pagar tras la subida de tasas de 2012, que alcanzó aumentos de hasta un 66%. Estos parámetros, entre otros, delimitan lo que se ha denominado la “década perdida de la universidad española” según la Fundación Conocimiento y Desarrollo del Banco Santander y otras empresas del IBEX35, en su informe “La contribución de las Universidades españolas al desarrollo”.

Desde la óptica de la generación de mano de obra con una mayor cualificación, las grandes empresas y bancos observan una década perdida en las universidades, a las que están cada vez más vinculadas, incluyendo su presencia en los órganos de gobierno universitarios. Una situación crítica que, al cumplir la universidad la función de “fábrica” de mano de obra altamente cualificada y de reproducción de la ideología imperante al servicio de los empresarios y los gobiernos, es a la vez un frente de crisis para la propia burguesía.

La contradicción entre la aplicación de políticas de degradación del sistema universitario público, y a la vez, la dependencia del caudal de futuros trabajadores que salga de las aulas, viene siendo sorteada mediante el recorte presupuestario, la aplicación de medidas de elitización de los estudios superiores y otras destinadas a favorecer a la universidad privada. Pero su objetivo no es una mejor universidad en general, sino una universidad más funcional a sus precisos intereses privados ¿Cuáles son?

El cierre de carreras, de facultades, el despido masivo de personal y la disminución del alumnado por el aumento del coste de los estudios son, a corto plazo, una forma de ajuste planificada y aplicada por el capital con la colaboración de las castas universitarias. Llegando al noveno año de crisis capitalista, se puede observar como este ciclo ha supuesto una vuelta de tuerca inmensa a los últimos 30 años de restauración neoliberal en materia de elitización de los estudios universitarios.

La burguesía considera que hay un exceso de titulados para los ajustes laborales que necesita aplicar para relanzar sus beneficios. De hecho más de una tercera parte de los titulados desempeñan ya trabajos para los cuales no necesitaban el título, algo que se complementa con un paro juvenil cercano al 50%.

Dicho en palabras de Ana Botín, presidenta del Banco Santander y la Fundación CyD, es un "desajuste entre el número de graduados que obtienen su diploma anualmente y el número de ocupaciones de alta cualificación que genera la economía española".

“Desajuste” se convierte en uno de los términos más “elegantes” para anunciar un recorte de derechos considerados “desajustados” por exceso al marco de mayor precarización que la patronal quiere imponer para recuperar la tasa de ganancia previa al 2007-2008.

El “reajuste” viene de la mano de una aceleración de una contrareforma integral universitaria, con medidas como la privatización de áreas de la enseñanza hasta el límite de su funcionalidad, la profundización de la hiperespecialización de los estudios universitarios o la destrucción directa de medios educativos, generando así una menor cantidad de titulados. O lo que en palabras, otra vez, de Ana Botín, es la "necesidad de estrechar la relación entre la universidad y la empresa".

Esta “necesidad” también afecta a la producción intelectual universitaria, ajustándola aún más a los intereses del mercado laboral capitalista. Algo que influye irremediablemente en los planes de estudio e investigación, sometiendo además a sus trabajadores y estudiantes a una mayor precarización académica y laboral.

Durante la presentación del informe, Ana Botín sostuvo también que "debemos proporcionar a las universidades mayor autonomía para que tengan más flexibilidad en la toma de decisiones y en su propio desarrollo, y vincular la financiación a los progresos en sus planes, objetivos y resultados".

La apuesta del Banco Santander, que cuenta con un auténtico emporio universitario de cátedras, participaciones, becas o créditos universitarios, es que el sector privado financie una parte creciente de la universidad y que de esta manera los “mecenas” decidan cada vez más a que se deben orientar los estudios y la investigación.

De esta manera la financiación de la universidad dependerá de los “resultados” que éstas obtengan, entrando así en un espiral de competencia entre universidades por financiarse, que perjudicará, como no, la calidad de la enseñanza y las condiciones laborales de la universidad en aras de la “flexibilización” y su puesta al servicio de los bancos y grandes empresas “colaboradoras”.

La posición de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas sobre esta llamada “década perdida” se limita a suscribirla. Subrayan los problemas de financiación del sistema universitario por la reducción de los fondos públicos, un recorte de casi 2.000 millones de euros desde 2012, pero no como una exigencia a su incremento sino como un apoyo a los planes de “mecenazgo” de Botín y otras grandes empresas.

Que la posición de la “casta universitaria” sea esta, de genuflexión a los informes y planes de las grandes empresas que están entrando en la universidad pública desde hace años no es ninguna novedad. Rectores, decanos y muchos catedráticos son parte del proceso privatizador y han sido suculentamente recompensados con dietas, contrataciones en empresas y el negocio de los másteres a cambio de apoyar desde sus cargos todas las medidas elitizadoras y privatizadoras de la última década.

La apertura de las puertas de la universidad a finales del siglo XX, que se logró a través de la lucha y la movilización de la clase trabajadora y la juventud, parece revertirse a golpe de contrareforma en el marco de la actual crisis capitalista. Las cifras comenzaron a ascender cualitativamente en los 90 y sobre todo la primera mitad de los 2000. El pico de matriculados se alcanzó antes de la crisis. Sin embargo, el número actual de matrículas en las universidades del Estado español a día de hoy ha descendido hasta ser menor que en 1996.

Los futuros y presentes trabajadores que formamos parte de esta “década perdida” sufrimos un aumento del precio de los estudios y de la precariedad laboral que se cierne especialmente sobre sectores como la juventud, las mujeres o las personas migrantes. Ésta es la cara B de una “década perdida”, pero no para los empresarios, sino para la juventud y la clase trabajadora.

 
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